Truyen3h.Co

Monster [ConnerxTim]

25

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—Tememos a la noche, pero nadie admite que también teme a la luz, porque en ella se ve demasiado—

Tim

Llevamos horas conduciendo.

Horas siguiendo el mapa que mi padre marcó como “limpio”, como si esa palabra pudiera ser una garantía real y no solo tinta vieja sobre un papel desgastado por los años.

No sé qué vamos a encontrar en la base del Mirador.
No sé si seguirá vacía.
No sé si alguien volvió allí.
No sé si los que estuvieron alguna vez…dejaron algo esperándonos.

Mi padre escribió ese informe hace años.
Años.

Y cada kilómetro que avanzamos siento cómo ese detalle se vuelve un peso más grande en mi pecho.

Voy en el asiento del copiloto, con Conner conduciendo.
Parece estar tranquilo.

Jon y Damián van detrás, los dos callados, los dos mirando por las ventanas como si el bosque pudiera darles respuestas que yo no tengo.

Y yo…yo llevo una hora intentando tragarme un nudo que no desaparece.
Porque no tengo miedo por mí.
Nunca lo tuve.
Pero sí tengo miedo por ellos.

Por todos.

Por todos decidieron seguirme incluso cuando yo no sabía qué coño estaba haciendo.
Por las personas que confían en mí solo porque llevo el apellido que llevo.

Apretaría los puños si no temiera que Conner lo notara, se que quizás mi corazón me delante

La carretera cruje bajo las ruedas.
La luz del atardecer empieza a filtrarse entre los árboles.
La señal del viejo cartel oxidado que marca los últimos veinte minutos hacia la base aparece como un fantasma en el borde del camino.

La base del Mirador no es solo un lugar. Es un punto negro en el mapa. Un eco de lo que mi padre vio, de lo que vivió, de lo que decidió.

¿Qué pasa si han vuelto?
¿Qué pasa si nunca se fueron?
¿Qué pasa si nos están esperando?

Trago saliva.
La garganta me arde.

Damián debe sentirlo por nuestra conexión de hermanos desde atrás, porque veo su reflejo en el espejo. Su mirada se cruza con la mía un segundo.
Sabe que tengo miedo.
No lo digo.
No hace falta.

Me pierdo tanto en mis pensamientos que el tiempo deja de sentirse real. Todo se mezcla en un único murmullo que no distingo. Y cuando por fin vuelvo a mí, cuando mi mente vuelve del lugar oscuro en el que se había hundido…

Ya es de noche.

Los árboles nos rodean como columnas negras, la luna apenas atraviesa las ramas, el aire tiene ese olor húmedo, frío, que anuncia que estamos lejos de cualquier zona segura.

Estamos aparcando los coches en la zona que Clark eligió: un claro oculto entre montículos y maleza, fuera de cualquier vista desde la carretera o la base.

Es perfecto.
Y aterrador.
Porque si alguien está dentro del Mirador…no tendrá ni idea de que hemos llegado.

Nos bajamos todos.
Las puertas cierran con un clic que suena demasiado fuerte para mi gusto. El frío me golpea la cara de inmediato, afilado, directo a los huesos, me ajusto la chaqueta, respiro hondo, intento centrarme.

Las linternas se encienden, pero Clark hace un gesto rápido.
Solo luz mínima.
Lo suficiente para vernos entre nosotros, no para delatarnos.

Todos nos agrupamos cerca de los coches.
El vapor de nuestras respiraciones se mezcla en el aire.
Las sombras se alargan.

Clark mira a cada uno, uno por uno, con ese tipo de intensidad que te hace enderezar la espalda aunque estés temblando por dentro.

-Repaso final-dice con voz baja.
Su tono no es de padre.
Ni de esposo.
No de un amigo.
Es de comandante.

Y todos lo escuchamos como tal.
Yo lo repito mentalmente mientras él habla:
Plan, fase uno:
Sigilo absoluto.
Avanzar en silencio.
No usar luces.
No usar radios.
No revelarnos hasta confirmar que no hay presencia hostil.

Plan, fase dos:
Reconocer perímetro.
Comprobar accesos.
Analizar señales de movimiento reciente.

Plan, fase tres:
Entrar solo si estamos seguros.
Solo si es necesario.
Solo si no hay otra opción.

Conner se coloca a mi lado, serio pero atento a cada palabra.
Jon está justo detrás de él, sin hacer ruido, respirando despacio para no llamar la atención.
Damián tiene los brazos cruzados, la mirada fija en Clark, sin expresar miedo…pero yo sé leerlo. Sé que su mente está tan alerta como la mía.

Y el resto del equipo forma un semicírculo completo, todos preparados para lo que venga, aunque ninguno sepa realmente qué va a venir.

Siento un latigazo de nervios recorrerme la columna.
Vacía.
Necesito que esté vacía.
En este punto, las dos posibilidades me asustan por igual.

Trago saliva.

-Sigilo hasta saber que no hay nadie-repito en voz baja, más para mí que para ellos.

Clark asiente una vez.

El bosque guarda silencio.
De ese que no es natural, de ese que pesa, de ese que parece contener algo.

Y por primera vez desde que dejamos la ciudad…Siento que estamos entrando en una zona donde el pasado de mi padre todavía respira.

Avanzamos en silencio.

Silencio.

Silencio.

silencio.

silencio....

El bosque nos traga poco a poco, como si nunca hubiéramos existido fuera de él.
Las botas pisan tierra húmeda, hojas secas, ramas que crujen solo cuando no hay forma de evitarlo.
Cada sonido parece demasiado alto.
Cada respiración, un riesgo.

La base del Mirador aparece entre los árboles sin aviso.
No hay luces.
No hay movimiento.
Solo una estructura de hormigón viejo, devorada por musgo y grietas, medio enterrada en la ladera como una cicatriz que el bosque intentó ocultar… sin conseguirlo del todo.

Nos detenemos.

Miro alrededor despacio.
Todos lo hacemos.

Los árboles forman un círculo natural, demasiado cerrado, demasiado quieto. La noche está inmóvil, sin insectos, sin aves. Ni siquiera el viento se atreve a pasar por aquí.

Nada se mueve.

Y eso, en lugar de tranquilizarme, me eriza la piel.

Clark levanta una mano.
Señal de alto.

Mike y Thomas se adelantan con él, los tres avanzando hacia la entrada principal mientras el resto cubrimos el perímetro.
Mi pulso se acelera.
Los sigo con la mirada sin moverme un centímetro.

La puerta está ahí.

Una plancha de metal grueso, oxidada, deformada por el paso del tiempo. Las bisagras parecen soldadas por la corrosión.
Hay marcas viejas alrededor… impactos, rasguños, señales de algo que pasó aquí hace mucho.

Demasiado tiempo.

Clark se inclina, examina el marco.
Pasa los dedos por el polvo acumulado.

-Nadie ha entrado recientemente -susurra.

Mike apoya el hombro cerca de la pared, atento, cubriendo ángulos invisibles. Thomas da un paso atrás, mide la distancia, flexiona la pierna.

Todo ocurre en silencio.

Y entonces...

¡CRASH!

Thomas lanza una patada seca y brutal.

La puerta cede con un gemido metálico, abriéndose hacia dentro con un golpe sordo que retumba en el interior como un eco ahogado. El sonido se disuelve rápido…y después, nada.

Oscuridad.

No una oscuridad normal.
Una que parece espesa, como si la luz tuviera miedo de entrar.
Nos acercamos despacio.
Paso a paso.

Me asomo al interior.
No hay salas visibles.
No hay pasillos.
No hay nada que reconocer.

Solo una escalera.

Una escalera de hormigón que desciende hacia las entrañas de la tierra, tragada por la sombra.
Los primeros peldaños están cubiertos de polvo grueso, intacto, sin huellas recientes.

Trago saliva.

Miles de pensamientos me golpean al mismo tiempo:
¿Qué hicieron aquí?.
¿Qué escondieron?.
¿Qué decidió mi padre no contar?.
¿Y si no estamos solos?.
¿Y si alguien nos observa desde abajo?...O algo.
¿Y si alguien nunca se fue?.

El corazón me late con fuerza, demasiado fuerte, me obligo a respirar, a contar, y a anclarme al presente.

No se escucha nada.
Ni pasos.
Ni maquinaria.
Ni ecos lejanos.

Y el olor…El olor es inconfundible.
Polvo viejo, metal oxidado, aire estancado, y como una base abandonada desde hace siglos.

Como si nadie hubiera vivido aquí en mil años.
Me aferro a eso.
A la lógica.
A los sentidos.

No hay nadie, me repito.
Si hubiera alguien, lo sabríamos.
El silencio no miente...Pero aun así, cuando miro la escalera que baja hacia la oscuridad siento que nada bueno nos espera.

Roy

Vamos primero Jason y yo.

Yo delante, con el arco preparado.
Jason justo detrás, cubriéndome con el rifle, la linterna atada al cañón temblando apenas con su respiración. El haz de luz corta la oscuridad y revela solo ruinas: mesas volcadas, paneles arrancados, cables colgando como venas secas.

Todo está destrozado.
No por una explosión reciente.
Por abandono.
Por rabia vieja.

Nada se mueve.

-Despejado-dice Jason al cabo de unos segundos.

Y no me doy cuenta de lo tenso que estaba hasta que suspiro.
El aire sale de mis pulmones como si lo hubiera estado guardando desde que cruzamos la puerta.

Después el lugar se llena de pasos controlados, de murmullos bajos, de linternas explorando esquinas.
Clark reparte órdenes rápidas.

