26
—No soy el que fui…pero aún no sé quién quiero ser—
Tim
Lo que al principio iban a ser dos días se convierten en tres.
El clima no ayuda en absoluto.
La lluvia cae con constancia, pesada, y la carretera empieza a volverse traicionera demasiado pronto. Clark decide no forzarla y terminamos aparcando en uno de esos hoteles de paso antes de lo previsto.
Nadie protesta demasiado.
Estamos cansados.
Y todos sabemos que llegar un poco más tarde es mejor que no llegar.
La mañana siguiente no mejora.
El cielo sigue gris, el asfalto empapado, el viento empuja el coche incluso parado. No nos atrevemos a conducir así.
No vale la pena el riesgo.
Esperamos.
Por la tarde, después de comer, el tiempo afloja lo justo. No es bueno, pero es suficiente. Y con eso nos basta.
Salimos.
No paramos salvo para lo imprescindible: echar gasolina,
mear en baños dudosos,
comer comida basura,
preguntarnos unos a otros si estamos bien…aunque sepamos que la respuesta real siempre es más o menos.
Las horas se estiran.
El paisaje cambia despacio.
-Se te va a salir el corazón-dice Conner sin apartar la vista de la carretera-Deja de pensar-Lo miro de reojo.
-¿Y en qué pienso?
-En mí-Abro la boca para responder, pero no me da tiempo.
-No empecéis, por favor-dice mi hermano desde atrás, cansado-
No tengo energía para vuestras cosas.
-Estamos hablando los adultos -responde Conner.
-Nosotros somos adultos-replica Jon al instante.
Conner gira un poco la cabeza, lo justo para fulminarlo con la mirada.
-Cállate, traidor.
-¿Traidor por qué?-protesta Jon.
-Porque siempre te pones de su parte.
-Porque es mi compañero-Mi hermano suspira tan fuerte que parece que se le va a desinflar el pecho.
-Juro que cuando lleguemos a Holloway-murmura-Me pienso perder en el bosque.
El silencio se instala en el coche durante unos segundos.
De esos que no son incómodos… pero sí peligrosos, porque mi cabeza empieza a acelerar otra vez.
-Vamos a jugar a las preguntas-
dice Conner de pronto.
Levanto una ceja.
-¿Que clase de preguntas?
-Preguntas tontas-añade-
Regla número uno: nada serio.
-Me arrepiento de no haberme dormido más-Dice Damián
-Empiezo yo-dice Conner-Tim, ¿pizza con piña sí o no?
-No-respondo sin pensar-
Crimen culinario.
-Correcto-asiente-Un punto para la cordura. Siguiente: ¿qué superpoder inútil querrías?
-Saber siempre dónde están mis llaves-Responde Damián
-Eso no es inútil-dice Jon-Eso es dios nivel adulto.
-Vale-interviene mi hermano-
Si tenemos que quedarnos atrapados en Holloway una semana…¿quién sería el primero en perder la cabeza?
-Tú-dice Jon sin dudar.
-Jon-dice Conner-silencio.
-Conner-replica Jon-hipócrita.
-Yo digo que Benji-añado.
-Falso-dice Conner-Benji sobreviviría por pura energía.
-En un ranking del uno al cinco, del más guapo al más feo, ¿dónde pondrías a cada quien?-pregunta Jon de pronto, con esa sonrisa que ya anuncia caos.
-Si no me pones a mí en tu top uno, lloro-dice Conner sin ningún pudor.
-No, pero nosotros no contamos -digo rápido-Solo vale gente que no va en este coche.
-Cobarde-murmura Conner.
-Empiezo yo-dice Jon, acomodándose en el asiento-
Top cinco general, sin llorar.
-Vale, empiezo-Dice Jon-
Lena “No discuto, es injustamente guapa.”-Mira a mí hermano-Pero no más que tú.
-Siguiente-Dice mi hermano
-Roy “Tiene cara de problemas.”
-¿Qué significa eso?-Dice Conner
-problemas-que-gustan. Siguiente Rhea “peligrosa.” Jason “no sé, me gusta, simplemente tiene ese aura de yo mato a los matones”
Marcus “Serio y sarcastico” y encima no lo es en plan imbécil.
-Nada mal-dice Damián.
-Mi turno-dice Conne-Tim es...
-¡He dicho que no contamos!-
protesto.
-Vale, vale-resopla-quitando a Tim: Lena “Es estadísticamente perfecta.” Mike “Lo admito, esta muy bien y es listo” Roy “Me gusta su estilo.” Thomas “Molesto, pero funciona.” Artemis “Esta infravalorado.”
-Sorprendentemente razonable -dice Damián.
-Me duele admitirlo-añade Jon.
-Te toca-Le.digo a Damián
-Lys “Es listo y guapo” Lena “Me encanta su sinceridad” Roy “Me gusta lo seguro de sí mismo.”
Caled “Me gusta su personalidad”
Vanya “Es un caos atractivo.”
-Una pelirroja de ojos verdes siempre va a ser un caos atractivo-Dice Conner.
¿Me puedo poner celoso?-
pregunta Jon.
-No, cállate.
-Te toca-Me dice Conner y yo lo pienso unos segundos
-Wally...
-¿¡Qué!?-Dice Conner
-“un pelirrojo de ojos verdes siempre va a ser un caos atractivo”
-La próxima vez me voy a cortar la lengua.
-Conrad “Tiene presencia.”
-Roy “Desgraciadamente guapo.”
-Odio a los pelirrojos-Gimotea
Conner
-Dick “Me gusta su locura” y Joel “Clásico golden retriever”
-Me gusta cómo todos coincidimos en Roy-dice Jon.
-No le digáis nada-dice Conner-Se le va a subir a la cabeza.
—El miedo se aprende tu nombre antes de que tú sepas el suyo—
Wally
Cuando llegamos al pueblo, lo primero que noto es el silencio.
No el silencio cómodo del bosque, ni el de una carretera vacía.
Ese que es distinto.
Como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo y se hubiera olvidado de volver a subirlo.
No hay ni un alma.
Solo se escuchan los pájaros, algún aleteo lejano, y nuestros pasos resonando demasiado fuerte sobre el asfalto agrietado.
Las casas nos observan desde ambos lados de la calle: algúns ventanas rotas y sucias, puertas deadera de la gordas, fachadas comidas por el tiempo.
Se nota que llevan años abandonadas.
Avanzamos despacio, casi con cuidado de no molestar al lugar, hasta llegar a la plaza. Un espacio abierto, con una fuente seca en el centro y bancos de madera carcomidos. Las hojas se acumulan en las esquinas como si nadie las hubiera tocado en décadas.
Tim se detiene y alza un poco la cabeza.
-¿Escucháis algo?
Nos quedamos quietos.
Aguanto la respiración sin darme cuenta, esperando…no sé qué.
Un crujido.
Un paso.
Una señal.
Clark es el primero en responder.
-Solo… la naturaleza.
No sé por qué, pero ese “nada más” me pone la piel de gallina.
Tim
Nos movemos hacia una de las mesas de la plaza....Está sorprendentemente limpia para el estado del resto del pueblo.
La madera está gastada, sí, pero no cubierta de polvo ni de hojas. Supongo que la lluvia ha hecho su trabajo durante años, llevándose lo que el abandono dejó atrás.
Apoyo las manos en la superficie y saco el mapa. El papel cruje al desplegarse. Ese sonido parece demasiado fuerte en un sitio tan callado.
Clark se acerca y, sin rodeos, empieza a dividirnos en grupos.
Su voz es clara. Nos señala calles concretas, zonas que cubrir, puntos a los que volver si algo no cuadra.
Nada improvisado.
Nada heroico.
-Si entráis en casas-dice-intentad no romper puertas. Si alguien vivió aquí, merece al menos eso.
Asentimos todos.
-Thomas, Nate, Artemis, Sol y Lois -continúa Clark-Vosotros vais al lago.
Levanto la vista un segundo.
El lago está a unos kilómetros del pueblo, según el mapa. Lo bastante lejos como para que no sea casual. Lo bastante cerca como para estar conectado a todo.
El grupo asiente sin discutir.
Se preparan, revisan equipo y se ponen en marcha. Los veo alejarse por la calle principal hasta que sus siluetas se pierden entre casas vacías.
Pamed
Caleb fuerza la puerta con una ganzúa con una facilidad que me pone los pelos de punta. El clic suena demasiado alto en medio del silencio del pueblo.
Entramos detrás de él: Conrad, Marcus y yo.
El aire dentro está cargado de polvo. Huele a cerrado, a tiempo detenido. Los muebles están cubiertos con sábanas blanquecinas que cuelgan como fantasmas cansados. Cada paso levanta una nube fina que se pega a la garganta.
