trece
─Ya te dije que va a estar bien, Faye ─dice Engfa, cruzada de brazos, mientras observa cómo su hermana llena la pañalera como si fueran a llevar a Love a una expedición de una semana.
─Sí, pero por si acaso… si llora y no quiere el biberón, puede que solo necesite que le cantes. Le gusta la voz suave, no muy alto, ¿sí?
Charlotte toma a Love en brazos y sonríe con ternura.
─Faye, cariño… la has dejado con nosotras otras veces. Sabemos cómo calmarla.
─Sí, pero esta vez me voy a ir más horas. Y es su primera vez sin Yoko y sin mí.
─Dios, estás más nerviosa tú que ella ─murmura Engfa, riendo.
Faye mira a su sobrina Film, que está sentada en el suelo jugando con una muñeca. Love, en brazos de Charlotte, la observa con sus grandes ojos curiosos.
─¿Y si llora mucho? ¿Si no quiere dormir? ¿Si…?
─¡Faye! ─la interrumpe Charlotte con dulzura, pero firmeza─. Todo va a estar bien. Anda, ve a tu cita. Disfruta.
Y si te ayuda, prometo mandarte fotos cada media hora.
Faye suspira.
─Eso no ayuda. Voy a estar mirando el celular todo el tiempo.
Engfa le da una palmada en el hombro.
─Entonces guarda el celular. Esta noche es sobre ti y Yoko, no sobre las listas de emergencia que hiciste.
Faye respira hondo. Sabe que tiene que confiar. Que Love está en buenas manos.
─Está bien ─dice al fin, tomando su bolso─. Pero si pasa algo, me llaman.
─Obvio ─dice Charlotte, mientras le da suaves palmaditas a la espalda de la bebé.
Faye se inclina y le da un beso a Love en la frente.
─Sé buena, chiquita. Te amo.
Love responde con un leve balbuceo, su manito tocando el rostro de su mamá alfa.
Y cuando Faye sale por la puerta, aún con un poco de ansiedad en el pecho, hay también una sonrisa.
Porque esta noche va a ver a Yoko, y algo dentro de ella late más fuerte solo de pensarlo.
. . .
Yoko se mira por tercera vez en el espejo del recibidor.
Su vestido no es particularmente llamativo, pero sí bonito, de un color suave que resalta el brillo de sus ojos. Se ha tomado su tiempo para arreglarse, algo que no hacía desde hace mucho.
Love no está en casa y el silencio se siente extraño. No incómodo, pero sí nuevo. Una pausa en su nueva rutina que se siente… emocionante.
Mira el reloj. Faye debería llegar en cualquier momento.
Y justo entonces, suena el timbre.
Yoko abre la puerta con una sonrisa tímida, y Faye se queda en el umbral por un segundo, simplemente mirándola.
─Wow… ─dice, apenas en un susurro.
─¿Está bien? ─pregunta Yoko, sonrojándose un poco.
─Más que bien. Estás… preciosa.
Yoko sonríe y baja la mirada por un momento, sintiendo que su corazón se acelera. Faye, por su parte, luce diferente esta noche. Más relajada, sin la pañalera colgando, con una camisa de lino clara y el cabello suelto, como si todo el estrés de la semana se hubiera desvanecido apenas la vio.
─¿Lista? ─pregunta Faye, ofreciéndole el brazo.
─Lista ─responde Yoko, tomándolo con suavidad.
Ambas salen del departamento. La ciudad está iluminada con luces cálidas, y por una vez, su pequeño mundo no gira alrededor de pañales, biberones o llantos a medianoche.
Esta noche, son solo ellas dos.
Yoko y Faye.
Alfa y omega.
Dos mujeres que sin buscarlo, encontraron algo parecido a un hogar.
. . .
Faye y Yoko caminan por el paseo junto al río Chao Phraya, donde las luces de la ciudad se reflejan en el agua como pequeños destellos dorados. El clima es agradable, con una brisa suave que alivia el calor de Tailandia.
No hay apuro, no hay silencios incómodos. Solo pasos tranquilos y miradas cómplices.
