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𝗺𝗮𝘇𝗲 𖹭.ᐟ fayeyoko

26

bbyblu

Faye se mantiene en silencio mientras conduce, las manos firmes en el volante. A su lado, Yoko mira por la ventana, nerviosa, pero también… curiosa. Es la primera vez que salen juntas despues de un tiempo.

Desde afuera, todo parece normal. Coches en la carretera, personas caminando apresuradas por las calles, luces de semáforos parpadeando. Pero para Yoko, todo se siente extraño. Como si el mundo allá afuera ya no le perteneciera.

─¿A dónde vamos? ─pregunta, sin dejar de mirar por la ventana.

Faye no la mira, pero responde con calma.

─A almorzar.

Yoko parpadea, sorprendida.

─¿Eso es todo?

─¿Esperabas algo más?

─No lo sé… ─murmura Yoko, bajando la mirada. No esperaba nada en realidad. O quizás, esperaba todo menos esto.

El auto se detiene frente a un restaurante elegante, con paredes de cristal y una terraza con vista a la ciudad. Un hombre en traje se apresura a abrir la puerta para Faye, quien baja con naturalidad, como si este lugar fuera una extensión de su hogar. Yoko titubea antes de seguirla.

Dentro, el ambiente es sofisticado. La gente habla en tonos bajos, las copas tintinean con elegancia, el aroma a especias y vino llena el aire. Yoko siente la presión inmediata de no encajar aquí.

Pero Faye… Faye camina con la misma seguridad de siempre, como si el mundo le perteneciera.

─Señorita Malisorn ─saluda el maître con una leve inclinación.

─Nuestra mesa habitual ─responde Faye con indiferencia.

El hombre asiente y las guía a una mesa privada junto a un ventanal. Yoko se sienta, todavía incómoda, mientras Faye revisa el menú sin prisas.

─¿No vas a ver el menú? ─pregunta Faye, sin mirarla.

─No sé qué elegir…

─Entonces elegiré por ti.

Yoko asiente, aunque no está segura de cómo sentirse al respecto. No es que no le agrade la idea, pero hay algo en la facilidad con la que Faye toma decisiones por ella que la hace sentir extraña.

Poco después, la comida llega. Platos finamente servidos, de porciones delicadas pero con aromas exquisitos. Yoko prueba un bocado y no puede evitar soltar un pequeño suspiro de satisfacción. Está delicioso.

Faye la observa en silencio, con una sombra de diversión en sus ojos.

─Te gusta.

Yoko se encoge de hombros, un poco avergonzada.

─Sí…

─Come. No quiero que te vayas con hambre.

Yoko no responde, pero sigue comiendo. La conversación entre ellas es mínima, pero la atmósfera es diferente a la de casa. Aquí, entre el murmullo de otras personas, bajo la luz cálida del restaurante, Faye se siente menos distante.

Hasta que un grupo de empresarios se acerca a su mesa.

─Señorita Malisorn, es un honor verla por aquí.

Faye levanta la mirada, su expresión volviéndose más fría.

─Estoy ocupada.

─Solo será un momento ─insiste uno de ellos con una sonrisa nerviosa. Yoko se encoge un poco en su asiento.

Faye suspira con molestia, pero se endereza con elegancia. Su postura, su tono de voz, todo en ella cambia. Ahora es la mujer de negocios, la líder imponente que no deja espacio para tonterías.

Yoko la observa, fascinada y un poco intimidada.

Faye responde con cortesía, pero es evidente que no le interesa la conversación. Después de un par de minutos, los empresarios entienden la indirecta y se despiden.

Cuando se van, Yoko se atreve a hablar.

─Eres… diferente aquí afuera.

Faye la observa, entrecerrando los ojos.

─¿Diferente cómo?

Yoko duda antes de responder.

─Más fría. Más distante.

Faye se apoya en el respaldo de su silla y toma un sorbo de vino antes de responder.

─Así es como funciona este mundo.

─Pero en casa…

Faye la interrumpe con una mirada intensa.

─¿En casa qué?

Yoko siente que ha dicho demasiado. Aparta la mirada, jugando con el borde de su servilleta.

Faye la observa en silencio por un momento, luego deja la copa sobre la mesa y se inclina ligeramente hacia ella.

─No confundas las cosas, Yoko.

Yoko levanta la mirada.

─¿Las cosas?

─Lo que ocurre en casa y lo que ocurre aquí son diferentes. No mezcles una con la otra.

La advertencia es clara. Pero en los ojos de Faye hay algo más. Algo que contradice sus propias palabras.

Yoko siente un nudo en el estómago.

Porque, aunque Faye lo niegue…

Las cosas ya están mezcladas.

Y ninguna de las dos sabe cómo deshacer el nudo que las une.

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