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Monster [ConnerxTim]

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Tim

Los días que siguen no son más fáciles. Cada vez que pienso en esa conversación, mi cabeza empieza a dar vueltas. Intento concentrarme en cosas cotidianas para mantenerme cuerdo: trabajo, recoger la casa, cocinar...

Uno de esos días, cuando me cruzo con Conner, me pongo algo nervioso. No sé si va a preguntarme si ya hemos tomado una decisión, si él y su familia están esperando una respuesta de inmediato. Pero, para mi sorpresa, no dice nada al respecto. En lugar de eso, me pregunta...

-¿Qué tal tu día?-dice con una sonrisa tranquila-¿Qué vas a hacer de comer hoy?

Me desconcierta su actitud tan relajada, pero al mismo tiempo me alivia. Supongo que no están presionandonos, pero eso solo hace que mi confusión sea aún mayor. La normalidad de su pregunta choca con la magnitud de lo que está en mi cabeza, y me siento como si estuviera viviendo dos vidas al mismo tiempo: una en la que intento mantener las cosas como siempre han sido y otra en la que todo ha cambiado radicalmente.

Días después, mientras recojo a Damián después de sus clases, él sube al coche con una expresión tensa. No me dice nada al principio, pero cuando arrancamos, finalmente suelta lo que le está molestando.

-Jon se veía....ansioso hoy-dice, mirando por la ventana.

Frunzo el ceño, echándole una rápida mirada de reojo.

-¿Ansioso? ¿Por qué?

-Por una respuesta. La nuestra-explica, sin necesidad de entrar en más detalles.

Mi estómago se revuelve al escuchar eso. Ninguno de los dos sabe qué decir. Esto es una locura, y parece una especie de sueño o de película, pero no lo es. Joder, no lo es.

-¿Qué crees que deberíamos hacer?-le pregunto, aunque ya sé que Damián no tiene la respuesta.

Se queda callado un momento antes de suspirar.

-No lo sé...No quiero darle una respuesta porque no entiendo nada. Hasta hace unos días, Jon simplemente era un compañero de clase. No un lobo, no un futuro Alfa, ni nada de esto-dice, su tono cargado de frustración y agotamiento.

Asiento en silencio, porque no tengo nada que añadir.

Todo lo que dice es cierto.

No sabemos qué significa ser parte de una manada, ni qué implicaría para nuestras vidas

A la mañana siguiente suena el despertador, y lo único que quiero hacer es apagarlo y seguir durmiendo. Pero, como siempre, tengo que levantarme para ir al trabajo. Odio madrugar, especialmente en días fríos como este, cuando el aire parece cortante incluso dentro de la casa. A regañadientes, me pongo ropa abrigada: un jersey de lana gris oscuro que me queda un poco ajustado, unos vaqueros negros algo gastados pero cómodos, y una chaqueta acolchada azul marino que abriga lo suficiente. Mis Converse negras, aunque no son las mejores para el frío, son lo único que me hace sentir algo de comodidad en una mañana así. Con las manos metidas en los bolsillos y una bufanda negra que apenas protege mi cara del aire helado, me dirijo al trabajo.

Mientras camino hacia el bar, cruzo la calle y me encuentro con un hombre que nunca antes había visto. Mis ojos se detiene en él por puro instinto. Es rubio, con el pelo perfectamente peinado, y parece estar en muy buena forma. Lleva un abrigo largo de corte elegante que le queda perfecto, como si lo hubieran diseñado para él. Su postura es segura, su andar relajado, y su rostro... bueno, no es el tipo de cara que ves todos los días. Es guapo de una manera que casi parece irreal, como sacado de una revista. Por un momento, me siento completamente fuera de lugar, como si él estuviera en un nivel completamente distinto al mío, alguien totalmente inalcanzable.

Sigo mi camino, sacudiéndome esos pensamientos antes de llegar al bar. Una vez dentro, el lugar está vacío, como siempre a primera hora. Respiro hondo, dejando que el calor del interior me relaje un poco, y me pongo manos a la obra. Empiezo a ordenar las tazas de café, colocándolas en sus estantes correspondientes, y preparo las cosas para los desayunos: los azucareros, las cucharas, los sobres de edulcorante, y reviso que la máquina de café esté lista para funcionar.

