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Monster [ConnerxTim]

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Mientras estoy en mi día descanso, preparando algo especial para Damián, una receta que vi en la televisión y que llevo días queriendo probar, me pierdo en mis pensamientos, recordando los encuentros inesperados con Conner.

El primer día, cuando me lo crucé por casualidad, se acercó a saludarme con un abrazo. No es que me moleste, pero me sorprendió un poco la confianza que se toma. Aun así, le devolví el gesto, y justo antes de que pudiera decir algo, Conner murmuró cerca de mi oído que olía muy bien. No tuve tiempo de reaccionar; antes de que pudiera responder, ya se había marchado con la chica que lo acompañaba. Fue una situación extraña, y el comentario me dejó pensando.

Al día siguiente, durante mi turno de tarde, apareció con su familia para merendar. Al ver que yo los atendería, Conner no tardó en preguntarme cómo iba mi turno, con una sonrisa que parecía sincera. Le respondí que bien, devolviéndole la sonrisa, y al irse, escuché a Jon decir en voz alta, casi burlón, "buah, estoy oliendo eso Conner". No entendí del todo a qué se refería, pero no le di más vueltas.

Vuelvo al presente, concentrado en los detalles de la receta, cuando de repente, unos golpes fuertes en la puerta me sobresaltan, rompiendo completamente mis pensamientos.

Al abrir la puerta, me encuentro con Conner, quien parece más nervioso de lo habitual. Su respiración es rápida, y sus ojos no dejan de moverse de un lado a otro, como si estuviera buscando algo.

-¿Está tu hermano en casa? -me pregunta, casi sin aliento.

-Le falta una hora para salir de clases-respondo, confundido. Conner gruñe y murmura por lo bajo.

-Mierda, es verdad...-dice, pasando una mano por su cabello con frustración evidente.

-¿Qué pasa?-le pregunto, preocupado, pero antes de que pueda procesarlo, él se abre paso dentro de mi casa y empieza a andar de un lado a otro, inquieto.

-Es Jon... tiene un problema, y solo Damián puede ayudarlo. Por favor, Tim, necesito que vengas conmigo al instituto para que podamos ir los dos a buscarlo-me explica, mirándome con una expresión que mezcla desesperación y urgencia.

La intensidad de su mirada me recuerda a los momentos en los que, de niño, rezaba en silencio pidiendo a Dios que, si existía, me devolviera a mis padres. Esa vulnerabilidad en Conner me impacta, y sin hacer más preguntas, apago el fuego de la cocina, cierro la puerta con llave y salgo con él.

Nos subimos en mi coche, ya que parece haber venido corriendo, lo que aumenta mi preocupación.

Durante el trayecto hacia el instituto, el silencio entre nosotros se vuelve pesado, y finalmente rompo el hielo.

-Conner, ¿puedes explicarme qué está pasando? Necesitais a mi hermano, y yo necesito saber por qué. No voy a permitir que se ponga en peligro-digo, mi voz firme, aunque mi mente está llena de preguntas.

Conner se queda en silencio por unos segundos, como si estuviera eligiendo cuidadosamente sus palabras.

-Es... complicado, Tim. Y probablemente no me creas cuando lo explique, pero... es algo que Damián puede manejar mejor que nadie. Solo, por favor, confía en mí esta vez-me dice, evitando mirarme directamente.

Mi instinto me dice que hay algo muy extraño en todo esto, pero decido seguir adelante, dejándole el beneficio de la duda. Al llegar al instituto, le envío un mensaje a Damián, pidiéndole que prepare sus cosas, mientras yo firmo su salida anticipada en la oficina. Solo pasan tres minutos hasta que lo veo aparecer en el pasillo, con una expresión de confusión y molestia.

-¿Qué está pasando?-
pregunta, levantando una ceja.

-Conner está en el coche, dice que Jon necesita tu ayuda-le explico rápidamente.

Damián me observa con una mezcla de escepticismo, pero asiente y me sigue hasta el coche. Al abrir la puerta trasera, Damián se sienta en el centro, dejando su mochila a un lado. Conner se gira hacia él desde el asiento delantero.

