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𝗵𝗼𝘁 𝗻𝗲𝗿𝗱 𖹭.ᐟ fayeyoko

DOS

bbyblu

Yoko despertó jadeando, el cuerpo húmedo bajo las sábanas de satén blanco, el corazón latiéndole como si hubiese corrido una maratón. El cuarto estaba en penumbras, apenas iluminado por la luz tenue que se colaba por la ventana. Su entrepierna ardía, sus labios estaban entreabiertos y su mente, confundida entre el sueño y la realidad, aún pronunciaba un nombre.

─Faye...

No era común que soñara así. Yoko Lertprasert solía dominar incluso sus fantasías. Pero lo que su subconsciente le acababa de regalar era una película completa. Faye empujándola contra una estantería de libros, respirándole cerca del oído, tomándola del mentón con una mano firme, la otra bajando lentamente por su cintura... No era la nerd pasiva de sus prejuicios. Era una cazadora. Una devoradora con gafas y voz baja. Y en su sueño, Yoko era la presa.

Se levantó con el cuerpo tenso. Se duchó, pero el agua fría no logró borrar las imágenes. Ni la sensación. Se había tocado en sueños. Se había rendido en sueños. Ella, que nunca bajaba la cabeza, que nunca se derretía por nadie... Había gemido el nombre de Faye con la boca abierta y los dedos temblando a su completa disposición.

Y no podía dejar de pensar en ello.

Ese mismo día, después de clases, la buscó. Primero con la excusa de devolverle el acertijo, aunque aún no lo había resuelto del todo. Pero eso era lo de menos. Quería verla. Observarla de cerca. Necesitaba confirmar si su imaginación se había excedido... O si simplemente había retratado lo inevitable.

La encontró en el café del campus. Sentada sola, leyendo una novela de quién sabe qué, con el cabello recogido en una trenza suelta que caía sobre su hombro. Llevaba un suéter beige y unos jeans rotos en las rodillas. Nada extraordinario. Y, sin embargo, para Yoko, era como mirar a un mismísimo ángel.

Se acercó despacio. No quería parecer ansiosa, aunque lo estaba.

─¿Esto está reservado o puedo sentarme sin problema?

Faye alzó la vista, esa mirada profunda que parecía ver más de lo que decía.

─Depende. ¿Trajiste una respuesta o solo tus encantos de princesa?

Yoko sonrió, sentándose sin pedir más permiso.

─¿Y si te digo que mis encantos de princesa son parte del proceso de resolución?

─Entonces debes estar estancada en la parte más superficial del problema.

Yoko soltó una risa suave. Apoyó el codo sobre la mesa y la observó detenidamente. El tono de piel de Faye tenía ese color marfil suave que sólo se ve en los atardeceres. Y sus labios... No eran especialmente gruesos, pero tenían una forma tan precisa que parecían haber sido dibujados con deseo. Y eso la estaba volviendo loca.

─¿Sabes qué es lo curioso? ─dijo Yoko, bajando el tono de voz, casi como un susurro entre amigas que comparten secretos prohibidos─. Anoche soñé contigo.

Faye no reaccionó de inmediato. Bebió un sorbo de su café, con total parsimonia.

─Espero haber sido útil en la narrativa.

─Mucho más que eso ─murmuró Yoko, dejando que el fuego asomara en su mirada─. Fuiste... Todo.

Hubo un segundo en que Faye se quedó quieta, como si la frase hubiese tenido un peso real. Luego alzó una ceja.

─Las fantasías dicen más del que sueña que del que aparece.

Yoko se inclinó un poco hacia adelante, dejando que su perfume llenara el aire, haciendo a Faye retroceder un poco ante la cercanía.

─Entonces tal vez necesites conocerme mejor para entender por qué te imaginé devorándome entre las estanterías de la biblioteca.

Faye dejó su taza sobre la mesa con cuidado. Su boca dibujó algo entre una sonrisa y una burla.

─Lo que me sorprende no es lo que soñaste... Sino que lo digas tan fácil. Como si no temieras de lo que puedas causar con tus palabras.