-Roy, Jason. Arriba. Vigilancia exterior

Empezamos a subir junto con Lois y Lena, que están en forma de lobo, junto con Lys y Marcus, árboles de francotiradores.

El frío de la noche nos golpea otra vez cuando salimos al exterior por una de las salidas superiores.
Las sombras son más largas aquí.
Los árboles crujen suavemente.
Lois y Lena se escuchan entre los arbustos, enormes, silenciosas,  sus cuerpos atentos a cualquier cambio en el aire.

Me apoyo contra una roca, arco en mano. Jason se coloca a mi lado. Pasamos unos minutos en silencio.
Demasiados.
Y entonces Jason habla.

-¿Puedo preguntarte algo?

No me mira.
Eso ya me dice que no es una pregunta cualquiera.

-Claro-respondo.

-¿Qué harás si Tim muere?

La pregunta me golpea seco.

-¿Por qué preguntas eso?-digo, sin dureza, pero alerta.

Jason gira la cabeza por fin.

-Respóndeme.

Miro el bosque.
Las sombras.
Las copas de los árboles balanceándose lentamente.

-Quizá me largue…-empiezo-Es decir, algunos me caéis bien…
pero…no creo que vosotros me miréis como Tim.

-¿Cómo te mira él?-pregunta Jason al final.

Respiro hondo.

-Pues…-digo despacio-como si no tuviera que demostrar nada.
Como si no estuviera esperando que fallara. Como si…no fuera una trampa.

Jason asiente apenas.

Luego me mira de nuevo.

-¿Y yo cómo crees que te miro?

Lo miro unos segundos.

-Pues…-digo al fin-Como alguien que no confía del todo. Pero que, si llega el momento…me cubriría la espalda igual...Y creo que tampoco sientes odio por mí.

Jason suelta una breve risa sin humor.

-No es mala lectura.

Si Tim muere…no sería solo perder a un líder. Sería perder al único que me miró como si aún mereciera la pena. Como si fuera alguien.

Tim

No encontramos nada.
Ni gente.
Ni movimiento.
Ni señales recientes.
Solo restos.
Restos de algo que una vez fue grande.
Importante.
Vivo.

Salas vacías cubiertas de polvo, paneles arrancados, marcas antiguas en las paredes que ya no significan nada para nadie.
El eco de pasos que no llevan a ningún sitio, la sensación constante de llegar demasiado tarde.

Cuando salimos al exterior, el aire frío de la noche me acaricia la cara como un recordatorio brusco de que seguimos aquí.
De que no pasó nada…y aun así, algo se siente distinto.

Roy se coloca a mi izquierda.
Lo noto al instante, y niego con la cabeza. No enfadado, solo un gesto pequeño que dice no hace falta. Roy se detiene un segundo.
Asiente. Da medio paso atrás.

Todos empiezan a moverse.
Clark habla con Lois en voz baja.
Todos revisan el perímetro una última vez. Yo miro una última vez hacia la entrada de la base.
Hacia esa boca oscura que no nos dio respuestas.

Quizá nunca las dé.

Respiro hondo.

Pues habrá que pasar a la siguiente.

Solo hemos confirmado una cosa:

El pasado sigue ahí.
Esperando.

Jon

Cuando me meto en la cama, el miedo me llega antes que el sueño.

No es cansancio lo que siento.
Es esa tensión rara en el pecho, como si algo me estuviera esperando justo al otro lado de cerrar los ojos. Como si, en cuanto me duerma, vuelva a ese lugar y con ese hombre.

Me doy la vuelta de golpe.
Demasiado rápido.
Damián se incorpora un poco, alerta al instante.

-¿Qué te pasa?-pregunta.

Abro la boca para responder…
y la cierro. No sé qué decirle.
No sé si contarle lo del maizal, la cabaña, las voces, las palabras en las paredes. No sé si hacerlo real pronunciándolo en voz alta es peor que cargarlo solo.

-Nada-miento mal-Solo…estaba pensando.

Damián me observa un segundo más. No insiste. Nunca lo hace cuando nota que no estoy preparado.

Me acerco un poco, buscando su calor.

-Buenas noches-le digo, y le doy un beso corto, en los labios.

-Buenas noches…-responde él.

Me acurruco contra su pecho.
Su brazo me rodea sin apretarme.
Que esto es real.
Que este cuerpo, este calor, esta respiración…no son un sueño.

Cierro los ojos.

Intento concentrarme en el ritmo de su corazón, en la calma de ese momento, en el silencio que no exige nada de mí.

Y mientras el miedo se queda en la esquina de mi mente,
me dejo llevar poco a poco…

Tim

Conner no me ha dicho nada desde ayer, desde que nos acostamos.
Ni una broma.
Ni un comentario al pasar.
Nada.

Está…callado.
Y eso en él no es normal.

Sé que algo le ronda la cabeza.
Lo noto en cómo evita mirarme demasiado tiempo, en cómo se ofrece a hacer cosas sin decir por qué, en esa tensión mínima en los hombros que solo aparece cuando está preocupado.

Pero no me lo dice.
Y yo no sé si quiero preguntar.

Porque a veces hacer una pregunta es abrir una puerta que no estás listo para cruzar.

Estoy practicando con el arco en una de las zonas despejadas del bosque. El objetivo es una diana improvisada clavada en un tronco.
El aire es frío, y mis dedos están entumecidos.

Disparo.

La flecha se clava demasiado a la izquierda.

-Apuntas como un niño de diez años-dice Roy desde detrás, sin maldad pero sin filtro.

Bufo y bajo el arco.

-Gracias por recalcar lo obvio.

Roy se encoge de hombros y se acerca un poco más.

-No sé por qué quieres seguir practicando con el arco si se nota que no es lo tuyo.

-Porque quiero saber medianamente usarlo-respondo-
A distancia me ayudará.

-Tú eres de pensar rápido-dice-
De mover gente. No de apuntar.

-Eso ya lo sé-respondo-Pero pensar rápido no sirve si no puedo cubrir a los míos cuando haga falta.

Vuelvo a tensar la cuerda.
Conner pasa por detrás de nosotros, en silencio.
Ni una palabra.

Disparo otra vez.

Esta flecha se clava más cerca del centro.

No perfecto.
Pero mejor.

Y aunque Roy no dice nada, sé que lo ha visto.
A veces no se trata de hacer bien las cosas.
Se trata de no dejar de intentarlo…aunque duela,
aunque cueste, aunque nadie te diga que vas por buen camino.

Damián

Benji y yo estamos practicando el circuito.

Bueno…practicando es una forma amable de decir que Dom nos está torturando con una sonrisa mientras corre delante como si fuera una cabra montesa con complejo de superioridad.
Salta rocas, sube pendientes imposibles, gira en seco sin perder velocidad.

-¡Más rápido!-grita sin girarse-¡El terreno no os va a pedir permiso cuando estemos en un combate!

Que te den.

Detrás de nosotros escucho patas.
El sonido inconfundible de Jon y Mike siguiéndonos en forma de lobo. No los veo, pero los siento: el ritmo constante, la respiración, la presencia pegada a la espalda.

Y eso debería tranquilizarme.
Pero no lo hace.
Porque a Jon le pasa algo.
Lo sé. Lo noto desde que se despierto sobresaltado, desde que se queda mirando a la nada...

Eso me cabrea.
Mucho.

No porque no confíe en mí.
Sino porque que lo está cargando solo. Y Jon no sabe cargar cosas solo sin hacerse daño así mismo por dentro.

-Odio correr-dice Benji de pronto, jadeando, sacándome de mis pensamientos.

-Sí…-respondo, y salto por encima de un tronco caído sin frenar.

Benji casi se come la corteza.

-¡Eh! ¡Avisar no cuesta nada! -protesta mientras lo esquiva por los pelos.

-¡El mundo no avisa!-Le responde Dom.

Seguimos corriendo.
El terreno se empina.
Las piernas empiezan a arder.
Dom gira la cabeza por fin.

-¡Hos pesa el culo!

-¡¿Que sabrás tú de mi culo?!

-Llevo años salvandotelo

-¡Te odio!

Wally

Entrenar escalada con Dick parecía buena idea.
Parecía.

Estamos en una pared de roca natural, no muy alta pero lo bastante vertical como para que mis brazos estén reconsiderando todas las decisiones que me trajeron hasta aquí.

-Vale, siguiente agarre-dice Dick con voz calmada, demasiado calmada para alguien que no está a punto de caer.

-Si me caigo, que conste que sera culpa tuya-respondo, buscando una grieta que claramente no existe.

-No te vas a caer.

-Eso decían del Titanic.

Resoplo, estiro la pierna y entonces…pierdo un poco el equilibrio.

-Espera, esper...

Dick reacciona rápido. Demasiado rápido.
Me agarra para ayudarme a subir…y su mano va directa a mi culo.

Silencio.

Mucho silencio.

-Dick.

-Sí.

-¿Por qué tu mano está ahí?

-Porque si no la pongo ahí, te caes.

-Mi culo no es un arnés de seguridad.

-Está funcionando bastante bien.

Me empiezo a reír, no puedo evitarlo, me río tanto que casi me caigo de verdad.

-¡Wally! ¡Concéntrate!

-¡Es difícil concentrarse cuando mi entrenador me está sobando!

-No te estoy sobando, te estoy estabilizando.

-Claro. Ciencia pura.

-¿Quieres que te suelte?

-No-respondo demasiado rápido-
Digo…no, gracias.

-Eso pensaba.

Con cuidado me impulsa un poco más arriba (sí, con la mano todavía ahí) y consigo llegar a una repisa.