-Oye, escucha....sé que tú no te asustas fácilmente...o eso dice Jon. Así que, por favor, no te asustes ahora-le dice Conner, su voz un poco temblorosa.

Mientras conduzco por el camino de tierra, no puedo evitar preguntar:

-¿Se va a poner en peligro?

Conner me mira seriamente y responde:

-No, Tim. No le va a pasar nada-asegura con firmeza, pero hay algo en su tono que me hace querer parar el coche. Me pregunto en qué me estoy metiendo, en qué estamos involucrando a Damián.

Mi mente empieza a llenarse de dudas y preocupaciones, pero antes de que pueda hacer nada, Damián interrumpe mis pensamientos.

-¿El problema que tiene Jon es la razón por la que no ha podido ir al instituto?-
pregunta, directo al grano.

Conner asiente.

-Sí. No puede controlarlo, y necesita ayuda. Tú eres el único que puede hacerlo, Damián.

El tono de Conner deja claro que esta situación es mucho más de lo que aparenta, y la seriedad en sus palabras hace que el peso de la responsabilidad caiga sobre nosotros. Mientras avanzo por el camino, siento que estamos entrando en algo desconocido, algo que va más allá de lo que cualquiera de nosotros imaginaba.

Conner toma un profundo respiro, y luego suelta las palabras que parecen haber estado quemándole la lengua:

-Somos licántropos.

Se queda en silencio por un momento, permitiéndonos asimilar lo que acaba de decir. Yo parpadeo, sin saber si estoy escuchando bien, y miro a Damián través del retrovisor y al igual que yo lo mira con una mezcla de escepticismo y sorpresa, como si estuviera frente a un loco. Conner se toma un segundo antes de continuar, buscando las palabras adecuadas.

-Jon está en su primera transformación... y verás, él... joder, esto es difícil de explicar, pero él te ha elegido como su compañero -le dice a Damián, con una voz cargada de seriedad y cierta ansiedad. Vuelvo a mirar a mi hermano por el espejo, y puedo ver la incredulidad en su rostro; parece a punto de decir algo sarcástico o llamarlo puto loco. Conner lo nota y suspira-Sé que suena a locura, pero él será el siguiente Alfa, y eso también le está dificultando más esta primera transformación.

De repente, freno de golpe. Al llegar a los aparcamientos de la casa, un enorme lobo de pelaje marrón con manchas negras está dando vueltas de un lado a otro, su tamaño imponente, seguramente alcanzándome por encima de la cintura. Me quedo paralizado, mi corazón latiendo a mil por hora.

-Tranquilos, es mamá-dice Conner con calma, intentando tranquilizarnos.

El lobo -o la loba, como Conner ha dicho- se queda quieto, mirándonos desde el coche con una mirada profunda y moviendo la cola suavemente, en una especie de gesto amistoso. No me atrevo a moverme, y Damián tampoco parece muy convencido. Conner sonríe de forma tranquila y murmura...

-Se alegra de que Damián haya venido a ayudar.

Conner es el primero en bajar del coche, y miro a Damián con una mezcla de dudas y miedo. Él me devuelve la mirada, y finalmente, ambos salimos del coche, intentando mantener la compostura. Mi corazón sigue acelerado, y estoy seguro de que el de Damián también.

Conner nos guía hacia la casa, explicándonos en el camino.

-Jon está en el sótano, que hemos...Bueno estaba habilitado desde hace años para estos casos. Damián, solo tienes que entrar y quedarte detrás de la línea de planta; háblale a Jon y, probablemente...pase algo

Aunque sigo sin procesar del todo lo que está pasando. Nos toma unos minutos movernos, la incertidumbre es palpable, pero finalmente seguimos a Conner hacia la casa. Lois, quien está en la puerta, no se nos acerca, probablemente consciente de que estamos asustados y procesando la situación.

Al entrar en el salón, veo un lobo negro, enorme y musculoso, tumbado frente a la puerta que conduce al sótano. Se encuentra detrás del sofá, observándonos. Nos mira y, en cuanto nos ve acercarnos, se aparta lo más lejos posible, dándonos espacio para pasar. Siento la mano de Damián temblar ligeramente, y aprieto la suya en un gesto de apoyo.