El silencio del bar es algo que me gusta a esta hora. Me da tiempo para organizar todo antes de que empiece el ajetreo de los clientes.

Después de unos 20 minutos, la puerta del bar se abre, y dos hombres entran, sacudiéndose el frío de encima. Uno de ellos es de cabello oscuro, alto y con una barba perfectamente recortada; el otro, algo más bajo pero con una sonrisa que ilumina su rostro, lleva el cabello castaño claro y unos ojos tan vivos que parece que siempre está a punto de soltar una broma.

-Buenos días-dice el primero

-¡Hola!-añade el segundo, más animado-¿Nos pones un café bien cargado y unas tostadas? Necesitamos entrar en calor.

-Claro, enseguida-respondo, esbozando una sonrisa mientras me pongo manos a la obra.

Empiezo a preparar los cafés, comprobando que la máquina esté perfectamente calibrada. Las tostadas están listas en pocos minutos, doradas y crujientes, con un par de porciones de mantequilla y mermelada al lado. Los hombres se sientan en una mesa junto a la ventana, charlando mientras esperan su pedido. Me aseguro de que tengan todo lo que necesitan antes de regresar al mostrador.

El bar comienza a llenarse poco a poco, como siempre pasa los sábados por la mañana. La gente entra buscando calor y energía para empezar el día: familias, parejas y un grupo de jóvenes que parece haberse despertado hace poco.

A las 10:00 Mary, mi compañera de refuerzo, llega con su típica energía contagiosa. Es una mujer de mediana edad, siempre sonriente, y con un ritmo de trabajo que me deja asombrado.

-¡Buenos días!-dice mientras cuelga su abrigo y se pone el delantal-¿Cómo vas?

-sobreviviendo-respondo, señalando al grupo de jóvenes que acaba de entrar pidiendo chocolates calientes y tostadas.

Mary se pone manos a la obra de inmediato, preparando los chocolates y ayudando con los pedidos.

La mañana avanza con rapidez, el bar lleno de conversaciones y risas, y el olor del café y las tostadas impregnando el aire. Es agotador, como siempre, pero hay algo reconfortante en la rutina, en ver a la gente disfrutar del desayuno mientras el frío queda afuera

El jueves por la tarde, me encuentro en urgencias con Damián. Jon y Lois se han marchado en cuanto llegué.
Aprovechando el día festivo, Damián salió alrededor de las 17:30 con Jon para ver una película sobre un asesino en serie. Yo disfrutaba de una tarde tranquila hasta que vi el nombre de Lois en la pantalla de mi móvil. Conner me había proporcionado los números de sus padres y el suyo por si ocurría algun día algo.

Lois me dice que necesitaban la tarjeta sanitaria de Damián debido a un incidente, así que me pongo en marcha rápidamente. Al llegar, me senté junto a ellos; Damián estaba llorando, no de forma exagerada, pero claramente adolorido.

Una esguince.

¿Qué?

¿¡Joder, qué ha pasado!?

Cuando lo llaman para vendarle la muñeca, voz baja, Lois me explica que Jon estaba experimentando su primer celo y había perdido el control.

Perdio

El

Control.

Lois continua explicando que, en los hombres lobo, el primer celo suele manifestarse aproximadamente unos meses después de su "despertar". Durante este período, experimentan un aumento significativo en sus instintos y deseos, lo que puede llevar a comportamientos incontrolables si no se manejan adecuadamente. Con el tiempo y la guía adecuada, aprenden a controlar estos impulsos.

Aunque entendía la explicación, la preocupación por Damián y la incertidumbre sobre este nuevo mundo eran abrumadoras.

Cortésmente, le pedí a Lois que se fuera.

Diez minutos después de que le vendaran la muñeca a Damián y le recetaran analgésicos, nos encontramos en el coche, sumidos en un silencio tenso.

Decido romperlo...

-Quiero saber tu versión de la historia.

