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Monster [ConnerxTim]

20

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Tim

No he leído más del diario.

Lo cerré después de la última página. Y desde entonces... solo lo miro de reojo, como si pudiera prenderse fuego solo con mi presencia.

Siento que me falta el aire. Como si cada página leyera parte de mí también. Como si cada palabra de mi padre se enredara con mi respiración y no me dejara soltarla.

Y ahora, después de saber que han atacado a Damián...
Todo colapsa un poco más.

Estoy tumbado en la cama. En silencio. Ni siquiera quiero pensar, pero los pensamientos no me hacen caso.

Conner está detrás de mí.
Siento su mano caliente acariciándome el brazo, suave, paciente.
No dice nada. No hace falta. Solo está.

Y me aferro a eso.
A su calor.
A su constancia.

No me encuentro bien. No me apetece comer.
Ni hablar. Ni levantarme. Ni abrir el diario otra vez.
Solo quiero que el mundo deje de apretar.

Me acurruco un poco más, y aunque sé que Conner lo nota, no se mueve. Me deja estar así. Quieto. Roto. Y contenido.

Y eso es lo único que me sostiene por ahora.

-Tim-susurra Conner detrás de mí, su voz ronca, baja, apenas un murmullo contra mi nuca-
Deberías comer algo.

No respondo. Solo cierro un poco más los ojos. Me aprieto a las sábanas.

-Aunque sea un poco-insiste, su mano sigue acariciando mi brazo con ese ritmo que podría contar como latidos.

Siento cómo se incorpora lentamente, pero no se aleja. Su rodilla roza mi muslo y luego su mano se posa en mi costado.

-No puedes seguir con el estómago vacío-dice, esta vez con un poco más de firmeza, pero sin perder la ternura-Sé que estás cansado, que todo esto te tiene hecho mierda. Pero si no comes... vas a colapsar.

Respiro hondo. El nudo en mi garganta no desaparece.

-No tengo hambre-susurro, aunque ni yo me creo esa excusa.

Conner suspira.

-¿Y si lo preparo yo?-pregunta, más suave ahora-Nada pesado. Solo... algo calentito. Me dejas cuidarte un poco, ¿sí?

No sé por qué esa frase me hace temblar un poco por dentro.
Tal vez porque suena a casa.

-Vale-murmuro al fin.

-Eso quería oír-responde, y se inclina para besarme la sien- No tardo. Te quiero, ¿eh?

Damián

Lo hemos atado a la silla. Está inconsciente todavía, con la cabeza colgando hacia un lado y un hilo de sangre seco en la comisura del labio. Pamed, siempre directa, ha sugerido que podríamos asustarlo... torturarlo, incluso, para que suelte algo. Dice que podríamos hacer que lea las carpetas, decirnos si hay códigos, pistas, algo escondido.

Yo he salido de ahí.

No soporto estar rodeado de todos. Sus voces, sus pasos, sus preguntas. Me empujan por dentro. Necesito pensar.

Jon ha salido detrás de mí, en completo silencio, como si fuera mi sombra. Me sigue hasta una zona un poco más abierta, entre los árboles, cerca de una piedra que probablemente alguna vez fue usada como banco o altar. Me siento. Mi cuerpo está tenso. Siento los hombros altos, la espalda rígida. Las manos apretadas en los muslos.

Jon se sienta a unos pasos, en esa piedra, con los codos en las rodillas. No dice nada. Pero sé que está escuchando mi corazón. Puedo sentir su atención ahí, clavada, incluso si no me mira directamente. Es como si pudiera contar mis latidos.

Respiro, pero no me relajo. No puedo. La idea de interrogar a alguien yo solo... con mi voz... con mis decisiones... me pesa como plomo en la lengua.

-Vas a hacerlo bien-dice con total seguridad, como si fuera una verdad universal, como si lo supiera desde siempre.

Yo lo miro, con la mandíbula apretada. No sé qué responder. Parte de mí quiere decirle "no lo sabes", pero la otra parte... esa parte más íntima y dice lo amó

Así que asiento. Solo una vez. Corta.
Y respiro.
Otra vez.

Wally

Conner me ha dicho que vaya a hablar con Tim mientras él prepara la cena. Me ha contado, por encima, lo del diario de su padre. La historia, lo denso, lo crudo. No ha entrado en detalles, pero no necesitaba hacerlo. Solo con la forma en que lo ha dicho, con ese nudo en la garganta que casi se le escapaba, ya lo he entendido.

Me dio la llave de la habitación, diciendo que Tim necesitaba compañía, aunque fuera solo un rato.
Dick no me ha seguido. Ni preguntado.
Ha entendido que esto... es entre nosotros dos.

Camino por el pasillo con paso lento. La madera cruje un poco bajo mis Converse. Me detengo frente a la puerta, giro la llave con cuidado, sin hacer mucho ruido, y entro.

La luz está apagada, salvo por la pantalla del portátil que deja una luz azulada bañando la cama. Tim está tumbado sobre el lado, medio enredado en una manta, con "Later", esa serie que le gusta, sonando de fondo. Las voces de los personajes llenan el espacio, pero él no parece prestarles atención.

Parece... lejos. Como si estuviera sumergido en otro sitio.

-Hola-digo con voz suave mientras me dejo caer a su lado en la cama, sin brusquedad, solo dejándome caer como si el colchón supiera que yo iba a venir.

Él no dice nada al principio. Solo me mira. Sus ojos están aguados, cansados. Lleva puesta esa sudadera gris y el pelo le cae un poco sobre la frente.

Me acerco un poco más y apoyo la cabeza en el mismo cojín.

-Conner me ha contado lo justo-añado-No tienes que decir nada si no quieres... solo pensé que a lo mejor...querías charlar.

Y bueno el habla...

Me quedo callado un rato, escuchándolo.

Tim habla con la voz baja, rota a momentos. Me cuenta lo que ha leído del diario... Las palabras de su padre, lo que era ese mundo, lo que le pedían siendo apenas un niño.
Las decisiones, las muertes.
Las veces que no entendía nada y aún así seguía.

Y sé que a Tim se le está rompiendo no solo él corazón si no también la cabeza.
Porque es como si el héroe que tenía en su mente se hubiera resquebrajado y estuviera recogiendo los pedazos con las manos desnudas.

Suspiro.
Me quedo mirándolo, con el corazón hecho un puño.
Y entonces se lo digo.

-Tim... tú estás haciendo lo mejor que puedes. Y eso... ya es mucho más de lo que muchos han hecho .

Veo cómo parpadea, pero no le dejo responder aún.

-No naciste para esto, no te prepararon para esto, no te entrenaron ni te adoctrinaron.
Y aun así, estás aquí....
agregando tus propias salidas a un laberinto que ni tú creaste. Has caído en mitad de una guerra, y en vez de correr, estás buscando cómo sacar a los demás sin que nadie resulte herido. Sin que sangren más de lo necesario.
Sin que mueran como murieron los de antes.

Sus ojos se clavan en los míos.

-Tú no eres tu padre. Y eso no te hace débil. Te hace distinto.
Y quizás...eso es lo que hace falta ahora.

-A mí ya me salvaste...¿sabes? Aunque no te dieras cuenta.
Y si tú no puedes con todo esto solo...pues me quedo. Y te ayudo.

Y ahí me quedo.
Mirándolo.
Esperando.
Porque Tim nunca se da permiso para caer.
Pero si va a caer, quiero estar ahí para sujetarlo.

Damián

El tio me mira con ese miedo tembloroso que apesta a desesperación. Las pupilas dilatadas, el sudor bajándole por la frente, las manos aún atadas temblando.

Los demás han salido.
Se lo he pedido yo.
Quiero hacerlo solo.

-No me hagas daño-me suplica, y su voz se quiebra como una rama vieja.

-Solo si respondes con sinceridad-le digo, cruzando los brazos. Y asiente. Rápido. Demasiado rápido.

-¿Quién te manda?

-No lo sé. Solo nuestro jefe lo sabe...

-¿Quién es tu jefe?