Conner nos guía al interior del sótano, un espacio amplio y bien iluminado, aunque el ambiente es denso y tenso. Mi corazón da un vuelco cuando veo otro lobo, esta vez de pelaje negro y ojos azules brillantes, mirándonos fijamente. Nos gruñe al principio, un sonido bajo y amenazante, pero después se queda completamente quieto, como si estuviera evaluando si somos una amenaza o no.

Conner me pone una mano en el hombro y me pide en voz baja:

-Deja a Damián pasar delante de nosotros.

Jon, en su forma de lobo, araña una especie de barrera invisible, como si intentara llegar hasta mi hermano. Al ver a Damián, deja escapar un pequeño gemido, como si estuviera pidiendo ayuda. Luego comienza a trotar por el espacio, sus movimientos ansiosos, casi desesperados. Conner observa la escena y le dice a Damián:

-Estaremos justo detrás de la puerta. No te dejaremos solo.

Damián se gira para mirarme, buscando apoyo. Yo miro a Conner, que asiente con una expresión que mezcla seriedad y comprensión. No pienso moverme de aquí, no cuando mi hermano me necesita. Conner entiende mi postura y se sube un poco las escaleras, sentándose a mitad de estas.

Finalmente, me siento en las escaleras, observando cada movimiento. Mi corazón sigue latiendo con fuerza, mis pensamientos enredados en la surrealidad de la situación.


Sentado junto a la puerta del sótano, veo la escena frente a mí, y la duda me invade. Quizá estoy soñando. O, peor aún, tal vez estoy perdiendo la cabeza. Pero entonces, recuerdo que, si realmente estuviera loco, Damián ya me habría dado un buen puñetazo, o me habría sacado de un tirón de este supuesto sueño. Así que no, esto no es un delirio ni una fantasía; es real, tan real como el frío en mis manos y el latido acelerado de mi corazón.

Mientras sigo observando, escucho a Damián hablarle al lobo -a Jon, me recuerdo a mí mismo- con esa calma que él siempre logra tener en los momentos más extraños. Le habla sobre cosas de clase, los temas que encuentra aburridos y lo pesadas que son algunas asignaturas. Menciona a un profesor que siempre lo hace quedarse hasta el final y cómo odia no poder pasar la página cuando termina un examen antes que los demás.

El lobo, que al principio se veía inquieto y ansioso, parece responder a la voz de Damián como si fuera la cosa más tranquilizadora del mundo. Lo veo relajarse poco a poco, su postura perdiendo toda tensión, y, en cuestión de minutos, se tumba frente a Damián como si fuera un cachorrito, meneando la cola con una expresión de satisfacción absoluta. La forma en que mueve la cola y lo observa hace que parezca increíblemente dócil y hasta feliz.

Es difícil de procesar, ver a ese imponente lobo actuar como un cachorro, pero de alguna manera, la conexión que tiene con mi hermano es evidente. La paz que ha logrado transmitirle es palpable.

Conner se sienta junto a mí y, después de un momento de silencio, me dice en voz baja:

-Puedes preguntarme lo que sea, Tim.

Me toma por sorpresa, pero no dejo pasar la oportunidad. Miro a Damián y Jon, que siguen en su extraño y tranquilo "diálogo", y luego vuelvo la mirada a Conner. Las preguntas comienzan a salir de mi boca, sin filtro, como si necesitara respuestas para entender el caos que tengo en la cabeza.

Bueno...necesito entender.

-¿Cuánto tiempo llevas siendo... así?-pregunto, intentando no sonar acusador, aunque la curiosidad me arde en el pecho.

-Toda mi vida-responde con calma, como si hubiera esperado esa pregunta-Los Kent... mi familia ha sido así desde generaciones. Somos licántropos por naturaleza.

Asiento lentamente, intentando procesarlo. Otra pregunta me asalta.

-¿Y Jon también nació así?