Damián permanece callado durante unos segundos, mirando fijamente al frente. Finalmente, con voz temblorosa, dice:

-He pasado miedo-Siento un nudo en el estómago al escuchar sus palabras.
Damián suspira profundamente antes de continuar

-Estábamos en el cine, todo iba bien. Pero de repente, Jon se ha empezado a comportar de forma extraña. Se veía... diferente. Murmuraba cosas...no sé. Y cuando le he preguntado de primeras me ha ignorado... Luego...No me lo esperaba, me ha agarrado de la muñeca con tanta fuerza...¡Dios y deberías haber visto sus ojos! He intentado soltarme pero me tenía sujetado con tanta fuerza que pensaba que me iba a romper la muñeca....Tim....No sabía qué hacer...-Mientras escucho su relato, la preocupación y la rabia se mezclan en mi interior como si fuesen ácidos corrosivos.

-Lo siento mucho, Damián.

-Hasta que no he gritado...no me ha soltado, y pensaba que no lo haría.

-Lois me ha contado que es por el celo....el primero de los hombres lobo, que puede hacer que pierdan el control...

-Joder...-Dice sorbiendo por la nariz-Pues que bien.

Después de tres días evitando a Conner en el trabajo y permitiendo que Damián se ausente del instituto, la tensión entre nosotros ha alcanzado su punto máximo.

La noche del incidente, Conner vino solo a casa, buscando dialogar.

-¡No!-chille más de lo que había pensado, interrumpiéndolo antes de que pudiera empezar.

-Tim... escucha...

-¡No!

-Creo que no estás pensando con claridad. Ha sido un accidente.

-¡Me da igual que haya sido un accidente! Es mi hermano.

-Esto solo empeora las cosas.

-¿Peor que joderle la muñeca? ¿Y si fuera al revés, Conner? ¿Dejarías que Damián se acercara a Jon?

Un silencio pesado se instaló entre nosotros.

-Tú no lo entiendes-dije finalmente.

-Pero entiendo que no quiero que esté cerca de mi hermano hasta que él lo decida.

-Hablas como si nunca cometieras errores-replicó con acritud.

-Solo protejo a mi hermano.

-Y yo quiero ayudar al mío.

-Damián no irá a ningún lado.

-Muy bien-dijo con desprecio antes de marcharse.

Claramente, mi respuesta no le gusto, pero no me importó.

Durante los días siguientes, Conner continuó viniendo al bar, intentando hablar conmigo. Finalmente, al tercer día, mientras se acercaba a la barra para pagar, me dirigió la palabra.

-Tim.

-Son 8 dólares.

-Hablemos-dijo, dejando el dinero frente a mí.

-Estoy trabajando.

-Esta tarde.

-Estaré ocupado.

-Por favor.

Suspiré, recordando que llevaba tres días intentando disculparse.

-Saldré a correr a las seis.

-Seré más puntual que en mis citas-Asentí.

Esa tarde, mientras esperaba en el parque sentado en un banco y revisando mi móvil, unas manos cubrieron mis ojos por detrás.

-¿Quién soy?-preguntó una voz familiar.

-El peor castigo que Dios me ha enviado.

-Incorrecto.

-Conner-respondí, apartando sus manos de mis ojos.

-Correcto.

Ambos comenzamos a correr en silencio durante unos minutos. Luego, él rompió el silencio.

-Creo que fui un idiota al enfadarme.

-Lo sé-respondí, y él soltó una ligera risa.

-Tenías todo el derecho a estar a la defensiva. Pero yo también quería proteger a mi hermano... Él lo está pasando mal y, créeme, se siente fatal por haberle hecho daño a tu hermano.

-Es decisión de Damián si quiere volver a hablar con él, no mía.

-Lo sé...pero también sé que tú mereces respuestas.

Esa respuesta hace que en mi estómago salten chispas

Soy consciente de que
la comunicación abierta y sincera es fundamental para resolver conflictos y reconstruir relaciones. Expresar nuestros sentimientos y escuchar al otro con atención puede facilitar muchas cosas.

Además, es importante reconocer que todos cometemos errores y que, a través del diálogo y la comprensión mutua, podemos encontrar soluciones que beneficien a ambas partes.

Pero como ya he dicho es decisión de mi hermano.

Damián.

Estaba en mi habitación, concentrado en la lectura en mi escritorio. Tim había salido a correr, y la casa estaba en completo silencio y tranquila. De repente, unos golpes en la ventana me sobresaltaron. Al levantar la vista, me encontré con Jon, quiero allí. El susto hizo que empujara la silla hacia atrás, alejándome instintivamente.

