21
El sonido del teléfono interrumpe la paz de la mañana. Yoko está en la sala de la mansión, mirando por la ventana, absorta en sus pensamientos, cuando el timbre la hace saltar. Mira la pantalla. Es un número que no reconoce, pero algo en su interior le dice que debe contestar. Al descolgar, una voz familiar, aunque envejecida, la saluda desde el otro lado de la línea.
─Yoko... ¿eres tú? ─La voz de su madre resuena suave, pero temblorosa, como si hubiera estado conteniéndose por mucho tiempo.
Un nudo se forma en la garganta de Yoko. Intenta mantener la calma, pero su corazón late más rápido. Su madre nunca la llama. Y mucho menos después de decirle que está de viaje, como había hecho durante semanas. La distancia, la mentira que construyó, parece desmoronarse en ese momento.
─¿Mamá? ─responde Yoko, intentando sonar tranquila, aunque su voz vacila un poco. ─¿Cómo estás?
Hay una pausa. El silencio de la llamada parece pesado, lleno de palabras no dichas. Finalmente, su madre habla de nuevo, pero esta vez su tono está cargado de preocupación.
─Estoy bien... pero no es eso lo que quiero saber. ¿De dónde sacaste el dinero, Yoko? Los gastos del hospital, las medicinas... ─La voz de su madre se quiebra levemente. ─¿Cómo lo hiciste? Sabes que no tenemos nada, que no puedo seguir con esto mucho más tiempo. Mi corazón... Ya no sé cuánto más pueda resistir.
El dolor en sus palabras hace que Yoko cierre los ojos, el peso de la culpa presionando su pecho. Había hecho todo lo posible para mantenerla alejada de la verdad, para no hacerla sufrir. Había dejado atrás la vida que compartían, convencida de que era lo mejor para ambas. Pero ahora, al escuchar la voz de su madre, la culpabilidad la consume.
─Mamá... yo... ─La voz de Yoko se corta, luchando por encontrar las palabras adecuadas. No sabe si decirle la verdad, si confesarle que ha sido comprada, que está en una situación que no puede comprender. O si continuar con la mentira, como lo hizo durante todo este tiempo.
Su madre la interrumpe, pero con una suavidad desesperada.
─No me mientas, Yoko. Sabes que nunca he sido una persona que pida explicaciones, pero te conozco. Algo ha cambiado. ¿Estás en peligro? Si me dices que no, lo creeré... pero no puedo seguir ignorando lo que está pasando.
Las palabras de su madre la golpean con más fuerza de lo que esperaba. Yoko siente la presión en su pecho aumentar, como si el mundo entero estuviera apretando sobre ella. ¿Qué puede decirle? ¿Cómo puede explicarle que la situación en la que se encuentra ahora está llena de incertidumbre, que cada paso que da está impregnado de algo que no entiende completamente?
─Estoy bien, mamá ─responde al final, pero la mentira suena más amarga en su boca de lo que le gustaría. ─Te prometo que todo está bien. Es solo... que conseguí trabajo. Es una oportunidad que no pude rechazar.
Hay un suspiro del otro lado de la línea. Su madre no está convencida, pero parece que no tiene más fuerzas para insistir.
─Solo... cuídate, Yoko. Ya sabes que mi corazón no aguanta mucho más. No quiero que esto termine mal para ti. Eres todo lo que me queda.
Esas últimas palabras golpean a Yoko con una dureza silenciosa. La angustia por su madre, esa preocupación que siempre la ha acompañado, ahora parece más real y cercana que nunca.
─Lo prometo, mamá. Te llamaré pronto. ─La voz de Yoko suena temblorosa, pero firme en la medida de lo posible.
La llamada termina, y Yoko se queda mirando el teléfono por unos segundos. El eco de las palabras de su madre resuena en su mente. Cada una de ellas es como una carga que ella no puede soltar. Su madre, una omega con un corazón débil desde su nacimiento, siempre había sido su mayor preocupación. Ahora, aunque no lo diga directamente, Yoko siente que se está hundiendo en un mar de decisiones que no puede controlar.
Yoko respira profundamente, dejando que el aire entre en sus pulmones. Necesita pensar, necesita calmarse. Las preguntas de su madre, las preocupaciones de su madre, todo eso pesa sobre ella con una intensidad creciente. No sabe cuánto tiempo más podrá ocultar la verdad, ni cuánto más podrá vivir bajo la sombra de sus propias mentiras.
No puede ignorarlo. No puede seguir adelante con esta vida sin enfrentar lo que está sucediendo. El dinero, la situación con Faye... nada de esto es tan simple como parece. Y más importante aún, su madre lo sabe. Está más cerca de la verdad de lo que Yoko pensaba.
Pero por ahora, no tiene respuestas. Solo tiene incertidumbre.
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