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𝗺𝗮𝘇𝗲 𖹭.ᐟ fayeyoko

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bbyblu

La tensión que había llenado la sala de música aún flota en el aire mientras ambas regresan a sus respectivas rutinas. Pero algo es diferente. Yoko lo siente en la forma en que Faye la mira de reojo durante las comidas, en los momentos fugaces donde sus manos parecen estar a punto de rozarse, en los silencios que ya no son incómodos, sino expectantes.

Yoko pasa gran parte del día en el jardín interior, tratando de ordenar sus pensamientos. Las palabras de Faye, esa confesión implícita de que algo en ella despierta emociones inesperadas, han calado más hondo de lo que quiere admitir.

¿Podría significar algo? ¿O son solo palabras que Faye no sabe cómo manejar?

Mientras contempla estas dudas, escucha pasos acercándose. Levanta la vista y, como si sus pensamientos la hubieran llamado, Faye aparece en la entrada del jardín. Está vestida con un traje negro impecable, como siempre, pero hay algo menos rígido en su postura, algo casi vulnerable.

─¿Te estoy interrumpiendo? ─pregunta Faye, su voz baja, aunque cargada de esa autoridad natural que nunca abandona.

Yoko niega con la cabeza y se pone de pie, algo nerviosa por la inesperada visita.

─No, para nada.

Faye se acerca, sus pasos resonando suavemente contra las baldosas del pasillo. Cuando está lo suficientemente cerca, se detiene, cruzando los brazos mientras mira a Yoko.

─He estado pensando.

Yoko espera, sabiendo que cuando Faye empieza con esa frase, lo que sigue siempre tiene un peso importante.

─Lo que pasó anoche… y la noche anterior. ─Faye toma una pausa, buscando las palabras correctas─. No quiero que creas que eres una obligación o… una distracción pasajera.

Las palabras toman a Yoko por sorpresa, pero no dice nada. Quiere escuchar todo lo que Faye tiene que decir antes de responder.

─Soy una mujer que vive por el control. Lo sabes. En mi mundo, mostrar emociones, apegarse a alguien, es una debilidad. ─Faye la mira directamente a los ojos, y su frialdad habitual parece derretirse ligeramente─. Pero contigo… contigo estoy perdiendo ese control.

Yoko siente que su corazón late más rápido. La sinceridad de Faye la conmueve de una forma que no esperaba.

─¿Eso es algo malo? ─pregunta, su voz apenas un susurro.

Faye se queda en silencio por un momento, como si realmente estuviera considerando la respuesta. ─No lo sé. Pero me asusta.

La confesión es tan honesta que Yoko no puede evitar dar un paso hacia ella. Levanta una mano, dudando por un momento, antes de colocarla suavemente sobre el brazo de Faye.

─Yo tampoco sé qué significa todo esto ─admite Yoko─. Pero sé que no quiero que te alejes.

Faye la mira, y por un momento parece que está a punto de decir algo más, pero en lugar de eso, simplemente asiente.

─Ven conmigo ─dice, su tono más suave esta vez.

Sin pensarlo demasiado, Yoko la sigue. Camina junto a Faye por los largos pasillos de la mansión, hasta que llegan a una habitación que Yoko no reconoce. Cuando Faye abre la puerta, revela un espacio más íntimo, decorado con colores cálidos y muebles elegantes.

─¿Es tu habitación? ─pregunta Yoko, mirando alrededor con curiosidad.

Faye asiente. ─Sí. Quiero que veas algo.

Se acerca a un pequeño escritorio, donde hay un álbum de fotos cerrado. Lo toma y se lo entrega a Yoko, quien lo abre con cuidado. Las primeras imágenes muestran a una Faye más joven, con una expresión menos dura, casi… feliz. Está junto a una mujer mayor, que Yoko asume es su madre, y un hombre que podría ser su padre.

─Es mi familia ─explica Faye, su voz más baja de lo habitual─. Antes de que todo esto cambiara.

Yoko sigue pasando las páginas, viendo cómo la calidez en las fotos parece desvanecerse gradualmente, hasta que las últimas imágenes muestran a Faye completamente sola.

─¿Qué pasó? ─pregunta Yoko, levantando la vista hacia ella.

Faye se sienta en el borde de la cama, cruzando las manos sobre su regazo.

