siete
El sol entra por las ventanas del departamento, tibio y dorado, pintando las paredes con un brillo suave. En la cocina, Yoko prepara café. Lleva el cabello recogido y una camiseta demasiado grande, probablemente de Faye. Bosteza mientras mueve la cucharita en su taza.
En el suelo, sobre una manta de colores, Love se entretiene moviendo los pies, balbuceando sonidos que solo ella comprende.
─¿Ya estás contando historias tan temprano? ─pregunta Faye desde la puerta, recién salida de la ducha, con una toalla colgando de su cuello.
Yoko sonríe.
─Te estás acostumbrando a escucharla, ¿eh?
─No tengo opción. Si no la escucho, me preocupo.
Faye se acerca y se arrodilla frente a Love. La bebé la mira y suelta una risa leve, como si reconociera su voz y ya la asociara con algo bueno. Faye se derrite por dentro. Aún no lo dice en voz alta, pero ese pequeño sonido vale más que cualquier premio de arquitectura.
─Creo que le caes bien ─dice Yoko, apoyándose en la barra.
─¿Solo bien?
─Bueno… quizás un poquito más.
Faye sonríe y levanta la mirada hacia ella. Es un momento corto, pero está cargado de una ternura distinta, más consciente. Ya no es solo cuidar a la bebé. Es compartir una vida.
Yoko le alcanza la taza de café.
─¿Tienes alguna reunión hoy?
─No. Cancelé todo. Quiero estar aquí por si… ─Faye no termina la frase, pero Yoko entiende. Nok había prometido noticias para esa semana.
Justo en ese instante, suena el timbre. Ambas se miran en silencio.
─¿Crees que es ella? ─pregunta Yoko.
─Solo hay una forma de saberlo.
Faye se levanta y camina hacia la puerta. Love, en la manta, suelta un pequeño quejido como si percibiera que algo importante está a punto de pasar.
Faye abre.
─Buenos días ─saluda Nok, con una carpeta en brazos y una expresión amable, pero seria.
El corazón de Faye late un poco más rápido.
─Hola, Nok. Pasa, por favor.
La trabajadora social entra, saluda con una inclinación a Yoko, y luego fija la mirada en Love. Sonríe apenas.
─Parece que ha crecido bastante.
─Y se ríe mucho ─agrega Yoko─. Le gusta mirar la lluvia por la ventana. Y odia el puré de zanahoria.
─Ya tiene carácter ─dice Nok, sentándose.
Faye traga saliva. Se sienta también.
─¿Tienes noticias?
Nok asiente y deja la carpeta sobre la mesa.
─Sí. Y necesitamos hablar de lo que sigue.
Nok abre la carpeta con cuidado y extrae algunos papeles. Sus ojos se detienen en ellos por unos segundos antes de hablar.
─Encontramos a la madre biológica de Love. Al parecer, tiene antecedentes de abandono en otro distrito. La policía local la localizó, pero no está interesada en recuperarla… ni legalmente ni emocionalmente.
El silencio cae como una sábana pesada sobre la sala.
Yoko acaricia con suavidad la espalda de Love, que duerme en su moisés. Faye la mira de reojo, su mandíbula ligeramente tensa.
─¿Qué va a pasar con ella, entonces? ─pregunta Yoko, sin levantar la voz.
Nok se acomoda en el asiento.
─En estos casos, el Estado inicia un proceso para declararla legalmente abandonada. Eso abre la puerta a la adopción. Pero el proceso lleva tiempo… y mientras tanto, debemos asegurarnos de que esté en un ambiente estable.
Faye frunce el ceño.
─¿Quieres decir que podrían llevársela?
─No si ustedes están dispuestas a seguir cuidándola como hasta ahora ─responde Nok, con voz tranquila─. Puedo proponer que ambas figuren como cuidadoras temporales mientras avanza el proceso. Es posible que, en algunos meses, incluso puedan iniciar los trámites de adopción formal… si así lo desean.
