Truyen3h.Co

Mí Alfa [SpidermaxIronMan]

19

x_girl_fox_x

Tony suspiró profundamente mientras observaba la vista de la ciudad italiana desde la ventana de su habitación de hotel. Era una vista preciosa, pero no era lo mismo sin Peter a su lado.

Habían pasado casi un mes separados debido a un proyecto importante que requería su presencia en Italia, y, aunque había intentado mantenerse ocupado, la distancia lo estaba volviendo loco. Nunca había pensado que a sus años se sentiría como un adolescente desesperado por volver a los brazos de su pareja.

Y no era solo por el sexo, aunque eso era parte de ello; era la cercanía, el olor de Peter, los pequeños besos de saludo y despedida, y esos abrazos que parecían reconectar cada fibra de su ser.

Cada día, se conectaban por videollamada durante su rato libre. Peter le contaba cómo le iba en la universidad, las clases, los trabajos, o incluso las salidas con MJ y Ned. Tony, por su parte, le hablaba sobre el progreso de su proyecto en Italia, los obstáculos que había encontrado y las reuniones interminables. Era una rutina que ambos disfrutaban, pero Tony empezaba a sentir que las videollamadas no eran suficientes.

Esa tarde, mientras miraba el reloj, una idea traviesa se le cruzó por la mente. Ya no aguantaba más; necesitaba acortar esa distancia, al menos de alguna forma. Con una sonrisa en los labios, tomó su teléfono y llamó a Peter, preparando la videollamada con cierta expectación.

Al cabo de unos segundos, la cara de Peter apareció en la pantalla, saludándolo con una sonrisa.

-¡Hey!

-Hola, Peter-Tony sonrió, dejando que su voz sonara suave y un poco más grave de lo normal- Todo va… bien. Pero, sinceramente, no dejo de pensar en otra cosa.
-Peter se inclinó un poco hacia la pantalla, curioso.

-¿En otra cosa?-Tony se acomodó en la cama, acercándose un poco más a la cámara y bajando la voz.

-En ti, Peter. Llevo casi un mes sin verte en persona, y, si soy sincero, me siento como un adolescente de dieciocho años desesperado por volver a casa y… bueno, hacértelo como un loco-Los ojos de Peter se agrandaron, y sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso.

-Ah...

-Te echo de menos, Peter. Echo de menos… todo de ti -continuó Tony, disfrutando de la expresión de sorpresa y timidez en la cara de Peter-No solo es el sexo, aunque eso, créeme, lo extraño muchísimo. Extraño el olor de tu piel, la manera en que me abrazas, esos besos que me das cuando tienes prisa… Te quiero a mi lado, y cada día que pasa se vuelve más difícil-Peter tragó saliva.

-Tony… no sabes cuánto me haces falta tú también-Tony decidió llevar la conversación un paso más allá, sabiendo que ambos necesitaban algo para aliviar esa tensión acumulada.

-¿Sabes lo que me encantaría hacer ahora mismo?-
preguntó, con un tono seductor y provocador-
Deslizar mis manos por tu pecho, besarte lentamente hasta que te olvides del mundo… y sentir cómo reaccionas a cada caricia.
-Peter se cubrió el rostro con una mano, sonrojado hasta la raíz del cabello-
¿Nervioso?

-S-sí

-Genial, eso es parte de la idea, cariño-respondió Tony con una sonrisa.

Tony se acomodó en la cama, asegurándose de que la cámara captara cada pequeño gesto. La luz suave de la lámpara sobre la mesita de noche iluminaba su figura, creando un juego de sombras que acentuaba la intimidad de aquel momento. Sus dedos se movían lentamente, como en una danza delicada, y cada movimiento parecía pensado para transmitir la intensidad que sentía, una intensidad que resonaba a través de la pantalla, donde Peter observaba, cautivado.

Peter, desde su propia habitación, se sumergió en aquella imagen, la respiración volviéndose profunda y acompasada. Se cubrió con las mantas, sintiendo cómo el calor de su cuerpo se intensificaba, al mismo ritmo pausado y controlado de Tony. No había necesidad de palabras; las miradas que intercambiaban hablaban por ellos, y cada sonido que escapaba de los labios de Tony era una llamada que resonaba en su interior, despertando en él una respuesta silenciosa pero potente.