-¿Podemos hablar?-preguntó Jon con voz suave.

-Fuera-respondí, intentando mantener la calma.

-Ya estoy fuera

-¿Estás intentando ser gracioso?

-Por favor, Damián...

-¡Jon, fuera!-repetí, elevando la voz más de lo que pretendía.

Sé que mi reacción puede parecer exagerada, pero el mal rato que pase aún esta fresco en mi mente. Durante el incidente, me sentí completamente impotente. El dolor físico fue rápido e intenso, pero lo que más me perturbó fue la sensación de vulnerabilidad ante Jon. Sus ojos, su voz, incluso sus colmillos... todo en él parecía ejercer una especie de influencia sobre mí.

No entiendo mucho sobre los alfas y su...¿poder?, pero me pregunto si de alguna manera pueden ejercer control sobre personas normales como yo. Sentí una extraña necesidad de someterme, de doblegarme ante él, y eso me asusta más que cualquier otra cosa.

Y yo quería defenderme.

Según algunas fuentes, los alfas pueden tener habilidades que les permiten influir en otros, incluso en humanos. Eso podría explicar por qué me sentí tan vulnerable en su presencia.

-Por favor, Damián, necesito hablar contigo-dijo, y noté un brillo rojo en sus ojos que me aterrorizó aún más.

-Vete...

-Pero te necesito.

-¡y yo necesito que te vayas!

-Ven...

-¡No!

-¡Por favor!

-¡Jon, para!

Sentí una presión creciente en mi pecho, como si una fuerza invisible intentara doblegar mi voluntad. El dolor de cabeza se intensificaba con cada palabra suya, como si hilos invisibles tiraran de mí.

-¡Me estás haciendo daño!-grité, desesperado.

De inmediato, el silencio llenó la habitación. La presión cesó, y Jon, con una expresión de culpa, dio un paso atrás, alejándose de la ventana.

Aunque Jon no pretendía hacerme daño, su presencia y la manifestación de sus habilidades me afectan profundamente, dejándome confundido y asustado.

Yo no soy un lobo...

Y no debería...

Este mundo cada vez me asusta más...

¿Quizás es porque me eligió como compañero?

Observé la ventana y Jon ya no esta. Con el corazón aún acelerado, bajó rápidamente la persiana y me refugio bajo las mantas de mi cama, buscando una sensación de seguridad.

Mientras me escondía bajo las mantas, intenté calmar mi respiración y ordenar mis pensamientos, consciente de que necesitaba tiempo para procesar lo sucedido y recuperar la tranquilidad.

Tim

Al llegar a casa, lo primero que hago es dirigirme a la habitación de Damián. Lo encuentro escondido debajo de las mantas, y por los leves sollozos, intuyo que está llorando.

-¿Qué ha pasado?-le pregunto sentandome en el filo de la cama

Damián, con la voz entrecortada, me relata lo sucedido: cómo Jon apareció en su ventana, insistiendo en hablar con él, y cómo una extraña sensación de presión lo invadió, acompañada de un dolor de cabeza creciente. Menciona que los ojos de Jon brillaban en un tono rojizo...

Cierro los ojos y cuento hasta diez, intentando contener la furia que se acumula en mi interior. Recuerdo que, al regresar con Conner, me sugirió pararnos en un bar para tomar un zumo antes de llegar a casa. Ahora entiendo el motivo: quería retrasar mi llegada para dar tiempo a Jon.

-Ese traidor de mierda...-murmuro entre dientes.

Intentando calmarme, me doy un baño rápido...Bueno y porque he sudado. Luego, me dirijo nuevamente a la habitación de Damián y me meto en la cama junto a él, abrazándolo con fuerza.

-Tim...-comienza Damián, aún tembloroso-Creo firmemente en que los alfas pueden influir también sobre las personas normales.

Asiento, recordando lo que he aprendido sobre los hombres lobo.

¿Dónde están los límites?

Al día siguiente, le pido a Conner vernos en el parque detras de la plaza, decidido a obtener explicaciones.

-Necesito que me expliques por qué Jon fue a ver a Damián sin decirme nada-Conner suspira, visiblemente tenso.

¿Estará oliendo mi enfado? Espero que sí, y que se asfixie con él.