-Abner... pero creo que... que lo ha eos matado. Un lobo-traga saliva como si el recuerdo aún le doliera.

Mierda.

Me arrodillo, saco el móvil, busco la foto de Alesha y se la muestro.

-¿Ella?

La mira unos segundos, parpadeando, tragando saliva otra vez.

-No lo sé...solo la vi unos segundos. Yo estaba limpiando.

-¿Para qué venías?

-Para quemar esto...-se revuelve en la silla-Esa tía... ella dijo que nos daría una gran cantidad de dinero. Dijo que no tendría por qué haber problemas, pero que por si acaso llevásemos armas.

-¿En qué trabajáis?

-Somos... limpiadores... a veces. Ya sabes. Quemar cuerpos, tapar la sangre, borrar huellas...

-¿Nunca habías trabajado para ella?

-No lo sé. A nosotros nos mandan las ubicaciones. Nada más.

Lo miro unos segundos, procesando.

Y entonces me cae. Como una piedra al estómago.

Dick no se ha comunicado con ella desde que rompió su móvil. Ella esperaba que él hiciera algo. Que matara.
Clark... era su objetivo mínimo.
Nosotros solo caeríamos por seguirlo.

Y al ver que no lo ha hecho...
Ha mandado a quemar esto.

Porque aquí está la información.
La verdadera.
La que puede destruir su discurso.
Su juego.
Su versión de la historia.

-¿Os mandó a otro sitio antes?

-No. Dijo que no dejásemos ni las cenizas...

Entonces escucho pasos detrás.

-Por favor...por favor tengo familia...depende de mi.

Los demás entran. El tipo se retuerce, asustado.

Jason le mandó a Caled
un mensaje: "Tened cuidado. A nosotros nos atacaron con una flecha. No le dio a nadie, pero fue clara la intención. No están jugando."

Alesha está moviendo piezas.

Sabe que Dick está, aunque sea momentáneamente, de nuestro lado.
¿Pero por qué esa persona no dio con la flecha a nadie? ¿Una advertencia? ¿Una marca? ¿Un juego?

-Tenemos que encontrar ya el informe de Dick-digo.

-¿Y qué hacemos con él?-
pregunta Conrad, señalando al tipo.

Lo miro.

-Soltadlo.

Todos me miran.

-¿En serio?

-Sí. Está cagado de miedo. No va a decir nada. Y si lo hace, al menos sabemos que no sabe mucho. Eran limpiadores.

El hombre me mira como si no pudiera creer lo que ha oído.
Yo no repito la orden. Solo me giro.

Tim

Cuando Conner llega con la comida, Wally se despide con una palmadita en mi hombro y una sonrisa torcida.

-Cuídalo-le dice a Conner al pasar, y este le responde con un saludo militar ridículamente exagerado.

-Sí, señor. Prometo no dejar que muera de pena, hambre o sarcasmo acumulado.

Me echo a reír, flojito, mientras Conner deja una bandeja sobre la mesita. Huele a arroz, carne especiada y verduras. Mi estómago ruge, traicionándome.

-He oído eso-dice Conner mientras se sienta frente a mí-
¿Qué pasa? ¿El diario de tu padre te ha hecho olvidar cómo funciona la digestión humana?

-Algo así...-murmuro, tomando el tenedor.

-Bueno, suerte que no soy humano. Yo me aprendí el sistema digestivo de memoria -responde, señalándose la cabeza con una sonrisa idiota-
Gracias, escuela de Conner Kent. Donde los músculos son opcionales pero las metáforas intestinales obligatorias.

Suelto una risita inevitable. Pequeña, pero ahí está.

Es imposible que no me enamorase de él.

Pincho un trozo de carne y lo mastico lentamente mientras lo observo hablar. Sus manos, sus gestos amplios, su voz que siempre parece tener la nota exacta entre broma y verdad.

Y entonces me doy cuenta. Jason tenía razón.

Pero solo ahora.

He estado revolcándome en mi pena, y con razones de sobra, sí. Pero ahora, ahora solo quiero besarlo. Solo quiero volver a sentir esa tranquilidad brutal que me da estar con él.

-¿Estás escuchando algo de lo que digo o solo estás pensando en que tengo los labios perfectos?-pregunta Conner sin dejar de mover el tenedor.

-Ambas-respondo, y su carcajada llena la habitación.

Jason

No es que esto pase siempre. A veces solo...pasa.

Mi espalda aún resbala contra las sábanas arrugadas cuando ella se ríe, bajito, en mi oído. Su aliento está cálido, y mis latidos todavía están intentado encontrar un ritmo normal.

-¿Yo a qué había venido?-
pregunto, la voz ronca, mirando al techo como si ahí estuviese la respuesta.

-A patrullar la zona de entrenamiento-dice ella con una carcajada divertida-Y a darme mis auriculares, ladrón.

La miro de reojo. Vanya tiene el pelo enredado, un arañazo pequeño en el cuello que probablemente fue culpa del entrenamiento, y una sonrisa que solo se ve cuando está cómoda.

No estamos enamorados. No hay mariposas ni promesas. Pero hay un entendimiento silencioso. Compañeros de confianza. De batallas. De ocasionales noches como esta.

-Ah, cierto. Tus auriculares-
digo, y estiro el brazo para cogerlos del suelo, donde los había dejado cuando todo empezó a escalar-Ten. Íntegros. Y sin babas, lo juro.

Ella los coge y me da un codazo, divertida.

-Gracias por tu heroísmo.

Me encojo de hombros.

-Para eso estoy.

Podríamos hablar de lo que pasa entre nosotros, ponerle nombre, buscar razones. Pero no lo hacemos. Porque no hace falta. A veces solo somos dos personas que entienden que el mundo se está viniendo abajo, y esta cama es lo único que no se tambalea.

Aunque...no soy idiota. Sé que a veces, cuando Niko entra en una sala, ella gira un poco la cabeza. Su postura cambia. Como si esperase que él la mirara.

Y está bien.

A mí me tiene cuando quiere.
Y yo la tengo cuando necesito no pensar.

Evidentemente, nadie sabe que nos acostamos. Ni Vanya, ni yo, tenemos intenciones de decirlo. No porque sea vergonzoso, sino porque simplemente no es asunto de nadie.

Miro por las ventanas del pasillo mientras sigo avanzando. La nieve empieza a derretirse en los bordes del cristal, y el sol de la tarde tiene ese tono dorado que hace parecer que el mundo no se está cayendo a pedazos.

Y espero que no se enteren nunca, porque a veces creo que Niko...Joder, Niko.
No quiero pensar demasiado en eso. Mejor no. Puto idiota es.

El móvil vibra en mi bolsillo. Lo saco. Es un mensaje de Rhea con una foto. Atenea aparece en ella, sujetando a Chococrispi-ese gato marrón con manchas que se cree que la casa es suya y que a veces ronronea tan fuerte que parece una moto vieja.

"Siguen en perfecto estado de salud" dice el mensaje, junto con un emoji de corazón que claramente no es de Rhea, sino de Atenea.

Suspiro y me rasco la nuca. Me viene bien saber que mis minifelinos (Atenea es uno de ellos) y caninos siguen vivos, alimentados y probablemente consentidos hasta el punto de la tiranía.

Sigo mi camino por el pasillo, con las botas resonando suavemente en el suelo.

Damián

Ya no miramos por dentro de los informes, solo buscamos nombres. No analizamos detalles, no nos detenemos en los márgenes. Simplemente pasamos hojas, apartamos carpetas, volcamos archivadores enteros al suelo con tal de avanzar. Esto ya no es una búsqueda minuciosa.
Es desesperación disfrazada de eficiencia.

Pamed, con las mangas remangadas hasta los codos, tiene el rostro cubierto de polvo y frustración. Caleb no ha dicho nada en los últimos treinta minutos, y Dom empieza a hablarle a los archivadores como si fueran personas. Cada vez que dice "¿y tú qué escondes, eh?" me dan ganas de reír.

Pero seguimos.

Otra pila.
Otra carpeta.
Otro suspiro.

Y entonces.

