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𝗵𝗼𝗺𝗲 𖹭.ᐟ fayeyoko

diecisiete

bbyblu

La tarde cae lentamente sobre el edificio, tiñendo los pasillos de un dorado cálido. Yoko abre la puerta de su departamento justo cuando suena el timbre. Del otro lado, Charlotte sostiene a Film de la mano mientras Engfa carga una pequeña bolsa con juguetes.

─¡Tía Yoko! ─exclama Film apenas la ve, soltándose para abrazarla.

─Hola, mi amor ─dice Yoko, agachándose para recibirla con una sonrisa─. Pasen, están justo a tiempo. Faye está bañando a Love, pero ya casi termina.

─¿Está de buen humor o se resistió como siempre? ─pregunta Engfa mientras entra, sin soltar la bolsa.

─Un poco de ambas ─responde Yoko, riendo.

Film corre hacia el interior como si ya fuera su segunda casa, lo cual, de cierto modo, lo es. Desde hace unos meses, pasa tardes con ellas cada tanto, jugando con Love, a veces incluso quedándose a dormir.

En el baño, se escuchan risitas suaves. Faye aparece con Love envuelta en una toalla de ositos y una expresión de resignación divertida.

─Intentó comerse el jabón otra vez ─anuncia, mientras camina hacia el dormitorio para vestirla─. Ya deberíamos saber que eso va a pasar.

─Es parte de su rutina de belleza ─responde Yoko, siguiéndola─. Una cucharada de jabón, dos risas, tres chapoteos.

Charlotte y Engfa se acomodan en el pequeño living. Engfa, con su agudeza habitual, observa los detalles: los dibujos pegados en la pared, los juguetes ordenados en cajas con etiquetas, las plantas que Yoko cuida con paciencia.

─Se nota que viven bien ─dice, más suave de lo que suele hablar.

─Se nota que son felices ─agrega Charlotte, cruzando una pierna sobre la otra mientras observa a Film, que ya está sentada en el suelo jugando con una muñeca que dice que es "la mamá de Love".

Minutos después, todas están reunidas en el espacio común. Love se aferra a la pierna de Film, siguiendo cada uno de sus movimientos con ojos brillantes. Film le presta sus muñecos con cuidado, como una hermana mayor orgullosa.

─Faltan casi dos meses para que cumpla un año ─dice Yoko, como al pasar, mientras sirve té para las adultas.

Faye la mira de reojo. Hay algo en su expresión... una mezcla de emoción y nerviosismo.

─Ya un año ─dice en voz baja, como si recién lo estuviera procesando.

─¿Van a hacer fiesta? ─pregunta Charlotte, animada─. ¿O algo íntimo?

─Aún no lo sabemos ─responde Yoko, sentándose junto a Faye─. Estamos... pensando. Entre eso y los trámites, hay muchas cosas en el aire.

Engfa frunce los labios.

─¿Ya hay novedades? ¿Sobre la adopción?

Faye asiente lentamente, sin hablar. Mira a Love gateando hacia un libro, Film siguiéndola con paso torpe pero protector.

─Sí. Pero todavía no sabemos cómo sentirnos con todo esto.

Yoko le toma la mano, suave, y la aprieta con cariño.

─Es real, Faye. Cada día lo es más.

Y en sus ojos hay algo que ninguna palabra puede explicar: miedo, amor, responsabilidad, ternura... y esperanza.

. . .

La noche cae tranquila sobre el edificio, y el silencio se cuela entre los pasillos con la suavidad de una caricia. Film duerme profundamente en el colchón improvisado del cuarto de visitas, abrazada a uno de los peluches de Love. La bebé, por su parte, está rendida en su cuna, respirando con ese ritmo dulce que solo los niños pequeños conocen.

Faye y Yoko están sentadas en el pequeño sofá, compartiendo una manta. La luz cálida de una lámpara tenue baña sus rostros. Faye tiene el cabello suelto y algo alborotado por la rutina del día; Yoko se ha cambiado a una camiseta cómoda y su piel huele a jabón.

Ambas sostienen una taza de té, aunque ninguna le ha dado un sorbo en los últimos minutos.

─¿Sabes qué es raro? ─dice Faye, con voz baja, como si no quisiera despertar a nadie.

─¿Qué cosa?

─Que ya nos besamos una vez... pero desde entonces, no hemos hecho mucho más ─responde con una pequeña sonrisa torcida.

Yoko ladea la cabeza, divertida.

─¿Esperabas que me abalanzara sobre ti cada vez que me pasas por al lado?

─No ─dice Faye, soltando una risita─. O sí, un poquito.

Ambas se miran, los ojos brillando entre la intimidad y la timidez.

─Es que... ─empieza Yoko, bajando un poco la mirada─ no quería hacerte sentir presionada. Como estamos conviviendo y todo... no sabía si sería incómodo.

─Yo pensaba lo mismo ─admite Faye, dejándose caer hacia atrás, con la cabeza apoyada en el respaldo del sillón─. No quiero que pienses que estoy contigo solo por... ya sabes.

─Por el deseo físico.

─Sí ─asiente, y luego la mira de reojo─. Pero también me pasa, Yoko. Me gustas. Mucho. Y a veces me cuesta no tocarte más, no abrazarte cuando pasas al lado mío o no besarte cuando haces algo adorable... que es todo el tiempo, para colmo.

Yoko ríe, bajando la taza para mirarla mejor.

─¿Quieres que pongamos algunas reglas?

─¿Reglas?

─Sí. Como... mínimo un beso por día. Y al menos dos abrazos espontáneos. ¿Te sirve?

Faye asiente, con una expresión casi infantil de satisfacción.

─¿Y si me dan ganas de cinco besos?

─Bueno... me vas avisando y vemos si tengo stock ─bromea Yoko, y ambas ríen bajito.

Faye deja su taza sobre la mesa y se inclina, tomándola del mentón con suavidad.

─¿Puedo darte el de hoy?

Yoko asiente, con las mejillas rosadas y una sonrisa que la desarma. El beso es lento, tierno, lleno de esa dulzura contenida que ambas han aprendido a reconocer en la otra. Cuando se separan, siguen con las frentes juntas, compartiendo el mismo aire.

─Te juro que si sigues mirándome así, no voy a respetar el límite de uno por día ─susurra Faye.

─Entonces vamos a tener que romper esa regla.

Y en esa noche tranquila, entre el aroma a té y el murmullo suave del silencio, se dan el lujo de quererse un poquito más abiertamente.

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