-Tim, Jon está pasando por un momento difícil. No quería hacerle daño a Damián; solo buscaba hacer las paces con el

-¿Y eso justifica que se presente en nuestra casa como un acosador? ¡Damián está aterrorizado!

-Yo....Entiendo tu preocupación, pero Jon no lo hizo con mala intención. Ambos sabemos que nuestros hermanos están conectados de alguna manera.

-¡Eso no significa que deba aceptar que mi hermano esté expuesto a situaciones que le hagan sentirse incómodo en su propia casa!.

La tensión entre nosotros aumenta. Agradezco que en esta zona del parque no haya nadie más en este momento.

-¡Y encima lo hizo con tu complicidad!

-¡No esperaba que tu hermano reaccionase así!

-¿¡Y como crees que iba a reaccionar!?

-¡No lo sé!

-¡Conner por dios que se supone que tiene que pensar como un adulto!

-¡Y tú debes aceptar que el destino de tu hermano está ligado al de Jon!

La ira me consume, y sin pensarlo, le lanzo un puñetazo. Mi mano impacta en su rostro, pero apenas logra moverle la cabeza. En cambio, un dolor agudo recorre mi muñeca.

-¡Mierda!-exclamo, sujetándome la mano.
Conner me observa, su expresión mezcla de sorpresa y preocupación.

-¿Estás bien?-Dice acercándose

-No necesito tu ayuda.

-Déjame acompañarte a urgencias.

Aunque mi orgullo me dice que lo rechace, el dolor en mi muñeca es fuego. Sin decir una palabra, comienzo a caminar hacia el centro médico, y Conner me sigue en silencio.

En la sala de espera, el ambiente es tenso. No lo miro ni hablo con él, pero aun así, se queda a mi lado. Finalmente, rompo el silencio.

-No tienes por qué estar aquí.

-Quiero estar aquí. Y quiero que sepas que siento lo que he dicho.

-Ya...

-Se que te sientes traicionado pero...

-Da igual.

-Tim...

-Conner, hazme un favor y cállate.

No dijo nada más.

Damián

Después de una semana en casa, decido que es hora de volver al instituto.

Estoy harto de esconderme y, aunque Tim ha sido sobreprotector, siento la necesidad de enfrentar mis miedos. Por llamarlo de alguna manera.

Nunca he sido de los que se acobardan...

Siempre he creído que no darle poder a quienes intentan intimidarte es la mejor defensa.

Al entrar al aula, noto que han cambiado la distribución de los pupitres; ahora estamos en fila, uno detrás de otro.

Para mi mala suerte, Jon está sentado justo detrás de mí. Siento su mirada fija en mi nuca durante toda la clase.
En los cambios de asignatura, intenta hablarme, pero me niego a responderle. Aunque su expresión refleja arrepentimiento y tristeza, no estoy dispuesto a ceder.

A pesar de todo, reconozco que tal vez debería darle la oportunidad de explicarse. Sin embargo, una parte de mí se resiste; Que le den. La experiencia pasada me dejó marcado, y aunque intento mantener la compostura, la presencia de Jon me pone tenso.

Durante el recreo, decido alejarme de la multitud y buscar un lugar tranquilo para despejar mi mente.
Mientras camino por el patio, escucho pasos apresurados detrás de mí.

-Damián, por favor, espera.
-Reconozco la voz de Jon, pero continúo caminando sin detenerme.

-Solo quiero hablar contigo, explicarme-Me paro en seco y me giro para enfrentarlo.

-¿Explicarte?-Jon baja la cabeza

-Lo siento mucho. No quería ponerte en esa situación. No entiendo bien lo que hago, a veces lo hago sin querer...pero sé que te hice daño, y eso me duele más que nada.

Observo su sinceridad, y aunque una parte de mí quiere perdonarlo, otra aún guarda rencor.

-Necesito tiempo, Jon. Esto no es fácil para mí... Por lo menos hasta que tú aprendas a relajarte-Asiente lentamente.

-Lo entiendo. Tomate el tiempo que necesites....Solo quiero que sepas que estoy aquí para cuando estés listo para hablar.

Sin decir más, me alejo, dejando a Jon parado en medio del patio. Mis emociones están en conflicto, pero sé que debo priorizar mi bienestar antes de considerar cualquier reconciliación.