-Qué mal rollo-murmuro, avanzando hacia la cocina.
Los armarios siguen cerrados. Los abro uno a uno. Platos colocados con cuidado. Ollas limpias.
Nada roto.
Nada saqueado.
-¿Cómo alguien puede tener tantas tacitas guardadas en un armario?-se queja Conrad desde el salón.
Seguimos revisando la planta de abajo durante unos minutos.
Abrimos y cerramos armarios en el salón, en la cocina, en una pequeña sala de estar.
Todo está demasiado ordenado para un abandono violento…pero demasiado vacío para una despedida tranquila.
Al final decidimos subir.
La escalera cruje bajo nuestros pies.
Arriba entramos en una habitación pequeña. No hace falta mucho para saber que perteneció a una niña. Lo dicen las muñecas alineadas en estanterías, algunas sentadas, otras caídas. Peluches sin nombre. Dibujos pegados torcidos en la pared.
-Parece que la gente se fue corriendo-dice Conrad en voz baja.
-Sí…-respondo.
Abro el armario.
Vacío.
Demasiado vacío.
Me giro hacia el escritorio. Los cajones están cerrados. Abro uno y ahí están: Dibujos.
Papeles infantiles, amarillentos por el tiempo. Una familia dibujada con ceras: un adulto grande, otro más pequeño, una niña en medio. Todos sonríen.
Un sol enorme arriba, una casa al fondo.
Me quedo mirándolos más de lo necesario.
No hay nombres.
No hay fechas.
Solo la prueba de que aquí hubo alguien que no pensaba irse.
Trago saliva.
Wally
Dick y yo entramos por una ventana del desván que, con toda seguridad, se abrió sola hace años. El cristal está roto, el marco torcido y la madera tan reseca que cruje solo con mirarla.
-Genial-murmuro-Lugar acogedor, cero asesinatos garantizados.
Dick entra primero, con cuidado. Yo voy detrás, mirando cada rincón como si las sombras pudieran saltarme a la cara.
Avanzamos un par de pasos.
Silencio.
Demasiado silencio.
Y entonces....
FLAP FLAP FLAP
Una paloma sale disparada de una viga justo encima de nosotros, batiendo las alas como si estuviera poseída.
-¡LA MADRE QUE....!
No pienso.
No reacciono.
Me escondo directamente detrás de Dick, pegándome a su espalda como si fuera un escudo humano certificado.
-¡Es una paloma!-dice él, intentando no reírse.
-¡NO SABES ESO!-susurro-¡Podría ser una paloma mutante!
-Wally…
-Dick, no subestimes a las aves.
La paloma sigue revoloteando, chocando contra una pared antes de encontrar la salida por la misma ventana.
Silencio otra vez.
Me asomo lentamente desde detrás de Dick.
-¿Ya se ha ido?
-Sí.
-¿Seguro?
-Cien por cien.
Suelto su chaqueta y carraspeo, intentando recuperar dignidad.
-Solo estaba comprobando tu capacidad de reacción-digo-
Prueba superada-Dick se gira, con esa sonrisa suya que no promete nada bueno.
-Claro-responde-Tu valentía me ha inspirado profundamente.
-Cállate o te empujo por la ventana-le advierto.
Seguimos avanzando por el desván, yo un poco más cerca de él de lo estrictamente necesario.
Por seguridad.
Obviamente.
Wally
Bajamos del desván después de abrir un par de cajas más.
Solo hay juegos antiguos, piezas que ya no encajan y cintas de música de esas de dos bobinas. Nada raro.
Nada útil.
La casa huele a humedad.
A abandono de verdad.
Recorremos las habitaciones una a una: el salón, la cocina, un baño estrecho. Todo vacío. Todo normal dentro de lo que cabe… hasta que entramos en una habitación pequeña.
Es la de un niño.
Hay una cama baja, juguetes olvidados y un escritorio lleno de marcas de lápiz. Abro uno de los cajones y encuentro un cuaderno.
En la portada pone, con letra infantil:
“Diario de Konan”
Me quedo quieto un segundo.
-Perdón-murmuro en voz baja,
Dick me mira, alzando una ceja.
-¿Te estás disculpando con un cuaderno?
-Con su dueño-respondo.
Empiezo a leer por encima, sin querer profundizar demasiado. La letra es irregular, apretada a veces. Konan debía de tener unos once años. Habla de cosas normales, de aburrirse, de que el pueblo es pequeño.
De que quiere ir al lago.
Paso páginas rápido.
No hay fechas.
Y entonces, de pronto, leo:
Hoy fui al lago aunque mamá me dijo que no fuera.
Vi algo grande entre los árboles.
No era un oso.
Me miró.
Todos en el pueblo hablan de las bestias.
Dicen que salen de noche.
Yo las vi de día.
Se parecían al perro grande del vecino, pero eran mucho más grandes.
Paso la página.
La gente está asustada.
Papá dice que no pasa nada, pero miente.
Hoy dijeron que alguien ya no está con nosotros.
Las palabras son torpes, pero el miedo es claro.
Paso otra hoja.
Han llegado personas raras.
No parecen viajeros.
Mamá dice que no vaya más al lago.
Fui igual.
Vi a la gente rara acampando cerca del agua.
No parecían malos.
Pero no parecían normales.
Cierro el cuaderno despacio.
Miro a Dick.
-¿Crees que…-empiezo-que podría ser el padre de Tim? ¿Y la gente con la que iba?-Dick asiente.
-Seguramente
-Antes de seguir leyendo esto-dice Dick-deberíamos decírselo a los demás.
Tim
Cuando Wally manda el mensaje al grupo y después empieza a explicar lo que han encontrado, nadie dice nada durante unos segundos.
No hace falta.
Wally se acerca y me da el cuaderno. El diario.
Lo cojo pero no lo abro.
El peso es distinto cuando sabes que dentro hay miedo escrito por un niño.
-Si este niño escribió lo que pasó hace años-dice Clark al cabo de un momento-quizá más gente lo haya hecho-Los mira a todos, uno por uno-Centraos más en los dormitorios-continúo-Levantad los colchones. Mirad cajones, cajas, dobles fondos.
-Y no busquéis solo cosas grandes -añado yo-Buscad en lo pequeño, en lo personal.
Clark mira a Conner y a Damián.
-Quedaos con él.
Conner asiente al instante, y Damián se cruza de brazos, serio, pero no se mueve.
El grupo empieza a dispersarse de nuevo entre las casas vacías, yo me quedo allí, con el diario en las manos...Aún cerrado.
Porque sé que, cuando lo abra,
Holloway va a dejar de ser un pueblo abandonado y va a convertirse en una historia que alguien intentó contar…antes de que fuera demasiado tarde.
Roy
Jason y yo entramos en una de las casas más alejadas de la plaza.
La puerta estaba sin cerrar, como si alguien hubiera salido pensando volver en unos minutos…y nunca lo hizo.
Dentro huele a polvo y a madera vieja, el silencio es tan espeso que casi molesta. Revisamos primero la planta baja sin decir mucho: cocina, salón, un recibidor estrecho.
Después subo las escaleras y entro en lo que claramente fue una habitación de matrimonio...La cama sigue hecha, dos almohadas, un armario grande, y vacío, una cómoda con el espejo manchado por el tiempo.
Me quedo mirando un segundo más de la cuenta.
-¿Crees que alguna de las familias de aquí serían lobos?-pregunto al final, sin mirar a Jason-Y que huyeran porque sabían lo que se venía-Jason se apoya en el marco de la puerta, escaneando la habitación.
-No te creas-responde-Algunos se camuflan muy bien... incluso entre los suyos-Lo miro entonces.
-Quozas aquí vivía gente que sabía demasiado y por eso les dió tiempo a irse sin prisas-Jason se encoge de hombros.
-Creo que aquí vivía gente que intuyó algo-dice-Y cuando no tienes pruebas, solo instinto, decides si corres o te quedas...Y no siempre pierden por quedarse.
A veces pierden porque nadie les creyó.
Seguimos revisando la habitación, levanto el colchón, Jason abre un cajón falso en la cómoda.
Nada.
Jon
Tengo la sensación constante de que debería ir hacia el lago.
No es una idea clara, ni una voz, ni una imagen concreta, es más bien un tirón...Algo que me llama desde dentro, como si mi cuerpo supiera el camino aunque yo no quiera seguirlo.
Me resisto, porque sé que si voy… algo va a pasar, y temo a la noche, tengo miedo dormir.
Cada vez que entro en una casa siento que ya he estado allí antes, no exactamente así, no con estos muros ni estos muebles, pero la sensación es la misma, como un recuerdo que no es mío del todo, como si el lugar me reconociera.
