5
Nos sentamos en el sofá, y el silencio entre nosotros es casi reconfortante, solo roto por el murmullo bajo de la televisión de fondo. Miro a Conner de reojo, y, después de unos minutos, la curiosidad me vence.
-¿Sois… como en las películas?-pregunto, no muy seguro de cómo formular la pregunta sin sonar como un idiota.
Conner deja escapar una risita, sin sorpresa ante mi curiosidad.
-Bueno…
-Me refiero a vuestras... ¿habilidades?-aclaro, sintiendo que probablemente parezco un niño pequeño haciendo preguntas sobre superhéroes.
-¿Te refieres a fuerza sobrehumana y esas cosas? -me pregunta, y asiento.
-Pues sí, tenemos velocidad, resistencia, reflejos, agilidad, coordinación, durabilidad y sentidos mucho más agudos -responde con calma- También tenemos un factor de curación acelerada.
Lo miro con los ojos ligeramente abiertos, asimilando todo lo que acaba de enumerar. Era una cosa que me lo dijera de forma vaga, pero escuchar todas esas características, una tras otra, hace que la realidad de todo esto se sienta más… sólida.
Esto tiene que ser un sueño.
-¿Y… garras y dientes afilados?-añado, intentando sonar casual.
Conner sonríe y asiente.
-Solo contra el enemigo y las presas-responde, divertido.
Miro hacia la pantalla, donde las imágenes de la televisión se mueven sin sentido, y me pregunto si realmente estoy despierto o si, en cualquier momento, voy a abrir los ojos y descubrir que todo fue un sueño.
-En la cabaña... estabas buscando a alguien, ¿verdad?-digo, mi tono más una afirmación que una pregunta.
Conner me lanza una mirada de resignación y suspira.
-Quizás.
-Conner...-insisto, mirándolo con seriedad.
Finalmente, asiente.
-Vale, sí.
-¿Otro lobo?
-Sí-responde, su voz baja pero clara.
Siento que el nerviosismo se instala en mí, especialmente al recordar que mi hermano está ahí afuera en el bosque.
-¿Es peligroso?-pregunto, mi voz saliendo más temblorosa de lo que quisiera.
-Era…-dice, dejando la palabra flotando en el aire.
-Era-Repito. Conner se inclina un poco hacia adelante, intentando explicarse mejor.
-Mira, en las manadas siempre hay... digamos que cabos sueltos o miembros problemáticos, ya sabes, ovejas negras. Y créeme, hay muchas cosas en el mundo de los lobos que no siempre son tan... simples.
-¿Entonces me estás diciendo que en este pueblo… tenéis una manada de lobos?-pregunto, intentando procesar la idea.
-Sí.
-¿Y tu padre es el líder?-digo, aunque ya intuyo la respuesta.
-Sí. Nosotros lo llamamos Alfa. Hay otros Alfas, también, como en el pueblo vecino, donde tenemos que lidiar con Sam, un capullo que cree que puede meter sus narices donde quiera. A veces hay que recordarle que eso no funciona así
-Ah...-es todo lo que logro decir, tratando de asimilarlo todo. Conner suelta una risa suave.
-Sí, wow…-replica, con una sonrisa-a veces, chicos como mi hermano se meten en pueblos como este. No suelen ser un problema. Bastan un par de gruñidos o un mordisco para que no vuelvan a intentarlo. Pero luego está el tio que se coló. No sé su nombre, ni quién es, y tampoco me interesa, pero sé que no estaba aquí por algo bueno. Lo olí.
-¿Lo... olías?-pregunto y Conner asiente, señalando hacia mi pecho.
-Sí, de la misma forma en que ahora puedo escuchar tu corazón latir. Los lobos podemos oler las intenciones de los demás, y este desconocido olía a problemas.
Siento que el mundo a mi alrededor se tambalea un poco. Me froto los ojos, intentando despertar de lo que todavía parece un sueño.
