3
El miedo a lo desconocido puede ser tan poderoso como la atracción que sentimos hacia él.
Estoy conduciendo hacia la casa de los Kent, y el sonido del motor es lo único que rompe el silencio del bosque. A mi lado, Damián está distraído, mirando por la ventana. Lo único que veo alrededor son altos árboles, enormes y oscuros, extendiéndose como una muralla natural a ambos lados del camino de tierra que tengo delante.
Damián suelta un suspiro, apartando la mirada del paisaje mientras sus dedos tamborilean sobre el reposabrazos de la puerta.
-¿Cómo pueden vivir en este sitio?-pregunta, y su voz tiene un toque de incredulidad, como si no pudiera entender qué lleva a alguien a aislarse tanto.
-No lo sé-respondo, mis ojos fijos en el camino. Los surcos de las ruedas hacen que el coche se sacuda ligeramente mientras avanzamos.
-¿No les da miedo?-añade, con un tono que deja entrever que él definitivamente estaría un poco rallado si viviera aquí.
Y no lo culpo. El bosque alrededor es lo suficientemente denso como para perderse fácilmente, y la soledad que emana de este lugar es palpable.
-No creo-le digo, pero en mi cabeza me pregunto lo mismo. ¿Qué tipo de personas eligen vivir en un lugar tan alejado? Los Kent siempre me han parecido extraños, y ahora que nos estamos acercando a su casa, esa sensación solo se intensifica.
A medida que avanzamos, la casa de los Kent comienza a aparecer entre los árboles. De cerca, es mucho más grande de lo que había imaginado, con su fachada oscura, pero imponente. Las ventanas reflejan el cielo, pero parecen vacías, como si la casa no estuviera realmente habitada. El camino termina justo delante de la entrada, y el coche se detiene suavemente en la grava.
Miro a Damián. Está tenso, aunque lo disimula bien, con sus manos en el borde de su asiento, listo para salir. No es que tenga miedo; es más bien una mezcla de inquietud y esa curiosidad que compartimos cuando algo no encaja del todo.
-¿Listo?-le pregunto, tratando de mantener la voz calmada. La verdad es que yo también siento esa incomodidad en el estómago.
-Sí-responde, y sin dudar, abre la puerta.
El aire frío del bosque se cuela de inmediato en el coche mientras Damián sale. Yo apago el motor y me quedo un segundo más dentro, observando la casa. Es inquietante. La forma en que está situada, como si fuera parte del paisaje pero al mismo tiempo no perteneciera a él. Es casi como si la casa nos estuviera esperando.
¡Deja de ser un paranoico!
Salgo del coche y cierro la puerta con cuidado. Los ruidos del bosque son suaves pero presentes: el canto distante de algún pájaro, y el viento que hace susurrar las hojas. Camino hacia Damián, que ya está observando la entrada, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta.
Subimos las escaleras del porche, y antes de que pueda tocar la puerta, esta se abre. Veo a Lois y Clark, y de inmediato noto que parecen tener prisa. Todo en ellos es rápido, como si estuvieran a punto de marcharse antes de que pudiéramos siquiera saludarlos.
-Oh, hola, Damián, Tim-dice Clark con una sonrisa amable.
-Hola-respondemos mi hermano y yo al unísono.
-Jo, es una pena que tengamos que salir ahora...-Lois se apresura a añadir algo, su tono amigable pero apresurado
-Jon nos habla de ti varias veces...-Antes de que pueda procesar lo que ha dicho, escucho un grito que viene del interior de la casa.
-¡Mamá!-La voz de Jon resuena, y en cuestión de segundos, lo veo bajar las escaleras corriendo, visiblemente emocionado,-¡Damián!
Dios. El chico suena como si acabara de encontrar a su mejor amigo después de años. Y lo más sorprendente es que está emocionado por mi hermano. No es que Damián sea el chaval más sociable del mundo, más bien lo contrario. Puedo imaginarme la escena: Jon hablando con toda esa energía y entusiasmo mientras Damián responde con sus típicas frases cortas, monótonas, como si nada de eso le importara en absoluto.