-Sí. Pero las primeras transformaciones siempre son las más difíciles. Sobre todo para los que serán Alfas, como Jon-explica, su tono serio, sin el tono bromista al que estaba acostumbrado.

-¿Por qué Damián?-le pregunto, esta vez en un susurro-¿Por qué él puede ayudarlo?-Conner toma un momento para responder, como si estuviera eligiendo bien las palabras.

-Porque Jon lo eligió-dice, mirándome a los ojos-En nuestra especie, el vínculo de compañero es fuerte, algo instintivo, pero depende del lobo. Jon sintió una conexión con Damián, una que lo ayuda a encontrar paz en medio del caos de su transformación. No es algo que nosotros elijamos; es una especie de instinto.

Sus palabras me dejan pensativo. Otra pregunta se forma en mi mente.

-¿Siempre va a ser así? ¿Transformándose en...lobo? ¿O puede controlarlo?

Conner sonríe levemente, como si esa pregunta le hubiera recordado algo personal.

-Aprenderá a controlarlo, sí. Con el tiempo, Jon podrá transformarse a voluntad, y esas primeras noches de caos serán cosa del pasado. Solo necesita tiempo y... apoyo.

Asiento, mis pensamientos desordenados, pero algo en mí empieza a calmarse, como si esas respuestas me ayudaran a darle sentido a lo que estamos viviendo.

-¿Y nosotros...? ¿Estamos en peligro por saber esto?-
pregunto finalmente, quizás con la pregunta más importante de todas.

Conner sacude la cabeza, su expresión sincera.

-Nunca. No permitiríamos que nadie les os hiciera daño. Ya formais parte de esto, Tim. Damián y tú, estáis conectados a nosotros.

Miro a Damián y Jon una vez más.

-¿Esto de... ser compañero? ¿Es algo seguro?

-Sí-responde Conner, su tono tranquilo, casi reconfortante.

-¿Y si Damián no quiere?-le pregunto, tratando de imaginar la reacción de mi hermano ante algo tan... instintivo.

Conner niega con la cabeza, sonriendo ligeramente.

-Jon jamás lo forzaría a nada. No funciona así-me asegura-Para nosotros, el vínculo es profundo, pero también respetuoso.

Asiento, aunque mi cabeza sigue dando vueltas. Otra pregunta surge en mi mente.

-¿Y tú? ¿Tienes un compañero?-le pregunto, observándolo con curiosidad.

Conner desvía la mirada, un toque de incomodidad en su expresión.

-No... aún no-admite en voz baja.

-¿Entonces cómo controlaste tu transformación?-insisto, queriendo saber cómo lo manejó él.

-Mi madre me ayudó. Ella estuvo conmigo, igual que ahora estoy con Jon-dice, su voz cargada de un cariño que no le había escuchado antes.

-Ah...-murmuro, asimilando lo que implica ese tipo de apoyo.

Después de un momento, otra pregunta me asalta.

-¿Volvisteis al pueblo por alguna razón en particular? -pregunto, recordando la reciente mudanza de los Kent al área.

Conner asiente, su mirada se suaviza.

-Sí. Este es nuestro hogar. Nuestro territorio

Una parte de mí no puede evitar cuestionarse todo, incluso si esto es real. Me froto los ojos, buscando una pizca de lógica en lo ilógico.

-No estoy soñando, ¿verdad? -murmuro, con una leve esperanza de que quizá todo sea un producto de mi imaginación.

Conner me mira y sacude la cabeza, con una media sonrisa.

-No, Tim. Esto es tan real como tú y yo.

Suelto un suspiro y me apoyo contra la pared de la escalera, sintiendo el peso de la situación sobre mí.

-Joder...-murmuro, tratando de asimilarlo todo


Después de dos largas horas, me encuentro todavía sentado en las escaleras, observando cómo Damián le habla a Jon. Mi hermano se ha dedicado a mantener una conversación constante, como si estuviera hablando con cualquier persona y no con un enorme lobo que lo escucha atentamente. Habla de libros, de teorías de clase, incluso de los lugares que quiere visitar algún día. Y Jon sigue cada palabra de Damián con la mirada fija, como si estuviera hipnotizado. De vez en cuando, el lobo mueve la cola de forma emocionada, claramente contento de escuchar la voz de Damián, como si no hubiera otra cosa en el mundo que le importara más.

