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𝗵𝗼𝗺𝗲 𖹭.ᐟ fayeyoko

diez

bbyblu

El aroma a tostadas inunda el departamento mientras Yoko prepara el desayuno. Love está en su sillita, con un babero amarillo lleno de dibujos de patitos, jugando con una cuchara de silicona.

─No es para morder, princesa ─dice Yoko con una sonrisa mientras le limpia la baba.

Del pasillo aparece Faye, despeinada, con una camiseta holgada y expresión de recién despertada.

─¿Huele a pan tostado o estoy soñando?

─Las dos cosas ─bromea Yoko─. ¿Quieres café?

Faye asiente, caminando directo a acariciar suavemente la cabeza de Love.

─Buenos días, bebé ruidosa… ─murmura.

Love agita los brazos, feliz al verla. Faye sonríe con ese gesto suave que, hasta hace unas semanas, solo Yoko conocía.

─Te hice el que te gusta, con leche de avena ─dice Yoko, sirviendo el café.

─Gracias… ─responde Faye, aceptando la taza─. ¿Siempre fuiste tan buena haciendo esto?

─¿Desayunos?

─No. Haciendo que esto… se sienta como hogar.

Yoko baja la mirada, un poco sonrojada, y se encoge de hombros.

─Supongo que… trato de que Love se sienta segura.

Faye se queda en silencio unos segundos antes de sentarse frente a ella.
─Y yo también me siento segura aquí.

Ambas intercambian una mirada breve pero intensa. Luego, el llanto de Love rompe el momento cuando su cuchara cae al piso.

─Ya, ya, no es el fin del mundo, pequeñita ─dice Faye, agachándose para recogerla.

Yoko las observa, una sonrisa creciendo lentamente en su rostro.

Más tarde, las tres están en la alfombra del living. Love da pequeños golpes con sus manitas sobre una mantita de juego, mientras Faye intenta armar un juguete con instrucciones confusas.

─¿Por qué estas cosas tienen más piezas que un edificio? ─se queja, frustrada.

─¿Quieres que lo haga yo?

─¡No! Es cuestión de orgullo.

Yoko se ríe, dejándola pelear con el juguete. En algún momento, Faye se rinde y se recuesta a su lado.
─No puedo creer que prefiera los planos de un puente a esto.

─Al menos en los planos no te babean encima ─bromea Yoko.

Ambas se miran de nuevo, con una complicidad que se ha vuelto natural.

Faye la observa por unos segundos.
─¿Sabes que nunca me sentí así con nadie?

─¿Así cómo?

─Cómoda. En paz. Cuidada.

Yoko, por primera vez, no desvía la mirada.
─Yo tampoco.

Love lanza una carcajada repentina al verlas tan cerca. Ambas se ríen también, dejando que el momento las envuelva como un abrazo suave, sin necesidad de decir nada más.

. . .

Durante semanas, Faye y Yoko han mantenido una rutina establecida: Love duerme en la habitación de Yoko, y Faye se queda en la habitación de invitados. Es cómodo, funcional, y ambas lo respetan.
Hasta que esa noche todo cambia.

Love lleva un rato inquieta. Llora bajito, como si estuviera soñando algo triste, removiéndose una y otra vez en su cuna. Yoko la carga en brazos, meciéndola con suavidad.

─Tranquila, mi amor… ya pasó, shhh… estoy aquí ─susurra.

Faye se asoma por la puerta, despeinada y medio dormida, pero con la preocupación clara en el rostro.

─¿Otra vez? ─pregunta con voz baja.

─Sí… no logra calmarse. No tiene fiebre, ya la cambié, ya comió…

─¿Te ayudo?

Yoko asiente. Faye entra y, sin decir más, la abraza por detrás mientras Yoko sigue meciendo a Love.

─¿Puedo intentar yo? ─pregunta, extendiendo los brazos.

Yoko le entrega a la bebé. Faye la sostiene con cuidado, apoyándola en su pecho. Love se tranquiliza un poco, pero sigue con esos pequeños sollozos que quiebran el alma.

─Quizá solo necesita... más de nosotras ─dice Yoko, mirando la cuna, luego la cama.

Ambas se miran. No lo han hablado nunca. No han compartido una cama. Pero tampoco se sienten incómodas con la idea.

Esa noche, Yoko corre un poco las almohadas. Faye se sienta en la cama con Love en brazos, y Yoko se acuesta a su lado.

─¿Esto no es raro? ─pregunta Faye en voz baja, con una sonrisa cansada.

─Quizá un poco. Pero también se siente... correcto.

─Sí... se siente correcto.

Faye coloca a Love entre las dos, y la bebé, por fin, se duerme. Apenas un suspiro suave sale de su boca. Yoko acaricia su cabecita, mientras Faye observa, sin poder evitar sonreír.

─Gracias por dejarme quedarme ─dice de pronto Faye, más seria.

─Gracias por quedarte ─responde Yoko, mirándola.

En la penumbra, con el sonido tranquilo de la ciudad de fondo, las tres se quedan dormidas. Por primera vez, en una misma cama.
Como si el corazón de ese hogar estuviera, al fin, completo.

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