-¡Ven, ven, que te enseño mi casa!-Jon agarra la muñeca de Damián, tirando de él hacia el interior de la casa como si no hubiera tiempo que perder-¡Tú también, Tim!
-Que os lo paséis bien-Dice clark-Como si estuvierais en vuestra casa.
-Oh... eh...gracias-digo, no muy seguro de qué más decir mientras entro y cierro la puerta tras de mí.
Jon es pura energía, y Damián, bueno, sigue siendo Damián.
Jon, con su entusiasmo contagioso, nos guía rápidamente a través de su casa, comenzando por la cocina. La cocina es impresionante, con un techo alto de madera rústica que se eleva sobre nuestras cabezas, las vigas expuestas y las ventanas amplias que dejan entrar la luz natural. El espacio es acogedor y lujoso a la vez, con electrodomésticos modernos que contrastan con la madera oscura y robusta de los gabinetes. En el centro, una gran isla de granito brillante ofrece un lugar perfecto para preparar comida o compartir una conversación, mientras que al fondo, una chimenea de piedra añade un toque cálido al ambiente.
Después de la cocina, nos lleva hacia el salón. Aquí, las ventanas de suelo a techo nos dejan ver el magnífico paisaje exterior: un lago tranquilo rodeado de árboles, casi como si formara parte del interior de la casa. Los sofás amplios y confortables están colocados alrededor de una mesa de madera.bTodo en la habitación invita a sentarse y disfrutar de la vista, mientras las luces cálidas del techo completan la atmósfera perfecta para una noche tranquila.
Finalmente, Jon nos conduce al final del pasillo, donde encontramos el baño. Es un espacio más oscuro pero elegante, con paredes revestidas de azulejos de piedra y una iluminación suave. Una bañera amplia, ideal para relajarse, está ubicada frente a una ventana decorativa con detalles geométricos, que filtra la luz de manera única. La ducha al lado, con sus puertas de vidrio, y los acabados modernos complementan el estilo sofisticado pero acogedor de la casa.
Es fácil ver por qué Jon está tan emocionado al mostrarnos todo.
Jon, aún lleno de emoción, nos guía escaleras arriba, y antes de que pueda darme cuenta, ya estamos entrando en su habitación.
No es muy grande ni muy pequeño pero increíblemente acogedora, con un ambiente rústico que encaja perfectamente con el resto de la casa, al lado del escritorio, hay una silla de ruedas y enfrente del escritorio una venta, todo está cuidadosamente decorado. El espacio es cálido, las mantas que cubren la cama parecen suaves y hechas a mano, y las plantas que adornan la ventana añaden un toque hogareño al ambiente.
-¿Qué os parece?-pregunta Jon, con una sonrisa de oreja a oreja, claramente esperando una reacción.
Damián se queda en silencio por un momento, recorriendo la habitación con la mirada. Y entonces, en su típico estilo calmado y algo distante, responde:
-Es... encantadora.
No sé si Jon lo nota, pero yo juro que he visto un brillo en sus ojos azules, mucho más intenso que de costumbre. Hay algo en el modo en que Damián lo dice, una ligera suavidad en su voz, que hace que la habitación, de repente, parezca aún más especial.
-¡Vamos a ver el cuarto de Conner!-El corazón me da un vuelco, pero aún así los.sigo a través del pasillo.
Calma
calma
calma
calma
calma
Cuando Jon abre la puerta, me encuentro frente a una habitación que inmediatamente sé que es de Conner. Es más moderna y ordenada que la de Jon, con colores negros y blancos..Las luces cálidas iluminan el escritorio lleno de libros y objetos perfectamente colocados.
Conner está tumbado en la cama, con el móvil en la mano y los auriculares puesto. Al notar nuestra presencia, se quita uno de los auriculares y arquea una ceja, dándonos una mirada ligeramente curiosa.
-Ey...-es todo lo que dice, con esa voz grave y relajada, mientras nos observa desde su posición.
-Hola-responde Damián, su tono completamente neutral, como siempre. Yo levanto ligeramente la mano en un gesto de saludo, sintiendo de inmediato la mirada de Conner fija en la mía. Es intensa, más de lo que me esperaba. Bueno, quizá solo es mi impresión, pero la forma en que sus ojos parecen mirar los míos me hace sentir un ligero escalofrío.