Intento convencerme de que solo son fantasmas del pasado.
Espero que sea solo eso.
Papá se me acerca en uno de los descansos, me mira con atención, demasiado como para que pueda hacerme el loco.
-¿Estás bien?-Asiento enseguida.
-Sí-No le sostengo la mirada mucho tiempo, pero tampoco la evito del todo.
Lo justo para que suene creíble.
Clark
Sé que mi hijo me oculta algo, no necesito que me lo diga, no necesito pruebas.
Es mi hijo y lo conozco.
Su olor cambia cuando está inquieto, apenas un matiz distinto, algo que no sabría explicar con palabras humanas, su corazón se acelera a ratos, sin motivo aparente, no cuando hay peligro real, no cuando alguien grita o se mueve rápido.
No.
Es distinto.
Más interno.
Más profundo.
Como ahora.
Camina recto, atento, hace lo que tiene que hacer, responde “sí” cuando le pregunto si está bien, no titubea, no baja la cabeza.
Pero no me mira como siempre.
Jon siempre ha sido transparente conmigo, incluso cuando no quería serlo, por eso esto me inquieta....Como si supiera algo que aún no ha pasado, como si algo lo estuviera llamando y él estuviera usando todas sus fuerzas para no responder.
No lo presiono.
Aprendí hace tiempo que forzar la verdad solo hace que se esconda mejor.
Tim
Leo el diario de Konan una vez más, se nota que es alguien joven, la letra cambia según el ánimo, a veces más grande, a veces apretada como si tuviera miedo de ocupar demasiado espacio. Las frases son simples, no hay análisis, no hay conclusiones, solo lo que ve, y lo que siente.
Y no se le puede sacar mucho más, eso es lo que más me frustra, lo releo por segunda vez, intento buscar patrones, repeticiones, algo que se me esté escapando....Pero nada. Me ralla la cabeza hasta el punto de que no quiero leerlo una tercera vez.
Siento que si lo hago solo voy a empezar a imaginar cosas que no están escritas, tiene que haber más gente que supiera lo que pasaba, alguien más tuvo que darse cuenta, alguien tuvo que dejar constancia.
La policía tuvo que ir si el pueblo estaba asustado, si hablaban de gente rara acampando en el lago…alguien tuvo que hacer una llamada. Levantar un informe.
Preguntar nombres.
No puede haber sido solo un niño escribiendo en un cuaderno.
-Espero que a Konan no le pasara nada-dice mi hermano.
Levanto la vista, está jugando con el diario entre las manos, moviéndolo con cuidado, como si fuera frágil, no responde nadie durante unos segundos.
Vuelvo a mirar las páginas,.Konan también habla de su miedo.
Quiero que mamá y papá se vayan del pueblo.
Aquí ya no es seguro.
Paso otra hoja.
Los padres ya no nos dejan salir al parque.
Solo podemos jugar en los jardines.
Miro a Damián.
-Si en la comisaría no encuentran nada…-empiezo, y me quedo unos segundos en silencio, ordenando lo que realmente quiero decir-…es que también me creo que se llevaron muchas evidencias de lo que pudo pasar aquí-Damián se apoya en el coche.
-Todos cometemos errores-dice.
Suspiro y, casi sin pensarlo, miro a Conner unos segundos, está apoyado cerca, en silencio, escuchando atentamente.
-¿Tú qué piensas?-Se queda quieto un instante...Desde luego no esperaba que le preguntara directamente.
-Yo opino igual que tu hermano-dice al final-Nadie puede ocultar todas sus huellas, y mucho menos si dejó un rastro de sangre tan grande.
La frase se queda suspendida entre nosotros. Rastro de sangre. No sabemos si lo hubo…pero el miedo del pueblo suena a eso, a algo que dejó marca, a algo que no desaparece solo porque vacíes un lugar.
-Entonces buscamos el error -murmuro.
Como ya estaba claro, la comisaría estaba cerrada, y no cerrada con abandono normal...Las ventanas tapiadas por dentro, la puerta principal reforzada, un candado demasiado nuevo para el resto del edificio.
-Cantoso...-murmura Jason, y yo siento.
Decidimos que sea él quien fuerce la puerta, no queremos romperla si no hace falta, Jason trabaja como si fuera un cerrajero profesional, sin hacer ruido innecesario. Roy, apoyado cerca, observa y después decide molestarlo.
-Eres sorprendentemente elegante cuando no estás gruñendo-le suelta, Jason ni lo mira.
-Sigue halagándome y te cobro-La cerradura cede con un clic seco.
Cuando entramos el interior está cubierto de polvo, pero menos que las casas, se nota que alguien vino aquí después, los escritorios están vacíos, los archivadores abiertos, no hay papeles, no hay expedientes, nada físico que explique nada. Demasiado limpio. De antemano ya habíamos llamado a Dick, si hay algo digital que recuperar, él es quien puede hacerlo.
Estoy seguro de que Acer le enseño ha hacerlo.
Conecta su portátil al ordenador principal del despacho, la pantalla tarda unos segundos en encenderse y enseguida empieza a pedir contraseñas, accesos, claves que claramente no están ahí para facilitar nada.
Dick sonríe.
-Vale.
Empieza a teclear rápido como un rayo, el portátil muestra ventanas que no entiendo, líneas de código, rutas, cosas que parecen otro idioma. Agradezco que sea Wally quien pregunte.
-¿Qué estás haciendo exactamente?
-Dick no deja de escribir-Estoy accediendo a los sectores que no se borran con un formateo básico
-explica-Cuando alguien elimina archivos, no desaparecen, solo se marca el espacio como reutilizable.
Varios nos quedamos en silencio.
-Así que-continúa-si no sobrescribieron el disco completo varias veces, debería poder recuperar fragmentos
-Está leyendo la memoria residual -dice Jason, Dick señala la pantalla.
-Exacto...Y si alguien intentó borrar informes lo más probable es que aún estén aquí, en pedazos-Las líneas siguen moviéndose, no entiendo nada de lo que hace, pero entiendo lo suficiente. .
Y cuando Dick se inclina un poco hacia delante, concentrado, y la pantalla muestra algo que parece una lista de archivos recuperados parcialmente…El silencio se hace mucho más denso.
Porque si aquí hubo algo que borrar,
vamos a encontrarlo.
-Bien…empecemos la descarga-dice Dick.
Las barras de progreso empiezan a avanzar en la pantalla, lentas pero constantes, archivos fragmentados, nombres, fechas, escucho pasos detrás de mí, y me giro.
Conner y Roy bajan las escaleras sin nada en las manos.
-Arriba no hay nada-dice Conner-Y eso que hemos movido todos los muebles, Roy asiente.
-Ni un papel, ni una caja olvidada, nada.
-Hicieron una buena limpieza-añade Wally, cruzándose de brazos.
-Pero fueron lo suficientemente idiotas como para dejarse aquí el ordenador-dice Dick sin apartar la vista de la pantalla.
Jason se apoya contra una mesa, mirando el portátil como si estuviera siguiendo cada línea.
-No todos entienden cómo funciona eso-murmura.
-Todos cometen errores-escucho decir a mi hermano.
Aparecen carpetas con nombres incompletos. “INC__E LAGO”. “INFOR__ DESAP”. “REPOR__ 19__”.
Mi pulso se acelera sin que pueda evitarlo, Dick empieza a abrir los fragmentos recuperados, muchos están corruptos, otros solo muestran líneas sueltas.
Pero en uno aparece algo más claro.
Denuncia colectiva—vecinos Holloway. Me inclino un poco hacia delante.
-Joder...-murmuro-pensé que fuera tan fácil....
-Son policías de un pueblo perdido de la mano de Dios-Dice Dick.
Mientras Dick termina de pasar todos los archivos a su portátil, salgo fuera, el aire es más frío de lo que debería a esa hora, mando un audio al grupo, explicando dónde estamos, lo que hemos encontrado, que parece que la comisaría sí tiene algo que decir después de todo.
Cuando termino, suspiro y me siento en los escalones de la entrada, la madera cruje bajo mi peso, a los pocos segundos, la puerta se abre, y Wally sale, para sentarse a mi lado sin decir nada al principio. Solo se deja caer, apoyando los codos en las rodillas.
-Nunca podré agradecerte todo lo que estás haciendo-le digo, Wally gira la cabeza hacia mí.
-Yo no estoy haciendo nada.
-Bueno, eso es lo que tú dices respondo-pero has dejado atrás a tu familia para meterte de lleno en esta maravillosa aventura…que incluye a alguien que en el pasado te hizo…
-Vale, vale-me interrumpe-lo pillo.
Sonrío apenas.
-Valora lo que haces-Wally se queda mirándome un momento.