Faye guarda silencio. Su mirada se pierde por un momento en la imagen de Love, dormida, con los dedos diminutos descansando sobre su mejilla.
─Quiero hacerlo ─dice al fin─. Quiero cuidarla… de verdad. No solo por unos días.
Yoko la mira, sorprendida, pero su corazón ya lo sabía.
─Yo también ─agrega─. No me imagino dejándola ahora.
Nok asiente lentamente, como si ya esperara esa respuesta.
─Entonces empezaré a preparar los documentos. Tendrán que asistir a algunas evaluaciones, entrevistas… nada complicado, pero sí necesario.
Faye respira hondo, como si algo en su pecho se deshiciera.
─Gracias, Nok. Por confiar en nosotras.
─No es cuestión de confianza, Faye. Solo tengo que ver cómo la miras para saberlo.
Yoko baja la mirada, disimulando una sonrisa. La verdad está ahí, flotando entre todas: ya no se trata de una decisión impulsiva. Se trata de amor. De ese amor silencioso que se construye con pequeñas cosas.
Nok se despide un rato después, dejando la carpeta sobre la mesa. Cuando la puerta se cierra, Faye se queda de pie, mirando a Yoko.
─¿De verdad estás segura de esto?
─Sí. Pero necesito saber si tú estás lista… no solo para Love ─dice Yoko, mirándola con honestidad─, también para compartir todo esto conmigo.
Faye no responde de inmediato. Solo se acerca, despacio, hasta quedar frente a ella.
─No sé cómo se hace ─dice─. Pero quiero aprender. A tu lado.
Yoko asiente, y cuando sonríe, parece que por fin, todo empieza a tomar forma.
. . .
El reloj marca casi la medianoche. La ciudad duerme tras las ventanas del departamento, apenas iluminada por la luz cálida de una lámpara en la sala.
Yoko guarda los últimos biberones en la alacena, mientras Faye termina de doblar una mantita sobre el respaldo del sillón. En la habitación contigua, Love duerme profundamente, con la respiración serena de quien se sabe segura.
Faye se estira y suelta un leve suspiro.
─Creo que nunca había lavado tanta ropa en un solo día.
Yoko ríe bajito.
─Y eso que solo tiene unas semanas de vida. Espérate a que empiece a gatear.
Faye se deja caer en el sofá, con una expresión entre cansada y satisfecha.
─No sé cómo lo haces para verte tan tranquila.
─Me tomó tiempo. Pero me gusta cuidar. Siempre ha sido parte de mí.
Faye baja la mirada, pensativa.
─A mí me cuesta… quiero hacerlo bien, pero tengo miedo de arruinarlo. A veces pienso que no soy la persona adecuada para esto.
Yoko se acerca y se sienta a su lado, sin invadir su espacio, pero lo suficientemente cerca como para que Faye sienta el calor de su presencia.
─No se trata de hacerlo perfecto, Faye. Solo de estar ahí, de verdad. Y tú lo estás. Cada día.
La alfa la mira, sus ojos oscuros más suaves que nunca.
─No pensé que esto me haría sentir tan… conectada. No solo con Love, contigo también.
Yoko baja la mirada, sonrojada, pero no se aparta.
─Yo tampoco lo esperaba. Pero cuando llegaste esa noche por el llanto… sentí que algo cambió. Como si de pronto no estuviera sola en esto.
Faye la observa en silencio por unos segundos. Luego, se recuesta un poco más, dejando caer su cabeza hacia atrás.
─¿Crees que podamos con esto? ¿Las tres?
Yoko asiente, casi sin dudar.
─Sí. No será fácil… pero creo que juntas sí podemos.
Faye cierra los ojos un momento, respirando profundo. Por primera vez en semanas, su cuerpo se siente ligero.
Yoko se recuesta junto a ella, y el silencio se vuelve cómodo. Familiar.
Así, sin muchas palabras, y con una bebé dormida en la otra habitación, se dan cuenta de que el hogar que están construyendo ya no es algo que sueñan… es algo que están viviendo.
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