-¡Joder, por fin!-escucho la voz de Conrad desde el otro lado de la sala.

Levanto la cabeza en seco. Todos lo hacemos.

Y ahí está.

En sus manos, con las puntas de los dedos sujetándola como si fuera una bomba a punto de explotar, una carpeta polvorienta, de color gris sucio. Las letras en mayúsculas, escritas a máquina, apenas visibles, pero inconfundibles:

DICK GRAYSON

Me acerco sin pensarlo dos veces, el corazón golpeándome el pecho como si quisiera salirse. Pamed se ha puesto en pie. Sol cruza los brazos. Todos nos quedamos mirando esa carpeta como si fuera la última pieza de un rompecabezas maldito.

La tomo con cuidado de las manos de Conrad.

Es más pesada de lo que esperaba.

Y sé que lo que haya aquí puede cambiarlo todo.

Pamed

Damián lee en voz baja al principio, pero luego todos terminamos leyéndolo con él, pegados a la carpeta como si fuera una bomba de relojería.

"Padres del sujeto: Richard Grayson.
Madre: Mary Grayson, trabajadora autónoma manicurista.
Padre: John Grayson, obrero de la construcción. Familia humilde. Entorno afectivo y funcional."

-Eran personas normales...-
murmura Caleb, como si eso lo hiciera aún más cruel.

"Adquisición considerada viable. El sujeto ha demostrado agilidad notable. Observado practicando parkour urbano, salto de vallas. Lidera a un pequeño grupo de amigos."

-Estaban fichándolo...-susurro yo, sintiendo un nudo en la garganta-Como si fuera un maldito proyecto de ciencia.

"Muerte de los progenitores: planificada. Edad del sujeto en el momento: 16 años. Resultado: exitoso. El sujeto fue entregado a las autoridades y trasladado a un orfanato bajo nombre falso."

Pasamos la página. Hay una línea subrayada en rojo.

"Estado del sujeto: perdido. Búsqueda activa."

-Lo buscaron...-dice Dom, apretando los puños.

-Y lo encontraron-añade Damián, señalando la siguiente línea.

"Sujeto localizado a los 18 años.
Estado: consumo activo de drogas y otros estupefacientes.
Establecer 'limpieza' y reeducación."

Entonces lo vemos.

Una firma de:

A.C.E.R.

-Cabronazo... .

Damián sigue leyendo, firme.

"El sujeto mejora progresivamente. Se esperaba mayor deterioro físico o cognitivo, pero ha demostrado gran capacidad de adaptación. Aprende con rapidez. Responde a estímulos de manera eficiente."

"Edad actual: 20 años.
Estado: saludable. Nivel de obediencia: alto.
Estado emocional: contenido. Mejora notable.
Riesgo de disociación controlado."

Y entonces...

Una frase, casi al margen. Garabateada con una caligrafía menos cuidadosa. Como una nota de campo.

"Ha aparecido una variable disruptiva con el nombre: Wally West. Observado comportamiento emocional irregular. Posible riesgo de distracción.
Evaluar: eliminar si interfiere."

Me congelo.

-Eliminar...-repito en voz baja.

Damián levanta la mirada. Todos nos quedamos en silencio. Wally. Estuvo a nada. A un mal día, a una orden más estricta. A desaparecer del mapa como si no importara.

Apretó los dientes.

Y Wally...Wally fue su grieta. Su primer error humano. Su corazón.

Damián

Vuelvo a leer.

Mi voz ya no es firme, se entrecorta. Me arde la garganta, pero no puedo parar. Esta mierda... esta mierda tiene que verla Dick.

Paso la página, y ahí, en una nota al pie, con una letra dura, precisa, sin emoción, firmada con esas cuatro letras malditas, lo dice claro:

"Yo me encargo."-leo.

Silencio.

Todos contenemos el aire.

Paso la hoja. Y ahí está.

"Wally West ya no es un problema. El sujeto se encuentra en un estado de leve depresión, ha retomado el consumo de drogas. Permitir que recaiga. Una vez más. Controlar desde la distancia. Si vuelve a salir de ello, su valor aumentará."

-¿Qué coño...?-escucho murmurar a Conrad desde el fondo.

No respondo. Paso otra hoja. Las edades están marcadas al principio de cada párrafo. Un seguimiento.

"Edad: 21.
El sujeto mantiene estabilidad básica.
Muestra mejoras físicas y emocionales. No es necesario intervenir.
Se mantiene en forma.
Caza bien"

"Edad: 22. El sujeto establece vínculos con nuevos individuos. Se recomienda observación cercana. Posible recaída emocional.
No duda al matar
Probar exploración en solitario"

"Edad: 23. Se refuerzan patrones de obediencia. Las rutinas siguen funcionando. El sujeto no cuestiona órdenes.
Su inteligencia ha aumentado un 12%
Exploración en solitaria completada. Excelente"

"Edad: 24. Se detecta una nueva distracción. Sus compañeros son un obstáculo cambiar de escuadrón Revisión: innecesaria. Bajo control."

"Edad: 25. Comienza a mostrar patrones de cuestionamiento. Se reduce interacción. Supervisión remota."

Paso la última hoja.

"Edad: 26. El sujeto desapareció tras la muerte de A.C.E.R. Se desconoce paradero. Riesgo de reintegración afectiva alto. Archivo abierto."

Cierro la carpeta.

Nadie dice nada.

Me siento como si acabara de leer una autopsia... en vida. Como si hubieran desmembrado a Dick pedazo a pedazo, año tras año, solo para ver qué tanto podía resistir antes de romperse.

Y ahora entiendo por qué desapareció.

Porque era la única forma de sobrevivir.

-Está claro que los mataron o los neutralizaron antes de que pudieran volver a encontrarlo -murmuro, sin apartar la vista de la carpeta.

-Está claro que querían adoctrinar a todos los chicos posibles-añade Dom con un tono grave, los dedos aún manchados de polvo.

-Claro, querían su propio ejército perfecto-dice Jon, apoyado contra una estantería vieja. Su mirada brilla con rabia contenida.

-Al igual que los lobos quieren una manada pura-completa Sol desde un rincón, con los brazos cruzados.

Hay un silencio que se instala entre todos. Uno pesado, tenso. No porque no tengamos nada que decir, sino porque todo lo que podríamos decir da miedo.

-¿Y si no eran los únicos?-dice Caleb en voz baja, como si le costara decirlo en voz alta-¿Y si hay más sitios como este?

-O peor-añade Pamed

Miro a mis compañeros. Nadie lo dice en voz alta, pero todos pensamos lo mismo.

-No creo-digo al fin, rompiendo ese silencio espeso-Los lobos se encargarían de al menos matar a la gran mayoría. Mira este sitio... lleva abandonado años. Si quedaran muchos más, ya habríamos oído de ellos. O los habríamos visto...no dejarían tanta información valiosa atrás.

Pamed asiente lentamente, pero con el ceño fruncido.

-Sí, pero... ¿y si no todos eran como este? ¿Y si algunos se integraron mejor? ¿Si pasaron desapercibidos?

-¿Te refieres a que hay más "Dick Grayson" ahí fuera?-
pregunta Jon, con tono sombrío.

-Eso es más que evidente-Digo-quizás ya no guiados por nadie o quizás sí pero seguro que hay más.

-No lo digo por asustar-añade Pamed rápidamente-Solo... joder, si hicieron esto una vez, no cuesta imaginar que lo hayan intentado más de una.

-Quizás-respondo, pasándome una mano por la cara-Pero este sitio...este era el núcleo. El experimento base. El archivo de pruebas.

-Y si lo es, entonces...-dice Dom, dejando una carpeta en una pila ya rebosante

-hay que destruirlo.

Nos quedamos todos en silencio, otra vez, pero distinto. Esta vez con la determinación cociéndose a fuego lento en el pecho.

Todos estamos de acuerdo en destruir este sitio.

Alesha quería hacerlo para controlar a Dick, para borrarle el pasado y que solo viera lo que ella le mostraba. Nosotros queremos hacerlo para que nadie más tenga que ver lo que nosotros hemos visto. Porque si alguien más -algún cazador, alguna organización, algún cabrón oportunista- decide venir a remover el pasado...