-¿Ves?-dice-Ya estás.

Me dejo caer sentado, jadeando, y lo miro desde arriba.

-Cuando alguien pregunte cómo mejoré en escalada, voy a decir que fue gracias a un empujón motivacional.

-Cállate-dice él-Baja.

-¿Y perder mi seguro anticaídas favorito? Ni loco.

Dick termina de subir con la misma facilidad insultante de siempre y se deja caer a mi lado en la repisa, como si no acabara de escalar una pared de roca casi en vertical.

-¿Ves?-dice-No era tan difícil.

-Habla por ti, cabra humana -respondo, jadeando-Mis brazos están redactando una queja formal.

Dick se ríe y se quita la pequeña mochila que lleva a la espalda. La abre y saca una botella de agua medio aplastada.

-Toma.

Bebo como si acabara de cruzar un desierto. El agua está tibia, pero en ese momento podría ser el mejor manjar del mundo.

-Gracias...-Le devuelvo la botella.

Dick bebe un poco también, con calma, y luego se queda mirándome de reojo.
No dice nada.
Solo me mira.

-¿Qué?-pregunto.

-Nada-responde-Me parece increíble como te estás esforzando.

-Wow.

-No te acostumbres. Podría ser un entrandoas duro.

Me acerco un poco más, apoyando el hombro contra el suyo.

-Eso…-digo en voz más baja-No te pega nada. Y empezaría a ignorarte.

-No podrias.

-¿Por qué?

-Me quieres.

-O no-Me hago el duro.

-Eso está por verse.

Nos miramos.
Un segundo de más.
Dos. Dick inclina apenas la cabeza, como dándome tiempo para echarme atrás.

No lo hago.

Nuestros labios se rozan primero, casi sin querer.
Luego el beso llega de verdad: lento, con sabor a agua y a aire frío.

Dick me sujeta por la cintura, esta vez claramente a propósito.

-Eh-murmuro contra su boca-
¿Esto es por seguridad?.

-Ahora es por gusto-responde.

Me río bajito y lo beso otra vez, con más ganas.
Cuando nos separamos, apoyo la frente en la suya.

-Podríamos hacer un role play y cuando lleguemos… nos lo montamos arriba del todo-dice Dick, con esa media sonrisa que ya conozco demasiado bien.

Parpadeo.

-¿En serio?-pregunto, levantando una ceja.

-Me harías taaaan feliz-responde, exageradamente solemne, como si estuviera pidiéndome algo trascendental.

Bufo, girando los ojos.
Pero aun así…me coloco bien la camiseta, carraspeo y pongo mi mejor cara de “alumno aplicado”.

-Profe...-digo, con voz dramáticamente inocente-creo que necesito…más instrucciones.

Dick se queda quieto un segundo.
Luego se endereza, cruza los brazos y adopta ese tono suyo serio-falso que me mata.

-Wally-dice-¿estás concentrado o tengo que repetir la lección?

-Depende-respondo-¿La lección incluye contacto físico innecesario?

-Incluye supervisión estricta.

Me acerco un paso.

-Creo que voy a suspender-
murmuro-Se me da fatal seguir órdenes.

Dick se inclina un poco hacia mí, lo justo para invadir mi espacio sin tocarme.

-Entonces tendré que quedarme contigo después de clase.

Me río, bajito, y niego con la cabeza.

-Esto es abuso de poder.

-Esto es motivación pedagógica.

Jason

Cuando Roy termina de entrenar con Tim, lo espero apoyado en un árbol, jugueteando con uno de los cuchillos de madera.

-¿Quieres pelear un rato?-le pregunto, levantando el arma de entrenamiento-Nada serio.

Roy me mira de arriba abajo, sonríe de lado.

-¿Con cuchillos?

-De madera-aclaro-No seas dramático.

-Ah…entonces sí-dice-Me gusta lo seguro.

Nos colocamos frente a frente.

-Primera ronda-digo-Sin florituras.

-Qué pena-responde-Yo tenía pensado impresionarte.

Arrancamos.

Intercambiamos golpes rápidos, madera contra madera. Roy se mueve bien, demasiado bien. Me obliga a retroceder un par de  pasos.

-Vaya-dice-se nota que te gusta arrimarte.

-¿Perdón?

-Digo…acercarte. Mucho.

Fallo un bloqueo.
Por un segundo.

-Después de esto podríamos besarnos-añade, como si hablara del clima.

-Roy-gruño-concéntrate.

-Vale, solo recalcó que aquí ahí mucha tensión-Me esquiva por el costado.

Me suelta un comentario al oído cuando pasa:

-Espero que seas así de activo en la cama.

Me quedo un segundo bloqueado.
Uno. Suficiente para que casi me toque las costillas.

-¡Eh!-suelto.

Roy sonríe, satisfecho.

-¿Te desconcentras fácil?.

Eso es todo lo que necesito.

Entro de golpe, le engancho la muñeca, giro el cuerpo y lo tiro al suelo con una llave limpia. El cuchillo de madera sale volando.
Me quedo encima, rodilla en el pecho, cuchillo apoyado en su hombro.

-Primera ronda-digo, respirando hondo-Mía.

Roy levanta las manos, riéndose.

-Vale, vale…

-¿Rindes?

-Sí-dice-Pero solo porque quería verte encima.

Le aparto el cuchillo y me levanto de un salto.

-Eres...

-Un encanto. Lo sé.

Nos miramos un segundo.
Luego me doy la vuelta.

-Cinco minutos-digo-Segunda ronda.

-Perfecto-contesta-A ver si esta vez no te pones nervioso.

Tim

Le doy un puñetazo al saco.

El golpe resuena seco, hueco, y el saco se balancea como si tampoco supiera qué hacer conmigo.
Vuelvo a golpearlo.
Otra vez.
Y otra.

Segundo día.

Segundo día en el que Conner no cruza conmigo más que un par de palabras sueltas.
Funcionales.
Frías.

“Pásame eso.”
“¿Qué tal?.”
“Luego hablamos.”
“Te quiero.”
“Descansa.”

Mentira.
No hablamos.
Otro puñetazo.

El saco vuelve hacia mí y lo detengo con el antebrazo, respirando fuerte.
Me escuecen los nudillos, pero me da igual.

¿Qué le pasa?

La pregunta me da vueltas en la cabeza desde que me desperté.
Desde que noté el hueco a mi lado en la cama.

¿Se siente mal por todo lo que está pasando?
¿Por la presión?
¿Por mí?

Porque si es eso podría decírmelo.
Podría decir algo.
Pero no.
Ayer durmió en la otra punta de la cama, como si el espacio entre los dos fuera necesario.
Como si yo quemara.
Y hoy me está esquivando.

Literalmente.

Cambio de dirección y él la cambia antes.
Entro en una habitación y él sale.
Me mira lo justo para no parecer descortés.

Eso me cabrea más que si gritara.

Golpeo el saco con rabia, esta vez sin técnica.
El saco se sacude violentamente.

-Joder…-murmuro entre dientes.

No me gusta esta sensación.
No me gusta no saber.
No me gusta sentir que estoy perdiendo terreno sin saber por qué. Porque he aprendido a lidiar con enemigos, con decisiones imposibles, con la responsabilidad.
Pero esto…Esto es distinto.

Esto es alguien que quiero, alejándose sin decirme el motivo.

Me apoyo un segundo contra el saco, apoyando la frente, cerrando los ojos.
Respiro hondo.
Una vez.
Dos.

No voy a forzarle.
No hoy.

Pero tampoco voy a fingir que no pasa nada.

Porque si algo está pasando entre nosotros necesito saberlo.

Y esta vez, no pienso esquivar la conversación. Salgo del gimnasio todavía con la rabia caliente en los nudillos y voy directo a una de las salas del hotel.

No tengo que buscarlo mucho.

Cuando entro, lo veo.
Conner está apoyado en la mesa, hablando con Lys, Marcus, Atenea y Niko.
Todos se giran al verme entrar.
Algo en mi cara debe decirles que no es el momento.

-Tú-Mi voz corta la conversación en seco.

Me planto delante de ellos, sin mirar a nadie más que a Conner.
El silencio se espesa al instante.

-Tenemos que hablar.

Conner abre la boca.

-Estamos...

-Ahora-lo corto sin dejarlo terminar.

Me doy la vuelta y salgo de la sala sin mirar atrás.
No corro.
No hace falta.

Escucho el sonido inconfundible de una silla moviéndose detrás de mí.
Luego pasos.

Sé que se ha levantado.
Camino hasta la habitación con el pulso acelerado, no de miedo, sino de todo lo que llevo guardándome desde ayer.
Abro la puerta.
Entro.

Un segundo después, Conner entra detrás de mí y cierra suavemente.

Me giro despacio.

-¿Qué te pasa?-pregunto al fin, sin levantar la voz, pero con todo el cansancio acumulado-Porque llevas dos días esquivándome como si te hubiera hecho algo y no pienso seguir fingiendo que no lo noto.

Conner no responde de inmediato.
Se queda de pie, serio, mirándome como si estuviera midiendo cada palabra antes de soltarla.

-Tim…-empieza.

-No-lo interrumpo-No me llames así para ganar tiempo. Dime qué pasa-Me cruzo de brazos, firme.
-Si estás mal, dilo, si he hecho algo mal, dilo. Pero no me apartes sin decirme por qué.

El silencio vuelve a caer entre nosotros.

-Creo que por la ansiedad de que te pase algo…-dice al fin-voy a entrar en un estado feral.

Parpadeo.

