7
Tim
El miércoles llega más rápido de lo que pensaba, y aunque en un principio acepté la salida con Conner sin pensarlo demasiado, ahora que estoy frente al armario, empiezo a cuestionarme si fue una buena idea.
Finalmente, decido ponerme algo cómodo pero con estilo: unos vaqueros negros ajustados, una camiseta gris con el logo desgastado de una banda que apenas escucho y mi chaqueta de cuero negra. Me pongo mis Converse blancas, porque siempre son una opción segura, y salgo antes de que Damián me haga algún comentario sarcástico sobre cuánto tardo en arreglarme.
El clima es fresco, lo justo para necesitar una chaqueta sin llegar a ser molesto. El cielo está despejado y las luces de la ciudad crean una atmósfera tranquila mientras camino hacia el cine. Llego diez minutos antes, porque soy ese tipo de persona que odia llegar tarde a cualquier lado. Para mi sorpresa, Conner ya está esperándome en la entrada, apoyado contra una de las columnas con las manos en los bolsillos. Lleva una sudadera azul oscura y unos jeans, algo más relajado que yo, pero sigue teniendo ese aire de chico atractivo que probablemente no se esfuerza demasiado en parecerlo.
Yo no acabo de decir eso
-Vaya, no pensé que fueras de los que llegan temprano -digo cuando me acerco.
-¿Y perder la oportunidad de verte nervioso mientras esperas? Ni de broma-
responde con una sonrisa burlona.
-No estaba nervioso.
-Claro que no-dice, dándome una palmada en el hombro- Bueno, ¿listo para ver a un niño de cinco años salvar al mundo?
-Siempre.
-¿Y si lloro con la película?
-Pues eso sería raro.
-¿Y si lloro y te abrazo?
-Me levantaré y cambiaré de asiento.
-Cruel, Tim. Muy cruel.
-¿No me digas que nunca has visto Shin-chan que sea triste?
-Claro que las he visto, pero mis favoritos son los episodios en los que va de súper espía.
-Los clásicos-Conner se ríe y asiente con la cabeza, como si finalmente hubiera encontrado en mí a alguien que entendiera su gusto por la serie.
-Definitivamente, eres más fan de Shin-chan de lo que aparentabas.
-Tengo muchas capas, como las cebollas.
-O como un pastel.
-Prefiero la referencia de la cebolla.
-Porque eres dramático.
-Y tú eres un pesado.
Ambos nos reímos mientras nos dirigimos a la taquilla para comprar las entradas. La fila avanza rápido y cuando finalmente entramos a la sala, me doy cuenta de que, a pesar de todo lo que ha pasado entre nosotros, estar aquí con Conner no se siente tan mal.
La sala está casi vacía, seguramente porque la película es temprano y, siendo miércoles, la mayoría de la gente prefiere ver películas más "serias". A mí me viene perfecto; prefiero no estar rodeado de niños gritando o de adultos que no paran de mirar sus teléfonos.
Nos sentamos en la fila del medio, donde hay mejor visión de la pantalla, y apenas las luces se atenúan, Conner se recuesta ligeramente en su asiento, acomodándose con total confianza. La película comienza con la típica comedia absurda de Shin-chan, y aunque ya sabía que iba a ser ridícula, me descubro riendo más de lo que esperaba.
A lo largo de la película, Conner se inclina hacia mí de vez en cuando para soltar algún comentario. Lo hace tan cerca que puedo sentir su aliento en mi oreja, lo que me provoca un escalofrío, pero intento ignorarlo.
-Definitivamente, podrías ser este niño-susurra cuando Shin-chan empieza a bailar ridículamente en medio de una escena de acción.
-¿De qué hablas? Yo tengo mucha más clase-le respondo, sin apartar la vista de la pantalla.
-Ajá, claro. Seguro que tú también te bajas los pantalones para hacer chistes.
-Solo cuando la ocasión lo requiere.
Conner se ríe bajo, y siento que se queda inclinado más tiempo del necesario antes de volver a su posición normal.
Más adelante, cuando la película tiene su típico momento sentimental, lo siento inclinarse nuevamente.
-Ahora en serio. Si lloro, ¿me abrazas?-pregunta con tono burlón.
-Si lloras, te saco una foto y se la mando a Damián para que se ría de ti.
-Cruel.
-Eso ya lo has dicho.
Y así pasa la película, con Conner acercándose demasiado de vez en cuando para soltar algún comentario o reírse de algo conmigo. No puedo decir que me moleste del todo, pero sí me hace sentir… extraño. Como si de repente, la salida al cine no fuera solo una salida entre amigos.
Cuando finalmente salimos del cine, el sol todavía calienta, aunque ya empieza a descender. La tarde es agradable, y Conner estira los brazos con pereza antes de mirarme de reojo.
-Aún es temprano. ¿Damos un paseo?