El tiempo parecía detenerse. Los suspiros suaves y los gestos lentos de Tony eran como una melodía lejana, envolviendo a Peter en una sensación de cercanía que desafiaba la distancia que los separaba. A medida que el momento avanzaba, los ojos de Tony se entrecerraban, su expresión se tornaba más suave y, al mismo tiempo, más intensa, y Peter, atrapado en aquel instante, sentía que cada uno de esos gestos era una promesa, una declaración de lo que compartirían cuando por fin estuvieran juntos otra vez.

Bajo las mantas, Peter respondió al ritmo que Tony marcaba, como si ambos estuvieran unidos en una coreografía que sólo ellos comprendían. El sonido de la respiración de Tony, casi inaudible pero constante, lo guiaba, conectándolo aún más con el momento. A través de la pantalla, cada gesto, cada movimiento, cada suspiro formaban una imagen íntima que no necesitaba más, porque en esos detalles, en esa conexión visual y emocional, estaba todo lo que ambos querían transmitir.

Al final, el silencio los envolvió a ambos, una calma profunda que los dejó simplemente mirándose, sus rostros relajados, sus miradas reflejando la satisfacción de haber compartido algo tan íntimo a pesar de la distancia. Era como si el espacio que los separaba se hubiera reducido a nada, y por un momento, Tony y Peter, cada uno en su propia habitación, sintieron que habían compartido algo más allá de lo físico, algo que los unía de una manera mucho más profunda y significativa.


Los días se hicieron semanas, y las semanas pronto se convirtieron en casi dos meses desde que Peter y Tony habían compartido su última conversación relajada.

Con los exámenes de fin de semestre acercándose y Tony completamente absorbido por el proyecto en Italia, sus interacciones se redujeron a mensajes cortos, intercambiados entre clases o durante breves descansos en la oficina.

La distancia que había comenzado como un inconveniente pasajero ahora se sentía más como un vacío difícil de llenar.

Para Peter, los días pasaban en una especie de neblina. Entre los estudios intensivos y el tiempo reducido para hablar con Tony, cada vez sentía más el peso de la situación. Los pequeños desacuerdos y frustraciones parecían agrandarse cuando intentaban comunicarse.

Una noche, después de una larga sesión de estudio, le envió un mensaje a Tony con la esperanza de desahogarse un poco y hablar sobre lo mucho que extrañaba pasar tiempo con él. Pero, cuando Tony respondió, notó un tono cortante en sus palabras, algo inusual en él.

Peter, estoy hasta el cuello de trabajo. No puedo centrarme en tus quejas
ahora

Fue la respuesta de Tony, y Peter sintió como si le hubieran dado una hostia. Sin poder evitarlo, respondió con lo que él mismo sentía.

Yo también estoy harto. Estoy estudiando sin descanso, y no te contesto de malas maneras.


escribió, tratando de sonar calmado pero incapaz de contener el resentimiento que le carcomía. La conversación terminó sin más palabras, y Peter pasó el resto de la noche dándole vueltas a lo ocurrido, incapaz de concentrarse en sus estudios.

Al día siguiente, durante un descanso en la biblioteca, MJ y Ned se dieron cuenta del estado de ánimo de Peter.

-Hey, Pet, ¿todo bien?-preguntó Ned con preocupación, mientras MJ observaba en silencio, esperando a que hablara.

Peter suspiró, apoyándose en sus manos, y se animó a confesar lo que sentía.

-No, la verdad es que no-admitió, bajando la mirada-Es Tony. Casi no tenemos tiempo para hablar. Él está trabajando muchísimo, yo estoy lleno de exámenes, y… ni siquiera podemos tener una conversación tranquila. Ayer tuvimos una discusión porque me contestó mal y, bueno, yo tampoco respondí bien. Y no es la primera vez que pasa. Siento…siento que estamos distanciados, y no sé cómo arreglarlo-MJ intercambió una mirada de entendimiento con Ned antes de hablar.

-Peter, es normal que las cosas se compliquen. Estás en una época estresante, y él también. Pero ¿le has dicho cómo te sientes? ¿Le has explicado lo difícil que te resulta esta situación?-Peter asintió, pero la frustración seguía ahí.

-Lo intenté, pero siento que ya ni me escucha. Está tan ocupado que… me siento como una carga cuando le hablo. Y me duele porque lo único que quiero es estar cerca de él.-Ned le dio una palmada en el hombro.