─No lo temo ─dijo Yoko, cruzando las piernas lentamente─. Lo deseo.

Una ráfaga de viento movió los papeles de Faye. Yoko los sostuvo con una mano rápida, y en ese gesto, sus dedos rozaron los de ella. Fue apenas un toque. Pero no fue accidental. No del todo.

Sus pieles se encontraron como si se hubiesen buscado por siglos. Fue estático. Tenso. Faye retiró la mano un segundo después, pero Yoko ya lo había sentido: el temblor en sus dedos, la corriente entre ambas, el silencio que quedó tras el roce.

Ninguna lo comentó. Ninguna lo nombró, pero estaba ahí.

Yoko bajó la vista, y por primera vez en años, sintió que no tenía el control de la situación. No del todo.

Y maldita sea, le encantaba.

. . .

Yoko no era de las que pedían ayuda. Ni siquiera cuando la necesitaba. Pero ahí estaba, caminando por los pasillos del edificio de Humanidades, fingiendo buscar el salón de tutorías cuando en realidad lo único que buscaba era a ella.

La encontró en una sala de estudio privada, sola, como siempre. Un cuaderno abierto, anotaciones cuidadosas con letra inclinada, y unos audífonos grandes rodeando su cuello. Faye parecía parte de un universo que se construía a sí mismo en silencio, lejos del ruido de las fiestas y los gritos de los populares. Y, sin embargo, en cuanto Yoko entró, ese universo pareció volverse consciente de su presencia.

─¿Estás ocupada? ─preguntó con una voz suave, como si temiera romper algo sagrado.

Faye la miró por encima de los lentes. Su expresión no era fría... era contenida. Como si hubiese aprendido a esconder reacciones demasiado humanas.

─Siempre. Pero puedo hacer espacio.

Yoko cerró la puerta tras de sí y se sentó frente a ella. Dejó su mochila sobre la mesa como si aquello fuera una excusa legítima.

─No logré resolver el acertijo. Pensé que podrías explicarme tu lógica.

Faye sonrió apenas. Abrió su cuaderno y pasó algunas hojas.

─No es lógica. Es lenguaje simbólico. Metáfora. Algo que no todo el mundo está dispuesto a entender. Porque requiere leer entre líneas, y no todos saben hacerlo.

Yoko inclinó la cabeza.

─¿Y tú sí sabes?

─Yo leo más lo que la gente oculta que lo que dice ─respondió ella sin rodeos─. Especialmente tú.

Hubo un silencio. No incómodo. Sino eléctrico.

Yoko bajó la mirada un momento. Jugó con la cremallera de su chaqueta, como si algo dentro de ella estuviera intentando escapar, pero aún no fuera tiempo.

─Siempre te noto sola ─dijo entonces─. ¿Te gusta o simplemente... Es lo que te tocó?

La pregunta no era burlona. Era sincera, casi vulnerable. Faye cerró el cuaderno con calma.

─Estar sola me da claridad. Pero hay días... En los que una mirada honesta vale más que cualquier silencio. Aunque vengan de la persona menos esperada.

Yoko levantó la vista. Sus ojos se encontraron y ya no había filtros. Solo dos mujeres completamente distintas, desarmándose en una mesa donde nada era casual.

─Entonces ven a mi apartamento ─dijo de pronto Yoko, con voz baja pero firme─. Esta noche. Ayúdame con el acertijo. Cocino algo. Solo... Acompáñame.

Faye parpadeó. No lo esperaba. Pero tampoco pareció sorprendida.

─¿Y qué espera la reina del campus de una nerd con gafas y sarcasmo?

Yoko sonrió con una mezcla de nervios y desafío.

─Tal vez solo quiere que alguien la vea más allá de lo que todos suponen que es.

Silencio. Faye la miró por varios segundos. Luego asintió, con la serenidad de quien sabe que está a punto de entrar en un incendio. Y aún, así decide caminar directo al centro de las llamas.

─A las siete. No llego antes y no llego tarde.

Yoko asintió. Pero en su pecho, algo estalló como una bomba pequeña.

Joder.

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