─Mi padre murió cuando yo tenía veinte años. Mi madre quedó devastada. Y la responsabilidad de la empresa recayó en mí. Tuve que aprender rápido, endurecerme, convertirme en la persona que ves ahora.

Yoko cierra el álbum y se sienta junto a ella, sintiendo la necesidad de llenar el espacio entre ellas.

─Pero no estás sola ahora. Estoy aquí.

Faye la mira, y aunque no dice nada, el brillo en sus ojos parece suavizarse. Por primera vez, Yoko siente que Faye está dejando caer las barreras que tanto se esfuerza por mantener en pie.

Faye guarda silencio, como si estuviera evaluando las palabras de Yoko, probándolas en su mente para ver si encajan en un lugar que ni siquiera sabía que existía. La mirada de Yoko sobre ella es suave, sin juicio, pero lo suficientemente firme como para ser imposible de ignorar.

─No estoy acostumbrada a compartir esto ─dice Faye al fin, su voz apenas un murmullo─. Ni mis pensamientos ni mis… debilidades.

─No creo que sea una debilidad —‎ ─responde Yoko, casi de inmediato, como si las palabras hubieran salido solas.

Faye esboza una sonrisa fugaz, una que no alcanza del todo sus ojos, pero que tampoco es completamente cínica.

─Quizá para ti no lo sea. Pero en mi mundo, mostrar vulnerabilidad es un riesgo. La gente la ve y la usa en tu contra.

Yoko baja la mirada, pensando en lo que Faye está compartiendo. No puede evitar imaginar la presión que debe haber sentido al hacerse cargo de todo a tan temprana edad, rodeada de personas que probablemente solo veían su posición como una oportunidad para sacar ventaja.

─¿Y qué pasa si… aquí, conmigo, no tienes que ser fuerte todo el tiempo? ─pregunta Yoko, sin mirarla directamente, temerosa de haber cruzado un límite.

Faye se inclina hacia adelante, apoyando los codos en sus rodillas mientras deja escapar un suspiro largo y pesado.

─Esa idea es peligrosa, Yoko. Porque contigo me resulta fácil olvidarme de todo.

El corazón de Yoko se acelera, y por un momento no sabe qué decir. Es como si cada palabra que Faye pronunciara abriera una puerta que ella no sabía que existía, pero que ahora siente la necesidad de atravesar.

─¿Por qué sería algo malo? ─insiste Yoko, su voz temblando un poco, pero con un tono genuino que a Faye le cuesta ignorar.

Faye se gira hacia ella, y por primera vez, no parece la mujer inquebrantable que Yoko había conocido. Su mirada está cargada de algo que Yoko no logra descifrar del todo: miedo, deseo, tal vez incluso arrepentimiento.

─Porque me haces querer cosas que no sé si puedo darte.

El silencio que sigue es profundo, pero no incómodo. Yoko lo llena con una decisión que nunca creyó tener: coloca una mano sobre la de Faye, como lo había hecho antes, pero esta vez no hay duda en su gesto.

─No estoy pidiendo nada más de lo que puedas dar, Faye. Pero tampoco quiero que sigas alejándote.

Faye no retira su mano. De hecho, la voltea para entrelazar sus dedos con los de Yoko, un gesto tan simple pero tan íntimo que hace que ambas contengan la respiración.

─No sé cómo manejar esto ─admite Faye, su voz casi inaudible─. Pero no quiero que te vayas.

Yoko siente que algo cálido se extiende por su pecho, como si esas palabras fueran todo lo que había estado esperando escuchar.

─Entonces no lo haré ─responde, apretando ligeramente la mano de Faye para reforzar su promesa.

El momento se siente frágil, pero también lleno de posibilidades. Yoko se da cuenta de que, por primera vez, Faye está permitiéndose bajar la guardia, aunque sea solo un poco.

La tensión en el aire no desaparece por completo, pero cambia, volviéndose algo diferente. Yoko no sabe hacia dónde las llevará esto, pero por ahora, estar aquí, junto a Faye, parece suficiente.

Faye se levanta, pero no suelta la mano de Yoko, tirando suavemente de ella para que la siga.

─Ven ─dice, con un tono más suave de lo que Yoko había escuchado antes─. Hay algo más que quiero mostrarte.

Sin dudarlo, Yoko se levanta, dejando que Faye la guíe una vez más, sintiendo que, con cada paso, está entrando más profundamente en el mundo de una mujer que, aunque complicada, parece estar empezando a abrir su corazón.

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