Jon debe aprender a controlarse, no solo por su propio bien, sino por el de todos nosotros. No estoy dispuesto a pasar por más situaciones malad. Aunque no sé mucho sobre ellos ni sobre los hombres lobo en general, puedo sacar mis propias conclusiones.

Estoy convencido de que los alfas son egocéntricos; tal vez algunos más que otros, pero todos lo son en cierta medida. Si Jon, siendo tan joven, ya tiene esta influencia sobre las personas, no quiero ni imaginar cómo será su padre.

Este mundo oculta muchos secretos aterradores.

Buscando en Google descubri que según la mitología, los hombres lobo poseen habilidades que les permiten ejercer control sobre otros hombres lobo y, en algunos relatos, incluso sobre humanos. Esta capacidad de dominación puede manifestarse como una influencia mental o emocional.

Eso refuerzo mi teoría de que Jon aprenda a manejar sus emociones para evitar dañar a quienes lo rodean. Y espero encarecidamente que su padre le esté ayudando con ellos.

Sé que buscar información en internet es diferente a que ellos mismos te lo cuenten, pero prefiero no preguntarles. Tim me envía un mensaje para ver cómo estoy, y le respondo con un "bien❤️".

Las siguientes clases transcurren en la tercera planta: música, arte y gimnasia, que evidentemente es en el patio.
En música, Jon se sienta a mi lado. Parece que le cuesta cumplir con su palabra, pero no digo nada. En arte, parece recordar sus palabras y se va al final de la clase.

Luego, en gimnasia, nos asignan una serie de actividades que, con el calor que hace, no me parecen adecuadas:

correr unas siete vueltas alrededor del campo de fútbol, que no es precisamente pequeño.

Saltar el potro, que para mi gusto está muy alto
pero lo salto sin problema
algunas chicas no se atreven y la profesora les echa la bronca y les pone un cero, lo cual me parece injusto.

zigzaguear entre conos con un balón

40 flexiones

40 abdominales.

Juro que estoy empezando a sudar, como todos los demás. Agradezco haberme puesto desodorante, porque otros no lo han hecho y, bueno, no huele precisamente bien.

Por último, nos pone a jugar al "quema", un juego que consiste en dividir la clase en dos grupos y, con un balón, ir eliminando a las otras personas. No nos da tiempo a terminar la partida cuando suena el timbre. Recogemos nuestras mochilas, que están en los bancos de la derecha, encima de las pistas.

Después, nos dirigimos hacia la salida y escucho delante de mí a Jon hablando con Evelyn sobre no sé qué serie de baloncesto. Somos casi los últimos en salir porque las pistas están en la otra punta del instituto y hemos tenido que pasar por el pasillo.
Una vez fuera, veo a Tim esperándome.

-¿Qué tal tu día?

-Odio hacer gimnasia cuando hace está calor.

Mientras conduce a casa, le explico mi pequeña conversación con Jon, y él me cuenta que Conner también busca volver a ser amigos, pero en su caso, Tim no le hace ni caso.

Hoy es viernes y me estoy preparando para salir con mis amigos Alejandro, Xavier y Liam. No suelo quedar mucho con ellos. Pero ya somos adultos. Después de debatirme entre varias opciones de ropa y de preguntarle a Damián en cuatro ocasiones, a lo que él me responde que parezco una chica indecisa, finalmente me decido por unos vaqueros azules rotos por las rodillas, una camisa blanca y mis Jordan blancas y negras recién lavadas esta mañana.

Me despido de Damián, que está en el salón viendo la tercera temporada de "Doctor House". Alejandro pasa a recogerme y nos dirigimos directamente a la discoteca, que está abarrotada. Al principio, la música me resulta molesta, pero pronto me acostumbro.

Comenzamos a beber; yo lo hago con moderación, pero mis amigos se lanzan con los chupitos. Aun así, me siento animado y bailo sin inhibiciones, balanceándome al ritmo y levantando los brazos de vez en cuando.

Creo que también he bebido de más...

En un momento dado, choco accidentalmente con alguien. Me giro rápidamente para disculparme y me encuentro con el rubio con el que me crucé aquella mañana hace unos días.

-Perdona, no te he visto..

-No te preocupes, estas cosas pasan en lugares como este.

-¿Vienes aquí a menudo?-le pregunto.