-Joder... esto... espero despertar pronto, porque esto no puede ser real-
murmuro, sin saber si estoy hablando en serio o solo intentando encontrar algo de lógica en todo esto.
Conner sonríe con calma, sus palabras llenas de una sabiduría inquietante.
-Las películas se hacen por algo, Tim.
Corro entre los árboles, esquivando ramas, piedras y troncos caídos. El aire frío me golpea la cara, y el suelo irregular bajo mis pies me obliga a estar atento a cada paso.
Jon corre detrás de mí con una facilidad asombrosa. Conner dijo que Jon quería correr conmigo, pero nadie mencionó que estaríamos jugando a una especie de pilla pilla improvisado. Lo más sorprendente es que, en lugar de sentirme aterrado, me encuentro disfrutando de la adrenalina, como si esto fuera lo más natural del mundo.
A pesar de todo, no puedo evitar recordar el inicio de esta locura. El corazón se me iba a salir del pecho. Fue una mezcla entre ataque de pánico y principio de infarto. Que no engañe mi serenidad exterior. Pero ahora, la idea de estar corriendo con un lobo gigante no me resulta tan extraña.
Aunque sé que, en el fondo, esto es imposible.
Es absurdo.
Quizás estoy soñando, o tal vez alguien me ha drogado en el insti y ahora estoy en una especie de trance extraño, corriendo como un loco por el bosque en medio de un delirio inducido.
Jon no me atrapa; de hecho, noto que se contiene, como si estuviera jugando conmigo. No soy tonto; sé que, si realmente quisiera, podría alcanzarme en un instante. He visto documentales sobre lobos y sé lo rápido que pueden correr. Pero Jon, con su tamaño, seguramente podría moverse aún más rápido. Sin embargo, parece disfrutar dejándome creer que puedo escapar.
A medida que sigo corriendo, los sonidos del bosque se vuelven más claros: las ramas crujiendo bajo mis pies, el eco de mis respiraciones y, detrás de mí, el suave sonido de las patas de Jon golpeando el suelo con cada paso.
De repente, un movimiento rápido y certero hace que pierda el equilibrio. Mierda. Antes de que pueda reaccionar, caigo de espaldas al suelo, contra el manto de hojas y tierra. En un instante, Jon está sobre mí, sus ojos brillando con una mezcla de emoción y diversión.
Antes de que pueda incorporarme, Jon coloca una enorme pata sobre mi pecho, inmovilizándome con una facilidad que me hace sentir como un juguete. Su peso es considerable, pero no llega a aplastarme. Lo suficiente para que sepa que no tengo escapatoria.
Capullo.
-¡Jon!-protesto, tratando de apartar su pata, aunque sé que mis intentos son inútiles-¡Quítate de encima!
Jon, en lugar de apartarse, se inclina más cerca, y antes de que pueda anticiparlo, su lengua áspera y cálida se desliza por mi cara en una serie de lametones efusivos y desordenados. Uy, la virgen. Siento la humedad pegajosa en mis mejillas, y empiezo a mover la cabeza de un lado a otro, tratando de esquivar su lengua.
-¡Basta! ¡Para ya!-me quejo, intentando cubrirme el rostro con las manos, pero él sigue lamiendo sin detenerse, como si ignorara por completo mis protestas.
Cada vez que intento empujar su pata o moverme, Jon simplemente ajusta su posición, manteniéndome atrapado y sin darme oportunidad de zafarme.
Puedo sentir su respiración cálida y el sonido de su cola agitándose con entusiasmo, como si disfrutara del momento y no tuviera la más mínima intención de dejarme en paz.
-¡Maldito seas, Jon!-gruño, entre frustrado y resignado, mientras él continúa lamiéndome la cara con absoluta dedicación, como si fuera un cachorro que no tiene intención alguna de apartarse.
No soy tonto.