-Quizás necesitas un poco de espacio, Peter. A veces, cuanto más te empeñas en arreglarlo, más presión siente la otra persona. Puede que sea mejor que, por ahora, enfoques tu energía en los exámenes y luego, cuando todo esté más tranquilo, hablen con calma.

Peter asintió, aunque la idea de distanciarse aún más le pesaba. Pero tal vez Ned tenía razón; con la presión de los estudios y el trabajo, insistir solo empeoraría las cosas. Sabía que ambos estaban pasando por una situación difícil, y quizá lo mejor que podía hacer era enfocarse en terminar los exámenes y esperar que, después de Navidad, pudieran reconectar sin tanto estrés de por medio.

Peter decidió seguir el consejo de sus amigos.

A lo largo de la siguiente semana, se contuvo de enviarle mensajes a Tony o pedirle que hicieran una videollamada.

Pensó que quizás así las cosas se calmarían, que darle un poco de espacio les ayudaría a ambos a centrarse en lo que tenían que hacer.

Pero el silencio que recibió a cambio solo hizo que se sintiera cada vez más desconectado, como si Tony estuviera cada día un poco más lejos de él, no solo físicamente, sino emocionalmente.

Al principio, Peter intentó concentrarse en sus estudios, diciéndose que era lo mejor, que al final todo volvería a estar bien. Pero al llegar el viernes y ver que seguía sin recibir un mensaje, ni siquiera un breve “hola” de Tony, empezó a dudar. Durante los últimos días, había sentido un vacío que trataba de llenar con sus apuntes y libros, pero, al final del día, no podía evitar que su mente vagara hacia el Omega que se encontraba a miles de kilómetros, preguntándose si el sentimiento de extrañarlo era mutuo.

Las palabras de su tía le vinieron a la mente. “Tony es un adulto y tiene una vida muy diferente a la tuya”, le había dicho, y ahora, en el silencio de su habitación, Peter comenzó a preguntarse si tenía razón. Mientras él luchaba por mantenerse al día con los estudios y las responsabilidades de la universidad, Tony estaba en otro mundo, rodeado de gente importante y sumido en un ritmo de trabajo que parecía no dejarle espacio para nada ni nadie más.

Esa noche, después de un largo día de estudio, Peter se dejó caer en su cama y miró el techo, reflexionando en silencio. No podía evitar sentirse pequeño, insignificante, como si la distancia y las diferencias entre ellos fueran demasiado grandes para ser superadas. Se preguntaba si todo esto no era una señal de que estaban destinados a caminos separados, que, por mucho que quisiera mantener viva su relación con Tony, ambos estaban en etapas muy distintas de sus vidas.

Los pensamientos lo acompañaron hasta que se quedó dormido, y, al amanecer, la sensación seguía ahí.


La segunda semana sin noticias de Tony se le hizo aún más dura. Peter trataba de mantener la cabeza ocupada con los exámenes y los estudios, pero, en los momentos de pausa, la ausencia de mensajes de Tony le pesaba cada vez más. Ya ni siquiera se permitía pensar en que podrían reconectar en cualquier momento; en cambio, repasaba las últimas conversaciones, viendo cómo se habían convertido, poco a poco, en discusiones.

Una tarde, mientras iba en el autobús de regreso a casa, sacó su teléfono y, casi por reflejo, volvió a revisar la última conversación que habían tenido. Frases cortantes, respuestas llenas de frustración de ambos lados, como si las palabras hubieran sido lanzadas más para herir que para entender. Peter suspiró, apoyando la cabeza contra la ventana y dejando que sus ojos se perdieran en el paisaje que pasaba rápidamente.

Con un suspiro, ajustó sus auriculares y comenzó a reproducir música, tratando de desconectarse un poco de todo. La canción que sonaba era “21” de Gracie Abrams, y cada nota, cada palabra, parecía encajar perfectamente con lo que estaba sintiendo. Las letras llenas de añoranza y arrepentimiento, la melodía suave que se filtraba en su mente como una brisa melancólica, hacían que sintiera su pecho apretarse más con cada segundo que pasaba.

