Truyen3h.Co

𝗺𝗮𝘇𝗲 𖹭.ᐟ fayeyoko

25

bbyblu

Faye camina por el pasillo en silencio, con pasos calculados, sin una sola expresión en el rostro. Desde afuera, parece la misma de siempre: imperturbable, fría, completamente en control. Pero por dentro, algo hierve.

La voz de Yoko todavía resuena en su mente.

"Si no sabes lo que quieres… ¿por qué me compraste?"

Aprieta la mandíbula. No es una pregunta difícil. Y, al mismo tiempo, lo es todo.

En aquel momento, cuando la vio por primera vez en la subasta, cuando la escuchó ofrecerse sin dudar, cuando notó la forma en que mantenía la cabeza en alto a pesar de la desesperación en sus ojos… lo supo. La quiso.

La quiso como se quiere algo que no se tiene permitido.

No con amor. No con ternura. Solo con deseo.

Al menos, eso era lo que creía.

Pero ahora… ahora no está tan segura.

Llega a su habitación y cierra la puerta tras de sí. Se apoya en la madera, sintiendo el peso de su propia indecisión. Es una sensación extraña. Nunca se ha permitido dudar. Nunca ha tenido la necesidad de cuestionarse a sí misma. Todo en su vida ha sido simple: ver, tomar, poseer.

Entonces, ¿por qué con Yoko no es así?

Camina hasta el bar de su habitación y se sirve un whisky. Lo sostiene entre los dedos sin beberlo, observando el líquido ámbar moverse con el reflejo de la luz.

No entiende qué le molesta más: la pregunta de Yoko o el hecho de que no tiene una respuesta clara.

Tal vez porque, en el fondo, lo sabe.

Yoko ya no es solo una posesión. No es un simple objeto de placer.

Es algo más.

Algo que no puede nombrar.

Algo que no quiere nombrar.

Lleva el vaso a sus labios y toma un sorbo, sintiendo el ardor bajar por su garganta. No le gusta esto. No le gusta sentir que está perdiendo el control.

Pero lo que menos le gusta… es saber que, por primera vez en su vida, hay algo que no puede simplemente ignorar.

Se pasa una mano por el cabello y suelta un suspiro.

Mañana, todo volverá a la normalidad.

Mañana, se asegurará de que esto no signifique nada.

O al menos, intentará convencerse de ello.

El amanecer llega demasiado rápido.

Faye apenas ha dormido. Se ha mantenido despierta, sentada en el borde de la cama, con el vaso de whisky intacto sobre la mesa de noche. El cansancio pesa sobre sus hombros, pero su mente no le ha dado tregua.

No ha dejado de pensar en Yoko.

No en su cuerpo, no en la forma en que tiembla bajo sus caricias. No en el placer que ha encontrado en ella.

Sino en su voz.

"Si no sabes lo que quieres… ¿por qué me compraste?"

Es una pregunta que no debería importarle, pero lo hace.

Suspira y se pone de pie. No tiene sentido seguir dándole vueltas. Tiene cosas más importantes que atender.

Sale de su habitación y camina por el pasillo hasta la cocina, donde esperaba encontrar la casa en silencio. Pero en cambio, la encuentra a ella.

Yoko está ahí, de espaldas, con el cabello recogido en un moño desordenado. Lleva un suéter demasiado grande y un par de pantalones holgados. Se ve… pequeña.

Frágil.

Cuando se gira y la ve, su cuerpo se tensa por un segundo, pero luego baja la mirada y continúa revolviendo su té.

Faye frunce el ceño. No le gusta esa reacción. No le gusta verla así.

─Estás despierta temprano ─dice, rompiendo el silencio.

Yoko asiente sin levantar la vista.

─No pude dormir bien.

Faye se acerca, apoyando las manos sobre la encimera de mármol. Observa el rostro de Yoko con atención.

─¿Por qué?

Yoko juega con la cuchara dentro de la taza.

─No lo sé. Muchas cosas en la cabeza, supongo.

Su tono es neutral, pero Faye sabe que es una mentira.

La tensión en sus hombros, la forma en que evita su mirada… todo le dice que aún está afectada por la conversación de anoche.

Y eso no debería molestarla.

Pero lo hace.

Más de lo que está dispuesta a admitir.

Se queda en silencio por un momento, observándola. Luego, sin pensarlo demasiado, le quita la taza de las manos y da un sorbo.

El té es dulce. No es su estilo, pero tampoco lo odia.

Yoko la mira sorprendida.

─Oye…

─Demasiado azúcar ─dice Faye, devolviéndole la taza.

Es un gesto pequeño, insignificante, pero por alguna razón, hace que Yoko la observe con algo diferente en los ojos. Algo más suave.

Faye se endereza.

─Hoy saldrás conmigo.

La sorpresa en el rostro de Yoko es evidente.

─¿Qué?

─Te lo dije antes. No voy a encerrarte aquí.

Es cierto. Se lo dijo en los primeros días. Yoko podía moverse con libertad dentro de la casa, pero salir era otra historia. Hasta ahora.

Yoko frunce el ceño, desconfiada.

─¿Por qué?

Faye la mira con una expresión indescifrable.

─Porque quiero.

No es una respuesta real, pero tampoco una mentira.

Yoko duda, pero asiente.

Faye siente una extraña satisfacción ante eso.

Porque, aunque no quiera admitirlo…

La idea de ver a Yoko en otro lugar, en otro ambiente, de verla existir fuera de esta casa… la intriga más de lo que debería.

Y eso la aterra.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen3h.Co