Antes de que pueda pensar demasiado en ello, Jon interviene con una burla.
-¡¿Has visto cómo Damián sí iba a venir?!-dice, dirigiéndose a Conner con un tono burlón y triunfal.
Conner deja salir un suspiro casi imperceptible y con una leve sonrisa dice...
-Has tenido suerte-responde, aún manteniendo ese aire despreocupado, mientras vuelve su mirada de mí a Jon.
-Ja, envidioso-replica Jon.
Damián y yo cruzamos miradas brevemente. No sé si él lo nota, pero hay una especie de tensión en el aire, una que no puedo identificar del todo.
-seguro que le hiciste chantaje con esa cara de perrito que pones siempre ¿verdad?-añade Conner.
Damián simplemente encoge los hombros, no dándole demasiada importancia al comentario.
-¿O quizás es que no eres tan difícil de convencer?
-Depende de la compañía- Responde mi hermano, su mirada fija en Conner por un segundo antes de volver a Jon.
-Pues que sepas que ya nunca te dejará en paz.
-Calla
-Solo le estoy avisando.
-¡Mentira! me quieres dejar en vergüenza y rayarlo a él.
Me pregunto si a Damián realmente le importa todo esto o si simplemente está aquí por cortesía.
-Bueno, ya que estais aquí, podríamos hacer algo divertido-dice Conner finalmente, dejando el móvil a un lado y sentándose en la cama.
-¿Como qué?-pregunta Damián, siempre directo.
Antes de que Conner pueda decir algo, Jon, que no ha soltado la muñeca de Damián en todo el recorrido por la casa, interviene rápidamente.
-¡No!-Grita, tirando de mi hermano nuevamente hacia su habitación, dejándome atrás.
Y solo.
Con Conner.
-Vaya, nos hemos quedado solos -dice Conner, esbozando una media sonrisa.
-Sí...-respondo, notando cómo mis manos comienzan a jugar nerviosamente con las mangas de mi sudadera.
-¿Quieres entrar?-pregunta, inclinándose ligeramente hacia un lado.
-¿Quieres que entre?-levanto una ceja, curioso por su propuesta.
-Creo que mi admirador número uno debería conocer bien lo que hay en mi habitación.
-Que no me llames así-Bufo, rodando los ojos.
Con una mano, Conner me hace un gesto para que deje de dudar y termine de entrar. Finalmente, me decido y cruzo el umbral.
-¿Puedo cotillear?-pregunto, sin poder evitar una pequeña sonrisa.
-Oh, claro, no dejes que mi presencia te lo impida- responde con tono burlón.
Suelto una risita y empiezo a recorrer la habitación. Lo primero que me llama la atención es el escritorio, repleto de cómics en perfecto estado. Después, me acerco a la estantería que hay al lado y mis ojos se abren un poco más.
-Wow, ¿tienes todos los volúmenes?-pregunto, impresionado.
-Sí. ¿A ti te gustan?-responde relajándose un poco más sobre la cama.
-Soy más de libros-respondo sin dejar de inspeccionar.
-¿Romances?-pregunta con una sonrisa medio divertida, medio interesada.
-A veces... pero prefiero la fantasía-digo, mientras sigo examinando las cosas.
-¿Dragones?
-Y magia-añado, y entonces me encuentro con un Funko de Spiderman. Sonrío y lo levanto-Créeme, es mejor que leer sobre chicas humillándose incontables veces por un chico. Es aburrido.
Conner suelta una carcajada leve.
-¿Te gustan más cuando las chicas son duras?
-Suele ser más entretenido, sí. Aunque, no te voy a mentir, algunos clichés sí me gustan.
Conner se endereza un poco en la cama, con evidente curiosidad.
-¿Tengo el honor de saber cuál?-pregunta, divertido.
-Me gustan cuando el chico es el tímido y ella la popular. Esos son buenos. O quizás un buen enemies to lovers, pero uno bien escrito- respondo, mientras dejo el Funko en su lugar.
-Wow, me gustaría echar un vistazo a tu estantería en casa para ver qué tienes-dice Conner, con una sonrisa genuina.
