quince
La tarde cae suave sobre el departamento. Una brisa cálida se cuela por las ventanas abiertas, agitando apenas las cortinas blancas. En la sala, Faye acomoda con cuidado la manta de Love en su moisés, asegurándose de que no le falte nada. Yoko termina de cortar fruta en la cocina, atenta al mínimo sonido de la bebé.
Cuando suena el timbre, ambas se miran con un leve sobresalto. Faye se adelanta a abrir. Del otro lado, como ya es habitual, se encuentra Nok, la trabajadora social, vestida con su uniforme prolijo y una expresión más seria de lo usual. En sus manos lleva una carpeta más gruesa que en visitas anteriores.
─Buenas tardes ─saluda Nok, entrando tras una breve sonrisa.
─Hola ─responde Yoko, saliendo de la cocina con un vaso de agua─. ¿Quieres sentarte?
─Gracias.
Nok toma asiento en el sofá mientras sus ojos se deslizan suavemente hacia el moisés. Love duerme profundamente, con la cabeza ladeada y una manito cerrada sobre el pecho. La paz en su carita contrasta con la tensión silenciosa que llena el ambiente.
─Hoy no vengo a hacer preguntas ni observaciones ─dice Nok, dejando la carpeta sobre la mesa de centro─. Vengo con noticias importantes.
Faye se sienta junto a Yoko. Ambas contienen la respiración, instintivamente unidas por el mismo miedo.
─El juzgado concluye el caso. Love ha sido oficialmente declarada como una menor legalmente abandonada.
La habitación se queda en silencio. El tic-tac del reloj de pared resalta con fuerza. Yoko parpadea rápido, conteniendo la emoción. Faye aprieta las manos sobre sus rodillas.
─¿Qué… significa eso? ─pregunta en voz baja.
─Que no hay ningún impedimento para que comiencen el proceso de adopción ─responde Nok con suavidad─. La madre biológica no reclamó a la bebé ni se presentó a ningún llamado. Y ustedes han demostrado, con cada visita, que Love está en un entorno amoroso, seguro y estable.
Yoko lleva una mano a la boca, sus ojos brillan.
─¿Podemos adoptarla?
Nok asiente con una sonrisa cálida.
─Sí. Hoy mismo pueden comenzar el trámite. El proceso lleva unos meses, pero si todo va bien, Love será legalmente su hija antes de cumplir su primer año.
Faye se queda en silencio por unos segundos. Mira la carpeta, luego a Yoko, y finalmente a Love. Algo le aprieta el pecho, una mezcla de nervios, ternura y certeza. Entonces, sin dudar, toma la mano de Yoko.
─Vamos a hacerlo ─dice, y su voz, aunque suave, no deja lugar a dudas.
Yoko la mira, y no necesita decir nada. Sus dedos se entrelazan con los de Faye, y juntas, sin necesidad de palabras, eligen quedarse. Con Love. Con todo lo que eso significa.
. . .
La noche cae lenta, casi con delicadeza, como si el mundo entendiera lo importante que ha sido el día para ellas. En el departamento todo es calma. La luz tenue del velador baña la sala con un brillo dorado. Afuera, la ciudad murmura, pero dentro de casa, reina una paz suave, nueva.
Love duerme en el centro de la cama, con su cuerpo pequeño envuelto en un pijamita de ositos y su respiración tranquila marcando el ritmo de la noche. A cada lado, Faye y Yoko la observan en silencio.
─Parece que no se entera de nada, ¿eh? ─susurra Yoko, acariciando con cuidado la cabecita de la bebé─. Ni se imagina todo lo que pasó hoy.
─No lo necesita ─responde Faye, con una sonrisa de lado─. Sólo tiene que dormir y crecer. Lo demás es cosa nuestra.
Yoko gira el rostro hacia ella. En la penumbra, Faye se ve diferente. Más serena. Más abierta. Sus rasgos, normalmente serios, se suavizan con el calor del momento.
─Nunca pensé que querría ser madre ─murmura Faye, sin dejar de mirar a Love─. Y ahora... siento que haría cualquier cosa por ella.
Yoko la observa con el corazón latiendo lento y fuerte a la vez.
─Yo tampoco lo imaginé ─dice con sinceridad─. Pero desde que llegó… siento que todo tiene más sentido.
Hay una pausa. No incómoda, sino llena de algo que crece y que ya no pueden ignorar. Yoko baja la mirada, pero Faye no. La observa con atención, como si finalmente estuviera viéndola de verdad.
─¿Y con nosotras? ─pregunta Faye, con voz baja─. ¿También tiene sentido?
Yoko se muerde el labio, insegura por un instante. Luego asiente, apenas.
─Sí… pero da miedo.
─Lo sé ─responde Faye─. Pero estoy dispuesta a intentarlo, si tú también quieres.
Yoko la mira entonces. Directo. Y sin decir más, se acerca.
El beso llega suave, como si no quisieran romper la burbuja en la que se han refugiado. Es un roce primero, una prueba. Pero luego, cuando ambas se dan cuenta de lo mucho que lo deseaban, se vuelve más seguro. Más sincero.
Love se remueve apenas entre ellas, sacándoles una sonrisa contra los labios. Cuando se separan, se quedan allí, una frente a la otra, respirando el mismo aire, compartiendo el mismo silencio dulce.
─Esto es real, ¿verdad? ─murmura Yoko.
Faye asiente, su frente apoyada levemente contra la de ella.
─Sí. Y vale la pena.
Esa noche duermen juntas, las tres, por primera vez sin miedo. Sin dudas. Solo con amor.
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