-¿Tú lo haces?-Me quedo en silencio unos segundos.
-A ratos-Wally asiente.
-Pues ya sabes lo que tienes que hacer
Tim
Nos reunimos todos en la comisaría.
Uno a uno van llegando los grupos desde las casas, algunos con las manos vacías, otros con la misma expresión: nada. Cuando confirmamos que estamos todos, nos movemos hacia los coches.
Nadie habla demasiado.
Una vez en el coche, con Damián a mi lado, veo cómo los demás empiezan a montar un pequeño campamento improvisado cerca. Lo justo para descansar, comer algo y analizar lo que tenemos.
Saco el portátil.
Le paso un auricular.
-También hay vídeos-le digo.
Damián lo coge sin decir nada y se lo coloca. Empiezo a reproducir, lo primero que aparece son denuncias.
Muchas.
Demasiadas para ser coincidencia.
-Niños que dicen ver animales más grandes que un oso-murmuro mientras avanzo entre archivos.
Las grabaciones son antiguas. Algunas de voz, otras escritas y digitalizadas. Pero el patrón es claro. Al principio…no se les hace caso.
Nunca se les hace caso a los niños.
A pesar de que hay más de veintitrés que llegan a sus casas llorando, diciendo que hay monstruos en el bosque.
Abro uno de los registros.
> “Mi hijo asegura haber visto algo de gran tamaño cerca del lago. No es un oso. Dice que lo miró y que tenía ojos…humanos.”
Paso al siguiente.
> “Mi hija no quiere salir al jardín. Dice que hay ‘perros enormes’ entre los árboles.”
Otro más.
> “Grupo de menores en bici afirma haber visto varias figuras desplazándose en manada. No se acercaron, pero describen tamaños que no eran ni de lobo, perro o oso.”
Sigo.
> “Los niños coinciden en que las criaturas también se mueven por el pueblo.”
Al pasar son audios de padres, que no parecen contentos, y a un policía diciendo que los niños pueden estar simplemente asustados por los perros de la zona.
Porque es más fácil pensar que tu niño imagina cosas que aceptar que algo está realmente ahí fuera.
Miro de reojo a Damián.
-¿Crees que los polis sabían lo que ellos eran?
-No lo sé. Es como si nadie quisiera creerlo.
El siguiente audio cambia el tono.
La voz es distinta; Más firme, y más profesional.
Un hombre.
Probablemente policía.
> “Se han encontrado huellas de gran tamaño en la zona arenosa cercana al bosque. Aun así, podrían coincidir con las de perros grandes. Perros mezclados con lobos sería lo más probable.”
Damián no dice nada a mi lado, pero sé que está escuchando cada palabra.
> “Se organizará un grupo de cazadores esta tarde para asegurar que no se trate de lobos.”
Avanzo al siguiente archivo.
El informe.
> “Salida realizada sin incidencias.”
“Se localizan huellas en varios puntos.” “No se detecta peligro inmediato.” “Se observa un grupo de personas paseando en las inmediaciones del lago.”
Frunzo el ceño.
-¿Personas paseando?-murmuro.
Eso no encaja.
No con el miedo.
No con los niños llorando.
No con las huellas.
El informe continúa.
> “No se confirma presencia de animales salvajes fuera de lo común.”
-Podrian ser ellos los lobos.
-O turistas
-O nuestros padres.
Sigo avanzando, y los archivos empiezan a volverse más densos, más fragmentados y más inquietantes.
Hasta que aparece una fecha.
Un mes después de las primeras denuncias.
Abro el archivo.
> “Hallazgo de cuerpo en el lago.”
Leo más despacio.
> “Mujer, aproximadamente veintiocho años.”
“Encontrada flotando.”
“Sin ropa.”
Aprieto la mandíbula.
Sigo.
> “Presenta marcas en múltiples zonas del cuerpo.”
No especifica.
No detalla.
Pero no hace falta.
Damián inclina un poco la cabeza hacia la pantalla.
-Ella podría ser una licántropa-dice.
Paso al siguiente archivo.
Diez días después.
Otro cuerpo.
> “Varón.”
“Causa de muerte: asfixia.”
No hay más.
Ni contexto.
Ni testigos.
Ni explicación.
Solo el dato.
Respiro hondo.
Sigo avanzando.
Los informes empiezan a volverse cada vez más erráticos, más incompletos, algunos solo tienen líneas sueltas.
-¿Pero qué es esta mierda?-dice mi hermano de golpe-En varios informes pone que hay mordiscos… -continúa, señalando la pantalla-
nadie se replantea que de verdad haya lobos o algo peor. No mandan más patrullas. ¡Por dios, que hubo un descuartizamiento!
Paso atrás en los archivos. Releo fragmentos que antes parecían inconexos.
> “Marcas compatibles con dentadura…Tejido desgarrado…
Daños irregulares…”.
Reformulado.
Nunca dicen “ataque”.
Nunca dicen “criatura”.
Siempre lo dejan en un punto medio.
Uno que no obliga a actuar.
-No es que no lo vieran…-murmuro.
-Es que no quisieron ponerle nombre.
Porque ponerle nombre a algo
lo hace real. Y si es real…tienes que responder.
Vuelvo a la pantalla.
-Si hubieran admitido que había algo ahí fuera…-añado-habrían tenido que cerrar el pueblo. Evacuar, investigar de verdad. Y no lo hicieron. Alguien decidió que era mejor dejar que esto siguiera…antes que admitir lo que estaba pasando.
-¿Crees que nuestros padres fueron quienes dieron la voz de alarma para que evacuasen?-me pregunta Damián.
-No lo sé.
Y quiero pensar que sí…pero todo lo que estamos viendo no encaja con una evacuación organizada.
Paso al siguiente archivo.
Es un vídeo.
La calidad es mala. Está grabado desde lejos, con zoom, la imagen tiembla ligeramente.
El lago.
Y varias figuras.
Personas.
Encapuchadas, y estidas de negro.
Se mueven en grupo, intento enfocar, reconocer algún rostro, algún gesto…pero es imposible. El reflejo del sol golpea directamente la cámara y distorsiona todo.
-Mierda-dice Damián.
No aparto la vista. Las figuras no parecen turistas, no parecen gente paseando.
Paso a las siguientes imágenes.
Fotos más nítidas, y se ve cómo abren mochilas, lo que sacan no deja lugar a dudas. Armas, y de distintos tipos.
Siento cómo algo me aprieta el pecho. Bajo un poco la pantalla para leer el informe asociado.
> “Grupo no identificado localizado en las inmediaciones del lago.”
“Vestimenta uniforme.”
“Se detecta posible armamento.”
“Se recomienda vigilancia discreta.”
Frunzo el ceño.
-¿Vigilancia discreta?-murmuro.
Sigo leyendo.
> “No se interviene para evitar alarma en la población.”
Levanto la vista lentamente.
-Sabían que estaban ahí…
Miro a Damián.
-Y aun así no hicieron nada.
Vuelvo a las imágenes.
Todo encaja demasiado bien con lo que decía Konan.
En la pantalla aparece el icono de batería baja y el aviso de que hay que poner el portátil a cargar, así que decidimos dejarlo descansar un rato antes de seguir.
Le contamos al grupo todo lo que hemos leído y visto hasta ahora:
las denuncias de los niños, las huellas, los informes mal cerrados, los cuerpos en el lago, las desapariciones y esas imágenes de gente encapuchada junto al agua sacando armas de sus mochilas.
Después nos ponemos a ayudar al resto del grupo con lo que haga falta.
Jon
Siento el calor correr por mis venas.
No es agradable.
Es demasiado.
Como si mi cuerpo estuviera intentando adelantarse a algo que aún no ha pasado. A ratos los oídos me pitan, el mundo se vuelve más intenso, más cargado.
Así que en cuanto termino de comer, no lo pienso demasiado.
Hago como algunos.
Me transformo.
El cambio me alivia un poco. No del todo, pero lo suficiente como para moverme sin sentir que voy a explotar.
Empiezo a correr.
Salto rocas, troncos, esquivo raíces. Persigo conejos más por instinto que por hambre. Necesito moverme, gastar energía, vaciarme.
Correr sin pensar.
Correr hasta que no quede nada.
Y sin darme cuenta…acabo en el lago, mis patas se detienen en la orilla, el agua está quieta, doy un paso más y dejo que la superficie fría me toque.
Y entonces lo noto.
Muerte, huele a muerte.
No reciente.
No visible.
Pero está ahí.
Cierro los ojos un segundo.
¿Será esta la gente de mis sueños?
Aúllo. El sonido rompe el silencio y se pierde entre los árboles.
Pasan unos minutos.
Entonces aparecen Conrad y Sol.
