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𝗵𝗼𝗺𝗲 𖹭.ᐟ fayeyoko

once

bbyblu

La primera noche fue una excepción.
La segunda, una coincidencia.
La tercera… ya no parece un accidente.

Desde aquella madrugada en que Love no podía dormir y acabaron compartiendo cama, el ritual se ha repetido una y otra vez. Al principio, Faye regresaba a la habitación de invitados después de que la bebé conciliaba el sueño. Pero luego empezó a quedarse. Por comodidad, por el calor de la cama, por la presencia de Yoko... por Love, se dice a sí misma.

Ahora, sin siquiera mencionarlo, ambas entienden que su lugar es ahí.

Faye sale del baño con el cabello aún húmedo y una camiseta vieja que le queda ligeramente grande. Yoko ya está acostada, con Love dormida entre ellas, aferrada a su mantita. La lámpara de noche emite una luz cálida, acogedora.

─¿Está dormida del todo? ─pregunta Faye en voz baja, mientras se mete en la cama con cuidado.

─Hace unos minutos. Hoy le costó un poco ─responde Yoko, tapando mejor a la bebé─. Creo que empieza a reconocer cuando estás cerca… se calma más rápido contigo.

Faye sonríe, sorprendida.
─¿En serio?

Yoko asiente, con ternura.

─Debe ser por tu presencia alfa… pero también porque te quiere. Eso es evidente.

Faye baja la mirada, medio sonrojada, como si no supiera qué hacer con ese tipo de cariño.
─Yo también la quiero.

Hay un silencio suave. Cómodo.

─¿Y tú… duermes bien aquí? ─pregunta Yoko, mirando al techo.

─Sí. Mejor que antes, de hecho. Aunque a veces despierto con un pie tuyo sobre mí ─dice Faye, intentando sonar casual.

Yoko se ríe, y la risa es suave, cálida.

─Perdón… me muevo mucho cuando duermo. Pero nunca me ha molestado tu brazo en mi cintura, por si te sirve de consuelo.

Faye voltea a mirarla. Yoko también. Por un momento, sus ojos se encuentran entre sombras y respiraciones tranquilas.

No se dicen más. No lo necesitan.

Y en ese pequeño espacio que comparten con Love, se acomodan. Faye extiende un brazo, Yoko se acurruca un poco más cerca. La bebé suspira, como si también lo sintiera.

Y el silencio de la noche envuelve a las tres con la promesa de un hogar.

. . .

La luz entra suave por las cortinas.
Es una mañana cálida en Bangkok, con ese calor húmedo que aún no molesta, pero ya se siente.

Faye despierta primero.
No está segura de qué hora es, pero sabe que no es temprano. Lo que la despierta no es el sonido, ni la luz… es la sensación.

Yoko está dormida junto a ella, con el rostro vuelto hacia Love, que duerme en el medio como si nada pudiera perturbar su mundo.

Faye no se mueve. Solo observa.

Hay algo en verlas así que la desarma.
Dos omegas dormidas junto a ella, una que aprendió a conocer día a día, y otra que llegó de repente… y cambió todo.

Sus dedos se mueven antes de que su mente lo registre. Con la punta de los dedos, aparta con cuidado un mechón del rostro de Yoko.

Yoko se remueve ligeramente… y abre los ojos. Sus pupilas aún están dilatadas por el sueño.

─¿Ya amaneció? ─susurra, con voz ronca.

─Sí. Pero podemos quedarnos un poco más. Love todavía duerme.

Yoko sonríe, todavía medio dormida.
─¿Ya te acostumbraste a dormir conmigo?

Faye se ríe muy bajo.
─¿Contigo o con Love?

─Conmigo ─repite Yoko, sin rodeos.

Faye traga saliva, de forma apenas perceptible.
─Sí. Me acostumbré demasiado rápido, creo.

Ambas se miran por un segundo más largo de lo necesario. El calor se instala entre ellas sin necesidad de palabras.

─¿Y… estás bien con todo esto? ─pregunta Yoko, con una vulnerabilidad que no muestra seguido─. Con nosotras. Con la bebé. Con esta casa.

Faye no responde enseguida. Mira a Love, luego a Yoko.

─Sí. A veces me asusta un poco, pero sí.
Es… como si ya fuera así desde siempre.

Yoko parpadea. Esa respuesta le toca un lugar que había mantenido protegido.
Se queda en silencio, pero se acomoda un poco más cerca, rozando con su frente el brazo de Faye.

─Yo también me asusto ─murmura.

─Entonces nos asustamos juntas ─responde Faye, envolviéndola con su brazo suavemente.

Love se estira en sueños, y ambas ríen bajito.

La mañana continúa, tranquila, sin promesas, pero con una certeza silenciosa:
Lo que están construyendo, sin decirlo en voz alta, ya es amor.

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