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𝗺𝗮𝘇𝗲 𖹭.ᐟ fayeyoko

14

bbyblu

Faye no es alguien que se precipite en sus acciones. Siempre calcula cada movimiento con la precisión de quien ha aprendido que el mundo es un juego de estrategias, y que bajar la guardia es una debilidad imperdonable. Pero con Yoko, todo se desmorona.

La tiene contra el sofá, con sus labios apenas rozando los de ella, su respiración entrecortada contra su piel. No la besa de inmediato. Se toma su tiempo, observando la forma en que los ojos de Yoko brillan, cómo su pecho sube y baja con cada aliento agitado. Hay algo en esa vulnerabilidad que la hace sentir cosas que no debería.

─Dime que lo quieres ─murmura Faye, su tono más bajo de lo normal.

Yoko traga saliva. Su cabeza está nublada por la cercanía, por el calor que emana de Faye, por la firmeza con la que la sostiene, sin ser agresiva, pero sin darle demasiado espacio para escapar. Yoko nunca ha estado en una situación como esta. Con alguien como ella.

─Lo quiero ─susurra, apenas un aliento contra la boca de Faye.

Esa es la única señal que Faye necesita.

La besa.

Pero no es un beso apresurado ni desesperado. Es lento, controlado, una exploración medida pero intensa. Faye saborea el momento, siente la suavidad de los labios de Yoko contra los suyos, la forma en que su cuerpo tiembla bajo su toque. No hay prisa. No hay necesidad de apresurarlo.

Yoko gime contra su boca cuando los dedos de Faye rozan su cintura, deslizándose bajo la tela de su blusa con una lentitud que la desespera. Es como si Faye quisiera memorizar cada centímetro de su piel, cada estremecimiento que provoca su contacto.

Faye se separa apenas unos milímetros, su mirada oscura clavada en la de Yoko.

─Eres preciosa ─dice, como si el pensamiento hubiera escapado de sus labios antes de que pudiera detenerlo.

Yoko se sonroja, pero no aparta la vista. Hay algo diferente en su expresión ahora. Algo más allá del nerviosismo o la timidez. Es una especie de determinación temblorosa, una entrega que va más allá del deseo.

─No quiero que esto sea solo porque me compraste ─dice de repente, su voz apenas un hilo de sonido.

Faye se congela.

Las palabras la golpean de una forma que no esperaba. Porque, en el fondo, sabe que Yoko tiene razón en dudar. Desde el principio, todo entre ellas ha sido un juego de poder desigual, una transacción en la que Faye tenía la ventaja. Pero ahora, con Yoko debajo de ella, con su piel ardiendo bajo sus dedos, se da cuenta de que ya no se trata solo de posesión.

─No lo es ─responde Faye con sinceridad, con más vulnerabilidad de la que planeaba mostrar─. No lo quiero así. No contigo.

Yoko observa su expresión, buscando alguna mentira, alguna sombra de la mujer fría y calculadora que la compró en aquella subasta. Pero lo único que encuentra es honestidad.

Y eso es lo que la hace rendirse por completo.

Yoko se aferra a la camisa de Faye y la besa primero esta vez. Es torpe, un poco inexperta, pero llena de emoción, y eso hace que Faye sienta que algo dentro de ella se rompe.

Las caricias de los dedos de Faye no paran, siguiendo el camino hasta uno de los pechos que aprieta con una suavidad calculada. Yoko deja salir un suspiro ante ello, perdida en un mar de emociones y sensaciones nuevas.

La ropa es cada vez menos y los gemidos cada vez más altos. Yoko puede sentir como Faye entra en ella; es grande y húmedo, pero la trata con cuidado, con una tranquilidad palpable.

Faye nunca ha dejado de verla a los ojos.

Mientras Yoko se acostumbra al nuevo intruso, Faye acaricia sus mejillas y besa su boca. En sus ojos, esos que alguna vez fueron hielo puro, se ve tal brillo que Yoko se pregunta si realmente esto está pasando.

La alfa se mueve lentamente, Yoko suspira y araña la espalda de Faye. Todo se siente nuevo pero no malo, solo cosas buenas pasan por su mente mientras es penetrada de forma suave, con un ritmo al que es más sencillo seguir.

Y la noche avanza entre susurros y caricias, entre descubrimientos y nuevas promesas silenciosas. Yoko no sabe qué es lo que está construyendo con Faye, pero sí sabe que, en este momento, no quiere estar en ningún otro lugar.

Y Faye, por primera vez en mucho tiempo, se permite sentir sin miedo.

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