No podemos permitirlo.

Veo a Dom, agachado junto a las baterías, usando una pequeña navaja para cortar los cables principales. Lo hace con precisión, con la mirada fija, como si cada segundo que pasa aquí fuese una cuenta atrás.

-No quiero que esto explote-
dice sin levantar la vista-Que se queme, sí. Que huela a ceniza y arrepentimiento. Pero sin espectáculo.

Caleb, por su parte, ya ha empezado a incendiar algunas de las carpetas. Les prende fuego con una antorcha improvisada: una camiseta enrollada y empapada en alcohol, robada de la mochila de emergencias. Las hojas crujen, crepitan y se enroscan entre llamas como si supieran que no deben seguir existiendo.

Yo observo a Sol, que mira una carpeta por última vez antes de arrojarla a la pila ardiente.

Y cuando todo está consumiéndose, cuando ya el calor es insoportable y el humo nos hace lagrimear, cerramos la trampilla. De nuevo bajo tierra. Para siempre.

La cadena cae con un golpe seco. Yo la amarro.

-Listo-dice Conrad, con la voz ronca-Vámonos.

No miramos atrás. Solo caminamos. Porque el pasado acaba de arder, y lo que viene ahora tiene que ser distinto. Aunque nos cueste la vida.

Tim

Cuando mi hermano me llama y me dice que encontraron la carpeta de Dick, que todas las demás han sido convertidas en cenizas... siento una ola de alivio recorrerme el cuerpo. No lo había notado, pero tenía los hombros tensos, como si estuviera sosteniendo todo este peso solo. Y ahora, aunque no ha desaparecido, se ha aligerado un poco.

-¿Y el interrogatorio?-le pregunto, con esa mezcla de curiosidad y temor.

Y él me lo cuenta. Paso a paso. Cómo fue. Aunque no fue muy difícil porque el hombre estaba asustado.

Y entonces siento orgullo.

De él. De lo que ha logrado. De lo que ha demostrado. Porque no quiero que mi hermano esté por detrás de mi. Quiero que esté a mi lado.

Es mi hermano. Pero a veces también parece ser mi reflejo en el campo. Esa parte de mí que se mueve sin miedo, que actúa con decisión. Aunque sé que por dentro también le duele, también tiembla. Igual que yo.

Me levanto de la cama en silencio, dejando que el primer rayo de luz que entra por la ventana ilumine parte del escritorio. Conner sigue dormido, hecho un ovillo entre las sábanas, y por primera vez en días no siento el nudo en el estómago. No del todo.

Cojo el diario de mi padre.

Lo abro por donde lo dejé la última vez. La tinta se ha desvanecido en algunos tramos, pero aún se lee bien.


"Finn ha sido trasladado hacia Noruea. Dicen que sus capacidades son más útiles allí. Me siento solo otra vez.
Es decir, tengo más compañeros...pero no son amigos. Nadie se queda demasiado. Nadie quiere hablar de cosas normales. Nadie pregunta si tienes pesadillas."

Paso la página, y noto cómo la tinta cambia de dirección, cómo la letra de mi padre se tensa. Como si estuviera más nervioso o más... lleno de algo.

"Creo que Talía y yo nos estamos haciendo amigos.
Hace dos semanas que Finn se fue, y ella entró a mi escuadrón. Es inteligente.
A veces parece que no necesita a nadie, y luego, de repente, me lanza una mirada que me hace pensar que yo tampoco la necesito a ella. Pero la verdad es que somos un equipo. Todos"

Todos.
Equipo.

"Hoy Talía y yo discutimos por una estrategia en el entrenamiento de simulación.
Ella decía que debía flanquear al enemigo desde el oeste, usando el terreno elevado como ventaja. Yo insistía en que era más efectivo crear una distracción en el sur y atacar desde el norte.
Al final, lo hicimos a su manera. Funcionó.
Me odia cuando tiene razón."

Sonrío.

Puedo imaginármelo. A mi padre, joven, con esa arrogancia analítica que tantas veces he visto reflejada en mí mismo. Y a Talía, como una tempestad de orden, pragmática y feroz.

Se odiaban por parecerse tanto, seguramente.

"Lanzó una daga a mi cabeza en uno de los entrenamientos.
No falló por mucho.
Luego me dijo que no lo hizo con mala intención, que quería ver si podía bloquearla.
La bloqueé.
Le sangraba el labio de tanto apretar la mandíbula cuando la desarmé."

Dios...

"Hoy hicimos una carrera por el perímetro. Yo gané, pero fue porque ella resbaló en el barro.
Dice que no cuenta, que quiere revancha. Creo que no se dio cuenta de que, si me adelanté, fue porque me quedé mirándola."

Qué imbécil romántico. Casi lo respeto por eso.

"Compartimos guardia esta noche. Hablamos poco.
Ella miraba al frente, yo fingía revisar el perímetro.
Pero por dentro sentía que cada vez que se movía, mi corazón lo notaba."

"Me gusta cuando se enfada.
Cuando entrecierra los ojos como si pudiera matarme con la mirada. Porque entonces sé que estoy cerca. Y yo, que siempre he sido de distancias largas, empiezo a entender el valor de estar a un solo paso."

Me recuesto con el diario en el pecho. Trago saliva. Leer sobre mi madre desde sus palabras me siguen provocando algo extraño.

"Hoy casi la apuñalan. Fue rápido, un fallo de cobertura. Me puse en medio. A dolido.
Me atravesó el costado como una flecha ardiente. Sangré como nunca antes.
Pero cuando abrí los ojos, vi su cara. Estaba llorando.
Me gritó que era imbécil.
Que no tenía que hacer eso.
Y luego me besó.
Rápido. Torpe. Casi temblando.
Fue como si algo hubiese estallado dentro de mí, pero de forma suave. Como cuando cae la nieve y todo parece nuevo otra vez."

Siento que me cuesta respirar por un segundo.

"No sé qué significa este beso.
Ni si mañana ella lo negará.
Pero sé que por un momento, entre la sangre y el hielo, sentí que podía respirar."

Ahora entiendo por qué guardó todo esto.
Por qué lo escribió.

Porque al final del día, incluso los hombres más fríos necesitan dejar constancia de que sintieron algo. Que no fueron máquinas. Que quisieron.

Paso la página. Las letras se vuelven más apretadas, casi como si mi padre hubiera escrito esto de madrugada, con los nudillos heridos y el corazón lleno.

"No he dormido.
La herida no es grave, pero jode más de lo que pensé.
Lo que más me duele es no haberla visto venir. La maldita hoja me dio entre las costillas.
Talía fue la primera en entrar cuando me llevaron a la enfermería."

"No dijo nada al principio.
Se quedó de pie, con los brazos cruzados, mirándome como si fuese idiota.
Y puede que lo fuera.
Después se sentó a mi lado. Me preguntó si dolía. Le dije que no.
Me llamó mentiroso."

"Luego... me sujetó la mano. Y yo la dejé.
Fue raro. Ella no es de contacto. Ni yo.
Pero ahí estaba, su mano sobre la mía. Y por unos minutos, no dolía tanto."

Paso a la siguiente entrada.

"Llevamos días caminando por el borde.
No es una relación.
No es nada, y sin embargo lo es todo.
Se sienta a mi lado cuando comemos.
Entrena conmigo incluso cuando no le toca.
Me gruñe si me paso de listo.
Y me mira de reojo cuando cree que no la veo."

"Hoy me curó una herida en el brazo. Dijo que me habían cortado mal con la navaja. Que tenía suerte. Me limpió con una delicadeza que no le conocía. Después dijo que me iba a dejar marcas feas, como si me importara.
Le dije que me gustaban las marcas. Que me recordaban por qué luchaba."

Cierro un momento los ojos.
El chico que no sabía cómo amar, pero aún así lo intentaba.

"Le pregunté si alguna vez pensaba en después.
Me miró como si fuera estúpido. Dijo que no había un después para nosotros.
Que teníamos una misión, un deber. Que el corazón era una debilidad."