-¿El qué?

Conner respira hondo, como si lo que va a decirle costara más que cualquier pelea.

-Es instinto puro, protección llevada al extremo. Mi cuerpo deja de escuchar a la cabeza y solo responde a una idea:
mantenerte con vida. Cueste lo que cueste-Me quedo quieto, escuchando-Cuando pasa-continúa-Todo se vuelve ruido...Los riesgos se amplifican,  cada posibilidad de que te hagan daño se vuelve insoportable.

-Y pasa eso cuando estás cerca de mí-Confirmo.

Asiente.

-Sí…-dice-Pienso en los riesgos que corres, en los que ya has corrido, y en los que todavía puedes correr.

Sus ojos destellan rojo durante un segundo, y solo un segundo.
Pero lo veo.

-En que te quiero tanto-añade, con la voz quebrándose apenas-
que no sabría qué hacer si te pasa algo-El aire se vuelve más denso-
Me pasó…-continúa-cuando Dick te secuestró. Ahí crucé una línea.
Mi padre supo traerme de vuelta.
Pero ahora…ahora no sé qué haré si pierdo el control contigo delante.

Trago saliva.

-¿Y qué hacemos?-pregunto.

-Estoy intentando tener espacio-
dice.-Aprender a controlarlo.
Me alejo…y me repito mentalmente que estás bien.
Que puedes cuidarte solo.
Que no necesito reaccionar por ti.

Levanto una ceja.

-¿Y funciona?

Conner suelta una risa breve. Tensa.

-Ayer casi le disloco un hombro a mi padre.

Me quedo en silencio.
Me está evitando porque le importo demasiado. Doy un paso hacia él, despacio, sin invadir su espacio.

-Conner…-digo.

-Lo sé-responde al instante.
Levanto la mano, dudando un segundo, y la apoyo sobre su pecho-No quiero hacerte daño -dice en un hilo de voz.

-Entonces mírame-respondo-
No como un riesgo, recuerda que no me hace falta fuerza para vencer al enemigo.

Jon

Damián empieza a mirarme raro desde hace horas.
No es una mirada casual.
Es esa suya

Estamos sentados en la habitación, cada uno a lo suyo, o fingiendo estarlo, yo miro el móvil sin leer nada, y él limpia una de sus armas con demasiada calma.

-Estás raro-dice de pronto, sin levantar la vista, y yo me tenso.

-No-respondo rápido.

-Estoy cansado-Damián alza una ceja. Sigue limpiando.

-Eso no es cansancio...-Resoplo y me dejo caer contra el respaldo.

-Estoy un poco ansioso, ya está.
Todo esto…la misión, la base, la tensión constante.

Normal, ¿no? Damián se detiene.
Levanta la cabeza despacio y me mira de frente.

-¿Eso es todo?-Asiento.

-Sí.

Silencio.
Uno malo, uno incómodo.
Damián deja el arma a un lado y se gira del todo hacia mí.

-Mírame cuando me mientes-dice, y lo hago. Y casi me arrepiento.
Porque no sé qué ve exactamente en mi cara, pero sé que no le basta-¿Desde cuándo te quedas mirando a la nada como si alguien te hablara?-Trago saliva.

-No exageres.

-No exagero-replica-Te conozco.
-Se inclina un poco hacia mí, invadiendo mi espacio lo justo para que no pueda escapar sin levantarme.

-¿De verdad es solo ansiedad?

No respondo.
Mi cabeza se llena de imágenes que no quiero decir en voz alta:
el maizal, las voces, la cabaña,
las palabras en las paredes,
esa sensación de que algo me espera cada vez que cierro los ojos.

Me aterra decirlo.

Porque si lo digo…se vuelve real.
Y si se vuelve real, ya no puedo fingir que tengo el control.

-Jon-dice más bajo-¿Es eso…o me estás ocultando algo?-Aprieto los puños.

-No pasa nada-insisto-De verdad-Damián no se mueve.

No se rinde.

-Entonces dime por qué te da miedo dormir-La pregunta me atraviesa. Abro la boca, y la cierro.

-Porque…-empiezo, y me detengo-
porque a veces la cabeza se pasa de rosca.

-Eso no lo explica todo-responde-
¿Que es lo que sueñas?-pregunta finalmente-No digo nada.

El silencio se estira entre los dos, cargado de cosas que no sé cómo poner en palabras, Damián suspira, se pasa una mano por la cara.

-No me gusta que me escondad algo que te está jodiendo la cabeza-dice-Y mucho menos que me mientas.

Se levanta y da un paso atrás, dándome espacio…pero no soltando el tema.

-No voy a obligarte a hablar-
añade-Pero odio que me mientas  diciéndome que “solo es ansiedad”.

Me quedo sentado, con todo dándome vueltas.

Porque la verdad es que no sé cómo explicarle que cuando caigo en brazos del sueño no descanso…desciendo.

Tim

La noche siguiente es luna llena, así que nos preparamos.

Y eso, inevitablemente, significa que la manada necesita salir.

Salir de verdad, correr, ser lo que son, y los que somos simples mortales solo podemos acompañar.

Llevamos mochilas con comida, tiendas de campaña, mantas, baterías portátiles.
Todo lo práctico.
Todo lo humano.

Después nos montamos en los coches y conducimos hasta el punto acordado, cuando llegamos, dejamos los vehículos atrás y nos internamos en el bosque a pie, la tierra está un poco húmeda bajo las botas, el aire huele distinto con la luna llena: más denso, más vivo.
Como si el bosque estuviera despierto antes que nosotros.
No tardan ni un minuto.

Los de la manada empiezan a quitarse la ropa sin ceremonia alguna, como si el pudor no existiera esta noche.

-Joder...-Dice Damián girándose.

-¿Que necesidad tengo de veros el rabo?-Añade Roy.

Camisetas al suelo.
Pantalones abandonados sobre mochilas.

-¡No pienso recogeros la puta ropa!-Dice Jason.

Y luego…la transformación.
El sonido de huesos recolocándose, el cambio de respiración, la presencia que se expande, y en cuanto termina, salen corriendo.

No hacia un sitio concreto, no con un objetivo claro, simplemente corren. Los veo perderse entre los árboles, reaparecer más allá, cruzarse unos con otros como sombras vivas.
Se empujan.
Se persiguen.
Se lanzan al suelo y ruedan entre hojas y tierra húmeda. Hay algo infantil en ello, pura energía, pura libertad. Uno de ellos salta sobre otro desde un tronco caído.
Otro responde con un gruñido que suena más a risa que a amenaza, desaparecen de nuevo, veloces, incansables.

Va a ser una noche larga.

Damián y yo nos apartamos un poco y montamos nuestra tienda con movimientos ya aprendidos.
No hablamos mucho, no hace falta.

Mientras ajusto una de las piquetas, escucho a Artemis quejarse a voz en grito:

-¡Benji, así no se pone la leña! ¡Eso no va a prender ni en cien años!

-Relájate, es leña conceptual -responde Benji.

-¡Te voy a conceptuar la cabeza!

-Relajate Artemis, si tienes frío yo te caliento.

-¡Benji!

Jason se ríe a carcajadas cerca del fuego improvisado, levanto la vista justo a tiempo para ver a Lena, en forma de lobo, salir disparada con el martillo en la boca.

Jason se queda mirando su mano vacía, incrédulo.

-¡Eh! ¡Eso es mío!-Roy no puede contenerse y se dobla de risa.

-Que tolai.

-¡Devuélvemelo!-grita él, mientras Lena se aleja orgullosa, el martillo balanceándose entre los colmillos.

Todo es ruido, movimiento, vida.
Y entonces la veo. Pamed...Está un poco apartada, observando, no parece estar ya tan enfadada conmigo exactamente.

Cuando nuestras miradas se cruzan, baja la vista casi de inmediato..No me habla, no si no es estrictamente necesario, y aunque finjo no darle importancia, noto ese pequeño vacío incómodo que deja su silencio.

Termino de tensar la tienda y me incorporo, la luna llena brilla sobre el claro, los lobos siguen corriendo entre los árboles, el fuego empieza a prender.

Roy

Miro a Tim desde lejos.

Está jugando con Conner cerca del borde del claro, iluminados a medias por la luna y el fuego.
Conner corre en círculos a su alrededor y, de vez en cuando, le muerde los tobillos con cuidado, como si fuera un cachorro enorme que no sabe medir su tamaño.

Tim se ríe, intenta apartarse, resbala un poco en la nieve…y cuando puede, se agacha, coge un puñado y se la lanza. Conner se detiene un segundo, sorprendido.
Luego sale disparado otra vez.

Me quedo observándolos mientras la patata asada se hace entre las brasas. El calor me llega a las manos, pero no me importa demasiado.

Joder…Tim tiene veintidós. Y aun así carga con decisiones que yo no habría sabido tomar ni con diez años más.
No habría llegado tan lejos.
Ni de coña.

La genética, supongo.
Y también la suerte.

Porque qué probabilidades hay de que Wally sea uno de sus amigos…y que, encima, tenga un pasado con Dick. El mundo es un pañuelo cuando quiere ser cruel o útil, según el día.

Le doy la vuelta a la patata con el palo y, justo entonces, escucho a Jason gritar:

-¡Ray, deja eso!-Levanto la vista a tiempo para ver a Ray, en forma de lobo, con el hocico lleno de nieve, intentando darle un mordisco a las salchichas que Jason tiene pinchadas en un palo.

-¡Te voy a morder yo a ti!-protesta Jason, dando un salto atrás.

Ray se queda quieto, ladea la cabeza…y vuelve a intentarlo.