Se acercan sin tensión, sin agresividad, y empiezan a frotarse contra mí, cariñosamente, como si supieran que lo necesito aunque no lo haya dicho.
Nate se une poco después.
Somos cuatro.
Y sin pensarlo más, echo a correr otra vez, ellos me siguen. Corremos juntos, cruzando el bosque, saltando, empujándonos, dejando que el cuerpo hable en lugar de la cabeza.
Necesito esto.
Necesito quedarme en cero.
Sin energía.
Sin pensamientos.
Sin sueños.
Porque no quiero saber lo que puedan decirme esta noche.
Damián
A la mañana siguiente volvemos a la búsqueda.
Nos tocan las casas que bordean un pequeño río. El agua corre lenta, constante, rompiendo el silencio de una forma que casi molesta. Es un sonido que no encaja con todo lo demás.
Pero no estoy centrado en eso.
Estoy centrado en él.
Porque anoche no durmió conmigo.
Porque se quedó mirando a la nada como si estuviera en otro sitio.
Porque lo conozco lo suficiente como para saber que algo no va bien desde hace dias.
Y no es nuevo.
Las pesadillas las entiendo, todos las tenemos, nuestras vidas se han convertido en matar o morir.
Yo también las tengo.
Pero esto no es solo eso.
Así que cuando lo tengo cerca, no lo dejo pasar.
-¿Qué te pasa?-Jon ni siquiera me mira del todo.
-Nada.
-No mientas.
-Estoy cansado-Respiro hondo.
-No es eso.
-Damián…
-Dímelo-Se pasa la mano por el pelo, incómodo.
-No pasa nada-Y ahí es cuando algo en mí hace clic.
-Deja de decir eso-Digo enfadado-No soy idiota.
-Ya se que no lo eres, pero no es el momento-responde-Tenemos que centrarnos en lo que hemos venido a hacer.
-Vaya mierda de excusa.
-No es una excusa.
-Entonces ¿qué es?
-Es que ahora mismo no importa-Me río, sin humor.
-Claro que importa.
-No-dice, más firme-Lo que importa es lo que estamos haciendo que es buscar pistas, para salvar vidas-Doy un paso hacia él.
-Tú también importas.
Silencio.
Pero no responde.
Y eso me termina de encender.
-Vale-digo al final, frío-Vale.
Asiente, como si eso cerrara la conversación.
Error.
-No me cuentes nada-Me aparto.
No le doy tiempo a responder.
Y aunque no lo diga en voz alta…
Decido que ya está.
Si él quiere jugar a que no pasa nada, yo también puedo hacerlo.
Ley del hielo.
Porque lo que más me cabrea
no es que tenga algo.
Es que crea que tiene que llevarlo solo.
Wally
Nunca pensé tener un novio tan posesivo. O sea…sí, Dick tiene lo suyo, pero esto ya es otro nivel.
Cada cinco minutos, literalmente, cada cinco minutos, el móvil vibra.
¿Dónde estás?
¿Qué calle?
¿Ves algo raro?
Respóndeme.
Y no vale responder tarde.
No.
Tiene que ser inmediato.
Estoy caminando con Marcus por una de las calles laterales, revisando casas, y otra vez:
¿Sigues con Marcus?
Resoplo y contesto al instante.
Sí, mamá.
Marcus me mira de reojo.
-¿Dick?
-Dick-confirmo.
-Está intenso.
-Está en modo “voy a proteger lo que es mío aunque me odie por ello” -respondo.
No es broma, Wally.
Pongo los ojos en blanco.
Estoy bien. Nadie me ha secuestrado en los últimos tres minutos.
Marcus suelta una pequeña risa.
-Deberías dejar de contestar.
-Ni de coña-digo-Si no respondo, va ha aparece como en las películas de terror.
Y no lo digo como exageración.
Lo digo como hecho comprobado.
¿Qué ves ahora?
Miro alrededor.
Casas vacías. Ventanas rotas. Un columpio oxidado que se mueve con el viento.
Nada. Todo creepy normal.
Pausa.
Vale.
Sonrío un poco.
Porque aunque me saque de quicio esta actitud, aunque me tenga vigilado como si fuera a perder o morir en cualquier momento…
Sé por qué lo hace.
Marcus abre la puerta de otra casa.
-¿Vienes?
-Sí-respondo, guardando el móvil.
Y justo antes de entrar, otro mensaje.
Ten cuidado.
Suspiro.
Lo tengo
Porque nunca pensé tener un novio tan posesivo…pero tampoco uno que se preocupara tanto como para no dejarme desaparecer ni un segundo.
Benji
Lo último que pensé en este mundo es que Mike y yo acabaríamos como dúo.
Y menos investigando una iglesia.
El sitio ya de por sí es raro: bancos de madera, polvo acumulado, una luz que entra por los ventanales rotos y hace que todo parezca… más viejo de lo que es.
-Oye-digo mientras avanzamos por el pasillo central-si aquí sale algo demoníaco…te dejo delante.
Mike ni me mira.
-No te acerques demasiado.
-¿Por qué?-pregunto, acercándome un poco más-¿Te desconcentro?
-Benji…
-¿Te pongo nervioso?-insisto, sonriendo-¿Es porque estoy demasiado cerca?
Se detiene, se gira, y me mira.
-Es porque hablas demasiado- Sonrío más.
-Ah, vale. Pensé que era otra cosa.
Sigo caminando, pero esta vez más pegado a él, claramente a propósito.
-¿Sabes qué dicen de las iglesias abandonadas?-añado-Que si dices algo en voz alta, alguien responde.
-Mike resopla.
-No lo hagas.
-¿Hola?-digo en voz baja, mirando hacia el altar-¿Hay alguien muerto que quiera manifestarse?
Silencio.
Levanto una ceja.
-Qué decepción-Mike pasa de mí y se dirige hacia una puerta lateral.
-Ven.
-Voy, voy-digo, siguiéndolo-Pero si aparece un fantasma, que sepas que yo ya hice el primer contacto.
Entramos en una pequeña sala detrás del altar. Hay cajas, libros viejos, algunas velas consumidas.
Me apoyo en una mesa y lo miro.
-Admite que te alegra estar conmigo -le digo-Esto sería aburridísimo sin mí.
-No te mueras y lo consideraré-
Parpadeo.
-Eso ha sido lo más bonito que me has dicho.
Dick
Cuando Tim me pide volver, sé que es por algo técnico.
Quizá necesita ayuda para desencriptar algo, quizá se les ha olvidado una contraseña, quizá hay algún archivo que no termina de abrir.
Algo controlable.
Eso espero.
Me siento a su lado, cojo el portátil…
y entonces lo veo. La imagen se congela un segundo en mi cabeza antes de que pueda reaccionar.
Él.
El hombre que me hizo lo que soy ahora. Más joven, con el pelo teñido de blanco, y estoy seguro de que lleva lentillas.
Pero es él.
No hay duda.
Tim me mira.
Yo asiento.
No digo nada.
Le da Play al libro.
Empieza a hablar en ruso, pero no en ruso limpio, es código, Coordenadas, y ndicaciones.
Norte.
Pasando el lago.
Creo que no respiro durante los dos minutos que dura, no aparto la vista, no parpadeo más de lo necesario. Tal y como me enseñó.
Lo odio.
Cuando el vídeo termina, el silencio se queda suspendido unos segundos.
-¿Dick?-escucho a Tim-
¿Qué dice?
Trago saliva.
Aparto la mirada de la pantalla un instante antes de volver a enfocarla, ya sin él.
-Coordenadas-respondo-
Al norte.
Señalo el mapa con el dedo.
-Pasado el lago.
Mi voz sale más fría de lo que esperaba.
-No está hablando para nosotros-
añado-Era un mensaje para alguien más-Cierro el portátil un segundo, apoyando las manos sobre él.
Mi pulso está acelerado, pero no lo dejo ver.
-Y lo dejó aquí a propósito.
Tim
Tenemos que bordear todo el río a pie.
El terreno no ayuda, la tierra está húmeda, resbaladiza en algunos puntos, y hay zonas donde las raíces sobresalen como trampas. Vamos en fila más o menos organizada, avanzando sin prisa pero sin pausa.
El sonido del agua nos acompaña todo el tiempo, y poco a poco, el grupo empieza a sonar como siempre. Escucho a Sol y Niko unos metros atrás, discutiendo sobre un videojuego de zombies.
-Te digo que si te encierras en una casa con recursos infinitos sobrevives-dice Sol.
-Eso es aburridísimo-responde Niko-La gracia es salir fuera.
-La gracia es no morir.
-Cobarde.
Pamed le salta literalmente encima a Conrad.
