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𝗺𝗮𝘇𝗲 𖹭.ᐟ fayeyoko

22

bbyblu

La llamada con su madre dejó una marca indeleble en Yoko, una presión que no puede deshacerse. Mientras camina por los pasillos de la mansión Malisorn, siente el peso de su propia mentira arrastrándose a cada paso. La mansión parece vacía, aún más fría de lo que ya era. La luz del sol entra por las grandes ventanas, iluminando el aire pesado que parece rodearla. Faye está en la oficina, como siempre, sumida en sus propios pensamientos y preocupaciones, ajena al conflicto interno que consume a Yoko.

En un rincón de la casa, Yoko se detiene frente a un espejo. La imagen que le devuelve el cristal es una mujer que parece desconocida. Una joven que, en su vida anterior, nunca habría imaginado estar en la posición en la que se encuentra ahora. La omega que alguna vez fue tan dulce y llena de esperanza, ahora se ha transformado en alguien que vive una vida de secretos y contradicciones.

Toca su propio rostro, como buscando respuestas en sus propios ojos. El reflejo la confronta. Es una mujer atrapada entre el deseo y la necesidad, entre el amor que no entiende y la supervivencia que le ha sido impuesta. Y al mismo tiempo, sabe que no puede huir. No tiene adónde ir.

Cuando se dirige a la cocina, el aroma de café fresco la envuelve, una pequeña comodidad en su día. Sabe que Faye estará en su oficina durante un tiempo, completamente absorbida por su trabajo, y es ahora, en esta quietud momentánea, cuando sus pensamientos la atacan con mayor fuerza.

El teléfono en su bolsillo vibra. Es un mensaje de su madre. El simple hecho de ver el nombre de la mujer que le dio la vida la hace sentirse aún más atrapada. Teme lo que su madre podría decirle si supiera la verdad. Y lo peor de todo es que siente que no puede compartir con nadie lo que está viviendo, ni siquiera con Faye, quien, aunque la cuida de maneras que nunca imaginó, parece estar en un mundo completamente diferente al suyo.

"Mamá: ¿Has conseguido todo lo que necesitas, hija? ¿De verdad todo está bien?"

Yoko mira la pantalla, el mensaje la perfora. Su madre sigue preguntando, sigue presionando. Yoko suspira y responde de manera evasiva, como siempre lo ha hecho:

"Sí, mamá. Todo está bajo control. No te preocupes."

Pero sabe que no puede seguir mintiendo. La verdad la está consumiendo lentamente. Cada palabra que le dice a su madre la aleja más de la persona que quiere ser, pero aún más, la aleja de la mujer que fue antes de todo esto. La mujer que deseaba ayudar a su madre, que no quería nada más que su felicidad, sin tener que vender su alma a cambio.

Después de un rato, Yoko se aleja de la cocina y camina por el pasillo, su mente agitada. Hay algo en el aire hoy, algo que no puede ignorar. Algo que le dice que el tiempo que le queda en la mansión Malisorn es limitado. Ya no puede vivir entre dos mundos: el mundo de la mentira y el mundo de la verdad.

Es entonces cuando la puerta de la oficina de Faye se abre. Faye sale, con la mirada fría, pero curiosamente alerta. Es una mujer que siempre está en control, siempre que nada se interponga en su camino. Yoko la observa desde el pasillo, sintiendo la tensión que se genera entre ellas, como siempre.

Faye la mira con esos ojos penetrantes, aquellos que han comenzado a desarmarla, aunque no lo quiera admitir.

─¿Algo en mente? ─pregunta Faye, su tono suave pero firme, como si ya supiera que algo está perturbando a Yoko.

Yoko niega con la cabeza, su voz vacilante.

─No, solo... pensaba en mi madre. Nada importante. ─Es una mentira tan obvia que ni ella misma se lo cree, pero no puede compartir más, no puede decirle lo que realmente siente, lo que realmente teme.

Faye la observa un momento, como si estuviera evaluando sus palabras, buscando alguna fisura en su fachada. No la presiona, pero sus ojos se suavizan un poco.

─Está bien ─dice Faye finalmente. Yoko la observa, sintiendo un nudo en el estómago. Aunque la respuesta de Faye es breve, hay algo en su mirada que la hace sentirse aún más vulnerable.

Faye no es tonta, Yoko lo sabe. Ha sentido su mirada fija en ella muchas veces. Y en ese momento, con esa intensidad en el aire, Yoko se da cuenta de lo mucho que Faye ha comenzado a entenderla, aunque no diga nada.

La mujer adinerada, la alfa que parece inalcanzable, que siempre la mantiene a distancia pero de una manera que al mismo tiempo la mantiene cerca. Faye está tan segura de sí misma, tan decidida, que Yoko teme lo que está comenzando a sentir. La situación entre ellas está cambiando, y aunque intenta negarlo, Yoko no puede dejar de preguntarse si alguna vez será capaz de salir de esta maraña de deseos y expectativas que Faye le ha tejido.

Faye, con su actitud firme pero distante, se da vuelta para volver a la oficina. Antes de cerrar la puerta, se detiene y mira a Yoko una vez más. Sus ojos se encuentran, y hay un destello en ellos, algo que no puede ignorar.

─No te preocupes por tu madre. Si necesitas algo, ya sabes dónde encontrarme. ─Y con esas palabras, la puerta se cierra con suavidad, dejándola sola en el pasillo.

Pero Yoko no se siente tan sola. Algo dentro de ella está cambiando, y aunque no sabe lo que depara el futuro, ya no está tan segura de qué esperar de sí misma ni de Faye.

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