03
La mañana en casa de Namtan comienza con el aroma a café y el inconfundible sonido de una cuchara golpeando una taza. Milk baja las escaleras medio dormida, arrastrando los pies y sin molestarse en peinarse. Su cabello está desordenado y su camiseta arrugada, pero a estas alturas, la estética no es su prioridad.
─Buenos días, desastrosa ─saluda Namtan desde la mesa del comedor, con una sonrisa burlona. Su hermano, Leo, apenas levanta la vista de su teléfono para darle un asentimiento vago.
─Buenos días ─murmura Milk, dejándose caer en una silla.
Namtan la observa por un momento antes de apoyarse sobre la mesa, entrelazando los dedos bajo el mentón.
─Déjame adivinar ─empieza con tono juguetón─. ¿Vas a volver a la pastelería hoy?
Milk intenta disimular, pero la sonrisa culpable en sus labios la delata.
─¿Y qué si lo hago? El café de ahí es bueno.
─Claro ─replica Namtan, alargando la palabra con evidente sarcasmo─. Y seguro el café es lo único que te interesa.
─¿De qué hablan? ─interviene Leo sin despegar los ojos de su teléfono.
─De que Milk está perdidamente enamorada de Love ─responde Namtan sin dudarlo─. Pero es tan torpe que lo único que ha logrado es tirar una galleta al suelo.
─¡No fue tan grave! ─se defiende Milk, aunque el rubor en sus mejillas la contradice─. Solo… fue un accidente.
─Claro, un "accidente" ─Namtan hace comillas con los dedos─. ¿Y cuál es el plan de hoy? ¿Tropezarte con la cafetera?
─Ja, ja, muy graciosa ─gruñe Milk, lanzándole una mirada.
─Solo digo que podrías intentar, no sé, hablarle como una persona normal.
─Ese es el problema ─Milk suspira, dejando caer la cabeza sobre la mesa─. No puedo. La veo sonreír y mi cerebro decide que las palabras son opcionales.
─Bueno, al menos tienes determinación ─comenta Leo encogiéndose de hombros─. Aunque si sigues así, lo más probable es que termines siendo conocida como "la chica que hizo volar una galleta".
─¡Ustedes no ayudan! ─protesta Milk, pero incluso ella no puede evitar soltar una pequeña risa.
Namtan finalmente se levanta y le da una palmada amistosa en la espalda.
─Vamos, no te preocupes. Solo… sé tú misma. Tal vez le gusten las chicas torpes.
─O tal vez no ─añade Leo con una sonrisa socarrona.
─¡Eres un desastre! ─Milk le lanza un cojín, pero Leo lo esquiva con facilidad.
A pesar de las bromas, una chispa de determinación crece en el pecho de Milk. Puede que sea torpe, puede que cada intento de conversación con Love termine en desastre, pero no se rendirá tan fácil. Hoy, volverá a esa pastelería. Y esta vez, hará todo lo posible por no arruinarlo.
O al menos, no demasiado.
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