24
Yoko pasa el resto del día con la mente inquieta. Faye no volvió a decir nada más sobre el tema, pero sus palabras siguen repitiéndose en su cabeza.
"No me gusta tener cosas que no saben lo que quieren."
Esas palabras… la hacen sentir como si realmente tuviera una opción. Pero, ¿la tiene?
De pie frente a la enorme ventana de la habitación, observa el cielo nocturno de Bangkok, perdido entre el resplandor de la ciudad. Nunca imaginó vivir rodeada de tanto lujo, y sin embargo, no es eso lo que ocupa sus pensamientos. Es la presencia de Faye, la manera en que, sin querer, ha empezado a gravitar alrededor de ella.
Cierra los ojos y suspira. ¿Qué haría si se fuera? No tiene una vida a la que volver. Si regresara con su madre, tendría que inventar otra mentira, y tarde o temprano, todo se desmoronaría. Además… la idea de no volver a ver a Faye le provoca una inquietud que no quiere admitir.
─Sigues despierta.
La voz de Faye resuena desde la puerta, firme y tranquila. Yoko se gira, encontrándola recargada contra el marco, con los brazos cruzados y su expresión habitual de calma impenetrable.
─No podía dormir ─admite Yoko.
Faye la observa por un momento, luego da un par de pasos dentro de la habitación. Su presencia llena el espacio, dominante sin necesidad de esfuerzo.
─¿Es por lo que dije?
Yoko se humedece los labios y asiente lentamente.
─No sé qué quiero ─confiesa en voz baja.
Faye se acerca hasta quedar justo frente a ella. Yoko siente su aroma envolviéndola, esa mezcla sutil de maderas y especias que se ha vuelto extrañamente familiar.
─No tienes que decidir ahora ─dice Faye, su tono más suave de lo habitual─. Pero cuando lo hagas, quiero que sea con certeza.
Yoko levanta la mirada y se encuentra con esos ojos oscuros que la observan con una intensidad que la deja sin aliento. Hay algo en la manera en que Faye la mira, como si estuviera esperando… algo.
─Si decido quedarme… ¿qué significaría eso? ─pregunta, sintiendo su corazón acelerarse.
Faye no responde de inmediato. En cambio, alza una mano y roza con los dedos la mejilla de Yoko, un contacto fugaz pero firme.
─Dependería de ti ─susurra.
Yoko siente que la respiración se le corta. Hay muchas cosas implícitas en esa respuesta, muchas posibilidades que nunca pensó considerar.
Pero esta vez, no siente miedo.
Solo la necesidad de entender lo que realmente quiere.
El roce de los dedos de Faye contra su mejilla es ligero, casi insignificante, pero deja un ardor persistente en la piel de Yoko. No es la primera vez que la toca, ni la más íntima, pero hay algo distinto en este contacto. Algo que la deja en vilo, como si estuviera al borde de una revelación que aún no comprende.
Faye sigue mirándola, esperando. Es extraño. Siempre la ha sentido como una presencia dominante, alguien que no pide, sino que toma. Pero ahora, hay una pausa en su actitud, una brecha mínima donde le permite elegir.
Yoko baja la mirada, su mente un torbellino de pensamientos. No puede negar que en algún punto empezó a sentirse… diferente aquí. Al principio, todo era obligación, una transacción fría y distante. Pero con el tiempo, esa distancia se llenó de matices. Las miradas prolongadas de Faye, los momentos de silencio compartido, incluso el modo en que parecía notar cada pequeño gesto suyo.
Se muerde el labio. ¿Qué significa quedarse? ¿Es solo comodidad? ¿O es algo más?
─No sé si alguna vez tendré certeza de algo ─murmura Yoko, apenas consciente de que lo dice en voz alta.
Faye ladea la cabeza, como si estuviera analizando sus palabras.
─No tienes que tener todas las respuestas ahora ─responde con una calma que la desconcierta.
Yoko siente un escalofrío recorrerle la espalda. Desde que la compró, Faye ha sido una figura imponente, alguien a quien no puede leer con facilidad. Pero ahora… ahora siente que hay algo más allá de la frialdad. Algo que se esconde bajo la superficie.
Levanta la vista y se encuentra con esos ojos oscuros que parecen querer descifrarla tanto como ella intenta descifrar a Faye.
Yoko respira hondo.
─¿Y tú? ─pregunta, en un impulso repentino.
Faye entrecierra los ojos.
─¿Yo qué?
─¿Tú sabes lo que quieres?
La pregunta queda suspendida entre ellas. Yoko ve cómo los labios de Faye se presionan ligeramente, como si estuviera considerando su respuesta con más cuidado del necesario.
Yoko lo entiende. No es la única que está atrapada en algo que no puede definir.
Y por primera vez, siente que no está sola en esto.
El silencio entre ellas se prolonga. Yoko siente su propia respiración, el leve latido en su garganta. No sabe qué esperaba como respuesta de Faye, pero la falta de una le confirma algo: ni siquiera ella lo tiene claro.
Faye siempre ha sido una presencia sólida, inquebrantable. Pero ahora, en este instante, Yoko nota la más mínima grieta en esa fachada. Es casi imperceptible, pero está ahí.
─No es una pregunta difícil ─susurra Yoko, con más valentía de la que siente.
Faye le sostiene la mirada, su expresión sigue imperturbable, pero hay una tensión en su postura, como si algo dentro de ella se resistiera a ceder.
─Depende de cómo lo mires ─responde con voz baja.
Yoko frunce los labios. No es una respuesta, pero tampoco una negativa. Y de algún modo, eso la inquieta más.
El peso de la conversación se hace insoportable. Yoko aparta la vista, sus pensamientos desordenados. Siempre creyó que ella era la única atrapada en esta situación, la única con dudas, la única con miedo. Pero ahora se da cuenta de que Faye también está enredada en esto, aunque lo oculte mejor.
Se abraza a sí misma, sintiendo un nudo en el estómago.
─Si no sabes lo que quieres… ¿por qué me compraste?
Es la primera vez que se atreve a preguntarlo de esta manera. Hasta ahora, había aceptado su destino sin demasiadas preguntas, pero esta duda siempre estuvo ahí, escondida en su pecho, creciendo con cada día que pasaba.
Faye respira hondo, como si estuviera considerando si responder o no. Luego, da un paso hacia ella. Yoko no se mueve.
─Porque en ese momento sí sabía ─responde, sin más.
No hay dulzura en sus palabras, pero tampoco frialdad. Es una verdad cruda, sin adornos.
Yoko la observa, intentando descifrar lo que significa. ¿Sabía lo que quería en aquel entonces, pero ya no? ¿O simplemente no esperaba que esto evolucionara a lo que es ahora?
La respuesta debería doler, pero en lugar de eso, Yoko siente algo más: una especie de entendimiento. Faye no es tan diferente a ella.
Yoko suspira, cansada.
─Creo que necesito dormir.
Faye la observa un momento más, antes de asentir.
─Descansa.
Y sin decir nada más, se da la vuelta y se marcha, dejando a Yoko sola con sus pensamientos.
Y esta vez, en lugar de sentirse perdida, siente que ha encontrado algo.
No sabe qué es.
Pero está ahí.
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