-A partir de ahora eres mi caballo particular-dice, agarrándose a él.
-Bájate, te pesa el culo-gruñe Conrad-No soy un transporte.
-Sí, sí lo eres.
-Te voy a tirar al río.
Evidentemente no lo hace.
Después de unos minutos me doy cuenta de que Jon y Damián, caminan cada uno en una punta distinta del grupo, sin siquiera mirarse.
Como si fueran imanes opuestos.
Al frente van Clark y Dick.
Dick señala el camino, analizando el terreno como si ya lo hubiera recorrido antes. Más atrás, Wally está hablando con Roy, Vanya y Jason sobre comida.
-Si tengo que elegir-dice Wally-me quedo con hamburguesas toda la vida.
-Eso es porque no sabes comer bien -responde Vanya.
-O porque no quiere-añade Roy.
-Yo solo quiero algo que no sea comida basura de gasolinera-dice Jason.
Las voces se mezclan con el sonido del río. Y por un momento…todo parece normal, miro a Conner, que va a mi lado.
-Si no estuviéramos aquí…-empiezo-
¿qué crees que estaríamos haciendo?-Conner me mira, sorprendido por la pregunta.
-¿En una vida normal?-Asiento.
-Probablemente… nada interesante -dice-Trabajar, estudiar;quejarnos del tráfico-Sonrío un poco.
-Suena bien.
-Sí-admite-Demasiado bien.
-Yo creo que estaría en casa-digo-
Leyendo algo o dibujando-Conner me mira de reojo.
-Y yo estaría molestándote.
-Eso no cambia en ninguna realidad.
-Conner se ríe por lo bajo y niega con la cabeza.
-Vale-dice-pero imagínatelo bien. Vivir juntos, en un piso pequeño, cocina compartida.
-No sobrevivimos una semana-
respondo.
-Sobrevivimos perfectamente -replica-Yo me encargo de…-se queda pensando-la parte física.
-¿La parte física?
-Sí, ya sabe, cargar cosas, abrir botes, y ser impresionante.
-Impresionante no es una tarea doméstica.
-Lo debería ser-Resoplo.
-Yo cocinaría-añado.
-Eso sí lo compro-dice al instante-
Porque si cocino yo, morimos.
-No moriríamos.
-Tim, una vez donde vivíamos antes quemé media cocina.
-Eso no es posible siendo hombre lobo.
-Lo es si te distraes.
-¿Con qué te distraes para quemar media cocina?
-Una serie de esas de drama que ponen las madres-responde sin pensar-Me quedo callado un segundo.
-Parece lógico que te pasara algo de eso-Digo esquivando una raíz.
-Vale, yo cocino-retomo-
Tú limpias.
-No.
-¿No?
-Yo superviso.
-Eso no es limpiar.
-Es liderazgo.
-No eres el líder en casa.
-¿Ah no?
-No.
-Vale, entonces soy el jefe de seguridad.
-Eso tampoco es limpiar-Conner sonríe.
-Pero suena importante-Niego con la cabeza.
-También habría normas.
-Uf, ya empezamos.
-Nada de dejar cosas tiradas.
-Imposible.
-Nada de comer en el sofá que manchan mucho.
-¡Se que eso va por mis nachos con extra de queso!.
-Y nada de meter zapatos sucios dentro, ni patas.
-Debatible-Me empuja ligeramente con el hombro.
-¿Dormiríamos en la misma habitación aunque estemos peleados?
Levanto una ceja.
-Mmm depende de la pelea.
-Intentaria arreglarlo con el mejor sexo de tu vida
-Conner.
-Cariño.
-Asi no se arreglan las cosas.
-Ja, eso es lo que os enseñan en los libros dejente normal, con los hombres lobos si funciona..Siendo claramente tóxica.
Se queda en silencio un segundo, sonriendo, y solo existe esa idea de una vida donde lo más complicado
sea decidir quién friega los platos.
-¿Y como sería una relación tóxica con un hombre lobo?
Conner se acerca más a mí, caminando casi pegado para que su voz no llegue más allá de nosotros. Los demás van un poco adelante, ocupados con sus propias conversaciones.
-No hay flores ni disculpas sinceras después. Con nosotros una relación tóxica sería... Poder oler cómo tu adrenalina sube, cómo tu corazón bombea más rápido, y eso solo alimenta la bestia que llevo dentro. Se vuelve un desafío. No dejo que te vayas, no te doy espacio, mi instinto es acorralar, y lo hago. Te obligo a mirarme, a seguirme, hasta que tus ojos brillan con esa misma furia que siento yo.
No quiero admitir que si fuese Conner me gustaría ese tipo de relación.
-Y entonces, la única salida es el cuerpo. Te empujo contra la pared, con la fuerza necesaria para que sientas que no hay escapatoria. No hay besos tiernos, hay mordiscos en el cuello, en el hombro, para marcar, para reclamar. Es un acto salvaje, y violento.
-Que poco durariamos-Digo sintiendo mis entrañas retorcerse.
-Durariamos-Dice el como si pudiera ver ese universo a través de sus ojos.
Damián
Cuando llegamos a la zona que, según Dick, son las coordenadas exactas no hay nada, solo naturaleza. Árboles creciendo sin control, raíces que han reclamado el suelo, maleza espesa que cubre todo como si quisiera borrar cualquier rastro de lo que hubo aquí. El aire es húmedo, más frío que en el resto del pueblo, y tiene ese olor denso a tierra mojada.
Tengo ese tipo de sensación que no puedes explicar, pero que te dice que estás en el sitio correcto.
Mike y Clark son los primeros en transformarse, el cambio rompe el silencio durante unos segundos, y después empiezan a cavar, rápido, sus patas levantan tierra húmeda, raíces, piedras.
El sonido es constante.
Yo no dejo de observar.
No dejo de pensar.
Y no dejo de sentir.
Porque, aunque no mire directamente, sé que Jon está ahí. Lo noto. Su presencia en mi espalda, su mirada clavada en mi nuca como agujas. No me giro, no voy a darle ese espacio, el tiempo pasa lento. Veinte minutos, quizá más. Hasta que se escucha...Metal. Un sonido seco.
Las uñas de Mike chocan contra algo que no pertenece al bosque.
Bingo.
Sol, Nate y Ray también se transforman y ayudan, la tierra cede más rápido ahora. El agujero se amplía, y poco a poco aparece lo que buscábamos.
Una trampilla.
Vieja, Oxidada, y oculta bajo años de abandono. Conner se acerca, agarra el borde y tira hacia arriba con fuerza abriéndola de golpe, el aire que sale de ahí dentro es distinto.
Típico de películas de terror.
Hay una pendiente que desciende hacia la oscuridad.
Sin luz.
Sin sonido.
Jason, Niko, Benji y Roy bajan primero, armas en mano, nosotros los seguimos poco a poco, el suelo es firme, artificial, y las paredes de hormigón. Avanzamos por un pasillo largo, las bombillas están fundidas, colgando del techo como ojos vacíos. Solo nuestras linternas iluminan el camino, proyectando sombras que se deforman en las paredes.
El eco de nuestros pasos retumba.
No hay nada hasta que llegamos al final...Una puerta metálica, parece pesada.
Jason y Dom se colocan frente a ella. No cuentan, simplemente actúan, patada. La puerta cede con un golpe seco.
Después de unos segundos apuntando con las linternas entramos. Y lo primero que veo…
son jaulas: Grandes, metálicas, como las de un zoológico.
Pero esto no es un zoo.
El aire aquí dentro es más espeso, huele a hierro, a humedad, a algo antiguo que se ha quedado impregnado en las paredes. Las linternas recorren el lugar, y entonces lo veo todo, dentro de algunas jaulas…hay restos de cadáveres, algunos reducidos a huesos...Otros…no tanto.
En una, hay marcas en las paredes, arañazos profundos, como si algo hubiera intentado salir hasta romperse. En otra, cadenas colgando del techo, abiertas.
En otra más, lo que parecen restos de ropa mezclados con hueso.
Miro alrededor.
Mesas metálicas, instrumentos. Algunos oxidados, otros desaparecidos. Todo indica que alguien estuvo aquí trabajando, durante mucho tiempo.
Siento el frío recorrerme la espalda.
Damián
Empezamos a abrir cajones.
El metal chirría bajo los dedos. Todo está frío, húmedo, y viejo pero no lo suficiente como para haber sido olvidado del todo.
Saco carpetas.
Papeles.
Informes.
Y cuanto más leo…más se me revuelve el estómago, no son notas cualquiera, son registros, protocolos y pruebas.
Sujeto 03—reacción tras inyección de sangre lupina: rechazo parcial, incremento de temperatura corporal, agresividad.
