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El sol brilla suavemente sobre Los Ángeles, el aire cálido de la tarde acaricia las calles de la ciudad. Faye está en la oficina, revisando papeles y tomando llamadas mientras su mente corre en varias direcciones. La empresa está por despegar, el estrés la consume, pero hay algo que la inquieta más que cualquier otro desafío empresarial: su vida con Yoko.
La vida con Yoko es tranquila, feliz, llena de pequeños momentos de ternura. Pero hay algo en su corazón que no puede dejar de sentir, un peso que no puede ignorar más. La presión de la mafia, las expectativas de su familia, y ahora, ese anhelo silencioso de dar un paso más en su vida juntas. Tener un bebé. Es un pensamiento que ha estado rondando su mente durante semanas, pero aún no sabe cómo enfrentarlo.
De repente, suena el timbre de la puerta de su oficina. Alza la vista, sorprendida al ver a Yoko, que acaba de entrar sin previo aviso. La sonrisa que se dibuja en el rostro de Faye es instantánea, el estrés de la jornada parece desvanecerse por completo al verla. Yoko, con su expresión tranquila y esa mirada suave, es un respiro para Faye.
─¿Qué haces aquí? ─pregunta Faye, con una ligera sonrisa, dejándose caer en el respaldo de su silla.
─Me sentí un poco preocupada por ti ─responde Yoko mientras cierra la puerta suavemente, acercándose a Faye con paso lento, casi como si quisiera asegurarse de no romper la calma que reina entre ellas. ─Te veo tan estresada últimamente. ¿Todo está bien?
Faye suspira, sintiendo la suavidad de la voz de Yoko acariciando su mente, pero aún cargando con ese nudo en el pecho que no puede liberar. Se pone de pie lentamente, como si se estuviera liberando de su propia carga. Yoko se acerca y la abraza con fuerza, envolviéndola con ese cariño incondicional que siempre ha sabido brindarle.
─Todo está bien… más o menos ─murmura Faye, dejándose abrazar. El calor de Yoko la tranquiliza un poco, pero el peso de lo que quiere decir la sigue acechando. ─Es solo que… he estado pensando mucho en lo que me dijiste hace un tiempo. Sobre el bebé.
Yoko se separa ligeramente, mirándola con esos ojos brillantes, siempre atentos, llenos de amor, pero también con una ligera preocupación.
─¿Te sigue preocupando eso? ─pregunta Yoko suavemente, casi temiendo que Faye le diga que no está lista o que no lo desea. Sabe que Faye tiene sus propios miedos, su propio ritmo, pero también sabe lo mucho que su amor por ella ha crecido.
Faye la mira, su mirada fija en Yoko, la misma que ha visto cambiar desde el día en que se conocieron. Ya no es esa mujer dura y calculadora de antes; ahora, Faye ha comenzado a entender que la vida puede ser más suave, más sencilla, sin necesidad de esconderse o temer por lo que vendrá.
─Estoy lista… ─Faye respira hondo, sintiendo una pequeña presión en su pecho. ─Lo que pasa es que no sé si soy suficiente para ti. Todo esto es un cambio tan grande, Yoko. Siempre hemos tenido nuestra forma de ser, nuestros propios espacios, y a veces me pregunto si podré ser todo lo que necesitas.
Yoko, con un suave suspiro, toma las manos de Faye entre las suyas. Sus dedos se entrelazan con la suavidad que caracteriza su amor, un amor que, aunque complejo, ha sido sincero y verdadero desde el primer día.
─Faye, no tienes que ser todo para mí. Yo no necesito todo de ti, solo tu amor, solo que estés conmigo. Si algún día decidimos que tener un bebé es lo correcto, lo haremos juntas. Pero si no, yo estaré bien, porque estaré contigo, y eso es lo único que importa.
Faye la observa en silencio, sintiendo cómo las palabras de Yoko calan en su corazón. No hay prisas, no hay expectativas. Solo amor y la certeza de que, pase lo que pase, ellas seguirán caminando juntas, sin importar los desafíos que enfrenten.
─A veces, me asusta lo que podría pasar, lo que podría cambiar ─dice Faye en voz baja, su mirada perdida en el vacío por un momento. ─Pero… después de todo lo que hemos vivido, creo que, sea cual sea el camino que elijamos, lo haremos juntas. Porque no quiero seguir adelante sin ti, Yoko.
Yoko sonríe, y en su sonrisa hay un destello de esperanza, de confianza en lo que vendrá.
─Lo sé. Y eso es todo lo que necesito. Tú y yo, juntas, siempre.
Faye sonríe, aliviada. Por primera vez, siente que no necesita tener todas las respuestas. Lo único que necesita es seguir adelante con Yoko a su lado.
En ese momento, la puerta de la oficina se abre y se asoma la cabeza de Lookmhee, con una sonrisa juguetona en el rostro.
─¿Y qué pasa aquí, chicas? ¿Se están poniendo sentimentales?
Faye y Yoko se ríen, el ambiente se vuelve más relajado, pero una parte de Faye aún sigue pensando en el futuro. El futuro con Yoko. No sabe cómo será, pero por primera vez en mucho tiempo, sabe que todo estará bien. Mientras esté con Yoko, lo que sea que venga, lo enfrentarán juntas.
─Nada, solo conversando sobre el futuro ─responde Faye con una sonrisa cálida, y Yoko asiente, volviendo a abrazarla suavemente.
Y así, en ese pequeño rincón de la oficina, entre risas y abrazos, ambas se sienten más cerca que nunca. Porque, aunque el futuro sea incierto, lo único que importa es estar juntas.
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