"Pero esa noche durmió en mi cama. Vestida, con la daga cerca. Pero a mi lado."

Paso otra página.

"No quiero pensar en lo que significa. Pero Talía empieza a ser el único motivo por el que esta vida parece tener sentido."

Me recuesto otra vez.

Y en silencio, mientras el peso del diario se asienta sobre mi pecho...Y aún así, eligieron quererse. A su manera. Como pudieron.

Tal vez el amor no siempre viene con flores.
A veces viene con cuchillas y suturas.
Pero sigue siendo amor.


"Me volvió a besar en Navidad.
Lo hizo tan rápido, tan decidida...como si besarme fuera parte de su rutina. Como si el mundo pudiera acabarse y ella no estuviera dispuesta a dejarme sin eso."

Sigo leyendo el diario de mi padre, con el corazón apretado entre las costillas.

Puedo ver la escena. Nítida.
La nieve cubriendo el patio del templo como una manta sagrada. Que mi padre a dibujado en algúnas páginas.
Las botas dejando huellas frescas. El humo saliendo de las bocas. Los lobos escondidos entre pieles humanas, los terrores que no se cuentan a los 17 años.

"Me miré en el espejo y me pregunté si estaba preparado para morir por algo que no entendía del todo.
La chaqueta me pesaba. El deber, más."

"No me entrenaron para tener miedo. Pero lo tenía.
No me entrenaron para echar de menos. Pero ya la extrañaba."

Trago saliva. Me toco el pecho.
La tristeza es densa.

"No había nadie de mi escuadrón. Me tocaba ir solo.
¿La misión? Desarticular una conexio de tráfico Yakuza en Japón. Aparentemente, eran más lobos que humanos.
No preguntes cómo. Solo actúa."

"Gláfida me deseó suerte.
Yo le devolví el gesto.
Pero fue ella...
Talía... la que me detuvo."

'No mueras', me dijo.
Y yo, como idiota, pregunté por qué. Como si necesitara una razón más allá de sus ojos viéndome partir."

"Ella siempre fue más lista que yo. Me besó y se fue. Me dejó el corazón atado con un nudo simple pero irrompible."

Mi padre.
Tan lleno de dudas como yo.
Tan humano como siempre quise imaginarlo.
Y Talía... mamá.
La guerrera.
La estratega.
La que también amó.
A su manera.

Suspiro.
Y solo pienso:

No te preocupes, papá.
No pienso morir tampoco.

"Mi misión en Japón tenía que acabar antes del año.
Por orden directa"

Paso la hoja, el papel tiene esa textura vieja, como si al tocarlo también tocara un poco de su alma.

Tan joven.
Tan jodidamente solo.

"El coche huele a cuero y a metal. Me sumerjo en los mapas como si fueran un idioma más que aprender.
Calles, horarios, rutas de escape. Tengo que ser más rápido que ellos.
Más listo. Más silencioso."

"A veces me pregunto si la gente normal sabe lo que es mirar a alguien sabiendo que, esa noche, puede que lo veas desangrarse."

Siento un nudo en la garganta.

"Tengo que acabar con todos. Uno por uno. Desde los que mueven armas hasta el que da las órdenes. El líder.
Tiene nombre.
Tiene rostro.
Y en mi mente, está tachado."

La frialdad con la que escribe.
La determinación.
Pero debajo...está el niño. El que solo quería vivir tranquilo.
Que le enseñaran a conducir. A besar. A ir a un baile.

"No puedo dormir. Pero duermo.
Cierro los ojos y sueño con Talía.
Con la nieve. Con los huesos rotos de la última pelea."

"Me pregunto si esto me está haciendo mejor.
O si simplemente me está haciendo más eficiente."

Me quedo en silencio, el diario abierto entre mis manos.

-Estoy bien...-susurro, aunque no lo estoy. Pero necesito leer.

Paso la hoja. Siento el crujido del papel como si un eco me cruzara la espalda.
Sigo leyendo su letra, ahora más segura, más afilada. Como si cada línea tuviese filo.

"Cuantas más personas mato, más sencillo se vuelve.
No porque mi alma lo soporte... sino porque mi mente encuentra lógica.
Más patrones. Más errores. Más formas de acabar con todo.
Pensar no es una opción, es una condena."

"Cuanto más pienso, más caminos se abren en mi mente. Es como si cada decisión tuviera diez variantes y cada variante su propio infierno.
Me enseñaron a elegir rápido. A no dudar.
Pero dudo. Y aun así elijo."

"Mi padre me dijo que es parte de avanzar. Que yo tengo esa capacidad.
Otros no.
Que yo puedo ver el tablero entero.
Que no soy una ficha. Soy el jugador."

Siento un escalofrío recorrerme el cuello.
Cierro los ojos y trato de imaginarlo. Un chico de 17 años, con el peso de decisiones que ningún adulto podría siquiera sostener.

Y mi abuelo... el que le puso ese ajedrez delante.

"A veces quiero dejar de ver. De pensar.
A veces quisiera ser uno de esos soldados que solo reciben órdenes.
Pero no me lo permiten.
Yo soy el heredero."

"Me duele la cabeza. Me duele el alma. Pero tengo que terminar la misión.
Lo voy a hacer.
Aunque la última cara que vea sea la mía en un espejo roto."

Me quedo mirando esa última línea. El aire parece más denso.

Paso la página. La siguiente fecha es dos días después.
Y aunque sólo han pasado cuarenta y ocho horas en el diario, siento como si Bruce fuera otra persona.

"He terminado la misión."
"Anoche lloré mucho."
"Es decir... sé que no son buenas personas. Sé que muchos de ellos han hecho cosas horribles.
Pero también sé que algunos simplemente necesitan ese dinero para vivir. Que no todos eligieron este camino por placer.
Algunos solo tenían hambre.
Otros miedo.
Otros rabia."

"Mi objetivo era el líder. Y lo cumplí. Pero en el camino había más. Y para llegar a uno, tuve que borrar a muchos."

"No les di tiempo a rogar.
Me moví como me entrenaron. Sin ruido.
Sin piedad."

"Y cuando terminé... no sentí alivio. Solo el peso.El peso de seguir vivo cuando otros no."

Cierro los ojos.
Puedo imaginarlo.
Su uniforme negro aún con sangre. Sus manos temblando en la oscuridad. Quizás mirando su reflejo en una ventana

"Hoy me han felicitado.
Me han dicho que soy brillante.
Pero no me siento brillante.
Me siento sucio."

Aprieto los dedos en torno al diario. Y en ese instante, más que nunca, lo veo como lo que era: Un chico con la conciencia abierta en canal. Un chico que no quería ser héroe.
Solo quería dejar de matar.

"Muchos volvieron al mismo tiempo que yo.
Otros días más tarde.
Algunos justo en la fecha límite.
Y otros... no volvieron."

Mi corazón late más lento.
Como si algo dentro de mí quisiera detenerse un segundo para asimilarlo.

"Yo no me encuentro bien.
He vuelto, sí, pero dejé partes de mí allí. Ni siquiera me alegra ver a la chica que antes de cambiar de año me besó.
Es más... la evito."

Paso la página y leo la nueva fecha. Diez días después.

"Talía me ha acorralado en mi propia habitación.
No me lo esperaba."

Cierro los ojos, imaginándola.
Firme. Fiera.

"Me preguntaba qué me pasaba. Yo le dije que simplemente no me sentía bien. Que todo lo que había hecho...no sabía cómo llevarlo dentro."

"Ella me dijo que lo entendía.
Que uno protege a los suyos.
Que había eliminado a malas personas."

"Que aunque no elegimos este camino...alguien tiene que hacerlo."
"Y entonces empecé a llorar."
"Ella me abrazó.
No como compañera de combate.
Ni como soldado.
Me abrazó como si entendiera lo que dolía estar vivo."

"Me susurró que ella también se sintió así. Que tuvo que matar a una madre que tenía dos hijas. Que no era buena persona. Pero eso no lo hizo menos difícil."

