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𝗺𝗮𝘇𝗲 𖹭.ᐟ fayeyoko

13

bbyblu

Faye guía a Yoko por un pasillo que ella no había visto antes. Es más estrecho y menos decorado que el resto de la mansión, como si estuviera reservado para algo más personal. Las luces son tenues, y el eco de sus pasos es casi imperceptible en la alfombra gruesa.

Yoko no pregunta a dónde van. Hay algo en la forma en que Faye camina, con su mano firme pero cálida entrelazada con la suya, que le dice que lo sabrá cuando llegue. Y aunque su corazón late rápido, no es de miedo, sino de una mezcla extraña de anticipación y curiosidad.

Llegan a una puerta al final del pasillo. Faye suelta su mano para buscar una llave en su bolsillo. La introduce en la cerradura, y el sonido metálico de ésta al girar parece resonar más de lo normal en el silencio.

Cuando la puerta se abre, Yoko queda deslumbrada. El espacio dentro es amplio, pero no frío. A diferencia del resto de la mansión, que se siente tan pulcra y calculada, esta habitación es diferente. Las paredes están cubiertas de estanterías llenas de libros y pequeños objetos personales: fotografías enmarcadas, recuerdos de viajes, piezas únicas que parecen haber sido elegidas con cuidado. En una esquina hay un gran sofá cubierto de mantas y cojines, y en el centro, una mesa baja con una bandeja de café y dos tazas de porcelana.

─Este es mi refugio ─dice Faye, su voz suave pero con un tono de vulnerabilidad que Yoko no había escuchado antes─. Es el único lugar donde puedo ser yo misma.

Yoko mira a su alrededor, asimilando lo que significa estar aquí. Faye le está mostrando una parte de sí misma que claramente no comparte con nadie más. Es un gesto silencioso pero inmenso, y Yoko lo siente como tal.

─Es hermoso ─dice en voz baja, sin atreverse a romper la tranquilidad del lugar.

Faye camina hacia una de las estanterías, pasando los dedos por el lomo de los libros, como si estuviera buscando algo en particular. Finalmente, saca un álbum de cuero negro y lo lleva a la mesa, haciendo un gesto para que Yoko se siente junto a ella en el sofá.

─Es algo más que quiero compartir contigo.

Yoko se sienta a su lado, sintiéndose consciente de la cercanía entre ellas. Cuando Faye abre el álbum, lo primero que ve son dibujos. Bocetos a lápiz, acuarelas, algunos coloreados con marcadores. La mayoría son paisajes: montañas, mares, cielos estrellados. Pero hay algo en la forma en que están hechos que los hace vibrar con vida, como si el artista hubiera puesto una parte de su alma en cada trazo.

─¿Esto… los hiciste tú? ─pregunta Yoko, sorprendida.

Faye asiente, pero hay una ligera incomodidad en su expresión, como si no estuviera acostumbrada a admitirlo.

─Es algo que solía hacer antes de todo esto. Cuando aún tenía tiempo para mí misma.

Yoko pasa las páginas con cuidado, maravillándose por el detalle y la emoción en cada dibujo. Hay uno en particular, de una mujer de espaldas frente al mar, que la hace detenerse.

─Es hermoso ─dice, sus dedos rozando suavemente el papel─. ¿Quién es?

Faye la mira por un momento antes de responder. ─No lo sé. Es… alguien que imaginé.

Yoko siente un nudo en la garganta, como si hubiera algo más detrás de esas palabras.

─Creo que es alguien que esperabas encontrar ─murmura, sin pensar demasiado en lo que dice.

Faye se queda en silencio, sus ojos oscuros fijos en los de Yoko. El espacio entre ellas parece hacerse más pequeño, aunque ninguna de las dos se mueve.

─Tal vez lo sea ─admite Faye, su voz apenas un susurro.

Yoko siente su respiración acelerarse. No sabe qué es lo que está sucediendo exactamente, pero sabe que algo está cambiando. Faye la está dejando entrar, de una manera que no imaginaba posible.

─Faye… ─comienza, pero no sabe cómo continuar.

Faye levanta una mano, y sus dedos rozan suavemente la mejilla de Yoko, deteniéndose justo debajo de su mandíbula. El toque es tan inesperado como delicado, y Yoko siente un escalofrío recorrerle la columna.

─No digas nada ─dice Faye, inclinándose lentamente hacia ella.

Sus labios se encuentran en un beso que comienza suave, casi inseguro, pero que pronto se vuelve más firme, más decidido. Yoko responde, dejando que la calidez de Faye la envuelva, sintiendo que el mundo a su alrededor se desvanece.

Cuando se separan, Faye apoya su frente contra la de Yoko, ambas respirando con dificultad.

─No sé qué estás haciendo conmigo, Yoko Lertprasert ─murmura Faye, su voz grave y cargada de emoción─. Pero no quiero detenerlo.

Yoko cierra los ojos, permitiéndose disfrutar del momento, sabiendo que está cruzando una línea que cambiará todo entre ellas.

─Yo tampoco quiero que se detenga ─responde, con un susurro que Faye apenas logra escuchar.

Y en esa habitación llena de secretos y vulnerabilidades, ambas sienten que han llegado a un punto de no retorno.

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