Sé perfectamente que Conner quiere salir corriendo al bosque y hacer... cosas de lobo con su hermano. Lo he notado en cómo se queda mirando hacia el exterior, incluso mientras intenta mantenerse a mi lado "cuidándome", como él mismo dijo. Me pongo de pie y, con decisión, le digo:
-Bien, vamos a buscar a tu hermano.
Conner se me queda mirando, como si yo hubiera leído exactamente lo que está pensando. Es una especie de comunicación silenciosa: él sabe que yo sé que él quiere ir a correr. No hace falta decir nada más. Sin objeciones, se levanta también, listo para salir.
Sin embargo, en cuanto empieza a desvestirse, me doy la vuelta rápidamente, mirándolo de reojo sin saber si reír o qué hacer.
-Podrías haber avisado, ¿sabes?-digo, apartando la mirada para no mirarlo directamente.
-No me avergüenza mi cuerpo.
-Pues a mí me avergüenza ver a un tío en pelotas-
murmuro, aguantando una risa nerviosa mientras él se quita la última prenda y se prepara para transformarse.
Siento que pasa junto a mí, y trato de mirar en cualquier dirección menos hacia él, manteniendo la compostura.
Entonces, escucho el sonido de huesos crujir, una especie de mezcla entre un eco y un cambio abrupto que me eriza la piel. Cuando vuelvo a mirar, en lugar de Conner, hay un enorme lobo negro frente a mí, aún más grande de lo que imaginaba, tan imponente como el lobo de su padre.
-Bien… guía-le digo, tratando de sonar calmado.
El lobo asiente y comienza a trotar, y yo lo sigo. A medida que avanza, su trote se convierte en una carrera, y aunque trato de mantener el ritmo, agradezco haberme mantenido en buena forma física, porque de lo contrario, ya estaría jadeando y escupiendo mis pulmones.
Después de un rato, encontramos a Damián y Jon. Mi hermano está detrás de un árbol, tratando de esconderse, mientras Jon, en su forma de lobo, da vueltas alrededor, claramente intentando atraparlo.
Es una escena bastante... adorable, a pesar de lo extraño que resulta ver a un lobo gigante jugando al pilla-pilla con mi hermano.
Jon nota nuestra presencia antes de que estemos lo suficientemente cerca para intervenir, y cuando ve a Conner, se lanza hacia él, empezando a jugar como si fuera un cachorro. Conner le responde en su forma de lobo, y ambos comienzan a correr y saltar, perdiéndose entre los árboles. Aprovecho el momento para acercarme a Damián, que sale de detrás del árbol.
-¿Qué tal?-le pregunto, aún sin terminar de procesar todo lo que está pasando.
-Damián se sacude tierra de la ropa y, con un suspiro resignado, responde:
-Bien... aunque al principio Jon ha dado algun traspié. Y yo voy a necesitar una ducha con lejía, porque tengo babas de chucho por todas partes.
No puedo evitar soltar una carcajada. Ver a Damián, siempre tan serio, con esa queja sobre la cantidad de babas que lleva encima es de lo más surrealista.
Mientras converso con Damián, un crujido nos interrumpe. Escuchamos hojas rompiéndose detrás de nosotros y pasos que se acercan. Al girarnos, nos encontramos con Jon y Conner, acercándose con una energía que hace que el aire se sienta electrico. Miro a Conner y veo en sus ojos una chispa que no había visto antes.
De repente, sin aviso alguno, me encuentro en una persecución. Conner se lanza tras de mí, y no puedo evitar reír mientras me obligo a correr tan rápido como puedo, esquivando árboles y piedras en el camino. Zigzagueo entre los troncos, saltando sobre raíces y obstáculos, con la esperanza de ganar algo de ventaja. Veo un tronco caído más adelante y aprovecho la oportunidad para saltarlo, aterrizando de puntillas con rapidez y pegándome al suelo.
