02
El sol matinal ilumina las calles de la ciudad, y con él, Milk se encuentra nuevamente frente a la pequeña pastelería. Solo han pasado dos días desde su primera visita, pero aquí está, fingiendo que simplemente le apetece otro cupcake. La excusa de "explorar el vecindario" ya no se sostiene, pero eso no le impide empujar la puerta de cristal y escuchar el familiar tintineo de la campanilla.
─¡Mira quién volvió! ─Ciize es la primera en notar su entrada, dejando de lado el paño con el que limpiaba el mostrador. Su sonrisa burlona es tan evidente como el aroma a vainilla que invade el lugar─. ¿Qué será hoy? ¿Otro intento de seducción fallido o solo un antojo?
─Solo un café ─responde Milk, intentando sonar indiferente. Pero la verdad es que su mirada ya está recorriendo el local en busca de Love.
Como si el universo conspirara en su contra, la puerta de la cocina se abre y Love aparece, con una bandeja de galletas recién horneadas. Su cabello está recogido en una coleta suelta, con algunos mechones cayendo graciosamente sobre su rostro. Lleva el mismo delantal pastel de la última vez, pero hoy hay una pequeña mancha de harina en su mejilla. Milk siente un revoloteo en el estómago.
─¡Buenos días, Milk! ─La voz de Love es tan dulce como siempre.
─B-Buenos días ─responde Milk, maldiciéndose internamente por tartamudear.
─¿Te gustó el cupcake de la otra vez? —─regunta Love mientras deja las galletas en el mostrador.
─¡Sí! Mucho. Fue… muy cupcake. ─La oración sale sin control, y Ciize, que claramente está disfrutando cada segundo, ahoga una risa.
─Me alegra ─responde Love con una sonrisa sincera, sin parecer notar el desastre verbal de Milk─. Hoy tenemos galletas de limón y arándanos. ¿Quieres probar una?
─¡Claro! ─La respuesta es tan rápida y entusiasta que Milk casi se sorprende de sí misma.
Love toma una galleta y la parte por la mitad, extendiéndole un trozo. Milk la acepta, pero en su nerviosismo, sus dedos rozan los de Love. Es un contacto breve, insignificante, pero suficiente para que un calor incómodo le suba por el cuello.
─¿Estás bien? ─pregunta Love, inclinando ligeramente la cabeza.
─¡Sí! Solo… ─Intenta llevarse la galleta a la boca, desesperada por distraerse. Pero en el apuro, su mano choca con el borde del mostrador, y la galleta sale disparada. La ven caer en cámara lenta, dando una pirueta en el aire antes de aterrizar directamente en el suelo.
Por un segundo, nadie dice nada. Luego, Ciize estalla en carcajadas.
─¡Eso fue increíble! ─jadea, sujetándose el estómago─. Ni siquiera Leo es tan torpe.
─Lo siento ─balbucea Milk, agachándose rápidamente para recoger los restos de su dignidad junto con la galleta.
─No te preocupes ─dice Love, conteniendo una risa, aunque sus ojos brillan con diversión─. Hay muchas más en la cocina.
─Tal vez deberíamos darte un casco la próxima vez que vengas ─añade Ciize, todavía disfrutando de la escena.
Milk se endereza, intentando recuperar algo de compostura. No es fácil cuando su rostro arde y siente que cada centímetro de la pastelería la está juzgando.
─Voy a… pedir ese café ─murmura, dirigiéndose hacia la caja, esperando que al menos la bebida le ayude a recuperar la dignidad.
Love sigue sonriendo, y Milk no puede evitar pensar que, aunque fue un desastre total, cualquier cosa que logre hacerla sonreír vale la pena.
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