Podría haber pasado a una canción más alegre, algo que le levantara el ánimo, pero no tenía ganas de hacerlo. La tristeza, aunque pesada, se sentía casi necesaria; como si necesitara atravesarla para poder entender lo que realmente sentía. Y mientras la voz de Gracie Abrams susurraba en sus oídos, Peter se dejó llevar, dejando que las emociones fluyeran libremente.

Era como si la música le permitiera expresar todo lo que no había podido decir, todo lo que había guardado en su pecho durante semanas.

Cuando llegó a su parada, apagó la música y guardó el teléfono en el bolsillo, bajando del autobús con un peso en el pecho que se sentía más palpable que nunca.

A medida que avanzaba el tiempo, Peter comenzó a darle más vueltas a la situación. Cada noche, después de revisar una y otra vez los mensajes sin respuesta, llegó a la conclusión de que Tony no le hablaba por una mezcla de orgullo y cabezonería.

No podía evitar recordar las palabras cortantes que ambos se habían lanzado en la última conversación por llamada. Sabía que el tono de Tony había sido un reflejo de su propio estrés y frustración, pero al recordar cómo había sido él quien intentó hablar primero y cómo Tony, por orgullo o resentimiento, lo había dejado sin respuesta, se le hacía difícil no sentir que eso solo confirmaba la distancia entre ellos.

La idea de que Tony no le hablara solo por mantener el orgullo herido comenzó a dolerle cada vez más. Era una especie de vacío sutil pero constante, y aunque él mismo estaba convencido de que una parte de Tony también debía echarlo de menos, estaba igualmente convencido de que ese orgullo estaba ahora entre ellos, como una barrera invisible pero impenetrable.

-Él no va a dar el primer paso-se dijo Peter en voz baja, una noche, mientras revisaba el chat.

A pesar de esa certeza, no podía evitar pensar en todas las veces en que Tony había sido capaz de abrirse con él, de ser vulnerable y sincero. Recordaba la calidez de su sonrisa, la suavidad de sus palabras en aquellos momentos en los que parecía que todo lo demás se desvanecía a su alrededor. Pero ahora, ese Tony parecía muy lejano, como si la relación que habían construido se estuviera desmoronando poco a poco ante la ausencia y el silencio.

Y así, mientras los días pasaban y la distancia se volvía más insostenible, Peter comenzó a aceptar que, por ahora, ninguno de los dos cedería.


Peter decidió dejarlo ir.

Casi habían llegado las vacaciones y no había ninguna señal de Tony, ningún mensaje, ninguna llamada.

Así que, cansado de darle vueltas, decidió aferrarse a su propio orgullo y seguir adelante.

Empezó a llenar su tiempo libre con salidas con sus amigos, noches de maratones de sagas de películas como Crepúsculo y series como Juego de Tronos, y largos ratos de lectura. Incluso se había acostumbrado a ver a Tony en las noticias, comprobando indirectamente que todo iba bien, y eso le bastaba.

Y...

Las vacaciones de Navidad finalmente llegaron, y, por un instante, Peter sintió una pequeña esperanza de recibir algún mensaje o llamada. Pero, cuando amaneció el día de Navidad, el silencio seguía ahí.

Decidió no pensarlo más.

Esa mañana, su tía le sorprendió con un desayuno festivo, lleno de sus platos favoritos, y luego le regaló un pijama que le sacó una sonrisa genuina: un conjunto de dos piezas con velociraptores, en tonos verdes y azules, perfecto para él. Peter le regaló una colonia de las que sabía que ella adoraba.

Más tarde, se encontró con sus amigos en el centro comercial, donde decidieron hacerse unos regalos. Fue una tarde llena de risas, charlas y bromas, como si el espíritu de la Navidad les envolviera a todos. Para su alivio, nadie mencionó a Tony ni hizo preguntas incómodas sobre su relación; simplemente disfrutaron de la compañía, y Peter agradeció en silencio la sensibilidad de sus amigos.

Al final del día, mientras regresaba a casa con sus regalos, se dio cuenta de que, aunque no había pasado todo como había planeado en un principio, estaba bien.

Había algo en ese tiempo que le estaba ayudando a redescubrir las pequeñas cosas, como pasar un día con su tía o reírse con sus amigos.


Además de las clases y las salidas con sus amigos, Peter comenzó a sumergirse más en su vida como Spider-Man, usando esas patrullas nocturnas para mantenerse ocupado y, de paso, aliviar la carga de pensamientos que pesaban sobre él. Las noches se convirtieron en su refugio, un lugar donde podía perderse en el vértigo de las alturas, en las calles de la ciudad, y en el deber de proteger a quienes necesitaban ayuda.

