Truyen3h.Co

𝗵𝗼𝗺𝗲 𖹭.ᐟ fayeyoko

cinco

bbyblu

El sol se cuela por las cortinas finas del departamento. Afuera, Bangkok despierta con su ritmo frenético, pero adentro, todo es calma.

Love se ha quedado dormida sobre el pecho de Faye, quien está en el sofá, sin moverse, mirando la televisión sin prestarle atención. Lleva una remera grande de algodón y el pelo recogido de cualquier manera. Nunca pensó que una mañana así, con ojeras y una bebé babeándole la camiseta, pudiera sentirse tan... bien.

─¿Quieres café? ─pregunta Yoko desde la cocina, sin alzar demasiado la voz.

Faye gira apenas la cabeza y asiente.

─Sí, por favor. Bien fuerte.

Yoko ríe bajo, y ese sonido le provoca un cosquilleo en el estómago. La omega parece no esforzarse en absoluto para hacer que todo se sienta cálido.

Faye baja la vista a Love. La bebé se acomoda, su boquita se mueve como si soñara con algo dulce.

─¿Siempre duermen así de profundo?─pregunta Faye cuando Yoko se acerca con las tazas.

─Depende. Hoy está tranquila porque se siente segura.

Faye acepta el café, y por un instante, sus dedos rozan los de Yoko. Ninguna dice nada, pero ambas lo notan.

─¿Crees que la van a llevar a un centro o algo así? ─pregunta Faye, rompiendo el silencio.

Yoko se sienta a su lado, más cerca de lo que lo haría con una vecina.

─No lo sé. Nok dijo que podría quedarse con nosotras si el entorno es estable. Pero... eso implica cosas.

─¿Cosas como qué?

─Un compromiso. Rutina. Tiempo. Amor ─Yoko la mira con cuidado─. No es solo alimentarla y cambiarle los pañales.

Faye baja la mirada, acariciando con un dedo el brazo diminuto de Love.

─Estoy tratando ─dice─. No sé si soy buena en esto, pero estoy tratando.

─Lo estás haciendo bien ─responde Yoko sin dudar─. Y ella lo siente.

Faye la mira por fin. Sus ojos, oscuros y serios, buscan algo en los de Yoko, que no esquiva la mirada. Hay un momento, solo un segundo, donde el mundo deja de moverse. Donde todo lo que importa está en ese sofá, entre una taza de café y una bebé dormida.

Yoko sonríe, y Faye también.

─Te ves linda así ─dice Yoko de pronto, como si fuera un pensamiento que se le escapa.

─¿Así cómo?

─Cansada, desordenada, pero... cuidando.

Faye se ríe en voz baja, nerviosa.

─No suelo cuidar. No sabía que podía.

Yoko apoya una mano sobre su rodilla.

─Ahora ya sabes.

. . .

La tarde cae, y el calor húmedo de Bangkok comienza a dar paso a una brisa más suave. Yoko prepara una pequeña mochila para salir. Quiere llevar a Love al parque un rato, que vea el cielo, que sienta el aire en la piel.

Faye llega con bolsas del supermercado. Dejó su trabajo antes de tiempo, le pareció bien ayudar un poco más.

─Compré las cosas que dijiste. Y también pañales, por si acaso ─dice, dejando todo sobre la mesa.

─Gracias, Faye. De verdad ─responde Yoko, sonriendo.

─¿Van a salir?

─Sí, un rato. Al parque cerca del canal. Es tranquilo y tiene sombra.

─¿Quieres que las acompañe?

Yoko la mira sorprendida, pero no lo piensa mucho.

─Sí.

Faye toma a Love en brazos con más confianza esta vez. La bebé se ríe cuando la alza, y Yoko se lo queda mirando. Verlas juntas ya no le resulta extraño. Al contrario, empieza a gustarle.

Caminar juntas es más cómodo de lo que ambas esperaban. Hablan de cosas simples: el clima, las plantas del camino, una tía de Yoko que tiene cinco hijos y aún sonríe todos los días. Ríen. Se miran.

Pero el clima cambia de golpe. Una nube espesa tapa el sol y comienza a lloviznar, luego, la lluvia cae con fuerza.

─¡Vamos! ─grita Faye, cubriendo a Love con su chaqueta mientras tironea de Yoko hacia un refugio cercano.

Se resguardan en una pequeña parada de autobús vacía. Ambas están mojadas, con el aliento agitado. Faye envuelve a Love contra su pecho con los brazos firmes, revisando que esté seca.

Yoko la observa. Esa reacción rápida. Esa manera de proteger.

─¿Está bien? ─pregunta.

Faye asiente.

─Está perfecta. Solo un poco asustada.

─Tú también, ¿no?

Faye la mira. Tiene el pelo pegado a la cara y las manos temblorosas.

─Sí ─responde─. No quería que se enfermara. No sé qué haría si le pasa algo...

Yoko se acerca, sin pensarlo demasiado, y le seca la cara con una servilleta arrugada de su bolso.

─No tienes que saberlo todo. Solo tienes que estar. Y eso ya lo estás haciendo.

Faye baja la vista. La lluvia golpea el techo de chapa con fuerza. Pero en ese pequeño rincón, todo se siente más cálido.

Yoko la abraza, suave. No como si necesitara consolarla, sino como si supiera que ambas lo necesitaban.

─Gracias ─murmura Faye, con los ojos cerrados.

─No estás sola, Faye. Y yo tampoco quiero estarlo.

La bebé se remueve entre ellas, y las dos sonríen, aún abrazadas, como si acabaran de pasar juntas una tormenta mucho más grande que esa lluvia de verano.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen3h.Co