Me encojo de hombros. No tengo nada mejor que hacer, así que acepto. Caminamos en dirección al parque, sin un rumbo fijo, mientras hablamos sobre la película y otros temas sin importancia.
-¿Sigues sin considerar unirte a la manada?
-Esa es una decisión de Damián-respondo automáticamente, apoyándome en una baranda mientras lo observo beber el agua que le ha sobrado del vine.
Conner se limpia la boca con el dorso de la mano y me mira con intensidad.
-También es tuya.
-Yo no...
-Eres el hermano de Damián. Y, quieras o no, eso te involucra en todo esto.
Aprieto los labios, sintiendo un peso en el pecho. No quiero estar involucrado en su mundo, en su estructura de poder y sus reglas que no entiendo. Pero al mismo tiempo… ya lo estoy. No hay forma de salir ileso de esto.
-No es tan fácil, Conner-
susurro, mirando al suelo.
-Lo sé...Pero piénsalo... A mí me gustaría que fueses parte de la manada.
Levanto la mirada y lo encuentro observándome con una sinceridad que no sé cómo manejar. Me cuesta leerlo, y eso me irrita un poco.
-Ya veremos-digo finalmente, sin comprometerme a nada.
Conner asiente, como si con eso le bastara por ahora.
Seguimos caminando sin decir nada más, dejando que el silencio haga lo suyo.
Damián
Los días siguientes transcurren con una rutina que debería ser normal, pero hay algo que lo ensombrece todo. Algo que me hace sentir constantemente observado.
Jon mantiene su palabra. No se acerca, no intenta hablarme, ni siquiera busca excusas para cruzarse conmigo. Pero eso no significa que no esté ahí.
Lo siento.
Puedo notar su mirada incluso cuando no lo estoy viendo directamente. Es esa sensación de que alguien te observa desde la otra punta de la habitación, o desde unos metros detrás de ti en el pasillo. No es una mirada amenazante, no me acecha como un depredador, pero está ahí. Presente.
En clase, si me giro bruscamente, lo encuentro con la vista fija en su cuaderno, en la pizarra, en cualquier cosa que no sea yo. Pero sé que me estaba mirando.
En los pasillos, a veces siento su presencia al doblar una esquina o al caminar entre la multitud. No es invasivo, pero tampoco se puede ignorar.
Lo peor es en gimnasia.
Cuando corremos alrededor del campo, sé que está unos pasos detrás de mí. No acelera para alcanzarme, pero tampoco disminuye el ritmo. Corre a mi lado, pero sin estar realmente a mi lado.
Y en los vestuarios, aunque siempre me aseguro de cambiarme rápido y salir antes que él, hay un instante, solo uno, en el que cuando paso junto a su banco, siento su mirada en mi espalda. No dura más de un segundo, pero es suficiente.
Es frustrante.
No sé si quiero que deje de mirarme o si quiero confrontarlo por ello. Pero no lo hago.
Porque no sé qué diría.
Porque, en el fondo, me aterra descubrir que no soy tan indiferente como quiero aparentar.
Los días pasan.
Jon sigue cumpliendo su promesa.
Y yo sigo sintiéndome observado.
No es que lo odie, pero tampoco tengo ganas de hablar con él.
Cuando Conner está en casa, simplemente me encierro en mi habitación. No le digo nada, no hago ningún comentario sobre su presencia, simplemente desaparezco de su vista.
No es difícil. Ya estoy acostumbrado a evitar a la gente cuando no quiero interactuar con nadie.
Cierro la puerta, pongo música a un volumen moderado y me concentro en mis cosas. A veces leo, otras dibujo, juego con el móvil, veo series.
Sé que está en el salón con Tim, probablemente viendo alguna serie o charlando sobre cualquier tontería. No me importa. No estoy enfadado con él, pero tampoco tengo razones para tratarlo con cercanía. No después de todo.
Si Tim quiere recuperar su amistad, es cosa suya.
Pero yo no tengo ningún interés en recuperar nada.
Escucho a Jon conversando con una de sus compañeras de clase mientras termino de guardar mis cosas en la mochila.
-Sí, mi hermano me está enseñando a conducir. No se me da nada mal, la verdad.
Siempre he querido aprender a conducir, pero Tim insiste en que espere a ser mayor de edad. Suspirando, cierro mi cuaderno y salgo hacia la siguiente clase.
Para mi mala suerte, la profesora de tutoría decide que hagamos un trabajo en parejas. Y, como no, me toca con Jon.
Genial.
Antes de que pueda decir nada, él ya está cogiendo su silla y colocándose justo en frente de mi mesa.
-Bueno-dice con una sonrisa-empecemos.
Tenemos que hacernos preguntas. Supongo que es mejor que nada.
-¿Te Consideras una Buena Persona?-Jon apoya los codos en la mesa, pensativo.