Miro de reojo justo a tiempo para ver cómo Conner salta por encima del mismo tronco. Al darse cuenta de que me he escondido, frena en el otro lado, confundido por un momento. Aprovecho la distracción y salto al otro lado nuevamente, volviendo a correr, dándole una sonrisa burlona mientras sigo escapando.
Sé que él es más rápido, que en cualquier momento podría alcanzarme si realmente quisiera, pero no voy a ponérselo fácil. Sí, soy competitivo.
Sin embargo, era inevitable. Después de varios minutos de zigzagueo, siento que Conner, con su velocidad superior, se acerca a toda velocidad. En un movimiento rápido, se lanza hacia mí y, antes de que pueda esquivar, termino en el suelo. Apenas tengo tiempo de reaccionar antes de que él, sin piedad, empiece a lamerme la cara con una lengua áspera y húmeda, ignorando mis intentos desesperados por apartarlo.
-¡Ey! ¡Para!-protesto, riendo y empujándolo con ambas manos, tratando de cubrirme el rostro-¡Eres peor que un perro!
Pero Conner no me hace ni el más mínimo caso, y sigue lamiéndome como si fuera el mayor trofeo que jamás hubiera capturado. Intento girarme, apartarlo, empujarlo, pero nada parece detener su entusiasmo. Escucho a Damián reírse a unos metros de distancia, probablemente disfrutando de verme atrapado en la misma situación en la que él estuvo antes.
Finalmente, resignado, me dejo caer con un suspiro, intentando no reír más, mientras Conner sigue disfrutando de su "victoria".
A la mañana siguiente, cuando abro los ojos, me encuentro en mi cama, y Damián está profundamente dormido a mi lado.
La prueba de que nada ha sido un sueño son las agujetas que siento en cada músculo de mi cuerpo; apenas puedo moverme sin sentir el cansancio acumulado de la noche anterior. No tengo idea de a qué hora volvimos, pero parece que los dos colapsamos en cuanto tocamos la cama. Decido dejarlo dormir mientras me levanto y empiezo a recoger la casa.
Lo primero es tirar los restos de la comida que había planeado hacer el día anterior; ahora no sirve para nada. Friego los platos, barro el suelo y paso la fregona, intentando que todo vuelva a la normalidad, al menos en apariencia. La monotonía de las tareas me da un momento para ordenar mis pensamientos.
Sobre las 11:30, Damián finalmente se levanta y me encuentra en el sofá, viendo la televisión. Me saluda con un suave “buenos días” y luego se va directo a la cocina a prepararse algo de desayunar. En pocos minutos, vuelve y se sienta junto a mí, sosteniendo una taza de colacao y un plato con algo sencillo que preparó.
-No es un sueño, ¿verdad?-me pregunta, mirándome de reojo.
-No-le respondo.
Yo le cuento lo que Conner me contó. Le hablo de la fuerza sobrehumana, la velocidad, cómo pueden escuchar nuestros corazones desde lejos, el extraño lazo que llaman “compañero”, que Jon siente con él, aunque ni yo mismo logre entenderlo del todo. Mientras hablo, veo cómo Damián procesa cada palabra, su mirada fija en un punto como si estuviera descifrando cada pieza de este nuevo mundo.
-Es una locura…-murmura al final, como si intentara convencerse de que lo que acaba de vivir es real.
Yo asiento, sabiendo que esta locura, de algún modo, ahora es parte de nuestra realidad.
🐺
Damián está recogiendo su plato y vaso para meterse en la cocina a fregarlos, cuando de repente escucho que tocan a la puerta. Me levanto del sofá, aún con la sensación de pesadez en el cuerpo, y abro la puerta para encontrarme con dos rostros que ahora reconozco bien: Jon y Conner.
Jon me da los buenos días con una sonrisa y parece esperar ansioso que le permita entrar. Después de que Conner también me saluda, me hago a un lado para dejarlos pasar. Jon no tarda en ir hacia la cocina y, estoy seguro que en cuanto ve a Damián, su expresión se ilumina.