Durante las últimas semanas, había lidiado con todo tipo de situaciones: desde rescates en incendios hasta evitar pequeños atracos en callejones oscuros. Cada misión le daba una sensación de propósito que lo ayudaba a liberar parte de la frustración que sentía. Aunque en su mente seguía latente la ausencia de Tony, al menos allí, bajo el manto de Spider-Man, podía olvidarse momentáneamente del dolor.

Un día, mientras descansaba en un tejado después de detener a un grupo de ladrones, Peter miró la ciudad iluminada bajo él. La vista le recordaba las noches en las que solía hablar con Tony después de una patrulla, cuando podía escuchar su voz cálida.

A pesar de todo, Peter intentaba mantenerse positivo. Sabía que la ciudad lo necesitaba, y, aunque su vida personal se sintiera complicada, se entregaba completamente a su responsabilidad como Spider-Man.

Peter llegó a casa después de una de las patrullas más surrealistas que había tenido en mucho tiempo. No había terminado de atrapar a un ladrón cuando, en medio de una persecución por un parque, el tipo tropezó y, en un giro desafortunado, ambos acabaron cayendo en un montón de estiércol de caballo. Aunque logró detenerlo, el olor y la sensación pegajosa lo acompañaron hasta que llegó a casa, con la necesidad urgente de una ducha.

Se deshizo rápidamente del traje y se metió en la ducha, dejando que el agua caliente eliminara toda evidencia de esa noche tan peculiar. A medida que el vapor llenaba el baño, Peter sintió cómo el cansancio se disipaba un poco, dejando solo una sensación de alivio por finalmente estar limpio y en casa. Cuando terminó, se envolvió en una toalla y fue a su habitación, donde su tía le había dejado el regalo de Navidad: un pijama de dos piezas, calentito, con velociraptores verdes y azules que parecían más amigables que los de las películas.

Con una sonrisa, se lo puso y se miró en el espejo. Era tan cómodo y acogedor que le dio un pequeño subidón de ánimo. Bajó al salón, donde se dejó caer en el sofá con una sensación de satisfacción; no había nada como relajarse después de una larga noche.

Encendió la televisión y, sin mucho interés en elegir, se topó con una película navideña que ya había visto antes, pero que no le importaba repetir. Su tía había tenido que salir porque la habían llamado por una emergencia, dejándolo solo en casa, lo cual, en cierto modo, le venía bien para desconectar y simplemente disfrutar del momento.

Envuelto en el pijama, acurrucado con una manta en el sofá y con una taza de chocolate caliente en la mano, Peter se sumergió en la tranquilidad de la noche. Mientras veía la película, se dio cuenta de que, aunque el año había tenido sus altos y bajos, en ese instante estaba cómodo y en paz, aunque fuera solo por un rato.

🕷️

Mientras la película navideña hacía una pausa para los anuncios, Peter comenzó a zapear sin mucho rumbo, deteniéndose en el canal de noticias 24 horas cuando algo familiar atrapó su atención: Tony estaba en pantalla, rodeado de periodistas en algún evento importante. En la parte inferior de la pantalla, un cintillo desplegaba las palabras en letras grandes: “Con 26 años, Tony Stark ha logrado…”, seguido de una lista de sus logros.

“Director General de Stark Industries”

“Genio innovador en tecnología de defensa”

“Reconocido filántropo”

“Empresario más joven en obtener un reconocimiento global por su impacto en la industria”

La lista de logros parecía mucho más que lo que él haría en su vida. Peter se quedó mirando, sin prestar atención a las palabras que salían de la boca de los periodistas ni a los destellos de las cámaras que rodeaban a Tony. Por primera vez, se dio cuenta de que, aunque ambos fueran adultos y tuvieran la capacidad de tomar decisiones conscientes, la diferencia de edad parecía ahora un abismo.

Él tenía 19 años, y aunque ser Spider-Man era algo inmenso, algo que pocos comprenderían, la vida de Tony estaba en otro nivel. Tony había vivido y logrado cosas a una escala que Peter apenas podía imaginar. Mientras él pasaba horas entre libros de estudio, trabajos de investigación y exámenes, Tony dirigía una de las empresas más importantes del mundo, creaba tecnología avanzada y tomaba decisiones que afectaban a miles de personas.