-A ver… creo que sí. Intento ayudar a la gente cuando puedo y no me gusta hacer daño a los demás-Lo miro, sin responder.
-¿Y tú?
-No lo sé-respondo con honestidad-Creo que depende de a quién le preguntes-Jon frunce el ceño, como si no le gustara mi respuesta.
-Eso es hacer trampa-dice-¿Qué piensas tú?-Me encojo de hombros.
-A veces sí, a veces no-Jon asiente lentamente, como si intentara descifrar lo que quiero decir.
-¿Cuál es tu Grupo de Música Favorito?-Se endereza en su silla y sonríe.
-¡Oh, eso es fácil! Me encanta Day6-Levanto una ceja.
-¿En serio?
-Sí. ¿No te gustan?
-No he escuchado mucho de ellos-admito-pero no están mal...
-Definitivamente. Shoot Me es un temazo.
-Tomo nota.
-¿Y tú? ¿Cuál es tu grupo favorito?-Pienso un momento antes de responder.
-Depende de mi estado de ánimo. Pero si tengo que elegir… The Rose me gusta bastante-Jon sonríe con aprobación.
-Buena elección. ¿Qué Tipo de Cosas te Gusta Leer?-Me cruzo de brazos, esta es más fácil.
-Me gustan los libros de misterio y suspenso. Algo que me haga pensar-Jon parece genuinamente interesado.
-¿Tipo Sherlock Holmes o más Agatha Christie?
-Ambos están bien, pero creo que Agatha Christie me atrapa más-Él asiente, como si lo estuviera considerando.
-Yo leo de todo un poco, pero me gustan más los libros de fantasía. Algo con magia, dragones y mundos épicos.
-Lo miro fijamente.
-¿Jon, te gusta El Señor de los Anillos?-Él se ríe.
-Me encanta-Jon me mira fijamente después de decir eso, y por alguna razón, mi estómago se revuelve un poco.
Así que, en su lugar, me aclaro la garganta y cambio de tema.
-Sigamos con las preguntas.
-Jon sonríe.
-Vale. ¿Tienes alguna meta en la vida?-Me tomo un momento antes de responder.
-Quiero ser el mejor en lo que haga. No me gusta la mediocridad.
-No me sorprende.
-¿Y tú?
-Quiero viajar. Ver el mundo. No quiero quedarme atrapado en un solo sitio toda mi vida-Lo miro de reojo.
-¿Y tienes algún lugar en mente?
-París, Japón, tal vez Nueva Zelanda. Y si me voy, me gustaría llevar a alguien conmigo-No sé por qué, pero siento que esa última parte va con segundas.
Ignoro
-Está bien. Sigamos con las preguntas.
-¿Cuál es tu peor hábito?
-Jon se recuesta en su silla y se cruza de brazos.
-A veces hablo sin pensar. O dejo las cosas para última hora.
-predecible.
-Gracias por tu apoyo-dice con sarcasmo.
-De nada.
-¿Y tú?
-Tengo muchos.
-Dime uno-Me quedo en silencio antes de decir:
-A veces espero demasiado de la gente-Jon me observa con una expresión que no sé descifrar.
-No es un mal hábito-dice- Solo significa que crees en los demás.
-O que soy un idiota.
-También puede ser...
-¿Qué es lo más estúpido que has hecho?-Jon se lo piensa un segundo y luego suelta
-Una vez intenté impresionar a alguien en la piscina de mi casa saltando desde el techo.
-.¿Te rompiste algo?
-No. Pero me sacaron del agua a los dos segundos porque casi me desmayo-Me llevo una mano a la cara.
-Eres un idiota.
-Lo sé.
-Me alegra que lo admitas.
-Tu turno-Me encojo de hombros.
-Nada. No hago estupideces.
-Mentira.
-Es la verdad-Jon entrecierra los ojos, como si intentara encontrar un hueco en mi defensa.
-Eres un mentiroso, Damián.
-Y tú un inconsciente.
-Me lo tomo como un cumplido-Pongo los ojos en blanco, pero no puedo evitar una pequeña sonrisa.
Tim
Cuando despierto, el cielo está nublado. La luz grisácea entra por mi ventana, y el sonido de la lluvia golpeando el vidrio me dice que mi rutina matutina está arruinada.
Iba a salir a correr, pero no me apetece mojarme.
Suspiro y cambio de planes.
Después de ducharme y vestirme, cogí un libro de mi estantería y decido ir a mi cafetería favorita. El lugar está tranquilo cuando llego. El aroma a café y pan recién horneado llena el aire.
Pido mi café habitual y me acomodo en una mesa cerca de la ventana. La lluvia golpea el cristal en un ritmo suave y constante.
Abro mi libro y me sumerjo en la historia. Stephen King nunca decepciona. Estoy leyendo La Mitad Oscura, un libro sobre un escritor cuya parte oscura cobra vida de una forma aterradora. Definitivamente mi tipo de lectura.
