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𝗵𝗼𝗺𝗲 𖹭.ᐟ fayeyoko

cuatro

bbyblu

La mañana está nublada, con una brisa húmeda que anuncia lluvia. Bangkok despierta con sus ruidos habituales, pero en el departamento de Yoko todo es silencioso, expectante. Algo en el ambiente está cargado, como si incluso el aire se contuviera.

Yoko revisa los papeles por última vez: todo en orden. Lleva días documentando con precisión cada toma, cada cambio, cada leve cambio en la temperatura de la bebé. Se ha movido con instinto y experiencia, con la serenidad que la caracteriza. A su lado, el moisés está perfectamente arreglado, y la pequeña duerme con la carita relajada.

Faye se pasea sin rumbo fijo por el espacio. Su energía es otra. La espera le remueve algo más profundo, más primitivo. Desde hace días, cuando la bebé llora, su cuerpo reacciona. El pecho le aprieta, la mandíbula se tensa, y ahora incluso su aroma -naturalmente suave- ha comenzado a cambiar. Hay una nota protectora, cálida, que sólo los más sensibles pueden notar.

─¿Y si dicen que no es un ambiente adecuado? ─pregunta Faye de pronto, sin mirar a Yoko.

─No van a quitarla sin más ─responde la omega con calma, mientras dobla una mantita─. Solo quieren evaluar si está bien.

Faye asiente, pero la duda le ruge por dentro. Es arquitecta, no madre. Ni siquiera sabe si está haciendo bien las cosas. Y sin embargo, cuando escucha el llanto suave que comienza en el moisés, se gira de inmediato. Le dan ganas de alzarla, de calmarla, de quedarse con ella.

Golpean la puerta.

Ambas se inmovilizan. Yoko se acerca con tranquilidad y toma a la bebé entre sus brazos. Faye, torpe, respira hondo antes de abrir.

─Buenos días ─dice una voz suave─. Soy Nok, trabajadora social enviada por el centro de protección.

Es una mujer joven, con un tono amable y un cuaderno en las manos. Su voz tiene ese ritmo lento y respetuoso tan propio de muchas tailandesas. Entra sin imponerse, pero observando todo con detalle.

Faye se aparta, cruzando los brazos sin darse cuenta, como si aún no supiera dónde poner su cuerpo.

─Gracias por recibirme ─dice Nok─. Sé que estas situaciones no son fáciles.

─No lo son ─responde Yoko con una leve sonrisa─. Pero aquí estamos.

Nok toma asiento frente a ellas. Observa a la bebé en brazos de Yoko y anota algo. Luego mira el entorno: limpio, cálido, ordenado. Hay rastros de noches sin dormir, sí, pero también de cariño.

─¿Ambas han estado al cuidado de la menor?

─Yoko ha hecho casi todo ─dice Faye sin pensarlo. Su voz es baja, pero honesta─. Yo solo... ayudé.

Nok asiente con comprensión.

─Ya se nota un lazo entre ustedes y la bebé. Su aroma ha comenzado a impregnarse. Es natural en los alfas y omegas cuando hay cercanía... protección.

Faye baja la mirada, incómoda por lo evidente. Yoko mantiene la calma.

─¿Hay noticias sobre la madre? ─pregunta la omega.

Nok hace una breve pausa.

─No por ahora. La investigación sigue abierta. Pero sí tengo una pregunta... y quiero que la respondan con sinceridad.

Ambas la miran, tensas.

─¿Estarían dispuestas a considerar quedarse con ella, si nadie la reclama?

Faye traga saliva. Algo le late en el pecho con fuerza. El instinto alfa, que había estado silente durante años, se despierta del todo. Mira a la bebé en brazos de Yoko. Su bebé. Su casa. Su omega, aunque no de forma oficial. Su todo.

Yoko no dice nada aún. Solo la acuna, mientras la pequeña se acomoda mejor contra su cuello.

. . .

Nok ya se ha marchado. Su voz suave, sus preguntas y su cuaderno quedaron atrás, junto con la promesa de que en unos días tendrán noticias más claras. La puerta se cierra con un clic sutil, y el departamento vuelve a quedar en silencio.

Faye se apoya contra la pared, con los brazos cruzados y la cabeza gacha. Su respiración es profunda, contenida.

Yoko camina hasta la cocina con la bebé dormida en brazos. El movimiento es automático, como si su cuerpo supiera exactamente qué hacer. Le prepara un biberón tibio, aún sabiendo que tardará en despertarse otra vez. La rutina ya está en su piel.

Faye la observa desde la entrada. Algo en ella se agita. No es miedo exactamente. Es otra cosa. Algo más visceral.

─¿Yoko? ─murmura.

La omega gira el rostro apenas, suave como siempre.

─¿Mm?

─Lo que dijo... la señora Nok ─traga saliva─. Sobre si estaríamos dispuestas a quedarnos con ella. ¿Tú... lo estarías?

Yoko apoya el biberón sobre la mesada y la mira por fin. Sus ojos, grandes y oscuros, no muestran duda.

─No habría estado con ella todos estos días si no lo deseara, Faye.

Faye se acerca despacio, como si le costara admitir lo que le pasa. Se detiene a medio metro, mirando a la bebé dormida.

─Me pasa algo... extraño ─admite en voz baja─. Cada vez que llora... siento que tengo que ir. Que tengo que hacer algo. Incluso si no sé cómo. Me pongo nerviosa si no la veo. Y me asusta. Nunca sentí algo así por alguien.

─Es el instinto ─responde Yoko, casi en un susurro─. Eres una alfa. Y ella es una bebé sin madre. Tu cuerpo reacciona.

Faye asiente. Luego niega. Y vuelve a asentir.

─¿Está mal que quiera... protegerla?

Yoko sonríe apenas. Camina hacia ella y le extiende a la pequeña, con movimientos seguros. Faye la recibe con torpeza, pero esta vez no se resiste. La sostiene. Mira su carita dormida, las manos diminutas que se cierran y abren.

─¿Te da miedo? ─pregunta Yoko, con voz baja, mientras las observa a ambas.

─Mucho ─responde Faye─. Pero también me da calma.

Yoko se acerca despacio, con una sonrisa suave.

─A mí también me daba miedo. Pero... no estás sola, Faye. Puedes aprender.

Faye asiente sin mirarla, con los ojos aún fijos en la pequeña.

─No había nombre en la nota, ¿no?

─No ─responde Yoko, negando con la cabeza─. No había mucha explicación.

Faye guarda silencio unos segundos. Luego, sin dejar de mirarla, murmura:

─Quiero llamarla Love.

Yoko parpadea.

─¿Love?

─Sí. Ya sé que no es un nombre común. Pero... no sé ─suspira, como si buscara las palabras─. Es lo único que me sale pensar cuando la veo. Cuando la tengo así. Es... tan indefensa. Tan... ella.

La omega la observa en silencio. Sus ojos brillan, y hay algo tierno en su sonrisa, algo que le aprieta el pecho.

─Love está bien ─susurra─. Creo que a ella también le gustaría.

Faye baja la mirada. La bebé se remueve apenas, emitiendo un pequeño sonido que hace que ambas sonrían.

─Hola, Love ─susurra Faye, inclinándose apenas hacia ella─. Soy Faye. Y voy a cuidarte.

La habitación queda en silencio, y por primera vez, ese pequeño departamento en Tailandia comienza a sentirse como un hogar.

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