─Hace mucho que no salía así ─comenta Yoko con una sonrisa tímida─. Creo que desde que estaba en la universidad.
Faye la mira de reojo, encantada por esa forma tan suave que tiene de hablar.
─Yo tampoco. Antes de Love, mi vida era solo trabajo. Arquitectura, planos, reuniones…
─¿Y ahora? ─pregunta Yoko, deteniéndose junto a la baranda que da al río.
Faye se detiene a su lado.
─Ahora… pienso en a qué hora comió, si durmió bien, si tú estás cansada. Me descubro pensando en cosas que antes nunca me importaron.
Yoko la mira, sorprendida por lo sincero del comentario.
─Eso suena a que te estás convirtiendo en alguien muy especial.
Faye sonríe, y por un segundo, su instinto alfa se activa sin que pueda evitarlo. La mirada que lanza es suave pero intensa, como si algo en ella quisiera acercarse más a Yoko, como si su cuerpo le gritara que la cuide, que la tenga cerca. Pero se contiene. No quiere asustarla.
─No sé qué está pasando conmigo ─dice, bajando un poco la mirada─. Pero no me molesta sentirlo.
Yoko da un pequeño paso, muy sutil, más cerca. No es una declaración, no es una promesa. Es solo un gesto… pero Faye lo siente hasta los huesos.
─A mí tampoco ─responde Yoko con voz baja.
La noche sigue, y terminan en un pequeño restaurante tranquilo, con mesas al aire libre. Piden algo ligero y comparten la comida entre risas suaves y confesiones sencillas. Hablan de Love, del trabajo, de los momentos cotidianos. Todo se siente íntimo, como si este vínculo entre ellas hubiera existido desde antes, solo que ahora comenzaba a florecer.
Y cuando terminan la cena, y vuelven a casa caminando bajo las estrellas, no necesitan decir mucho más.
Porque todo lo que sienten ya se está diciendo en el silencio.
. . .
La puerta del departamento se abre con suavidad, y Faye entra primero, casi en puntas de pie. Yoko la sigue, cerrando la puerta con cuidado. Es tarde, y aunque ambas regresan con sonrisas en los labios y el corazón un poco más liviano, hay algo que les apura el paso: el deseo de ver a Love.
─¿Crees que durmió bien? ─pregunta Faye en voz baja, mientras se quita los zapatos.
─Charlotte me escribió hace un rato. Dijo que comió todo y se durmió apenas le cantaron una canción ─responde Yoko, sonriendo.
Al girar hacia el living, ambas se detienen. Sobre el sillón, Charlotte duerme sentada, con la cabeza ladeada. Engfa está en el suelo, también dormida, abrazando una pequeña mantita. Y en medio de ambas, en una cuna portátil, Love duerme profundamente, con los cachetes inflados y una mano alzada como si estuviera soñando con pájaros.
Yoko se lleva una mano al pecho, conmovida. Faye, en cambio, camina despacio hacia la bebé, con esa mezcla de ternura y deber que le nace desde la naturaleza alfa. Se arrodilla junto a la cuna, apoyando una mano en el borde.
─Te extrañé… ─susurra.
Love, sin abrir los ojos, mueve la cabeza y hace un pequeño ruidito. Faye sonríe.
─¿La despertamos para cambiarle el pañal? ─pregunta Yoko en voz muy baja.
─No. Está bien así por ahora… ─murmura Faye─. Solo quería verla.
Ambas se quedan en silencio, contemplándola. Yoko se acerca y se arrodilla junto a ella. Sus hombros se rozan, y no hay incomodidad, solo calma.
Faye la mira de reojo y su voz apenas se escucha.
─¿Puedo decir algo medio cursi?
Yoko asiente, divertida.
─Este fue uno de los mejores días de mi vida.
Yoko sonríe, bajando la mirada hacia Love, que duerme como si el mundo fuera perfecto.
─El mío también.
Faye apoya la cabeza suavemente sobre el hombro de Yoko. Ninguna dice nada más. No hace falta.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen3h.Co