-¡Hijo de...-Me río por lo bajo y vuelvo a mirar el fuego.

Las llamas bailan despacio.
Hipnóticas.
Alesha también es jodidamente brillante, eso no se puede negar, y tiene muchos más años de experiencia.
Muchos más recursos.
Y claramente no está sola.

Pero aun así…Estoy convencido de que Tim va a desmantelarlos.
A todos. Uno por uno.
Sé que es un peso enorme.
Sé que hay cosas que él ve y piensa que el resto ni siquiera imaginamos, que toma decisiones en silencio que nos afectarían a todos si salieran mal.

Pero joder.

Yo, al menos, pienso llegar hasta el final con él. O quizá…hasta donde yo tenga que llegar.

-¿En qué piensas?-Me giro y veo a Jason a mi lado, dándole un mordisco a una de las salchichas, todavía caliente-Tiene la cara iluminada por el fuego.

-En nada-respondo.

-Mentiroso-dice con la boca llena.
Le miro un segundo, y luego vuelvo la vista al fuego.

-Tal vez-admito-Pero no es nada que vaya a cambiar esta noche-Jason mastica despacio, me observa de reojo.

-Mientras sigas aquí-dice-me vale.
-Parpadeo y lo miro de lado, sorprendido.

-Wo… ¿y esa cursilería?-
respondo, levantando una ceja.
J
ason se encoge de hombros y le da otro mordisco a la salchicha, como si no acabara de soltar algo bastante más honesto de lo habitual.

-No te flipes-dice con la boca llena-No es cariño.

-Claro-respondo, y Jason me empuja con el hombro.

-Cállate-Sonrío, inevitablemente.

-Oye...-añado-para alguien que me conoció hace poco te estás ablandando rápido-Jason me mira un segundo, serio.

Luego aparta la vista hacia el
fuego.

-No te confundas-dice-Sigues siendo un problema.

-Pero un problema útil-replico.

-Eso sí-admite-Y los problemas útiles…se cuidan.

Damián

Veo a Pamed sola, un poco apartada del fuego.

Conrad se ha ido a molestar a Mike y ella se ha quedado mirando las llamas, demasiado quieta para alguien que normalmente tiene respuesta para todo. Eso me molesta. Y más aún cuando noto hacia dónde se le va la mirada.

Hacia mi hermano.

Me acerco sin hacer ruido y me planto a su lado.

-Me gustaría que dejases de mirar así a mi hermano-digo, directo.
No levanta la cabeza de inmediato, pero sonríe de lado, cansada.

-Es que me cabrea.

-Lo sé-responde-A mí también-
Cruza los brazos y suspira-Pero si dejamos que pequeñas fisuras empiecen a separarlos tan rápido…esto va a acabar siendo el Cañón del Colorado.

-No odio a tu hermano.

-Lo sé-digo sin dudar.

-Pero creo que está loco-continúa
-De una manera bastante inteligente, eso sí. El problema es que va a colapsar en cualquier momento y empezar a tomar decisiones solo porque necesitamos fuerza-La miro de reojo.

-¿Como con Roy?-pregunto.
Asiente.

-Sí.

El silencio se instala entre los dos unos segundos.
El fuego chisporrotea.
A lo lejos, alguien se ríe.

-A mí también me gustaría saber qué estaba pensando-añade Pamed-Pero también sé que no puedo criticar sus decisiones cuando yo ni siquiera sé qué haría en momentos en los que la vida de todos está en riesgo.

-Ese es el problema-digo-Que él sí decide. Siempre-Pamed baja la mirada al fuego.

-Porque alguien tiene que hacerlo.

No respondo.

-Clark…-sigue ella, tras unos segundos-Supongo que para él también es difícil dejar tantas cosas en manos de tu hermano.
Y supongo que no es fácil tampoco ver que sus hijos se conviertan en…soldados-Aprieto los dedos alrededor de la botella que tengo en la mano.

-Supongo…-digo al final.

-Y saber que los hijos de su mejor amigo también pueden…-se detiene un segundo-ya sabes.
Tampoco debe ser fácil.
El silencio cae entre nosotros.

Miro hacia donde está Clark, un poco apartado del grupo, observando el claro como si contara cabezas sin mover la cabeza demasiado.

-No-admito-No lo es.

-Nadie aquí pidió esto-dice.

Tim

Estoy sentado cerca del fuego, vigilando mis patatas asadas como si fueran un tesoro nacional, les doy la vuelta con cuidado.

Y entonces él decide que eso es inaceptable.

-Oye-digo sin mirarlo-tienes el hocico frío.

Conner resopla, claramente ofendido…y en lugar de apartarse, hace justo lo contrario.
Me echa la mitad de su cuerpo encima.

-¡Eh!-protesto, intentando apartarme-¿Te importaría no aplastarme? Estoy cocinando.

Su hocico se cuela por mi cuello.
Frío de verdad. Me da un escalofrío que nada tiene que ver con el fuego.

-¡Conner!-me quejo, empujándolo con el codo-Pesas como si comieras humanos para desayunar.

Me ignora por completo.
Se acomoda mejor, apoyando la cabeza en mi hombro, como si yo fuera un cojín perfectamente diseñado para lobos gigantes.

-Estás helado-insisto-Vete al fuego tú solo-Me responde con un leve gruñido satisfecho y más peso.
-Esto es acoso-murmuro-Voy a denunciarte a…alguien-Intento inclinarme para salvar las patatas y casi me tira encima de las brasas-¡Ey! ¡Que esas son mías!

Conner ladea la cabeza, me mira con esos ojos azules demasiado expresivos para alguien que no puede hablar…y me da un pequeño empujón con el hocico, como diciendo compártelas.
Resoplo.

-Ni se te ocurra-le advierto-Sin mías-Se queda quieto un segundo. Luego me lame la muñeca-Eso no es justo-digo, derrotado-Eso es trampa emocional.

Al final cedo un poco, acerco más la patata al centro del fuego y me recuesto contra su costado caliente.

Miro el fuego.

Las chispitas saltan, suben un segundo y desaparecen antes de poder convertirse en algo más.
Pequeñas luces que nacen, brillan…y se apagan.

Y pienso en que todo se parece demasiado a eso.

En cómo estamos aquí, juntos, riendo, comiendo patatas asadas, peleándonos por tonterías, como si el mundo no estuviera lleno de cosas que pueden hacernos daño.

Pienso en lo fácil que sería perderlo todo en un instante.

En cómo una decisión mal tomada, una noche equivocada, un error mínimo podría apagar a cualquiera de nosotros.

Conner se mueve un poco, el calor de su cuerpo me ancla al suelo, al ahora, y me doy cuenta de algo que no suelo permitirme pensar: No quiero ser el que siempre mira el fuego preguntándose cuánto durará.

Jon

Corro un rato con los demás.
No corro por llegar a ningún sitio.
Corro porque el cuerpo me lo pide, porque la luna tira de mí como un hilo invisible y porque, durante unos minutos, no existe nada más que el suelo bajo las patas y el aire cortándome la cara
Nos empujamos, nos perseguimos, rodamos por la hierba húmeda.
Río sin hacer ruido.

Me siento ligero.

Después me acerco a molestar a mamá. Me paso de fuerza sin querer—o queriendo—y ella me responde con un gruñido claro, firme, de esos que no admiten réplica. Bajo la cabeza de inmediato, obediente, y me aparto con la cola baja solo un segundo antes de volver a animarme.

Voy a buscar a Mike después.
Lo rodeo, le doy un empujón con el costado, salgo corriendo y vuelvo, el me responde igual.
Es fácil.
Es simple.
No hay pensamientos raros ahí.

Pero entonces…Entonces lo noto.
Un olor que me encanta. Me detengo en seco, olisqueo el aire y giro la cabeza. El olor de Damián me guía como un camino invisible entre los árboles, directo hacia la hoguera.
No pienso.

Solo voy.

Llego hasta él y no presto atención a lo que está diciendo ni con quién. No me importa la conversación. No me importa nada más que acercarme.

Me restrego contra él sin cuidado, demasiado fuerte, demasiado grande. Mi cuerpo pesa y casi lo tiro al suelo.

-¡Joder, Jon!-me insulta mientras intenta mantener el equilibrio.
Le doy un lametón en la cara sin pensar-¡No! ¡No hagas eso! -protesta, limpiándose con la manga de la chaqueta-Eres un cochino.

Pero no me aparto.
Necesito que tenga mi olor encima.
Que huela a mí.
Que se mezcle.
No sé si sigue enfadado.
No sé si está muy enfadado.
No sé si es por no contarle lo de los sueños…o como yo prefiero llamarlos: encuentros con mis quizás ancestros místicos.

Nadie lo sabe.

Y me da miedo contarlo.
Porque no auguran nada bueno.
Y decirlo en voz alta sería aceptar que algo me está llamando desde un sitio al que no quiero mirar demasiado.

Damián resopla y se deja caer un poco hacia atrás, apoyándose en mí a regañadientes.

-Hazme de sofá-dice.

Me quedo quieto al instante.
Y después obediente me tumbo detrás de el. Siento cómo se relaja poco a poco, aunque no lo admita.
Su mano se apoya en mi cuello casi sin darse cuenta.
Cierro los ojos.
No necesito palabras ahora.
Solo esto.

Que me toque y vea.
Que me sienta.
Que sepa, aunque no entienda todo, que sigo aquí.

Que lo quiero conmigo.

Cierro los ojos…pero no duermo del todo.

Estoy atento a todo.