Cierro la puerta y me vuelvo hacia Conner. Nos quedamos en silencio por un momento, pero él rompe el silencio, mirándome con una leve sonrisa.
-¿cansado?-me pregunta con cierta complicidad.
-Un poco-admito, sin darle muchos detalles, aunque estoy seguro de que sabe que anoche fue una experiencia completamente agotadora.
-Mis padres quieren hablar con vosotros-Me suelta-
hemos venido para llevarlos a casa.
Me quedo en silencio, dudando. La noche anterior fue intensa, y no tengo del todo claro si quiero profundizar aún más en esta realidad que apenas estoy comenzando a comprender. Miro a Damián, quien me devuelve una mirada tranquila pero expectante, esperando mi decisión.
Finalmente, tras unos segundos de reflexión, asiento. Quizás es mejor enfrentar esto de una vez.
-Está bien-respondo, intentando sonar más seguro de lo que realmente me siento.
Minutos después, Damián y yo estamos sentados en la parte trasera del coche de los Kent.
El viaje en coche hacia la casa de los Kent se siente eterno. Damián y yo estamos sentados en la parte trasera, en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos. La intensidad de la noche anterior sigue pesando en mi mente, y el hecho de que ahora estamos en camino para tener una conversación formal con los padres de Conner y Jon solo hace que mi nerviosismo aumente. Miro a Damián de reojo; parece tranquilo, aunque sé que, por dentro, está tan inquieto como yo.
Finalmente, llegamos a la casa de los Kent. Jon y Conner nos guían directamente hacia la cocina, donde encontramos a sus padres todavía desayunando. Seguramente ellos se durmieron más tarde que nosotros. El aroma del café y el pan recién hecho llena el ambiente, y una parte de mí se siente como si estuviéramos entrando en una escena cotidiana, casi normal. Sin embargo, la realidad de lo que vamos a hablar le da al momento un aire de solemnidad que es imposible ignorar.
Sus padres, Lois y Clark, nos saludan con amabilidad, y nosotros respondemos de la misma manera, sintiéndonos un poco fuera de lugar. Nos sentamos en el otro extremo de la mesa, manteniendo una distancia que parece natural, pero también refleja nuestra incertidumbre. Jon y Conner toman asiento a cada lado de nosotros, como si quisieran hacernos sentir acompañados.
Es Clark quien rompe el silencio, su voz grave y serena llena el espacio.
-Primero que nada, queremos daros las gracias -dice, mirando especialmente a Damián.
Mi hermano simplemente asiente, manteniendo una expresión neutral.
Clark hace una pausa, como si estuviera eligiendo cuidadosamente sus próximas palabras.
-Sé que fue injusto, que te involucramos en esto sin preguntarte antes. Sabemos que es algo… complicado de aceptar. Pero Jon te necesitaba, y nosotros no teníamos otra opción en ese momento.
-Quiero dejar algo claro- continúa Clark-No teneis ningún tipo de…contrato o compromiso formal con nosotros. No estamos aquí para imponer nada. Solo queremos ser honestos y transparentes sobre quiénes somos.
Mientras habla, sus palabras comienzan a resonar en mi mente, y siento que se está acercando a algo más profundo. Lois asiente, apoyando lo que su esposo está diciendo, y sus ojos se vuelven amables, casi como si estuviera intentando transmitirnos tranquilidad.
-Nos gustaría que vosotros formaseis parte de nuestra manada.
La invitación es directa, sin rodeos, pero cargada de un significado que va más allá de las palabras.
Al escuchar esto, siento que el aire se vuelve más denso.
Damián y yo intercambiamos una mirada, y puedo ver que él está tan sorprendido como yo.
La idea de formar parte de algo tan… desconocido, tan alejado de nuestra vida habitual, me deja sin palabras.
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