Pierdo la noción del tiempo hasta que escucho la puerta abrirse y una voz familiar.
-No esperaba encontrarte aquí-Levanto la vista y veo a Mike.
Lleva el cabello un poco revuelto por la humedad y su chaqueta está salpicada de gotas de lluvia.
-Tampoco esperaba verte-respondo, cerrando el libro sin perder la página.
Mike pide su café y, sin preguntar, se sienta en la mesa frente a mí.
-¿Qué lees?-Levanto el libro para que vea la portada.
-La Mitad Oscura-Mike silba, impresionado-Buen libro. King es un genio.
-Lo es.
-Aunque, sinceramente, creo que Cementerio de Animales es mejor.
-No lo he leído aún-Mike abre los ojos, fingiendo escándalo.
-¿Cómo que no? Tienes que leerlo. Es una de las mejores obras de terror de King.
-Tomo nota-Doy un sorbo a mi café mientras él se apoya en la mesa y me observa con curiosidad.
-¿Siempre vienes aquí cuando llueve?
-A veces. Hoy iba a correr, pero cambié de planes-Mike asiente y luego, con una sonrisa, dice
-Bueno, al menos gracias a la lluvia puedo compartir un café contigo
Mike y yo volvemos a su apartamento, y esta vez no hay necesidad de sutilezas. No hay caricias suaves ni besos lentos. Es sexo duro, desenfrenado, sin contenciones. Nos devoramos, nos tomamos sin reservas, como si el placer inmediato fuera lo único que importara.
No pienso demasiado en ello. No quiero hacerlo.
No quiero preguntarme por qué termino aquí de nuevo, cuando sé perfectamente que no es lo que busco. Pero me dejo llevar.
Cuando finalmente me visto y salgo del apartamento de Mike, el aire nocturno me refresca el cuerpo, pero no la mente. Me siento satisfecho físicamente, pero más vacío de lo que estaba antes de venir.
No debería sentirme así.
El camino de regreso a casa es silencioso, las calles están tranquilas a esta hora. Cuando entro, lo primero que noto es que Damián no está.
Miro la hora. Un poco tarde, pero nada preocupante.
Seguramente fue al 24 horas por algún dulce o fritura que se le ha antojado. Suspiro y me dejo caer en el sofá.
No sé por qué, pero tengo la sensación de que debería haber vuelto ya.
Damián
Salir a comprar dulces a estas horas de la noche no debería ser una aventura.
Pero claro, olvidé que en este pueblo hay hombres lobo con tendencias molestas.
Voy de camino a casa, con mi bolsa de dulces bien asegurada en una mano y la otra metida en el bolsillo de mi chaqueta cuando, de repente, un enorme lobo negro se aparece en mi camino.
Me detengo en seco.
-No otra vez…-El lobo mueve la cola, mirándome con sus ojos azules brillantes, y da un paso hacia mí.
-Jon, joder, ¿tienes que aparecer siempre así?-
susurro, mirando a mi alrededor, asegurándome de que ningúna persona alrededor
Jon hace un ruidito divertido, como si le diera igual lo que acabo de decir.
-Vete-digo con firmeza, señalando hacia el bosque.
Jon mueve la cabeza de lado a lado, claramente negándose.
-En serio, largo. Como te vea alguien y te confunda con un lobo normal, te van a meter un tiro en el culo
Él se queda mirándome. Demasiado tranquilo. Demasiado sospechoso.
Antes de que pueda reaccionar, su boca atrapa la bolsa de dulces y, con un tirón, me la arrebata de las manos.
-¡Jon, devuélvemela!-El lobo da media vuelta y empieza a correr como si acabara de robar un banco. Yo, sin pensarlo, salgo disparado detrás de él.
-¡No es gracioso, idiota!
-Jon corre con la maldita bolsa colgando de su hocico, moviendo la cola como si esto fuera el mejor juego del mundo.
-¡Voy a patearte el trasero peludo cuando te atrape!
-El lobo salta por encima de un tronco sin esfuerzo. Yo, en cambio, casi me parto la cara al intentar seguirlo.
-¡Dame mis dulces, hijo de perra!-Literalmente.
Jon se detiene un segundo, como si me diera una oportunidad para alcanzarlo. Pero cuando estoy a punto de agarrar la bolsa, da un pequeño brinco y me esquiva a la perfección.
-¡JON! ¡Te lo advierto, si terminas aplastando mis chocolatinas con tus dientes, te juro que voy ha hacer que me compre toda la tiemda!
-Jon hace un sonido parecido a una risa, claramente divirtiéndose.
Sigo corriendo, ya sin aliento, cuando de repente Jon se detiene en seco.
Aprovecho la oportunidad y me lanzo sobre él con todas mis fuerzas.
¡BAM!