Cierro el diario un momento, apretándolo contra el pecho.
Respiro hondo.

Damian

Estamos yendo hacia los coches. El viento helado me golpea la cara, pero ya no me importa. Me siento agotado. No físicamente. Es algo más profundo. Como si todo este lugar se hubiera filtrado en mis huesos, entre los músculos, detrás de los párpados.

Pamed camina delante de mí, con las manos en los bolsillos y la cabeza agachada.
Conrad va a su lado, rozándole el brazo con el suyo.
Jon camina justo detrás de mí, como si fuera mi sombra. Sé que está ahí. No necesita decir nada. Solo estar.

Caleb bosteza sin disimulo.
Dom arrastra los pies.
Sol mantiene el paso firme, pero hasta ella parece más callada de lo normal.

Yo solo quiero sentarme. Respirar.
Cerrar los ojos en el asiento del coche y no pensar en carpetas, en informes, en muertes planificadas.
Quiero llegar a casa. Quitarme esta ropa que ya siento como armadura y echarme en mi cama. O en el sofá. O en el suelo. Me da igual.

La tierra cruje bajo nuestras botas. El olor a papel quemado sigue en mis fosas nasales.

-Esto parece una escena final de película-dice Nate a lo lejos, su voz ronca-Sí, solo que sin créditos-responde Sol sin mirarlo.

Me río, apenas, por lo bajo.
Y luego suspiro.
Porque sé que esto no es un final.
Solo es otro punto y seguido.
Y estoy tan, tan cansado.

Tim

Sigo leyendo.

"Dentro de 2 meses llegarán mis 18. Esos caminos se siguen abriendo en mi cabeza."
"Y yo, lamentablemente, estoy empezando a ver a las personas de otra manera."
"No quiero decir que no los vea como vidas. Pero ahora sé cómo es dar las primeras órdenes."
"Me han mandado a mí y un escuadrón a Miami. Entre ellos Talía. Y no se lo he querido decir directamente, pero la necesitaba como cebo."
"Pero ella solita se ha ofrecido."

Trago saliva.
Mis dedos aprietan con fuerza las esquinas del diario.
El nombre de mi madre en esas líneas me sabe a algo agrio.

"Ella me miró como si ya supiera cuál sería su papel, y no dudó. Me dijo 'haz lo que tengas que hacer'."
"Talía es más valiente que todos los que he conocido. Y no sé si eso me tranquiliza o me asusta."

Mi corazón da un salto extraño.

"Me duele usarla."
"Pero el plan era claro. Ella debía entrar en la fiesta, infiltrarse, distraer. El resto del equipo haría lo suyo."
"Y funcionó. Pero cuando todo acabó, no pude mirarla a los ojos."

"Empezar a tomar decisiones implica cargar con las consecuencias. Y yo...estoy empezando a notar el peso."
"A veces me despierto sudando, con la cara de la gente que mandé al frente. Sé que hice lo correcto. Pero eso no me hace dormir mejor."

Sigo pasando páginas.

Paso otra página, mis dedos temblando un poco.

"Dos días después de la misión en Miami, Talía y yo volvimos a compartir entrenamiento. Nos tocaba practicar estrategias de infiltración en dúo."
"Siempre ha sido buena. Se mueve como un susurro entre las sombras."
"No hablamos mucho, pero... cuando nuestros cuerpos se rozan en los ejercicios, cuando nuestros ojos se cruzan en medio del sudor y la concentración, hay algo que no podemos ocultar."
"Nos hemos besado un par de veces más desde Navidad."

Verás...

"Pero siempre son besos robados, rápidos, casi como si el mundo entero fuera a interrumpirnos."
"A veces pienso que es mejor así. No podemos permitirnos más distracciones."

Respiro hondo.
Me imagino a mi padre, tan joven, luchando con algo más fuerte que las armas: los sentimientos.

"Pasó un mes. Nos enviaron de nuevo al campo. Esta vez a interceptar un cargamento de armas de cazadores."
"Yo elaboré la estrategia: un asalto rápido, silencioso, sin testigos."
"Talía me siguió sin dudar. Como siempre."

"Antes de salir aquella noche, ella me agarró del brazo en la oscuridad del pasillo y me susurró: 'Vuelve. Quiero que vuelvas.' "
"No dijo más. No hizo falta."

Cierro los ojos un segundo.

"Durante la misión, me moví como un espectro. Calculando rutas, tiempos de respuesta, niveles de ruido. No era sólo yo luchando; era ella esperándome."
"Eso lo cambió todo."

Me rasco el antebrazo nerviosamente.

"Cada vez que elaboro un plan, sé que una parte de mí ya está pensando en cómo protegerla."

"Y esa debilidad... también me hace más fuerte."

Miro el diario, sus letras pequeñas, como un eco de la voz que una vez tuvo esperanza.

"Talía no sabe lo mucho que se ha convertido en mi hogar en mitad de este caos."

Damián

Todo el camino de regreso a los coches se siente como un castigo silencioso. El aire helado nos rodea y cada paso se vuelve más pesado.
Nuestros cuerpos, heridos y agotados, apenas siguen el ritmo.

Jon es quien sugiere hacer varias paradas. No nos mira directamente, pero sé que no es por arrogancia ni frialdad, es simplemente...porque nos está cuidando. Sabe que Pamed y yo no estamos entrenados para este tipo de esfuerzo continuado, mucho menos después de días de cargar con polvo, hambre, frío y ahora...una pelea de esas que te deja la adrenalina pegada a los huesos.

Dom y Caleb tampoco es que vayan mucho mejor, pero su resistencia se nota. Se ve que no es la primera vez que arrastran el cuerpo hasta el límite.

En una de las paradas, nos dejamos caer sobre unas piedras al borde del sendero.
Pamed bebe a grandes tragos de su botella de agua, Conrad se sienta detrás de ella, pasándole una chaqueta para que se abrigue mejor.
Yo me desplomo sobre el suelo, respirando hondo.

Siento una sombra junto a mí.
Levanto la vista.
Es Jon.
Se sienta a mi lado, cruzando las piernas como si fuera a escucharme contarle un cuento.

-¿Cómo estás?-pregunta en voz baja, casi en un susurro.

Lo miro.
Estoy cansado. Dolorido. Confundido. Agotado mentalmente. Pero también hay algo...Algo de orgullo en mí, una chispa que aún no se apaga.

-Podría estar mejor-respondo encogiéndome de hombros.
-Pero tampoco me vas a ver llorar aquí mismo.

Jon esboza una media sonrisa. Se acerca un poco más, lo suficiente para que su hombro roce el mío.

-Te ves increíblemente bien para haber pasado por todo esto-murmura.

No sé si me lo dice para animarme o si lo piensa de verdad. Me da igual. Solo sentir su voz, su calor, su presencia...hace que me duela menos todo.

-Eres un idiota-susurro, girando la cabeza para esconder la sonrisa estúpida que amenaza con escaparse.

Jon suelta una risa breve, esa que vibra en su pecho y que siempre, siempre me afloja los músculos tensos.

Me ofrece su botella de agua.

La acepto sin decir nada y bebo un par de tragos.
Luego cierro los ojos un momento, dejando que el mundo gire a su propio ritmo mientras yo, al menos por unos minutos, me quedo quieto a su lado.

Seguimos descansando unos minutos más antes de que Nate se acerque, dando golpecitos en su reloj imaginario.
Hora de seguir.

Me pongo de pie, no sin esfuerzo. Jon se levanta conmigo, y cuando cree que nadie nos ve, pasa su mano por mi espalda, un gesto rápido, casi imperceptible, pero que me dice todo.

Tim

Paso las páginas del diario y encuentro una entrada donde la letra parece más temblorosa, más...humana.

"A veces pienso que no hay lugar para el amor en mi vida."
No porque no quiera, sino porque no sé cómo sostenerlo junto a todo esto que soy."

Me detengo, sintiendo cómo esas palabras me atraviesan, como si fueran cuchillas lentas. Sigo leyendo:

"El amor requiere tiempo, paciencia, vulnerabilidad.
Y yo estoy hecho de deberes, estrategias y muerte."