-Te encontrarías un poco de todo. Damián, cuando le dan su paga, me compra unos dos o tres libros cada mes- digo, sintiendo un poco de orgullo en mi respuesta.
-¿Qué clase de paga le dan a tu hermano?-pregunta Conner, visiblemente sorprendido.
-Unos 700 dólares-respondo, casi sin darle importancia.
-¿Qué? ¡Joder! ¿Pero qué sois, millonarios? ¿En qué trabajaban tus padres, abogados? ¿Ingenieros?
La pregunta me pilla por sorpresa, pero lo manejo con calma.
-No... ellos ya no están entre nosotros. La paga es la que le da el estado por ser huérfano.
Conner se queda en silencio por un momento, visiblemente incómodo. Luego, baja la mirada y suelta en voz baja
-Hostias... cagada. Lo siento-
Le lanzo una sonrisa tranquilizadora y sacudo la cabeza.
-Tranquilo. Fue hace muchos años-digo, con una calma que siento realmente.
Conner asiente lentamente, como si estuviera procesando lo que acabo de decir.
-¿Puedo preguntarte algo?-digo, sentándome en la silla junto al escritorio, observando a Conner mientras él me mira con una mezcla de curiosidad y atención.
-Adelante-responde, sin moverse mucho, pero sus ojos no dejan de seguirme.
Tomo un pequeño respiro antes de soltar la pregunta que me ha estado rondando la cabeza desde hace un tiempo.
-¿Qué buscabas en la cabaña?
Conner se queda en silencio por unos momentos. Puedo ver cómo su expresión cambia ligeramente, como si estuviera considerando cómo responder, o tal vez cómo evitar hacerlo.
-¿Qué te hace pensar que buscaba algo?-pregunta finalmente, con ese tono que utiliza para desviar la conversación, pero yo no me dejo llevar.
-Bueno, ¿por qué entrarían si no?-insisto, sin apartar la mirada.
Conner se recuesta un poco más en la cama, soltando un suspiro lento, casi pensativo. El ambiente entre nosotros se vuelve más tenso, pero no incómodo, como si ambos estuviéramos esperando a ver hasta dónde llegaríamos con esta conversación.
-Quizás no estaba buscando nada-dice finalmente, pero hay algo en su voz que me hace pensar lo contrario. Es evasivo, y eso solo me da más razones para seguir preguntando.
-¿Entonces estabas escondiendo algo?-respondo, inclinándome un poco hacia él, tratando de leer cualquier pequeño cambio en su expresión.
-¿Escondiendo algo?-replica Conner, con una leve sonrisa en los labios, como si la idea le resultara graciosa.
-O quizá no-continúo, levantando una ceja-Quizás solo ibas buscando un buen lugar para hacer yoga-digo con sarcasmo, imitando la respuesta vaga que me dio la última vez.
Conner deja escapar una carcajada suave y se endereza un poco, mirándome con esa expresión que siempre me deja con más preguntas que respuestas.
-No sabía que te interesaba tanto mi vida secreta de yoga-dice con una sonrisa divertida, pero luego vuelve a ponerse serio-Pero, si te soy sincero, hay cosas que no es fácil explicar.
Lo miro, esperando que continúe. Hay algo en la forma en que está jugando con sus palabras, como si estuviera midiendo lo que puede o no decir.
-¿Por qué no pruebas a explicarlo?-le sugiero, tratando de mantener mi voz calmada, aunque dentro de mí la curiosidad está al máximo.
Conner se queda callado otra vez, esta vez más pensativo. Sus ojos se encuentran con los míos, y puedo notar un cambio, como si estuviera considerando confiar en mí. Pero justo cuando creo que va a decir algo importante, su tono vuelve a ser el de siempre.
-A veces las cosas no son tan simples, Tim. No todo el mundo busca algo concreto -responde, casi filosóficamente.
Me siento un poco frustrado, pero decido no presionarlo más por ahora. Si algo he aprendido de Conner, es que siempre tiene sus propias razones para hacer o decir las cosas, y aunque no me lo quiera admitir, hay algo más en juego aquí.