Ambos caemos rodando por el suelo. Cuando me recupero, estoy sentado encima de él, con una mano firmemente agarrando su oreja y la otra quitándole la bolsa de dulces de la boca.
Está babeada.
-Aggg, te odio-digo, jadeando. Jon me mira con sus enormes ojos azules, todavía moviendo la cola.
-No pongas cara de perrito bueno. No funciona conmigo-Me levanto, sacudo mi ropa, miro la bolsa ahora un poco aplastada y húmeda, y le doy un puñetazo en el costado a Jon.
No fuerte. Solo lo suficiente como para que sepa que lo odio en este momento.
-¡Lárgate a casa!
Jon gime, pero finalmente se da la vuelta y corre hacia el bosque, probablemente feliz de haber arruinado mi noche. Yo, con mi bolsa de dulces en mal estado, sigo mi camino de regreso. Tim no me va a creer ni una palabra de esta mierda.
Tim
Cuando Damián entra en casa, lo primero que noto es que viene murmurando cosas. Lo segundo es que su ropa tiene rastros de tierra y algunas hojas pegadas, como si se hubiera revolcado por el suelo. Y lo tercero, y más preocupante, es que lleva en la mano una bolsa de dulces completamente aplastada y con...una sustancia que desconozco. Levanto una ceja desde el sofá, donde estoy cómodamente tumbado con una manta encima.
-Eh… ¿tú estás bien?-Damián me lanza una mirada asesina y tira la bolsa sobre la mesa con desprecio, como si fuera la peor de sus desgracias.
-Jon-Con solo esa palabra ya me hago una idea de por dónde van los tiros, pero dejo que siga hablando.
-Me ha robado los putos dulces-gruñe, quitándose la chaqueta como si quisiera arrancarse la rabia de encima-¡Me lo encontré de camino a casa y en cuanto me descuidé, agarró la bolsa y salió corriendo como un maldito ladrón!-Intento aguantar la risa, pero cuando imagino la escena en mi cabeza, no puedo evitar soltar una carcajada.
-¡¿Te ha hecho correr por los dulces?
-No es gracioso, Tim. Casi me mato persiguiéndolo.
-Es bastante gracioso.
-¡Que no lo es!
-¿Y qué hiciste? ¿Te tiraste en plancha sobre él? ¿Rodaron por el suelo en una batalla épica?
-Sí.
Ahí exploto en carcajadas. Me duele la barriga de tanto reírme, y Damián me mira con odio puro y real.
-Eres un cabrón-escupe, cruzándose de brazos.
-¡Lo siento!-digo entre risas, secándome una lágrima-
Pero es que la imagen en mi cabeza es demasiado buena.
-Damián bufa y se deja caer en el sofá, derrotado.
-Encima la bolsa está toda babeada.-Miro los dulces y me los imagino cubiertos de saliva de hombre lobo.
-Bueno, proteína extra.-Me lanza un cojín a la cara.
-Cállate.
Pero eso no hace que deje de reírme.
Hoy ha sido un día de mierda. Así, sin adornos.
Desde que puse un pie en el bar, no he tenido ni un segundo de descanso. Ha sido un desfile constante de clientes que parecen haber venido con el propósito único de hacerme la vida imposible.
Primero, la pareja indecisa que tardó una eternidad en decidir si querían café solo o con leche de avena. Cuando finalmente hicieron su pedido, cambiaron de opinión tres veces más antes de que pudiera prepararlo.
Luego, la señora que exigió un croissant “perfectamente dorado”, pero cuando se lo serví, lo inspeccionó como si fuera un diamante en una joyería y me dijo que estaba “demasiado dorado”.
Y para rematar, el grupo de adolescentes que pidieron cinco chocolates calientes, dos tostadas con aguacate, un zumo de naranja y un batido de fresa, y al momento de pagar, uno de ellos se dio cuenta de que había olvidado la cartera. Se pasaron diez minutos rebuscando en sus mochilas mientras los demás clientes me miraban con cara de “acelera esto por favor”.
Me duele la espalda, los pies y el alma.
Cuando finalmente acaba mi turno, salgo del bar con la sensación de haber envejecido cinco años en una sola jornada. Justo cuando me preparo mentalmente para caminar hasta casa y desplomarme en el sofá, veo un coche familiar aparcado en la esquina.
Conner.
Genial.
Se baja del coche y me hace un gesto con la cabeza.
-Venga, sube.
Pues vale, así que simplemente me dejo caer en el asiento del copiloto y cierro los ojos un segundo mientras él arranca el coche.
-¿Día duro?-pregunta con tono divertido.
-Si vuelvo a ver una tostada hoy, me suicido.
-Uff, dramático.
-No, realista-Conner suelta una risa y gira en la primera calle, mientras yo me acomodo en el asiento como un cadáver.
-Bueno, al menos ahora puedes relajarte.
-Sí, en mi velorio.