-De vez en cuando. Pero creo que no te había visto antes. ¿Eres nuevo por aquí?

-Algo así.

La conversación fluye con naturalidad, y la química entre nosotros es innegable.
Sin darme cuenta, empezamos a beber juntos, y sobre las 4 de la noche estamos compartiendo un beso en medio de la pista de baile.

Esta noche promete ser interesante.

Es sábado por la mañana y me despierto en casa de Mike, el chico con el que pasé la noche anterior. Aunque la noche fue intensa y me lo pasé bien, ahora me enfrento a un leve dolor de cabeza, claro indicio de una resaca.

Mike, mostrando amabilidad, ha preparado el desayuno. Mientras compartimos la comida, conversamos sobre temas triviales, pero mi mente está en otro lugar: mi hermano Damián. La preocupación por él crece, y decido que es momento de regresar a casa.

Declino la oferta de Mike de llevarme y opto por caminar. El aire fresco de la mañana ayuda a despejar mi mente, aunque el dolor de cabeza persiste. Al llegar a casa, encuentro a Damián en la cocina, desayunando mientras ve una serie en su móvil.

-Hola-Ho saludo, intentando sonar casual. Damián asiente sin apartar la vista de su pantalla.

Está sano y salvo.

Y recién levantado.

Me dirijo al baño para darme una ducha rápida, esperando que el agua alivie mi malestar. Al salir, noto que Damián se ha trasladado al salón. Me uno a él en el sofá, tumbándome a su lado.

-¿Qué estás viendo?-
pregunto, buscando distraerme.

-Modern family-responde sin mucho entusiasmo.

-Mmmm-Digo acurrucadome más contra el. Aunque Damián se queja de mi presencia, no me echa.

Aunque el encuentro con Mike me gustó y lo disfrute, no puedo evitar sentir que me traicioné a mí mismo.
Damián siempre me dice que disfrute de la vida, que no hay nada de malo en entregarse al placer ocasional. Pero a veces me da por pensar que el sexo va más allá de lo físico...Quiero una conexión emocional, alguien que realmente me quiera. Quizás suene cursi, pero creo que estar enamorado es de las cosas más bonitas de la vida.

Mientras Damián sigue viendo su serie, me pierdo en mis pensamientos. No quiero seguir llenando este vacío con encuentros fugaces que, al final, solo me dejan más vacío.

Anhelo algo real, profundo.

Suspirando, cierro los ojos y trato de relajarme, esperando que tanto la resaca como la culpa se desvanezcan con el tiempo.

Esto me pasa por beber...

Estoy seguro de que no estaría pensando en esto si no hubiese bebido.


Mientras Damián disfruta de una película de misterio en el cine, decido quedarme en casa para relajarme. Me pongo mi cómodo pijama de dinosaurios, preparo un bol de palomitas y me acomodo en el sofá para ver algunos episodios de "Los Simpson". La tranquilidad de la tarde se ve interrumpida alrededor de las seis cuando llaman a la puerta.

Al abrir, me encuentro con Conner. Mi primera reacción es intentar cerrar la puerta en la cara, pero él lo impide suavemente.

-¿Qué quieres?-le pregunto, intentando mantener la calma.

-Hablar-responde con sinceridad.

-No quiero.

De repente, frunce el ceño y pregunta...

-¿A qué hueles?

-¿Qué?

-¿Hay alguien más en tu casa?

-Eso a ti no te incumbe.

-Por favor, hablemos.

-No.

-Tim, joder, quiero que seamos amigos otra vez.

-Deberías haberlo pensado antes.

-Te echo de menos.

Sus palabras me dejan sin aliento por un momento.

-Es que...-comienzo a decir.

-Lo sé, pero déjame intentarlo de nuevo.

Después de unos segundos de reflexión, me hago a un lado para dejarle entrar. Conner al entrad mira a su alrededor.

-No hay nadie.

-Hueles a otro lobo-dice al entrar al salón.

-Ah... No sé. Quizás es Mike.

-¿Mike?

-Sí, es nuevo en el pueblo y, bueno, anoche...

-Ah... eh, entiendo.

-¿Te gustan "Los Simpson"? -pregunto, sentándome en el sofá y cruzando las piernas, invitándolo a sentarse a mi lado.