-Supongo que tendrás tus razones-digo finalmente, acomodándome en la silla- Pero si en algún momento decides que quieres hablar de yoga ya sabes dónde encontrarme.
Conner sonríe, esta vez un poco más genuinamente.
-Lo tendré en cuenta, Tim.
Después de un rato, todos terminamos sentados alrededor de una mesa en la sala, listos para una partida de Uno. Jon reparte las cartas con una sonrisa, y yo sé que Damián se lo tomará esto muy en serio.
La primera partida comienza con bastante tensión, pero al final, logro quedarme sin cartas primero. Levanto los brazos victorioso, disfrutando el momento.
-¡Ja! Gané-digo victorioso, sonriendo de oreja a oreja, mientras Jon me lanza una mirada de sorpresa.
-Eso ha sido suerte-replica Damián, sin dejar de mirarme como si hubiera encontrado un rival a la altura.
En la siguiente partida, Damián se lo toma totalmente en serio y nos arrasa sin piedad. Incluso se toma el tiempo para colocar cada carta con precisión, como si fuera una estrategia de ajedrez.
-Así se hace, hermano-me dice con una sonrisa satisfecha cuando gana por segunda vez, y yo solo puedo negar con la cabeza, entre divertido y algo frustrado.
-Wo-Escucho a Conner-Sois competitivos
-sí-respondo-Pero el mucho más
-Lo confirmo-Dice Damián
Después de algunas rondas más de risas y competencia, nos cansamos del Uno y terminamos hablando de todo y nada, temas que van desde el colegio hasta las teorías más locas sobre películas y personajes de cómics. Conner y Damián terminan en una discusión sobre quién ganaría en una pelea entre Batman y Superman, mientras Jon y yo intercambiamos miradas de complicidad, viendo cómo se encienden en su debate.
Finalmente, alguien sugiere ver una película de terror, y, después de elegir una que parece lo suficientemente espeluznante, nos acomodamos en el salón con unas palomitas y algunas mantas. Durante la película, cada susto nos hace reír y saltar a partes iguales, y en algún momento, me doy cuenta de que hasta Damián se está divirtiendo, aunque trate de disimularlo.
Todo un bad boy.
Cuando la noche avanza, Damián y yo decidimos que es hora de irnos. Al llegar a la puerta, Jon se despide de mi hermano con un abrazo largo, casi aferrándose a él como si no quisiera dejarlo ir. Damián, incómodo pero con una leve sonrisa, le da unas palmadas en la espalda.
-Nos vemos, Jon-le dice.
Yo me despido de Conner levantando una mano, y él me devuelve el gesto con una sonrisa relajada.
-Nos vemos, Tim. Ha sido divertido
-Nos vemos, Conner-
respondo, sonriendo de vuelta antes de seguir a Damián al coche.
Una vez dentro del coche, mientras nos alejamos, no puedo evitar la curiosidad y le pregunto
-¿Qué tal con Jon?-le digo, intentando no sonar demasiado cotilla.
Damián se queda en silencio por un momento, mirando por la ventana.
-Es… un buen chaval-
responde finalmente, pero luego añade- Pero parece que no conoce la palabra "espacio personal".
No puedo evitar soltar una carcajada al escuchar eso, y Damián me lanza una mirada entre divertida y molesta.
-Bueno, no todos son tan reservados como tú-le digo, aún riendo.
Al llegar a casa, Damián suelta un suspiro y se estira un poco.
-Me voy a la ducha-dice sin más, antes de dirigirse hacia el baño.
-Vale, buenas noches-
respondo, viendo cómo desaparece en el pasillo.
Yo, por mi parte, subo las escaleras y me dirijo directo a mi habitación, demasiado cansado como para hacer algo más. Me pongo algo cómodo, me tiro en la cama y agarro el mando a distancia, buscando alguna serie para ver antes de quedarme dormido. Después de unos minutos de búsqueda, encuentro algo que he estado queriendo ver y empiezo el primer capítulo, sintiéndome cada vez más relajado.
Los ojos empiezan a cerrarse lentamente, el sonido de la serie de fondo se convierte en un suave murmullo, y, poco a poco, el cansancio de la noche me arrastra hasta el sueño.
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