-Joder, Tim, no sabía que el bar era tan traumático-Abro un ojo para mirarlo.
-Si tuvieras que lidiar con clientes imbéciles todo el día, también querrías morirte.
-Eh, yo he tratado con imbéciles toda mi vida.
-Sí, pero esos imbéciles no te piden café con leche de almendras y luego te dicen que mejor quieren sin azúcar porque están a dieta-Conner suelta una carcajada, y yo le sigo contando mi día.
-Dios, qué pesadilla.
-Lo peor es que ni siquiera dejan propina.
-¿Ni la señora del croissant?
-¡Esa menos!-me giro en el asiento, indignado-Encima me miró con cara de asco, como si le hubiera dado un trozo de carbón-Conner está riéndose tanto que tiene que aflojar el pie del acelerador.
-Vale, vale, admito que tu trabajo es una mierda.
-Gracias. Me alegra que al menos alguien lo reconozca.
-Nos quedamos en silencio unos segundos, hasta que Conner me mira de reojo con una sonrisa maliciosa.
-¿Y qué tal con Kike?
-Mike
-Eso kiko-Pongo los ojos en blanco y cruzo los brazos-
¿Te ha escrito?
-¿Por qué preguntas?
-Curiosidad.
-No, no me ha escrito.
-Vaya, qué poca educación.
-No quería nada serio. Yo tampoco.
-Ajá-Me quedo en silencio, pero noto que sigue sonriendo.
-¿Qué?
-Nada, nada… Solo que no pareces muy convencido de eso-Lo miro con odio puro y él suelta otra risa.
-Cállate y conduce.
-Lo que tú digas, señor barista con traumas.
Bufó y miro por la ventanilla. No sé por qué acepté este maldito aventón.
No sé en qué momento pasó, pero se ha convertido en costumbre que Conner venga a recogerme después del trabajo. Al principio pensé que era casualidad, que solo pasaba por ahí y aprovechaba para llevarme, pero después del quinto día seguido, entendí que lo estaba haciendo a propósito.
No me molesta.
Es más, después de aguantar a los clientes insoportables del bar, subirme a su coche y tener a alguien con quien quejarme se ha convertido en lo mejor del día.
Como los tres siguientes días donde mi paciencia es puesta a prueba por señoras que quieren el café "exactamente a 50 grados" y adolescentes que se quedan dos horas ocupando una mesa con una botella de agua
Y tres días donde Conner aparece puntualmente para llevarme a casa.
Lunes
Conner: ¿Cómo va el turno?
Yo: Odio a la humanidad.
Conner: Dame nombres y los mato.
Yo: Hay una señora que ha devuelto el café tres veces porque no era ‘lo suficientemente espumoso’.
Conner: Dame una hora.
Yo: No, Conner.
Y cuando vino a recogerme...
Tim, me acabo de dar cuenta de algo.
-¿Qué?
-Si los lobos comemos carne cruda… ¿eso significa que técnicamente podríamos ser chefs en un restaurante de sushi?
-Conner, cállate.
-Pero piénsalo… podríamos hacer sushi de carne.
-¡Eso es carpaccio, imbécil!
Martes
-¿Sabes qué es lo peor de tu trabajo?
-¿Los clientes?
-No. Que no puedes robar comida.
-Eh, eso no es verdad. Una vez se me cayó una magdalena y la recogí demasiado rápido como para tirarla.
-¿Te comiste una magdalena del suelo?
-Cinco segundos, Conner. Es laey de los cinco segundos.
Miércoles
-Si fueras un lobo, ¿de qué color serías?
-Negro, obviamente.
-Ja, claro. Serías como un chihuahua seguro gris oscuro, nervioso y gruñón.
-Pues tú si no fuera ya un lo o seguro que serías un golden retriever baboso y pesado.
-Vaya, gracias.
-No era un cumplido.
El jueves, que no trabaje pensé que sería un día tranquilo. Pero Conner ya ha hecho de mi vida su pasatiempo personal, aparece por casa como si viviera aquí.
-¿No tienes nada mejor que hacer?-le digo, dejando que entre.
-No.
-¿Ni entrenar? ¿Cazar ciervos?
-Hoy no.
-Fantástico.
Y así, mi día libre se convierte en una tarde de ver series;o simplemente tirarnos en el sofá sin hacer nada productivo.
A veces me manda mensajes antes de venir...
Conner: Voy en camino. Prepara algo de comer.
Yo: No soy tu sirviente.
Conner: Entonces iré con hambre y te miraré fijamente mientras como tu comida.
Yo: Qué perturbador. Te espero.
Viernes
-Tim, hoy aprendí algo.
-¿El qué?
-Si un lobo camina en dos patas… técnicamente está haciendo cosplay de hombre lobo.
-…
-¿Tim?
-Para el coche.
-¿Por qué?
-Me bajo.
