50 (final)
Es un día soleado y tranquilo en Los Ángeles. Faye y Yoko han decidido tomarse un descanso de su ajetreada vida para visitar el hospital. Es algo que Yoko ha querido hacer desde hace semanas, pero siempre han estado ocupadas. Hoy, sin embargo, todo parece alinearse. La cita está programada para un chequeo de rutina, pero Yoko no sabe que este día cambiará sus vidas de una manera inesperada.
─¿Estás nerviosa? ─pregunta Faye, mirando a Yoko mientras ambas entran en el hospital. Yoko está vestida de forma sencilla, pero su expresión es de incertidumbre, como si estuviera esperando que algo importante ocurriera, aunque no sabe qué.
─Un poco... ─responde Yoko, sonriendo tímidamente─. Es solo una revisión. Nada de qué preocuparse.
Faye observa a Yoko con cariño, sabiendo que no es solo el chequeo lo que la tiene nerviosa. Es la idea de que algo pueda cambiar, aunque no se lo diga. Faye toma su mano con firmeza, transmitiéndole calma.
─No pasa nada, ¿eh? Te tengo aquí, ¿qué más necesitas? ─le dice, guiñándole un ojo.
Yoko sonríe, agradecida por la cercanía de Faye, por la forma en que siempre la hace sentir segura, pero dentro de sí, hay una sensación extraña de anticipación. Algo no se siente del todo normal.
Una vez en la sala de espera, Faye se sienta junto a Yoko, aún tomándola de la mano. Ha pasado tiempo desde que decidieron dar el siguiente paso en su vida y, aunque todo ha sido increíble, hay algo dentro de Yoko que no termina de comprender del todo. Siente que el futuro está más cerca que nunca, pero no sabe qué esperar.
Finalmente, una enfermera sale al pasillo y llama a Yoko. Las dos se levantan, y la enfermera las guía hacia una sala privada. La máquina de ultrasonido está lista, y Yoko se recuesta mientras Faye se sienta a su lado, observando atentamente.
─Vamos a ver qué tenemos hoy ─dice la doctora con una sonrisa, mientras coloca el gel frío sobre el vientre de Yoko. La pantalla frente a ellas comienza a mostrar una serie de imágenes borrosas, y la doctora empieza a mover el dispositivo.
Faye no puede evitar sentirse un poco nerviosa, pero también emocionada. Después de todo, siempre había imaginado este momento, solo que ahora, con Yoko a su lado, todo se siente mucho más real.
De repente, la doctora se detiene y sus ojos se agrandan, pero lo que pasa a continuación deja a Faye sin palabras.
─Bueno, parece que tenemos... ─comienza la doctora con una sonrisa pícara─. ¡Dos!
Yoko se queda quieta por un segundo, y luego mira a la doctora con sorpresa, sin comprender del todo lo que acaba de decir. Faye, sin embargo, comienza a reír, pero en un tono nervioso, casi histérico.
─¿Dos? ─repite Faye, y se lleva una mano a la frente, como si estuviera a punto de desmayarse.
Yoko, aún en shock, mira a la pantalla y lo ve: dos pequeños cuerpos moviéndose en el ultrasonido, dos latidos de corazón, dos pequeños seres. Mellizos.
─¡Oh, Dios! ─exclama Yoko, su mente procesando la noticia. Faye estalla en una risa floja, sin poder contenerla.
─¿Mellizos? ¡No me digas! ─dice Faye, riendo entre dientes─. ¡Esto es una locura!
Yoko se queda mirando la pantalla en estado de shock. Por un momento, no sabe si reír o llorar. Mellizos. ¡Mellizos! Su mente está llena de pensamientos sobre lo que significa ser madre de dos al mismo tiempo, pero antes de que pueda decir algo más, Faye toma su mano y la mira con ternura.
─Yoko... ─dice Faye, sin dejar de reír, pero con el cariño que siempre ha tenido por ella─. Esto... ¡esto es increíble! Dos, cariño, ¡dos! ¿Estás lista para esto?
Yoko la mira con los ojos brillantes, ahora llena de una mezcla de incredulidad y felicidad. La idea de tener mellizos la sobrecoge un poco, pero también la llena de una emoción tan grande que apenas puede describirla. Al principio, duda, pero al ver a Faye sonriendo de esa manera, con tanta alegría y apoyo, sabe que está más que preparada.
─Creo que no... ─responde Yoko con una sonrisa nerviosa, pero al mismo tiempo, el brillo en sus ojos no miente─. Pero te tengo a ti, Faye. Y eso es todo lo que necesito.
Faye se inclina hacia ella y la besa en la frente con suavidad.
─Sí, cariño. Lo tenemos todo. Vamos a ser una familia increíble, como siempre soñamos. Y no importa si son uno o dos, lo haremos juntas.
La doctora sonríe al ver la interacción entre ellas, pero se siente tan conectada con esa pareja que está convencida de que podrán con todo lo que venga. Los ojos de Yoko y Faye se encuentran, y en ese instante, ambas saben que este es solo el principio de algo aún más grande, algo que no temen enfrentar.
─¿Vas a ser una buena mamá? ─bromea Yoko, alzando una ceja.
Faye ríe y le da un codazo suave.
─Oh, lo seré. Pero, por ahora, prepárate para las noches sin dormir. ─Faye hace una pausa─. Y las guerras por el control de los pañales.
Yoko estalla en carcajadas, y juntas, ambas se miran con esa complicidad que siempre ha existido entre ellas.
─Mejor que busquemos una cuna más grande ─bromea Yoko, con una sonrisa nerviosa pero llena de amor.
Y así, con risas, nervios, y un par de pequeñas criaturas dentro de Yoko, Faye y Yoko se preparan para el mayor cambio de sus vidas. Aunque el camino esté lleno de incertidumbres, de risas y desafíos, lo enfrentan juntas. Y al final, el amor, como siempre, nunca ha faltado.
Fin.
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