"Talía es...diferente. Ella entiende las sombras. No necesita que le explique los silencios ni las heridas.
Pero incluso con ella... a veces siento que la distancia crece.
Como si, sin querer, fuera construyendo muros para protegerla de mí."

"¿Cómo compaginas ser un arma con ser un amante? ¿Cómo dejas de calcular dónde golpearías a alguien y en su lugar piensas en cómo acariciarlo?"

"Quiero amar.
Lo quiero más que la próxima misión, más que la próxima victoria. Quiero llegar a casa y saber que alguien me espera sin miedo. Pero ¿cómo lo haces cuando sabes que cualquier día puede ser el último?"

"¿Cómo no arrastras el barro de la guerra a la alfombra del hogar?"

Me obligo a seguir:

"Hoy he pensado que quizás el amor en mi vida no puede ser algo suave o sencillo.
Quizás será algo como yo: lleno de cicatrices, de gritos atrapados en la garganta.
Algo que sobrevivirá no por ser perfecto, sino por ser fuerte."

Damián

Cada cuesta que antes bajamos ahora parece el doble de alta...El cansancio se mete bajo la piel como cuchillas invisibles. La mochila me pesa, el aire me raspa la garganta.

Pamed camina unos metros detrás de mí. La oigo jadear y tropezar un poco; sus piernas tiemblan de puro agotamiento. Conrad se ha quedado con ella, como un perro leal protegiendo a su compañera. No dice nada, solo la vigila de reojo y está preparado para sostenerla si cae.

Miro al frente: Caled lidera con Dom y Nate siguiéndole de cerca. Jon, que antes iba más adelante, como el líder, ahora está a mi lado. No dice nada al principio, pero puedo sentir su calor incluso a través de la ropa.

-¿Bien?-pregunta, su voz baja, calmada.

Respiro hondo, tragando el dolor en los gemelos ardiendo.

-Bien-respondo, aunque claramente es mentira.

Él suelta una risa breve, suave, como si no me creyera ni por un segundo. Y entonces siento su mano buscar la mía.
No lo pienso. Cuando sus dedos se enredan con los míos, aprieto un poco.

-No tienes que acerté el fuerte-dice Jon, mirándome de reojo, sus palabras casi arrullándome.

-No me gusta parecer débil-murmuro.

-No eres débil, Damián. Eres humano-me aprieta la mano con más fuerza-Y sigues adelante, eso es lo que importa.

Camino en silencio un momento, sintiendo la calidez de su palma en la mía, la firmeza de su paso, como si compartiera su energía conmigo.

Sigo subiendo.
Una raíz me hace tropezar ligeramente, pero Jon tira suavemente de mí para estabilizarme.

De repente, desde detrás de nosotros, escucho la voz de Pamed, algo ronca por el esfuerzo pero cargada de esa chispa que solo ella tiene:

-¿Sabéis?-jadea-Si me muero aquí...quiero que en mi lápida ponga: "Murió haciendo senderismo...por imbécil."

Conrad, que va prácticamente pegado a ella, suelta una carcajada y le pasa el brazo por los hombros para ayudarla a caminar mejor.

-Yo me encargo de que lo grabe un escultor profesional -bromea él-Y le añadiré un par de dibujos de cuestas infinitas.

Pamed resopla, entre divertida y resignada:

-Perfecto. Que todos los visitantes del cementerio sepan que fui una mártir... y muy mala para el ejercicio.

Una pequeña risa se me escapa, y siento a Jon sacudir su hombro contra el mío como si también se riera sin necesidad de palabras.

Tim

Me pongo mejor en la cama, pasando la yema de los dedos sobre las páginas gastadas del diario. Sigo leyendo, sintiendo que cada palabra es como abrir una ventana a un mundo que nunca conocí del todo.

"A veces me pregunto si mis padres sabían en lo que me estaban metiendo."
"Sé que me quieren. De eso nunca he tenido duda. Mamá siempre me mira como si pudiera ser todo lo que quisiera ser. Papá... papá espera que sea aún más."

Detengo la lectura por un momento, tragando saliva.

"Creo que ellos creen que este es el mejor camino para mí. Para nosotros. Creen que protegiéndonos nos están preparando para algo más grande. Pero a veces desearía que hubieran querido para mí algo más sencillo. Algo menos lleno de sangre y secretos."

Miro hacia el techo, dejando que las palabras se hundan en mi cabeza.

"Amo a mis padres. Pero a veces... a veces los odio un poco también. Odio que nunca me preguntaran si esto era lo que quería. Odio que no pudiera ser solo... un chico normal."

Paso las páginas con cuidado, como si pudiera rasgar los recuerdos de mi padre si lo hacía demasiado rápido.

"Supongo que ya no hay forma de evitarlo...Talia y yo... somos novios."

Una pequeña sonrisa, cansada, cruza mis labios.

"No fue como en los cuentos, ni como en las películas tontas que a veces vemos cuando tenemos un rato libre. No hubo promesas eternas, ni fuegos artificiales. Fue... simple."

"Volvimos de una misión a las afueras de la ciudad. Era de noche, llovía. Estábamos empapados, muertos de frío. Nos refugiamos bajo un viejo tejado mientras esperábamos a que nos recogieran. Ella me miró, con ese brillo terco en los ojos que tiene cuando se decide a hacer algo. Me dijo que estaba cansada de andarse con juegos."

"Yo le pregunté a qué se refería, aunque ya lo sabía."

"Ella suspiró, cruzó los brazos y dijo: 'Si vamos a arriesgar la vida juntos, prefiero hacerlo sabiendo que al menos cuando volvamos habrá algo bueno esperándonos'."

"Y yo...no dudé. Solo la tomé de la mano. No hubo necesidad de decir más."

Jason

No podía dormir. Así que agarré mis botas, mi chaqueta de cuero y una de las linternas pequeñas, de esas que apenas iluminaban para no llamar la atención. No le dije nada a nadie. Mejor así.

Fui solo hasta el claro donde entrenábamos, donde hace días una flecha me había volado la maldita manzana de la mano. El aire olía a tierra húmeda, a vegetación rota. Algo no terminaba de cuadrarme.

Saqué una de mis armas y la cargué con discreción. Me movía en silencio, dejando que el terreno hablara: ramas pisadas, pequeñas marcas en la tierra...Algún animal, sí. Pero también algo más.

Algo que pesaba más de lo que una liebre podría.

Avancé despacio, linterna baja, pegado a los árboles como una sombra. Inspeccioné arbusto por arbusto, respirando solo lo necesario. No era idiota: si el intruso había sido capaz de clavarme una flecha tan limpia, no podía confiarme.

Llegué hasta unas enormes rocas. Algo en el ambiente cambió. El olor era diferente, casi como el de alguien que ha estado mucho tiempo esperando...y que de repente se ha movido con prisa. No habían sido tan meticulosos al ocultar sus huelas.

Seguí la pista: tierra removida, hojas aplastadas en una dirección clara.

Mis botas rozaban piedras sueltas mientras subía la pequeña pendiente que hacían las rocas, y ahí, casi escondida tras un montón de ramas secas, vi una pequeña apertura.

Me acerqué y empujé una piedra con cuidado. Cedió.

Al otro lado...Un refugio.
No grande, no cómodo. Pero suficiente para alguien que quisiera observar sin ser visto. Una manta mugrienta en un rincón, restos de comida en latas, una botella de agua casi vacía...

Y entonces lo vi.

El chaval frente a mí estaba dormido, encogido como un gato callejero. Era pequeño, no mediría más de 1'66, y delgado como un mal invierno.
Llevaba un abrigo ancho y raído, sucio hasta las mangas, supongo que para disimular su olor de los lobos. Tenía el cabello pelirrojo, enmarañado, y la piel de la cara salpicada de pecas. Podía ver que sus botas estaban medio rotas, con los cordones deshilachados y un par de remiendos torpes.

Me acerqué con cuidado, apuntándole por si acaso... pero no fue suficiente.