-Bueno, soy más de "Shin-chan".

-También mola. Sobre todo las películas.

-Sí.

Ambos nos quedamos en silencio, viendo la televisión juntos.

Mientras los personajes amarillos de Springfield llenan la pantalla, no puedo evitar pensar en lo que mencionó Conner sobre "Shin-chan". Recuerdo que recientemente se estrenó "Shin Chan: El superhéroe" en los cines. Quizás podríamos ir a verla juntos en algún momento. Después de todo, compartir momentos así podría ayudarnos a reconstruir nuestra amistad.

Porque quizás...yo también lo he hecho un poquito de menos.

Después de ver varios episodios, decido romper el silencio.

-Oye, Conner, ¿te gustaría ir al cine a ver la nueva película de Shin-chan?-Le pregunto. Sus ojos se iluminan y una sonrisa se dibuja en su rostro.

-¡Claro! Me encantaría.

-Genial. ¿Te parece bien el miércoles? Así aprovechamos que las entradas son más baratas.

-Perfecto. El miércoles está bien.

Mientras seguimos viendo la televisión, no puedo evitar pensar en Jon y en cómo estará manejando todo. Decido preguntar más que nada por curiosidad:

-¿cómo está Jon? ¿Ha mejorado desde... ya sabes, lo que pasó?-Conner suspira y asiente lentamente.

-Sí, nuestro padre ha estado trabajando con él. Le está enseñando a mantener el control, a pensar más con la cabeza y no dejarse llevar por sus instintos.

-Debe ser difícil.

-Lo es. Incluso para mí fue complicado al principio, y eso que no soy un Alfa. Para Jon es más intenso... Inconscientemente usa la voz de mando...

-Entiendo. Debe ser una carga pesada para él.

-Sí, pero está decidido a mejorar. Quiere asegurarse de no cagarla con nadie más.
-Asiento, sintiendo una mezcla de alivio.

-Me alegra saber que está trabajando en ello.

-Quiere volver a estar cerca de Damián

-Lo sé-Suspiro.

Damián

La película ha durado dos horas, pero han sido las mejores dos horas del día. Al salir, decido caminar por el borde del bosque para evitar el desagradable olor de las obras en las alcantarillas.

Jode, que peste.

Me entretuve en la biblioteca buscando algún libro interesante y luego pasé por la tienda para comprar algunos dulces y fritos. Y cuando vi que eran casi las nueve y no había luz decidí volver a casa.

De repente, me detengo en seco al ver un lobo negro que conozco bastante bien, manteniéndose a una distancia prudente. Contengo el impulso de salir corriendo, ya que no parece tener intenciones de nada malo.

-¿Qué coño haces aquí?-le espeto.

El lobo emite un suave gruñido y da un paso hacia mí.

-No te entiendo-respondo, confundido.

El lobo me observa, se tumba y mueve la cola.

-Ah... ¿Me has olido y te has acercado a saludar?-
pregunto.

El lobo levanta la cabeza y emite un sonido similar a un ladrido.

-¿Y no has pensado que puedes asustar a los demás y provocar que los cazadores vengan a buscarte?-le reprocho.

El lobo se arrastra un poco más cerca de mí mientras gime suavemente.

Suspiro y decido acercarme, poniéndome de puntillas para acariciar su gran cabeza. Su pelaje es suave y parece disfrutarlo, ya que cierra los ojos.

-Jon, tienes que pensar más en tus acciones-le advierto mientras me reincorporo-
Ahora, largo.

El lobo gime nuevamente, pero me hace caso y desaparece entre la maleza y la oscuridad del bosque.

Malditos hombres lobo.

Al llegar a casa, me encuentro con Conner saliendo.

-Adios, Damián-Se despide de mí, y yo miro a mi hermano, esperando una explicación.

Al entrar a casa, Tim me explica que ha decidido intentar reconciliarse con Conner después de varios días de distanciamiento.

No sé qué decir; al fin y al cabo, es su decisión.

Mientras coloco las cosas, charlamos y le cuento que me he cruzado con Jon en su forma de lobo... más bien, él ha venido a mí.

Tim parece sorprendido y no sabe qué responder.

Mejor así, porque yo tampoco tengo claro qué pensar al respecto.

Y mucho menos se que decir.

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