Peter suspiró, dándose cuenta de que su vida apenas comenzaba a definirse. Su futuro era todavía una especie de borrador, lleno de sueños, exámenes y trabajos de verano ocasionales. Él había elegido su propio camino, uno que también exigía sacrificios, pero en ese momento no pudo evitar preguntarse si la brecha entre ellos no era solo de edad, sino también de experiencia, de ritmo de vida, de mundo.

Mientras la cámara volvía a enfocarse en el rostro seguro de Tony, Peter se sumergió en sus pensamientos. A veces, la diferencia entre ellos era tan sutil que casi ni la notaba, pero había momentos, como este, en que se volvía dolorosamente evidente. ¿Podrían realmente mantener una relación estable a pesar de las vidas tan diferentes que llevaban?
Peter sacudió la cabeza, diciéndose a sí mismo que era mejor no pensar demasiado en ello, pero el pensamiento se quedó ahí, latente, como un recordatorio de la distancia que había entre sus mundos.

Peter miró la caja de macarrones con queso mientras la calentaba en el microondas, se había puesto juego de Juego de Tronos, perdiéndose en los conflictos de reyes y dragones. Dragones. Son increíbles.  Mientras comía, el silencio de la casa se hacía más pesado de lo habitual. Cuando terminó, se dio cuenta de que la papelera estaba llena, así que decidió salir a tirarla y de paso despejarse un poco.

El frío de la noche le erizó la piel, pero el pijama de dinosaurios, suave y abrigado, lo mantuvo cálido mientras salía al contenedor de basura. Justo cuando tiraba la bolsa, una voz conocida lo sorprendió desde su derecha.

-Hola, Peter...-Giró la cabeza, y allí estaba Tony, de pie en la acera, con las manos en los bolsillos de su abrigo. El corazón de Peter dio un vuelco, y por un instante, se quedó sin palabras.

-Hola...-respondió, tratando de recuperar la calma mientras sus pensamientos se atropellaban unos a otros.

Tony dio unos pasos hacia él y extendió una pequeña caja. Al abrirla, Peter se encontró mirando un teléfono móvil último modelo, uno que claramente costaba una fortuna.

-¿Y esto?-preguntó, confundido.

-Es tu regalo de Navidad-
respondió con seriedad
-Pensé que tu móvil se había roto o algo, porque no he recibido un mensaje tuyo en semanas.

Oh...

Una indirecta.

Peter frunció el ceño, sin saber si reír o enfadarse.

-Mi móvil está perfectamente. ¿No se te ocurrió a ti mandarme un mensaje para empezar la conversación?

-¿Estás enfadado?-Peter asintió, sin querer ocultarlo.

-Sí. Y veo que tú también-El Omega respiró hondo, apartando la mirada unos segundos antes de hablar.

-Claro que estoy enfadado. Me has estado ignorando.

-Yo te he estado ignorando porque cada vez que te hablaba, tú me respondías de mala manera-dijo Peter, tratando de mantener la calma. Sintió el aire frío revolverle el pelo y agradeció la calidez de su pijama-No me sentaba bien, y pensé que tal vez estabas tan estresado que necesitabas espacio.

Un silencio incómodo se instaló entre ellos, y Peter sintió que los dos mundos de los que tanto había reflexionado en su mente estaban a punto de chocar. Finalmente, Tony rompió el silencio, con una voz más suave y honesta.

-Peter... Aunque no lo creas, cada mensaje tuyo me alegraba el día, incluso cuando respondía mal. Esos mensajes eran lo único que me hacía sentir cerca de ti, aun cuando estaba a miles de kilómetros-Tony hizo una pausa, sus ojos reflejaban una mezcla de culpa y tristeza-No debí contestarte de esa manera. Ni en las llamadas hablarte así.

Peter bajó la mirada, dejando que el peso de las palabras de Tony se asentara. Había una vulnerabilidad en esa confesión que le recordó por qué lo extrañaba tanto, por qué había intentado aguantar tanto. Sin embargo, seguía sintiendo la tensión de todas las semanas de silencio y respuestas cortantes.

-Los dos hemos tenido malos días...pero, en algún momento, me hiciste sentir que yo era una carga para ti -dijo Peter, casi en un susurro. Tony se acercó un poco más, colocando una mano en el hombro de Peter.