Sujeto 07 — compatibilidad inestable. Repetir dosis en 48h.
Sujeto 11 — fallo sistémico. Pérdida de control. Contención necesaria.
Aprieto el papel entre los dedos.
-Intentaban sustituir sangre humana con la de lobo-Dice Niko.
-Sí.
-No se rendían fácilmente-Dice Sol
No estudiar.
No observar.
Sustituir.
Forzar algo que no debería existir.
-Luego nosotros somos los monstruos-dice Clark.
Su voz es baja. Tensa.
Tiene razón.
Miro alrededor otra vez.
Las jaulas.
Las cadenas.
Los restos.
Esto no es un error.
Es una decisión.
A unos metros, mi hermano está junto con Dick y Jason, revisando una pared lateral donde hay lo que parece un antiguo sistema eléctrico. Paneles abiertos, cables expuestos, una caja metálica que claramente fue manipulada muchas veces.
Me acerco un poco, sin dejar de escuchar.
Dick ya está dentro del sistema como si fuera suyo.
-Esto no está completamente muerto-dice, agachado frente al panel-Solo…desconectado.
-¿Que significa eso?-pregunta Jason.
-Que alguien lo apagó-responde-
pero no lo rompieron-Señala varios puntos-La energía venía de un generador auxiliar-explica- Probablemente diésel. Está fuera de línea, pero el cableado principal sigue intacto-Mi hermano observa, atento.
-¿Puedes hacerlo funcionar?-Dick asiente apenas.
-Si conseguimos redirigir la energía de respaldo…sí-Fice mientras empieza a trabajar.
Según lo que dice está; Desconecta cables, revisa conexiones, sopla polvo acumulado.
-El problema no es encenderlo-
continúa-Es que no sabemos qué sigue conectado a esto-Jason sonríe de lado.
-Perfecto, será sorpresa.
-Necesito luz aquí-dice y Tim se acerca con una linterna.
-Si esto salta-añade Dick mientras manipula una caja de fusibles-
lo hará todo de golpe.
Silencio.
Un clic.
Luego otro.
El sistema emite un zumbido bajo.
Y durante un segundo…Nada...Y entonces...Las luces parpadean.
Una.
Dos.
Tres.
El laboratorio se ilumina a medias.
Y lo que antes era oscuro…ahora se ve con claridad. Demasiada.
Los ordenadores también vuelven a la vida. Las pantallas parpadean con ese brillo enfermizo de algo que no debería encenderse después de tanto tiempo. El zumbido eléctrico llena el laboratorio, constante, incómodo.
Dick ni siquiera duda.
Se sienta frente a uno de los terminales, conecta su portátil y teclea con la misma naturalidad con la que otros respiran.
-Acer nunca fue creativo con las contraseñas-murmura.
Introduce una.
Acceso concedido.
Así de fácil.
Mi hermano se sienta en otro ordenador, caleb en otro más. La sala, que hace unos minutos parecía una tumba, ahora parece…activa. Como si estuviéramos despertando algo que llevaba demasiado tiempo dormido.
Empiezan a abrir archivos.
Carpetas.
Vídeos.
Imágenes.
Y lo que vemos…No debería existir.
En las pantallas aparecen grabaciones.
Personas atadas.
Sujetos dentro de las jaulas.
Les administran las dosis.
Inyecciones directas.
Sin cuidado.
Sin consentimiento.
Los cuerpos reaccionan.
Convulsiones.
Temperatura elevándose.
Gritos.
Algunos intentan resistirse.
Otros simplemente no pueden.
-Joder…-escucho a alguien detrás.
Sigo mirando.
Los vídeos avanzan.
Muestran evolución.
Día uno.
Día tres.
Día siete.
Algunos cuerpos cambian.
Otros fallan.
> “Compatibilidad parcial.”
“Reacción agresiva.”
“Pérdida de control.”
En una de las grabaciones, un sujeto se lanza contra los barrotes.
La fuerza no es normal.
Los movimientos tampoco.
Y luego…El fallo.
El cuerpo cede.
Se desploma.
Silencio.
Paso a otra pantalla.
Fotos.
Comparativas.
Antes y después.
Ojos cambiando.
Piel marcada.
Estructura…alterada.
Esto no es ciencia.
Es tortura con propósito.
Miro a mi hermano.
Dick no habla.
Todos estamos callados.
No hacen falta palabras.
Porque todos estamos viendo lo mismo, y todos entendemos lo mismo.
Esto un intento deliberado de crear algo. Algo que no era humano, pero tampoco completamente lobo.
Tengo claro que este pueblo no fue el origen. Fue solo…el lugar donde lo probaron.
Wally
Dick esta mañana solo dijo: “vamos a buscar unas cosas”. Nada más, nadie preguntó demasiado.
Error.
Porque ahora estoy metido en el coche con él, saliendo de los senderos, dejando atrás los árboles verdes, el bosque todo. Nos metemos en la autovía y, de repente, el coche empieza a acelerar.
Y no para.
210.
210.
El amanecer está rozando el cielo, anaranjado, bonito…y completamente irrelevante porque siento que el corazón se me va a salir del pecho.
-¿Dónde vamos?-digo, agarrándome como puedo.
-A una casa de Acer-responde él, tranquilo.
Demasiado tranquilo.
-¿Puedes reducir la velocidad?
Dick sonríe.
Mal.
-¿Qué pasa?-dice-¿Te da miedo?
-No-respondo automáticamente-
Me da miedo que nos estampemos y tengamos que explicarle a Tim por qué no hemos vuelto.
-Confía en mí.
-Eso hago-digo-pero no a esta velocidad.
Dick baja un poco la ventanilla, dejando que el aire entre con fuerza.
-Relájate-añade-Está controlado.
-Dick, vamos a 210.
-210 es un número bonito.
-Es un número mortal.
-Depende de quién conduzca-Lo miro.
-Si sobrevivo a esto, voy a conducir yo a la vuelta.
-No-dice sin dudar.
-¿Por qué?
-Porque te distraes.
-¡Tú vas a 210!
-Y aun así tengo mejor control-Resoplo.
-Eres insufrible.
-Y aun así estás aquí conmigo-Me quedo en silencio un segundo.
-Porque no me has dado opción.
-Mentira-Sonríe de lado.
-Siempre tienes opción-Aprieto más el cinturón.
-Mi opción ahora mismo es no morir-Dick baja ligeramente la velocidad, solo un poco.
-Qué dramático-dice, miro al frente.
La carretera se abre, el cielo empieza a iluminarse más.
-Si no bajas la velocidad voy a empezar a llorar-Le digo completamente en serio.
Cero dramatización.
Cero exageración.
Dick gira un poco la cabeza hacia mí, con esa sonrisa suya.
-¿Llorar?-repite.
-Sí-digo, agarrándome más fuerte al asiento-Llorar de verdad, con mocos y todo-Se le escapa una risa baja.
-Eso quiero verlo.
-Dick.
-Wally.
-No es broma.
Reduce la velocidad.
-Qué dramático eres-murmura.
-Estoy valorando mi vida-respondo-
Y la tuya, aunque tú claramente no.
Dick suelta una pequeña risa y, sin dejar de conducir, estira la mano un segundo y la apoya sobre mí muslo.
-No voy a dejar que te pase nada-
dice, más bajo.
-Pues no lo parece.
-Creeme, estoy acostumbrado ha este tipo de velocidad.
No quiero ni preguntar por qué.
-Vale-dice-Bajamos a “modo no llanto”.
-Gracias.
-Pero solo porque lo has pedido bien.
-Eres de lo que no hay.
-Lo sé.
Tim
Cuando termino de revisar todos los documentos que sacamos del ordenador de la comisaría, me duele la cabeza.
Es un dolor constante, como si todo lo que acabo de leer estuviera intentando ordenarse a la vez y no encontrara sitio. Me froto las sienes, pero no cambia nada.
Las piezas siguen moviéndose.
Y poco a poco…encajan. Quizás lo que crearon en el laboratorio, quizás uno de ellos sí salió bien...o al menos el tiempo suficiente.
Recuerdo perfectamente uno de los documentos: sujetos que aceptaban la sangre, compatibilidad parcial, algunos llegando a aguantar hasta treinta y ocho horas antes de morir.
Treinta y ocho horas.
Eso no es un fallo inmediato, es algo que funciona durante un tiempo. Y si algo funcionó aunque fuera unas horas alguien pudo aprovecharlo.
Respiro hondo.
También sé que mis padres, y el grupo con el que iban, fueron los que dieron el paso para intervenir.
Pero no como pensaba.
No como héroes limpios.
Sino como los que mandaban las cartas.
Las amenazas.
Los avisos.
Si no os vais, habrá una matanza.