Intenté abrir la puerta, había echado los seguros.
Por la noche me empezó a mandar mensajes
Conner: ¿Por qué no hay nunca Nutella en tu casa?
Yo: Porque mi hermano es un psicópata que prefiere mantequilla de maní.
Conner: Voy a tener que reconsiderar nuestra amistad.
Sábado
-Si te convirtieras en lobo, ¿qué es lo primero que harías?
-¿Morderte la cara cuenta?
-Sí.
-Entonces eso.
Domingo
-He llegado a una conclusión.
-Dios mío, no.
-Nos estamos viendo demasiado, Tim.
-Lo sé. Es agotador.
-Pero me caes bien.
-…
-Tim, ¿por qué estás abriendo la puerta del coche?
-Voy a saltar..
Los mensajes que también me van llegando hacen que me ría y el día sea menos malo.
No sé en qué momento empecé a acostumbrarme a él. Pero ahora, cuando no está, me doy cuenta de que lo extraño un poco.
Solo un poco.
Tal vez.
Damián.
Mi semana empezó con el enésimo intento de Jon por hablar conmigo, esta vez por mensaje. Me llega su primer texto cuando estoy sentado en el escritorio, terminando los deberes .
Jon: Sé que sigues enfadado, pero quiero disculparme por lo de la bolsa de dulces.
Lo ignoro por un rato.
Diez minutos después, me llega otro.
Jon: …aunque admito que fue divertido.
Ruedo los ojos.
Yo: Para ti, quizá.
Jon: Vamos, admite que fue gracioso.
Yo: No.
Jon: No te creo. Seguro que te reíste después.
Yo: No me reí.
Jon: ¿Ni un poquito?
Yo: Ni un poquito.
Jon: …Damián.
Yo: …Jon.
Jon: Me odias.
Yo: No te odio, me irritas. Es distinto.
Jon: Bueno, es un progreso.
Resoplo y dejo el teléfono boca abajo, centrándome en otra cosa.
El martes es peor porque Jon se me queda mirando en clase, pero cuando lo pillo, finge que está escribiendo en su cuaderno.
Y luego, por la tarde, vuelve a escribirme.
Jon: ¿Y si te invito a algo como disculpa?
Yo: No hace falta.
Jon: No es por la bolsa, es porque quiero verte.
Yo: Ya me ves en el instituto.
Jon: …Damián.
Yo: …Jon.
Jon: Venga, una salida tranquila.
Jon: Sin robarte nada, lo juro.
Yo: ¿También juras no babear mis cosas?
Jon: Juro solemnemente que me portaré bien.
Yo: Lo dudo.
No respondo más, pero tampoco le digo que no.
Pero cabaña lloviendo y cada uno en su casa.
El miércoles lo paso ignorándolo lo mejor que puedo. Pero, por la tarde, vuelvo a caer.
Jon: He estado pensando en lo que dijiste.
Yo: ¿Sobre qué?
Jon: Sobre que debo pensar más en mis acciones.
Yo: ¿Y?
Jon: Pues que tienes razón.
Yo: Wow, ¿eso significa que vas a dejar de ser un imbécil?
Jon: No prometo tanto, pero puedo intentarlo.
Sonrío sin darme cuenta, pero luego me obligo a ponerme serio otra vez.
El jueves tengo un día más tranquilo, sin mensajes de Jon, sin intentos de conversación.
Casi lo agradezco.
Pero el viernes, vuelve a la carga.
Jon: Vale, ya ha pasado suficiente tiempo. ¿Salimos mañana?
Yo: ¿Tienes un problema con el concepto de "espacio personal"?
Jon: Tengo un problema con no verte.
Me quedo mirando la pantalla demasiado tiempo.
No sé qué responder a eso.
Bloqueo el móvil y decido pensarlo mejor más tarde.
El sábado por la mañana estoy terriblemente aburrido, y sobre las diez decido hablarle al que puede ser mi mejor entretenimiento.
Damián: Estoy aburrido.
Jon: Buenos días para ti también.
Damián: No he dicho buenos días.
Jon: Porque eres un maleducado. ¿Por qué estás aburrido?
Damián: Porque no tengo nada que hacer y no quiero estudiar.
Jon: Wow, qué rebelde.
Damián: Cállate.
Jon: Podríamos quedar.
Damián: Podrías tirarte a un pozo.
Jon: Qué cruel, Damián. Y yo aquí, tratando de hacer tu día más entretenido.
Damián: Haz malabares o algo.
Jon: ¿Y si hago malabares con mi vida para conquistarte?
Damián: Voy a bloquearte.
Jon: Eso nunca.
Por la tarde
Damián: Dime algo divertido.
Jon: Eres increíblemente atractivo.
Damián: He dicho divertido, no mentira.
Jon: Oh, entonces divertido: me encantas.
Damián: Jon.
Jon: Damián.