Justo cuando estaba a menos de dos metros, el cabrón abrió los ojos de golpe -unos ojos verdes, chispeantes de alerta- y saltó como un resorte.

Vi el destello de acero: un cuchillo, pequeño pero rápido.

Rodé hacia un lado mientras el filo cortaba el aire donde había estado mi brazo un segundo antes. El chico no dudaba: atacaba directo, sin florituras, puñalada al pecho o al estómago.

Gruñí y esquivé otro intento de tajo. Agarré su muñeca cuando volvió a lanzarse, pero era escurridizo como un demonio, retorciéndose y pegándome una patada a la espinilla que me hizo maldecir.

Forcejeamos en el suelo. Intentó clavarme el cuchillo en el cuello; logré desviarlo justo a tiempo, escuchando el clac de la hoja contra mi hebilla del cinturón. Aproveché su impulso para girarlo y lo empotré contra la pared de piedra.

El chaval bufó y pataleó, buscando soltarme, pero ya lo tenía. Le sujeté la muñeca y le doblé el brazo detrás de la espalda.

-Ya basta-mascullé entre dientes.

Se debatió un poco más antes de soltar un gruñido frustrado...y desplomarse de golpe. Inconsciente. Respirando fuerte, lo miré un segundo, valorando la situación.

Suspiré, guardé el arma, y me agaché para levantarlo.
Era ligero como una maldita pluma.

Lo miré en el suelo y luego a mi alrededor. Vi el arco y varias flechas desperdigadas. No las cogí. Tampoco me molestaria en tapar la entrada que había empujado, no me iban a forzar a hacerlo.

Saqué las cuerdas que llevaba enrolladas en el cinturón y até al chaval con movimientos rápidos.
Me lo eché al hombro.
No pesaba mucho.

Después de unos minutos caminando, empecé a notar cómo se retorcía débilmente sobre mi espalda. No hice nada. Me limité a asegurar el agarre y seguir andando.

Hasta que soltó, con la voz algo ronca:

-Mierda... me vais a matar, ¿no?

Resoplé por la nariz.

-Si fueras un gran problema, ya no estarías respirando.

El no respondió, solo dejó escapar un gruñido frustrado.
Seguimos avanzando bajo la luz escasa que se filtraba entre los árboles.

Damián

Caleb dijo que quedaban al menos dos horas más de caminata. La noticia cayó como una losa entre nosotros.

Íbamos lentos, cada vez más. No era solo el cansancio, era el frío, los músculos entumecidos, las heridas pequeñas que ahora parecían enormes.
Yo ya dejaba que Jon tirase de mí, su mano sujetando la mía como si no fuera a soltarla ni aunque el bosque entero nos tragase. Cada vez que resbalaba un poco o me tambaleaba, era él quien me estabilizaba sin decir nada.

Alcancé a ver cómo Conrad llevaba a Pamed en la espalda. No lo había pedido, claro, ella era demasiado orgullosa para eso. Pero estoy seguro de que en la pelea se desgastó más que nadie. Ella es rápida, explosiva, y no le importa ser bruta cuando toca.
La he visto tumbar a Riley en los entrenamientos sin miramientos, aunque Riley se la llevase por delante a los dos segundos.
Pamed no es de rendirse, pero ahora... su cabeza descansaba en el hombro de Conrad, y sus brazos caían lánguidos. Solo su respiración fuerte indicaba que seguía consciente.

Seguimos caminando. Cada paso parecía más pesado que el anterior. Las raíces se enredaban bajo nuestros pies, las piedras parecían cuchillas contra las suelas.
Yo inspiraba y expiraba, contando mentalmente para no detenerme: uno, dos, uno, dos...

Jon me miraba de vez en cuando, sin decir nada, como si con su sola presencia quisiera empujarme a seguir adelante.

Y yo lo hacía.
Porque ya estábamos demasiado cerca para rendirnos.

Tim

Me tumbé en la cama, dejando que el peso del diario me hundiera un poco más en el colchón. Pasé la yema de los dedos por la hoja rugosa antes de continuar leyendo.

"La primera vez con Talía fue un desastre."

Tuve que detenerme, sonriendo con cierta incredulidad. ¿Mi padre, el tipo que parecía tener todo siempre bajo control, llamando a algo un desastre?

"Ninguno de los dos éramos vírgenes, pero yo estaba nervioso. No por el acto en sí... sino porque era Talía. Y ella no parecía mucho mejor que yo. Nos peleábamos con la ropa, nos reíamos a medias, y cuando finalmente conseguimos estar piel contra piel, no fue tan épico como nos imaginamos."

"Nos golpeamos las frentes al intentar besarnos tumbados, yo casi me caí de la cama, y ella me llamó idiota mientras se reía en voz baja. Pero luego, despacio, conseguimos encontrar un ritmo. Nos movimos torpemente al principio, como aprendices, y terminamos abrazados, medio vestidos, medio desnudos, riéndonos de lo absurdo que había sido todo."

"Me pregunté si esto era normal. Si en otros lugares, sin guerras, sin órdenes, sin misiones, la gente también hacía el amor entre risas nerviosas y corazones acelerados. No tengo una respuesta."

Paso la mano por la página siguiente y sigo leyendo, atrapado en esa vida que mi padre escribió sin imaginar que un día sería leída por mí.
Su letra sigue firme, aunque hay manchas de tinta aquí y allá, como si algunas palabras le hubieran temblado en las manos.

"Llevo varios meses con dieciocho años. Pensaba que cambiaría algo, pero solo he recibido más misiones, más responsabilidad. Ahora estoy al mando de pequeños grupos cuando es necesario. No me lo dicen directamente, pero sé que me observan para ver si estoy preparado para algo más grande."

Me acomodo mejor en la cama, notando cómo el corazón me late despacio, atento a cada palabra.

"He empezado a diseñar estrategias propias. Pequeños trucos que nos están salvando la vida más veces de las que admitirán los superiores. Por ejemplo, una vez que descubrí que los cazadores suelen poner trampas en patrones repetidos, creé rutas donde variamos siempre el orden de avance: primero los más rápidos, luego los fuertes, al final los estratégicos, intercambiando las posiciones cada 500 metros. Así, si caíamos en una emboscada, no atrapaban a todos los líderes de golpe."

Me detengo, impresionado.
Era brillante.
Simple, pero brillante.

"También diseñé una forma de movernos por ciudades: usar a un civil voluntario pagado, protegido como cebo para medir los tiempos de reacción del enemigo. No es ético, pero en guerra no hay manuales de buena conducta."

"Vivir con Talía cerca no es sencillo. Ella es como yo: una mente afilada, pero cargada de dudas que nunca dice en voz alta. Nos peleamos. Discutimos. A veces acabamos en un rincón de la sala de entrenamiento, jadeando y sangrando, riendo después como dos locos.
A veces ella duerme en mi habitación. Otras veces soy yo quien va a la suya. El amor en tiempos de guerra es como una casa de papel en medio de un huracán."

"Hemos hecho alianzas con varias manadas locales. Es extraño. Antes, para mí, los lobos eran simplemente aliados que debían ser útiles. Ahora, después de tantas pérdidas, veo a algunos como verdaderos amigos. Hay algo salvaje en ellos que también empieza a estar en mí.
He aprendido que los mejores pactos no se cierran con palabras. Se sellan con actos."

Paso otra página, la tinta se ve más desgastada aquí.

"He perdido a tres compañeros este mes. No quiero escribir sus nombres. No porque los haya olvidado. Sino porque si los escribo, parecerá que ya están muertos para mí. Y no estoy preparado para eso.
Finn sigue en Noruega. Talía sigue aquí.
Yo sigo aquí.
Aunque a veces siento que he dejado partes de mí mismo en cada cadáver que hemos enterrado."

Cierro los ojos por un momento, respiro hondo.
Siento la misma soledad que él describió.
La misma rabia.
El mismo cansancio.

Pero también siento esa fuerza que, aunque rota, lo mantenía en pie.
Y no puedo evitar preguntarme...
¿Cuánto de mí ya estaba destinado a ser como él, antes incluso de saberlo?

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