Escucho a Pamed gritarle a Conrad porque le está mordiendo los cordones como si fueran un juguete, escucho a Benji chillarle a Mike que no le acerque ese conejo muerto bajo ningún concepto.
Las patas de los demás moviéndose alrededor del claro.
El crujido constante de las llamas.
Las hojas chocando unas con otras, como un susurro antiguo que nunca se calla.
Todo está ahí.
Todo es real.
Y aun así…Caigo.
No de golpe.
Despacio.

Caigo en el mundo de los sueños.
Cuando vuelvo a ser consciente, ya no tengo cuerpo de lobo.
Estoy en mi forma humana...y me estoy hundiendo. El suelo me traga lentamente, como si fuera arena mojada.
No puedo moverme.
No puedo gritar.
Solo siento cómo desciendo mientras, arriba, una luz clara se abre paso.
Cada vez más grande.
Más intensa.
Hasta que me ciega.

Cuando vuelvo a abrir los ojos, estoy de pie sobre un pasto negro y gris, chamuscado. Todo parece haber sido devastado por el fuego...El aire huele a ceniza.

-¿Qué tal estás?-dice una voz.
Me giro.

Veo a una mujer de pelo blanco, ojos azules, y que seguramente tiene la edad de mi madre…
pero algo en su mirada es mucho más viejo.

-Eh… ¿eres…?-empiezo.

-Alguien que tiene muchos años -responde con tranquilidad.

-No lo parece-Sonríe.

-Gracias. ¿Vamos?

-¿Dónde?

No responde con palabras.
Solo gira la cabeza hacia un lago que se extiende más allá de unos pocos árboles calcinados.

Me levanto y la sigo en silencio.

-No sé qué pasa-digo al fin.

-Lo sabrás-contesta.

Llegamos a la orilla, yo me detengo a unos pasos de distancia, ella entra en el agua con los pies descalzos, sin vacilar.

-¿Te sabes la historia de este lago?-pregunta.

-Pues no.

-Aquí ahogaron a una manada de veinticuatro personas-dice-
Incluyéndome a mí.

El aire se me queda atascado en el pecho.

-¿Cazadores?

-No-responde-Eran una manada mixta.

-¿Qué?

-Lobos y humanos-Me mira de reojo.

-Es curioso cómo alguien de tu propia especie se alía con quienes tanto nos odian.

-Sí…-murmuro.

Ella avanza un poco más en el agua.

-Solo buscan poder-dice-Como si fuéramos eternos. Se pasan media vida luchando…y la otra media cuidando sus tronos de oro, sabiendo que, después del daño hecho, solo quieren darles cuello....

El agua empieza a moverse, y entonces personas empiezan a emerger desde el fondo del lago.
Cuerpos empapados.
Rostros pálidos.
Ojos abiertos.
Lobos.
Humanos.
Juntos.
No gritan.
No respiran.
Solo me miran.
La mujer se gira hacia mí, el agua ya a la altura de sus rodillas.

-Jon-dice con voz firme-No todos los que hablan de unidad la desean.

Y no todos los que prometen protección quieren salvarte.
Da un paso más dentro del lago.

-Tú caminas entre dos mundos-añade-Y ambos van a reclamarte un precio.

El agua sube.
Las figuras siguen saliendo.
El lago ya no refleja el cielo…
refleja fuego.
Y justo antes de que todo se hunda en rojo…Siento una sacudida brusca.

Y sé que voy a despertar.

Tim

Me despierto porque tengo que mear.

Intento moverme despacio para no despertar a nadie, salgo de la tienda con cuidado…y lo veo.
Conner está acurrucado justo al lado, como si llevara ahí toda la noche vigilando.

En cuanto me pongo en pie, levanta la cabeza y se incorpora de inmediato.

-No-murmuro-Tú no.

Empiezo a caminar hacia una zona un poco más alejada del campamento y, como esperaba, me sigue. Sus pasos son silenciosos, constantes, demasiado cerca.

Cuando estamos lo bastante lejos de los demás, me giro.

-Conner, dame intimidad-
Ni se inmuta, se la suda
Se queda ahí, mirándome, completamente indiferente a mi dignidad humana.

-En serio…-insisto.

Respuesta: ninguna.

Solo da un paso más…y me acuerdo aquella vez entrenando cuando me metio el hocico en el culo como si fuera un perro sab dios porque.

Me quedo congelado un segundo.

-Eres idiota...-digo, resignado.
Conner resopla, satisfecho, y me rodea un poco más, como diciendo “misión cumplida”-No necesito escolta armada para mear-gruño.

Me ignora.
Por supuesto que me ignora.
Al final solo suspiro, miro al cielo nocturno y pienso que, definitivamente, liderar un grupo es más fácil que discutir con un lobo protector con cero respeto por los límites personales.

Mike

Ser un lobo tiene unas desventajas muy grandes.
Y ahora mismo, una de ellas es esta. Estoy tumbado a una distancia prudente del campamento, intentando dormir…pero mis oídos no cooperan.

Porque desde una de las tiendas se escucha a Vanya y Niko.... Bueno, no voy a entrar en detalles. No hace falta. El tono, los susurros, el ritmo…todo grita “no estamos jugando a las cartas”.

Y lo peor es que sé que no soy el único lobo que los oye.
Ignóralos, Mike. Ignóralos.
Cierro los ojos, y respiro hondo.
Me concentro en el bosque.
En el viento, en las hojas, en cualquier cosa que no sean ellos. El olor tampoco ayuda.
Porque no es solo intimidad humana normal, es esa mezcla rara que ya he notado otras veces en ellos durante los entrenamientos.
Cuando se pican.
Cuando se provocan.
Cuando ninguno quiere ceder.

No es solo rivalidad.

También está ese otro olor.
El de excitación contenida, el de dos personas que llevan demasiado tiempo empujándose en más de un sentido.

-Genial…-pienso.

Me giro sobre la hierba, clavando el hocico en el suelo húmedo, esto tenía que pasar. Era inevitable.
Cuando dos personas se retan tanto, cuando se buscan tanto…
no siempre acaba en golpes.

Ignóralos, Mike. Ignóralos.
Mañana será un día largo.
Y prefiero no empezar con trauma auditivo.

Después escucho unos pasos acercarse, no rápidos, no sigilosos, pasos humanos, torpes por el cansancio. Abro los ojos y lo veo.

Benji.

Envuelto en una manta de pelito que claramente, arrastrándola un poco por el suelo. En cuanto se acerca lo suficiente, mi cola se mueve sola, traicionándome, reaccionando a su olor antes de que yo pueda decidir nada.

Benji me mira con esa cara suya, mezcla de esto es una mierda compartida.

-Están al lado de mi tienda...-
murmura. Suelta la frase como si fuera una confesión vergonzosa.

Resoplo bajo, casi agradecido de no ser el único. Sin pedir permiso —porque Benji nunca pide permiso para este tipo de cosas— se mete entre mis patas delanteras y traseras, buscando espacio como si esto fuera su almohada personal. Apoya la espalda contra mis costillas, encogiéndose todo lo que puede dentro de la manta. Mi cuerpo reacciona solo: me muevo un poco para que esté más cómodo.

-Qué asco dan...-dice en voz baja.

Mi cola vuelve a moverse, más lenta ahora.

Wally

Me despierto a medias cuando intento cambiar de postura.

No llego muy lejos.

Siento el brazo de Dick rodeándome la cintura, firme, caliente, como si incluso dormido su cuerpo supiera exactamente dónde tiene que estar.

Su respiración es lenta, tranquila, rozándome la nuca, me quedo quieto, no por miedo a despertarlo...Pienso en cómo será esto para él. 

Que mañana, cuando amanezca, volveremos a ser personas que se ponen las botas, revisan armas, ajustan mochilas y salen en busca de algo que ni siquiera sabemos nombrar bien.
Algo que podría matarnos, algo que podría separarnos en un segundo.

Dick duerme sin saber en qué estoy pensando. Me pregunto si él también siente ese tirón raro en el pecho, esa mezcla de querer quedarse exactamente así, y saber que no podemos.

Porque mañana volverá a correr, a pelear, a proteger,  yo haré lo mismo.

Aunque finjamos que no tenemos miedo.

Acomodo la mano sobre su brazo, solo un poco, cierro los ojos otra vez. Y dejo que el sueño me lleve,
aferrándome a la idea de que, pase lo que pase,
este momento ya nadie nos lo puede quitar.

Tim

Cuando volvemos al hotel Ivy nos recibe en el comedor como si supiera exactamente lo que necesitamos antes incluso de que lo pidamos: desayuno caliente, mesas puestas y el olor inconfundible de churros con chocolate llenándolo todo.

Es casi irreal.

Benji es el primero en lanzarse, Sol no se queda atrás, Pamed, aunque intenta disimular, repite, Wally se quema la lengua y se queja mientras sigue comiendo.
Jon directamente parece ser parte del chocolate.

Yo me quedo observando un segundo, dejándome llevar por esa normalidad prestada, antes de que la realidad vuelva a llamar a la puerta.

Mientras algunos terminan, Clark, Mike, Jason y yo nos levantamos y vamos a la habitación de Clark, quie extiende el mapa sobre la mesa.
Es grande, lleno de marcas, anotaciones y colores que solo mi padre y él sabían interpretar del todo.

-La siguiente base-dice-es de las más lejanas.

Señala el extremo del mapa.
Dos días en coche, mínimo, si no paramos demasiado.
Frontera del este.
Un pueblito pequeño, casi irrelevante para cualquiera que no sepa qué buscar: Holloway.
El color que mi padre le puso es azul. Inactiva.