Conner, quien ha estado observando junto a mí en silencio, finalmente se mueve, tomando una profunda respiración antes de hablar.

-Voy a romper la línea de planta-nos informa

Damián y yo compartimos una mirada y, con una leve señal, ambos nos acercamos a la pared, presionándonos contra ella. Mi corazón late con fuerza, y no puedo evitar sentir una mezcla de tensión y expectativa mientras Conner da el primer paso, cruzando la línea de planta que había estado manteniendo al lobo bajo control. Apenas ha roto la barrera, el lobo se detiene, levantando la cabeza con interés, sus ojos azules brillando intensamente mientras su atención se centra de nuevo en Damián.

Sin dudarlo, Jon -o el lobo que él es en este momento- se aproxima a Damián, ignorándome completamente, como si yo fuera invisible. Con un movimiento cauteloso pero curioso, comienza a olisquear a mi hermano, acercando su gran hocico hasta casi rozarle el brazo. Damián permanece quieto, sin moverse ni un centímetro, aunque puedo ver cómo su pecho sube y baja con más rapidez.

El lobo da una vuelta alrededor de Damián, olfateando a su alrededor, observándolo de cerca, como si quisiera memorizar cada detalle de su presencia. Por un instante, me siento como un intruso en una conexión que parece ser solo entre ellos dos. Jon menea la cola con entusiasmo, el gesto casi tierno.

El lobo comienza a lamerle la cara a Damián con una efusividad que hace que Damián empiece a quejarse y a intentar apartarlo, girando la cabeza de un lado a otro para evitar la enorme lengua de Jon, sin mucho éxito.

-¡Para, Jon!-gruñe Damián, tratando de empujar el hocico del lobo-¡Déjalo ya!

-Vamos fuera-nos dice Conner, riendo.

Al salir, nos recibe un silencio profundo, como si la misma naturaleza estuviera contenida en este momento. La noche es tranquila, y el aire frío nos envuelve.

-¿Y tus padres? ¿Dónde están?-Conner, sin perder su tono tranquilo, responde

-Habrán salido a patrullar o a cazar algo.

Mientras conversamos, escucho los quejidos de Damián, que sigue peleando con Jon. Ahora el lobo lo empuja suavemente con la cabeza hacia el borde del bosque. Damián le pone una mano en el pecho para detenerlo.

-¿¡Qué te pasa!?-le pregunta a Jon, claramente exasperado.

Conner sonríe y responde en lugar de su hermano:

-Quiere correr contigo.

Damián mira al lobo, quien emite un sonido como una especie de gemido. Suspira, dudando por un momento, pero al final accede con una mezcla de resignación y curiosidad. Se encamina hacia el límite de los árboles, lanzándole una advertencia a Jon

-Como intentes morderme, te juro que te llevas una patada en el hocico, ¿me oyes?-Jon mueve las orejas y da un pequeño salto hacia adelante, claramente emocionado.

Lo veo desaparecer entre los árboles junto a Damián, y el bosque se los traga en la penumbra. Hay algo en la escena que me da un vuelco en el pecho.

Conner permanece a mi lado, en silencio. Lo miro y le pregunto, intentando no sonar como si me sintiera fuera de lugar:

-¿Y tú? ¿No vas a correr con ellos?-Conner me observa y luego, con una sonrisa tranquila, responde:

-Estoy cuidando de ti.

-Ah...No hace falta-le digo-Puedo esperar en el coche-Conner considera mis palabras un momento y luego sugiere:

-Podemos esperar dentro de casa. Así estamos más cómodos.

Me encojo de hombros, y juntos regresamos hacia el calor de la casa, donde el silencio se convierte en una especie de refugio mientras esperamos el regreso de mi hermano y Jon.


Pienso añadir puntos de vista de más personajes.

Porque creó ue también os puede gustar.

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