-Nunca has sido una carga. Lo que pasa...es..-suspiró, buscando las palabras-Es que...Fui yo quien dejó que el estrés y orgullo se interpusiera entre nosotros. No pensé en lo mucho que todo eso te afectaba. Y me duele darme cuenta ahora, después de todo este tiempo, de lo mucho que me equivoqué-Peter levantó la vista, sus ojos encontrándose con los de Tony, buscando algo de sinceridad en su mirada.

-Pues has hecho todo lo contrario si querías que te apoyará...-Tony tragó saliva, y, por primera vez, pareció dejar que su orgullo cayera lo más hondo del pozo.

-Porque me daba miedo mostrarme vulnerable...Pero me importas tanto, Peter
que me asustas perderte.

Los dos se quedaron en silencio, y Peter sintió el frío de la noche sobre ellos, pero también algo de calidez en la proximidad del mayor. No era una conversación fácil, pero quizás, después de todas esas semanas de distancia, esta era la conversación que necesitaban.

Peter vio la tristeza en los ojos de Tony, una mezcla de arrepentimiento y vulnerabilidad que lo hizo dudar unos instantes. Pero, sin pensarlo más, se lanzó hacia él, rodeando su cuello y aferrándose a Tony en un abrazo inesperadamente fuerte, como si con ese gesto quisiera borrar semanas de distancia y tensiones.

Tony, sorprendido al principio, permaneció inmóvil solo un segundo antes de reaccionar. Casi como si fuera un reflejo, envolvió a Peter con sus brazos, cerrando el abrazo con la misma intensidad.

El frío de la noche parecía desvanecerse en la calidez del abrazo, y Peter se permitió cerrar los ojos, apoyando su cabeza en el hombro de Tony. No hubo palabras entre ellos, solo el sonido de sus respiraciones, el latido de sus corazones, y la sensación de estar, al fin, cerca el uno del otro.


Desde el primer día que Peter dejó de enviarle mensajes, Tony sintió el peso del silencio como una losa sobre sus hombros. Al principio, trató de convencerse de que era lo mejor, que Peter necesitaba centrarse en sus estudios y él, en sus compromisos de trabajo. Sin embargo, conforme pasaban los días, el vacío que Peter había dejado se hizo más profundo.

El orgullo fue su único consuelo durante las primeras semanas. Es solo una pausa. se decía, como si esperar de alguna forma fuera a arreglar las cosas entre ellos. Pero, al revisar su movil cada noche, Tony se encontraba deseando ver el nombre de Peter en la pantalla, ansiando esa conexión, por mínima que fuera. Aun así, no daba el primer paso, incapaz de romper el silencio que él mismo había contribuido a construir.

Los días en Italia se volvieron monótonos y agotadores. Las reuniones y eventos se sucedían uno tras otro, pero, por muy ocupado que estuviera, su mente siempre volvía a Peter. Recordaba sus charlas, el modo en que Peter lograba hacerle sonreír incluso en los días más duros, y cómo sus mensajes, antes de que las discusiones comenzaran, le daban una sensación de calma y compañía. Se dio cuenta de cuánto lo extrañaba, y, con cada noche que pasaba, el orgullo comenzaba a desmoronarse un poco más.

Una noche, después de un evento agotador, Tony se sentó en la cama del hotel y miró su teléfono en silencio, revisando la última conversación con Peter, las palabras cortantes que se habían intercambiado. Se dio cuenta de que había dejado que el orgullo y el estrés se interpusieran entre ellos, y ahora lo único que sentía era una profunda tristeza.

¿Cuánto más iba a dejar que pasara?

Sin pensarlo demasiado, tomó su pasaporte, una pequeña maleta y se dirigió al aeropuerto. Antes de que pudiera cambiar de opinión, había reservado un vuelo a casa, dispuesto a enfrentarse con todo lo que sentía.

Durante el vuelo, pensó en lo que le diría a Peter. Las palabras parecían confusas y desordenadas en su mente, pero, en el fondo, sabía que no necesitaba un gran discurso. Solo quería verlo, recuperar lo que el orgullo había arrebatado, y ser lo suficientemente honesto como para reconocer su error.

Cuando llegó, no perdió tiempo.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen3h.Co