-Sabemos que eso no significa segura-dice Jason, cruzándose de brazos.

-No...-respondo.

Tomamos nota mental de todo y, cuando volvemos con el resto, se lo comunicamos.
Algunos bufan con pereza.
Wally se deja caer dramáticamente sobre una silla.
Nadie se sorprende.
Ivy, en cambio, asiente tranquila.

-Prepararé táperes para el viaje -dice como si estuviéramos hablando de una excursión cualquiera.

-Te ayudo-me ofrezco sin pensarlo, y ella me sonríe, agradecida. Ivy y yo no hemos hablado mucho, pero lo poco que sé de ella es bueno.
No pregunta de más, no estorba, ayuda sin hacerse notar, y lo más importante: nos ayuda sin parecer que tenga miedo.

Tim

Después de ayudar a Ivy, subo a preparar mi mochila.

La habitación está en silencio, roto solo por el sonido de cremalleras y ropa doblándose. Meto un par de mudas, una sudadera más gruesa, calcetines de repuesto, calzoncillos. Lo justo para dos días largos de coche y lo que venga después.

Conner está a mi lado haciendo lo mismo. Nuestros movimientos son casi iguales, automáticos, como si ya lo hubiéramos hecho demasiadas veces.

-¿Sabes algo más sobre ese pueblo?-pregunta sin mirarme, mientras guarda una camiseta.

-Según Google está abandonado desde hace años-respondo-Casi los mismos que tenemos nosotros registrados. La explicación oficial es simple: la gente se fue a la ciudad poco a poco-Conner asiente, pero no parece convencido.

-¿No hablan de muertes?

-No.

-¿Ni sucesos extraños?-Niego con la cabeza.

-No de forma oficial.Seguramente si le preguntas a la gente que vivía allí te cuenten historias, pero la información que hemos encontrado es esa: abandono progresivo, nada más-Cierro la mochila y me siento un momento en la cama.

-¿Crees que nosotros encontraremos a alguien?-dice entonces.

Me quedo pensativo unos segundos.

-Quizá turistas-respondo al final-No me extrañaría. A kilómetros hacia abajo, en el mapa, se ve un lago. Ya sabes cómo va eso…gente buscando sitios “tranquilos”, “naturales”-Conner cierra su mochila y se queda de pie frente a mí.

-Los sitios tranquilos nunca lo son -murmura.

-No-admito-Pero eso no significa que haya alguien esperándonos.

Apunte suelto — sin fecha exacta
Autor: Bruce

Holloway nunca fue un punto importante en los mapas oficiales.
Demasiado pequeño.
Demasiado apartado.
Demasiado fácil de olvidar.

Cuando empezamos a investigar, el censo hablaba de unos 250 habitantes. Pueblerinos. Familias enteras que se conocían desde generaciones atrás.

Nada que llamara la atención a primera vista.

Ese fue el primer error.
Holloway no desapareció de golpe. No hubo una explosión, ni una noche de fuego, ni una huida masiva registrada.

La gente simplemente…dejó de estar.

Cuando terminamos nuestra misión, seguramente quedaron muchos menos.
No sabría decir cuántos.
Nunca lo supe con certeza.
Los números dejaron de cuadrar demasiado pronto, encontramos casas cerradas por dentro. Objetos personales intactos.

Lugares donde alguien se levantó de la mesa y no volvió.

Los informes hablaron de abandono.
De migración a la ciudad.
De oportunidades laborales.
Mentiras cómodas.

Siempre sospeché que hubo más secretos en Holloway de los que llegué a descubrir.
Demasiadas contradicciones.
Demasiado silencio.

A veces pienso que no fracasé por no haber actuado…sino por haberme ido creyendo que ya lo había visto todo.

Si alguien vuelve a Holloway algún día, que no confíe en el color azul del mapa.

Los pueblos pequeños no olvidan.

Solo aprenden a esconderse mejor.

Damián

Salimos temprano.
Demasiado temprano para mi gusto.

El coche avanza con ese zumbido constante que termina por meterse en la cabeza. Voy despierto, mirando la carretera como si pudiera saltar algo de entre los árboles en cualquier momento.

Cosa que podría pasarnos.

Tim va concentrado, demasiado.
Cuando se calla así es porque ya está pensando diez pasos por delante de todos.

No digo nada.

Si lo interrumpo, solo va a fingir que está en su mundo. Me cruzo de brazos y apoyo la cabeza en la ventanilla.

Tim

Las primeras horas de viaje siempre son las más engañosas.
Todo parece normal.

Carretera, música,conversaciones sueltas que no llegan a nada importante. Voy repasando el mapa mentalmente.

Distancias.
Paradas posibles, qué haríamos si algo sale mal.
Qué haría si alguien se pierde.

Miro por el retrovisor un segundo. Todos están ahí.
Eso es lo único que importa ahora.

Wally

Odio madrugar.
Lo odio con pasión.

Voy medio tirado en el asiento, con una sudadera que no es mía y sueño acumulado hasta en las pestañas.

Dick no va en este coche, así que no puedo ni molestarle para pasar el rato.
Tragedia absoluta.

-¿Cuánto falta?-pregunto por quinta vez.

-Horas-me responden Marcus.

Genial.

Aun así, miro por la ventana y dejo que el paisaje pase. Campos, carreteras vacías, cielo gris.

Jon

El coche se mueve y mi cuerpo lo nota antes que mi cabeza. Cada kilómetro me da una sensación rara en el pecho, como si algo se estuviera tensando poco a poco.

Intento distraerme contando postes de luz, siguiendo el ritmo de la carretera, escuchando voces humanas que me mantienen aquí. En el presente.

Pero hay momentos en los que cierro los ojos y veo agua.

Lagos.
S

ombras bajo la superficie.
Los vuelvo a abrir rápido.
No digo nada.
No hoy.

Conner

Conduzco la mayor parte del tiempo. Me ayuda a pensar…o a no hacerlo demasiado.

Tim va callado, pero no distante. Eso es bueno, prefiero eso a cuando se encierra del todo. Le miro de reojo unos segundos.

Jason

Viajar en coche durante horas saca lo peor de la gente.

Y a veces lo mejor.

Voy comiendo algo, revisando mentalmente el equipo, haciendo comentarios sarcásticos cuando el silencio se alarga demasiado.

Nadie me manda callar, así que sigo.

-Si el pueblo está abandonado de verdad, me decepcionaré-digo-
Demasiada gasolina para nada.

Miro hacia atrás un segundo.
Roy está tranquilo. Demasiado.
Eso me pone un poco nervioso.

Dice

Voy en el coche con Clark conduciendo, Lois de copiloto, y detrás vamos Sol, Nate y yo.

Y no, no estoy nada contento con la distribución de asientos.

-¿Por qué me habéis metido aquí? -protesto-Sabéis perfectamente que quiero ir con Wally-Clark no aparta la vista de la carretera.

-Quiero saber dónde está tu límite de tiempo-Frunzo el ceño.

-¿Qué?

-Con Wally-Resoplo.

-Pues ya te digo yo que en el siguiente tramo voy con él en el coche-Clark ladea la cabeza apenas.

-¿Y si no te dejo?-Me río, sin humor.

-¿Crees que me lo puedes impedir?

-Solo tendría que pedirle a Wally que te lo pidiera.

-Y yo puedo negarme.

-¿Crees que no está protegido sin ti?

-Sé que si yo estoy con él, estará seguro-Clark suspira, pesado.

-Veo que Acer te hizo más salvaje que un lobo-Me tenso al instante.

-Acer era peor que una bestia…-digo, con la voz más baja-
Pero creo que no hace falta que lo repita.

Lois gira un poco la cabeza hacia mí.

-Si te duele, puedes decirlo-dice con suavidad-Nos preocupamos por ti. Por eso estás aquí, Dick. Eres de la manada.

-Me lo imagino después de que Sol me metiera el hocico en la entrepierna.

-¡Es porque es una forma natural de recopilar información sobre una persona!-se defiende Sol, empezando a ponerse rojo.

-Ya, claro-Digo con burla

-¡Que sí!-insiste-Esa área contiene glándulas sudoríparas apocrinas que liberan feromonas y otros químicos que nos dan detalles sobre el estado emocional, la salud y...

-¿Le oliste la polla?-suelta Nate, sin filtro.

-¡Tú lo hiciste una vez conmigo y Conrad lo hace con Pamed!-salta Sol, indignado.

-A lo que iba-interviene Lois, cortando la discusión antes de que vaya a peor-Solo queremos que confíes en nosotros, incluso cuando Wally no está cerca.

Me quedo callado.

-No eres un arma-continúa-Nadie te va a prohibir que estés con la persona que quieres.

Trago saliva.

-No sé qué decir…

-Ni te forzaremos a que lo hagas -añade Clark, sin mirarme-Pero queríamos que lo supieras.

Apoyo la cabeza en el respaldo y cierro los ojos un momento.
No me gusta sentirme observado.
No me gusta sentirme analizado.

Tim

Reviso el diario de mi padre durante el trayecto.

No lo leo de forma ordenada.
Paso páginas, vuelvo atrás, me detengo en frases sueltas, en anotaciones al margen que parecen más pensamientos que informes. Palabras que no explican nada del todo.

Cuando hacemos la primera parada para comer, cierro el cuaderno con cuidado.

Un bar de carretera cualquiera.

De esos con mesas de plástico, olor a aceite y varias personas que no nos prestan demasiada atención. Entramos todos y nos repartimos frente a las máquinas automáticas.