Cierro los ojos un segundo.
Eso cambia todo.
No eran advertencias vacías.
Eran presión.
Eran una forma de forzar que el pueblo se vaciara.
Y tiene sentido.
Si sabían lo que había en el laboratorio…si sabían que aquello podía salirse de control…necesitaban sacar a la gente de ahí.
Rápido.
Sin explicaciones.
Sin pánico colectivo.
Por eso las cartas.
Por eso el miedo.
Pero las fechas siguen sin cuadrar del todo.
Saltan de días a meses.
Huecos.
Demasiados huecos.
Eso significa que hubo más de lo que vemos.
Más cartas.
Más movimientos.
Más cosas que no se registraron.
Y luego están los informes policiales.
Las desapariciones.
Siempre en fines de semana.
Como si hubiera un patrón.
Como si algo o alguien actuara en esos momentos concretos.
Pienso que aquí ya no vamos a encontrar nada más.
Lo que tenía que salir… ya ha salido.
Aún falta Dick, el sabe algo
Porque si él ha ido a por algo, significa que todavía hay piezas fuera de este sitio. Cosas que no dejaron aquí abajo. Cosas que Acer —o como se llamara entonces— decidió llevarse.
Exhalo despacio y me paso la mano por el pelo.
Dick
La casa está donde recordaba.
Apartada.
Lo suficiente como para no llamar la atención, pero no tanto como para parecer sospechosa. Acer siempre jugaba con ese equilibrio.
Nada demasiado obvio.
Nada completamente oculto.
Reduzco la velocidad cuando dejamos la autovía y tomamos un camino más estrecho, rodeado de árboles. El sol ya ha terminado de salir, pero aquí la luz entra filtrada, como si incluso el día dudara en tocar este lugar.
-Ya casi estamos-murmuro.
No lo digo por Wally.
Lo digo por mí.
La casa aparece entre los árboles.
Sigue en pie. Demasiado intacta.
Fachada clara, ventanas limpias, jardín descuidado pero no muerto gracias al clima.
Apago el motor.
El silencio cae.
Bajo del coche sin esperar demasiado y camino hacia la entrada. No miro atrás, pero sé que Wally viene conmigo.
Me detengo delante de la puerta.
Y ahí está.
El mismo sitio.
Paso la mano por el lateral del marco, aparto una pequeña pieza de madera suelta…Y la llave cae en mi palma. Exactamente donde la dejó.
No sonrío, no me sorprendo. Acer no cambiaba rutinas, las perfeccionaba.
-¿En serio?-escucho a Wally detrás.
-Sí-respondo simplemente.
Abro la puerta, y el interior huele igual...Limpio, ordenado, frío. Como si el tiempo aquí no pasara, doy un paso dentro, y por un segundo…Vuelvo atrás.
La primera vez que me trajo aquí estaba sangrando, me dejó en una de las habitaciones del fondo. Recuerdo el dolor, el mareo, la forma en la que todo daba vueltas.
Y recuerdo levantarme solo.
Porque ya no hacía falta.
Aprendías o no sobrevivías. Bueno quizás conmigo era diferente la ser su mejor arma, nunca lo sabre. Aprieto la mandíbula y sigo caminando.
Subo las escaleras, no necesito pensar, mi cuerpo recuerda el camino. Las habitaciones están como entonces.
Camas hechas.
Demasiado perfectas.
Entro en la última habitación.
La que usaba como despacho improvisado. Voy directo a un armario empotrado. Abro la parte inferior, aparto una caja, luego otra.
Y ahí está.
Un hueco falso en la pared.
Meto la mano.
Y saco un pendrive.
Pequeño, negro, y discreto.
-Lo tengo-digo.
No hay triunfo en mi voz.
Me quedo un segundo más en la habitación mirando alrededor.
Este sitio no es solo un escondite, es un recuerdo, uno que no necesito. El polvo baila en los haces de luz que se cuelan por las persianas mal cerradas, iluminando las siluetas fantasmales de los muebles cubiertos por sábanas blancas. Huele a cerrado, a tiempo detenido, a una vida que ya no existe. Cada rincón de esta casa grita el nombre de mi padre, y cada grito es una puñalada.
Me giro para salir, para escapar de este mausoleo y del peso de mi propia historia, pero antes de cruzar la puerta, me paro en seco, me giro y miro a Wally. Está apoyado en el marco de la puerta del salón, con los brazos cruzados, su pelo rojo un destello de vida en medio de todo este death. No me juzga, solo espera. Siempre espera.
-Oye…-digo, y dudo un segundo. La pregunta se siente estúpida, frívola, casi sacrílega en este lugar, pero la necesidad es más fuerte que la lógica.
-¿El que?-pregunta él, y veo la duda en sus ojos verdes.
Después miro al salón. Los muebles tapizados con plásticos crujen con cada corriente de aire. Veo el sofá donde Acer solía sentarse a ver las noticias, con su copa en la mano, y veo el sillón individual donde yo me sentaba, aprendiendo cualquier cosa que él me enseñaba, absorbiendo su mundo como una esponja.
Sé más de lo que digo de este hombre, de esta vida y más de lo que debería importarme.
-¿Podemos hacerlo en ese sofá? -pregunto, señalando con la cabeza al gran sofá cubierto. Wally parece sorprenderse.
-¿Puedo saber por qué hay?-su voz es suave, pero hay una curiosidad genuina en ella.
-Porque sé que si el viniera las cámaras, le jodería mucho-
respondo, y una sonrisa torcida, cruel, se dibuja en mis labios.
La comprensión se ilumina en el rostro de Wally. No está horrorizado, no me recrimina, al contrario, una sonrisa lenta y pícara se dibuja en sus labios. Asiente lentamente, y en ese gesto, hay una complicidad que me calma y me excita a la vez.
-Vamos entonces-dice, agarrándome de la mano.
Caminamos hacia el sofá. El plástico cruje bajo nuestros pies. Wally se detiene frente a mí, y sus manos van primero a la cremallera de mi chaqueta, y después al cuello de mi camiseta. Me la quita lentamente, sus dedos rozando mi piel, enviando escalofríos a pesar del calor polvoriento de la habitación. Yo hago lo mismo con él, deslizando mi manos por su pecho, sintiendo la calidez de su piel, el latido rápido de su corazón.
Nos quedamos un momento frente a frente, desnudos de cintura para arriba, simplemente mirándonos. Sus ojos verdes me devoran, y yo me siento visto, realmente visto, por primera vez en mucho tiempo.
-Dick…-susurra, y su voz es una promesa.
Yo sonrío y meto la mano en el bolsillo de mis vaqueros, que todavía estoy llevando puestos. Saco un condón, un pequeño paquete de plata brillante. Wally lo ve, y sus ojos se encienden con un fuego que conozco bien.
-No me sorprende que allás planeado esto-dice en un tono es juguetón
-¿Tan rencoroso me crees?
-Sí.
-Pues has acertado.
Me deshago del resto de mi ropa y me siento en el borde del sofá. El plástico se siente frío y pegajoso contra mi piel. Wally se acerca, y yo lo tomo de la cintura, atrayéndolo hacia mí. Se coloca de pie frente a mí, y yo me inclino, besando su abdomen, mi lengua trazando la línea de su vello. Él gime, sus manos enredándose en mi pelo.
Abro el condón con los dientes y me lo pongo, mis manos temblando ligeramente por la anticipación. Wally me mira, su respiración agitada, y luego se coloca de espaldas a mí, bajándose lentamente sobre mí. Se introduce lentamente, con una precisión y una gracia que solo él tiene. El calor, la presión, es abrumador, y entonces empiezo a moverme, empiezo suave, lentamente, un ritmo lento y profundo que lo hace gemir con cada embestida. Sus manos se aprietan en mis muslos, su cuerpo moviéndose al mío.
Mi ritmo se acelera, mis embestidas se vuelven más fuertes, más profundas, el sofá cruje bajo nosotros, un ritmo acompasado con nuestros gemidos.
Y entonces, una imagen se forma en mi mente...Veo a Acer, de pie frente a nosotros, con los ojos llenos de ira y desprecio. Jodete. Veo su cara contorsionarse, mientras profanamos uno de sus santuarios, mientras convertimos su trono en nuestro lecho.
Y esa imagen me vuelve loco.
El me separo de él.
El me ayuda en mi fantasía retorcida.
Arremeto con una fuerza nueva, una ferocidad que saca un grito de Wally, cada embestida es un acto de rebelión. Ya no estoy solo follando con mi novio en el sofá, estoy borrando su memoria, estoy reclamando este espacio como mío.
Me encantaría verlo retorciéndose en su tumba, sintiendo cada uno de mis embestidas como una puñalada en su orgullo.
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