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𝗺𝗮𝘇𝗲 𖹭.ᐟ fayeyoko

35

bbyblu

Yoko se despierta sola en la cama, envuelta en el olor cálido de las sábanas y... de café.

Parpadea unos segundos. El reloj marca las 9:04 a.m., más tarde de lo que suele dormir. Su cuerpo todavía recuerda la calidez de Faye, su respiración suave en la nuca, su presencia tranquila aunque a veces inexpresiva. Se sienta lentamente, recogiendo la sábana para cubrirse. Mira alrededor. No hay nadie.

Pero entonces, desde fuera de la habitación, escucha un leve golpeteo metálico, el sonido de una taza colocada sobre una mesa, el crujir del pan tostado.

Yoko se pone una bata. Sus pasos son suaves, casi tímidos, mientras se asoma por la puerta entreabierta.

En la cocina -blanca, minimalista, casi demasiado perfecta para ser real- está Faye. De espaldas a ella, con el cabello suelto cayendo sobre su pijama gris oscuro. Tiene un frasco de mermelada en una mano y una cuchara en la otra. Yoko no puede evitar notar lo concentrada que parece... para ser alguien que probablemente no ha preparado un desayuno en su vida.

Faye se gira y la ve.

─Buenos días ─dice, sin sonreír, pero con una voz suave.

Yoko inclina ligeramente la cabeza, como si no supiera si se le permite hablar aún.

─Buenos días... ─responde en un susurro.

Faye deja la cuchara a un lado y saca una taza humeante de la cafetera.

─Pensé que te gustaría algo caliente ─le dice mientras se la ofrece─. No sabía si te gusta con azúcar... así que está solo, por ahora.

Yoko lo toma entre sus manos como si fuera algo frágil, valioso. Huele el aroma profundo del café y por un instante cierra los ojos. Ese gesto simple, el calor en sus dedos, el aroma familiar... se siente tan humano, tan normal. Algo que no había sentido en días. Quizá semanas.

─Gracias ─murmura.

Faye asiente, luego se sienta al otro lado de la mesa con su propia taza.

El silencio entre ellas no es incómodo. Es como una pausa en la canción que ambas están aprendiendo a componer.

─¿Solías tomar café en casa? ─pregunta Faye, mirando su taza.

Yoko duda. Pero luego asiente.

─Con mi madre. Le gustaba en las mañanas. Decía que le ayudaba a "despertar el corazón", aunque su corazón no funcionaba tan bien.

Faye baja la mirada un segundo.

─¿Ella... está bien?

─Sí. Gracias a ti, lo está. Los medicamentos son caros, pero... no tan caros como para venderme por completo ─bromea con una sonrisa pequeña, temblorosa.

Faye levanta la mirada, sorprendida por ese toque de humor.

─No fue solo por los medicamentos ─agrega Yoko, bajando la vista─. También quería irme. Alejarme. Sentirme útil. Hacer algo que tuviera sentido. Aunque fuera esto.

Faye observa sus manos. Su voz es un poco más baja cuando dice:

─No pensé que tuvieras sentido... para mí.

Yoko la mira, y por un instante se ven de verdad.

No hay títulos. No hay acuerdos. Solo dos mujeres sentadas frente a una taza de café, intentando entender lo que están construyendo, aunque aún no sepan ponerle nombre.

El silencio regresa, pero esta vez es cómodo.

Yoko toma otro sorbo, y cuando lo deja, su mano toca la de Faye por accidente. Ninguna se retira.

Faye no se mueve, no habla. Solo... permite el contacto.

Y en ese gesto tan simple, tan cotidiano, ambas sienten que algo está cambiando.

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