Los pedidos salen a ritmos distintos.
Algunos se desesperan.
Otros se ríen.
Yo soy de los primeros.
Hamburguesa y patatas.

Salgo fuera, abro el coche y me siento en mi asiento. Apoyo la espalda, dejo las patatas sobre las piernas y empiezo a quitar el papel con movimientos automáticos, todavía con la cabeza en otro sitio.

Unos segundos después, Roy aparece.

No dice nada al principio.
Simplemente se sienta bastante cerca de mí, en el suelo, delante del coche. Coloca su comida sobre sus propias piernas y se apoya contra la puerta abierta.

-¿Estás bien?-pregunta.

-Sí-respondo-¿Por?-Roy me mira un momento.

-No sé…como no has esperado a nadie-Me quedo en silencio unos segundos.

Miro las patatas.
El papel.
Mis manos.

-Creo que deberías salir de tu cabeza-dice entonces, sin dureza.

-No puedo-suspiro-Es que no puedo dejar de pensar-Roy no responde de inmediato.

-¿Cómo duermes?-pregunta al final.

-A veces bien…otras mal-Asiente despacio.

-Escucha-dice, y coloca una mano en mi rodilla, firme, presente-
Eres joven....Y nadie sabe cómo llevar esto a la perfección-
Levanto la vista hacia él-Si te equivocas…si alguien muere… -continúa-no será tu culpa. Esta responsabilidad no es tuya, aunque la quieras hacer tuya.
Tú lo haces lo mejor que puedes.

Trago saliva.
No sé qué decir.
Roy aprieta un poco la mano, solo un segundo más, y luego la retira como si no quisiera invadir.

-Eso ya es más de lo que muchos harían-añade. Me quedo mirando la carretera un instante.
El ruido lejano de coches pasando.

La normalidad ajena.

-Gracias-murmuro. Roy se encoge de hombros.

-Come-dice-Pensar con hambre siempre sale mal.

-Roy…-digo después de unos minutos.

-¿Mmm?-responde, con la boca llena, sin dejar de mirar el móvil como si nada importante estuviera pasando.

-Gracias por cuidar de mí.

Roy se queda quieto.
Solo un segundo.
Pero lo suficiente para notarlo.
Baja el móvil despacio y mastica en silencio antes de tragar. No me mira de inmediato, se pasa la lengua por el labio, incómodo, como si no supiera muy bien qué hacer con esas palabras.

-No hagas eso-dice al final.

-¿El qué?

-Decírmelo así-responde, encogiéndose un poco de hombros-Suena a qué vas a morir

-No era mi intención.

-Más te vale-murmura. Se gira por fin hacia mí-Además-añade- no te cuido porque seas especial o porque mandes. Te cuido porque…-se detiene, buscando las palabras- porque alguien debería haberlo hecho conmigo y no pasó.
Y porque creeme...-continúa, volviendo a coger una patata-si te caes tú, nos caemos todos. Así que no me des las gracias...Cuidate.

-Vale-respondo, bajito.

-Tim-dice en serio, cuídate.
De verdad. Si la cabeza no está bien…el resto del cuerpo tampoco lo va a estar.

-Lo intento-digo.

-Ya lo sé-responde-Por eso te lo recuerdo.

Dormí con muchos cuerpos, pero ninguno se quedó a cuidar el mío cuando temblaba.

Benji

Mientras esperamos la comida, me aburro.

Y cuando me aburro, pasan dos cosas:
o digo una tontería…
o digo muchas.

Miro a Mike y Jon, que están sentados cerca, y sonrío. Marcus también está relativamente cerca, apoyado contra una pared, fingiendo que no existe nada a su alrededor.

Perfecto.

-Vale-digo-vamos a jugar al veo, veo.

Mike me mira como si acabara de insultar a su linaje.

-No.

-Veo, veo-ignoro completamente su comentario.

-¿Qué ves?-Dice Jon.

-Una cosita…-Marcus resopla desde atrás.

-Puta vida.

-Una cosita que empieza por la letra M-continúo, encantado.
Jon frunce el ceño, pensativo.

-¿Mesa?

-No.

-¿Máquina?-dice Mike, señalando las expendedoras.

-Más caliente-Marcus levanta la vista.

-No.

-¿Marcus?-prueba Jon, mirándolo de reojo.

-Ni de coña me veo como un objeto-responde él.

-No era tú…bueno, no del todo -digo rápido.

Mike se ríe por lo bajo.

-¿Mandil?-insiste Jon.

-No.

-¿Mi paciencia?-añade Marcus.

-Eso empieza por P-le contesto- pero se te está acabando igual-Marcus me fulmina con la mirada.

Jon mira alrededor exageradamente.

-¿Menú?

-¡Bingo!-digo, dando una palmada-¡Premio para el chico listo!-Mike niega con la cabeza.

Antes de que pueda empezar la siguiente ronda, el caos habitual decide reorganizarse solo.

Damián va, sin avisar a nadie, y se sienta encima de las piernas de Jon, como si fuera el sitio más lógico del mundo. Jon apenas protesta; de hecho, acomoda los brazos alrededor de su cintura con toda la naturalidad del universo.

-¿Van a tardar dos horas en sacar la comida o qué?-dice Damián.

-Dos horas y media si sigues presionando-responde Jon, tranquilo.

Yo los miro con una ceja levantada.

-Esto es un atentado contra la ergonomía-comento-Y contra mi concentración.

Un poco más lejos, Dick y Wally, que estaban dándose mimitos con cero pudor y cien tranquilidad, se dan cuenta de que hay movimiento interesante y se acercan.

-¿Qué se cuece?-pregunta Wally, apoyándose en Dick.

-Drama gratuito-respondo-Y posiblemente un juego.

-¿¡Juego!?-dice Wally al instante-Me apunto-Dick suspira, pero sonríe.

-Vale-dice Jon de pronto-
Empiezo yo.

Damián se acomoda mejor encima de él, claramente decidido a no moverse en un buen rato.

-Veo, veo-dice Jon.

-¿Qué ves?-respondemos varios a la vez.

-Una cosita…-continúa-que empieza por la letra D.

-¿Damián?-dice Wally, sin pensarlo mucho.

-No.

-¿Drama?-propone Dick.

-Siempre-contesto-pero no.
Jon sonríe.

-¿Desesperación?-dice Wally-
Porque llevo hambre acumulada.

-Eso empieza por H-Dice Damián mientras resopla.

-¿Dónde está la comida?-Digo

-¡Bingo!-dice Jon

Todos protestamos a la vez.

-¡Eso no vale!

-¡Eso es sabotaje psicológico!

-¡Tengo hambre!-Dice Dick

Jon se ríe y apoya la frente un segundo en el hombro de Damián.

-La respuesta era desorden-dice-
Porque esto es un desastre.

Miro alrededor: gente sentada por el suelo, otros medio tumbados, parejas pegadas como si no existiera el espacio personal, y Marcus observándonos desde lejos con cara de arrepentimiento vital.

Jason

Después de veinte minutos esperando comida que parecía no llegar y yo a punto de irme dice mi número y me acerco para coger la bolsa y después salir en dirección al coche.

Plan perfecto: comer tranquilo y ponerme alguna serie en el móvil.
Abro la puerta.
Me siento.
Levanto la vista.
Y ahí está.

Mi castigo con patas.

Roy esta comiendo tan tranquilo, con su móvil colocado en el imán que YO puse, viendo algo como si fuera su salón.

Me quedo mirándolo unos segundos, en silencio.

-¿En serio?-digo al final.
Roy ni siquiera me mira.

-Shhhh-responde-Esta parte es importante.

-Ese es mi imán.

-Nuestro imán-corrige, masticando-Desde que decidiste compartir coche.

-No compartí coche-gruño-
Tú te subiste.

-Detalles administrativos.

Me siento de mala gana en el asiento, abro mi comida y lo miro mal.

-¿No podías irte a otro coche?

-Claro que podía-dice-Pero no.

-Tengo tanto odio.

-Eso explicaría por qué siempre estás tan tenso-responde sin inmutarse.

Le doy un mordisco a la hamburguesa.

-Juro que si sobrevivo a esta misión-murmuro-te voy a hacer pagar cada segundo-Roy sonríe y levanta una patata a modo de brindis.

-Me encanta cuando amenazas cosas que luego no cumples.

Pongo mi serie, y subo el volumen, Roy sube el suyo también.
Lo odio.
Mucho

Tim

Vuelvo a abrir el diario de mi padre.

Paso páginas despacio, como si pudiera encontrar algo nuevo solo por insistir. A veces no leo frases enteras, solo palabras sueltas que me llaman la atención. Otras veces releo lo mismo una y otra vez, como si el significado fuera a cambiar.

No me doy cuenta de cuándo Conner entra, solo noto su presencia cuando escucho el envoltorio de la comida y el olor cercano.

Levanto la vista, un poco sobresaltado.

-¿Cuánto llevas aquí?

-Un rato-responde, encogiéndose de hombros mientras da otro mordisco.

-Oh…lo siento.

-No pasa nada.

Cierro el diario un momento, apoyándolo sobre mis piernas.

-¿Por qué lo relees tanto-pregunta. Me quedo pensando.

-No sé…-admito-Es mi padre. Siempre puede haber algo más.
Y más sabiendo que llegaría a nuestras manos-Conner asiente despacio.

-Pistas-dice.

-Sí-respondo-O advertencias que aún no sabemos leer.

Vuelvo a abrir el diario, pero esta vez no me sumerjo del todo. Conner sigue ahí, comiendo tranquilo, acompañándome sin pedir explicaciones.

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