Damián: No estás siendo útil.
Jon: ¿Quieres que te cuente una historia?
Damián: Solo si es buena.
Jon: Vale. Había una vez un chico increíblemente guapo, fuerte y talentoso…
Damián: ¿Te estás describiendo a ti mismo?
Jon: Déjame acabar. Este chico estaba profundamente enamorado de otro chico de ojos verdes y carácter difícil…
Damián: Voy a dejar de responderte.
Jon: ¿Y qué pasó con mi historia?
Damián: Se acabó. El otro chico lo dio una paliza y vivieron felices pero separados.
Jon: Final trágico.
Damián: Final realista.
Por la noche
Jon: Damián, tengo una pregunta importante.
Damián: Dime.
Jon: ¿Te pones nervioso cuando te hablo?
Damián: No.
Jon: ¿Segurísimo?
Damián: Sí.
Jon: ¿Entonces por qué te imagino con la cara roja ahora mismo?
Damián: Porque eres un estúpido y te crees más de lo que eres.
Jon: O porque es verdad y no quieres admitirlo.
Damián: Déjame en paz.
Jon: Nunca.
Domingo
Por la mañana
Damián: ¿Tienes algo que hacer hoy?
Jon: Te vigilaré desde lejos como un acosador misterioso.
Damián: …
Jon: Es broma. O no. No sé.
Damián: Bloqueo inminente.
Jon: Vale, vale, me porto bien. ¿Por qué preguntas? ¿Quieres quedar conmigo?
Damián: No quiero, pero estoy aburrido.
Jon: Adorable.
Damián: Odiaaaate.
Jon: No puedo, porque tú me amas.
Damián: Voy a golpearme contra una pared.
Jon: Avisa y te sostengo.
Por la tarde
Damián: ¿Cuál es la peor travesura que has hecho en tu vida?
Jon: Una vez me comí tres pollos enteros de la nevera sin que mi madre se diera cuenta. Luego descubrí que sí se dio cuenta, pero tuvo miedo de preguntarme.
Damián: Eres un monstruo.
Jon: Gracias, gracias.
Damián: ¿Y lo más estúpido que has hecho?
Jon: Seguir persiguiéndote a pesar de lo mucho que me insultas.
Damián: Eso es lo más inteligente que has hecho.
Jon: Oye, oye…
Damián: Porque al menos mantienes tu lugar lejos de mí.
Jon: Ouch.
Por la noche
Jon: Si te abrazo, ¿me apartarías o me dejarías abrazarte un poquito?
Damián: Apartaría.
Jon: Ajá. ¿Pero qué tal si solo rozo mi cara contra tu cuello?
Damián: Bloqueo en 3, 2, 1…
Jon: Vamos, es una pregunta honesta.
Damián: No pienso responderte.
Jon: Porque no puedes mentir.
Damián siente una punzada de vergüenza y calor en el rostro, así que deja de responder.
Jon manda un último mensaje.
Jon: Te quiero. Buenas noches.
Damián apaga el móvil y se mete bajo las mantas, completamente frustrado.
Y con las orejas muy rojas.
Llega el Lunes. Intento concentrarme en la clase de historia, pero el profesor está en su modo monólogo interminable, y mis ganas de prestarle atención son inexistentes.
Su primer mensaje llega justo cuando estoy anotando algo en mi cuaderno.
Jon: Buenos días, cariño.
Hago una pausa. Suspiro.
Yo: Bloquéate solo.
Jon: Imposible. Mi instinto de lobo me dice que debo insistir.
Miro de reojo hacia donde está sentado. Ni siquiera disimula. Está inclinado sobre su pupitre, claramente escribiéndome mientras me lanza una sonrisa ladina.
Yo: Vas a hacer que el profesor te pille.
Jon: Es un riesgo que estoy dispuesto a correr por ti.
Ruedo los ojos y trato de ignorarlo. Pero, por supuesto, no se detiene.
Jon: ¿Quieres que nos sentemos juntos en el almuerzo?
Yo: Prefiero comer en el baño.
Jon: Puedo sentarme en el baño contigo. ¿Comida romántica en los baños?
Yo: Deja de escribir estupideces.
Jon: Entonces dime algo interesante.
Levanto la vista. El profesor sigue con su charla sobre guerras y tratados que a nadie le importan.
Vuelvo al móvil.
Yo: Las guerras en Europa en el siglo XIX fueron principalmente causadas por conflictos territoriales y ambiciones imperialistas.
Jon: Wow, me encanta nuestra relación basada en la educación.
Yo: No tenemos una relación.
Jon: No todavía.
Me muerdo el labio, reprimiendo el impulso de tirarle el móvil a la cabeza.
Pero no respondo.
Porque si lo hago, él va a seguir.
Y porque, en el fondo, sé que me estoy divirtiendo más de lo que debería.
El problema de no haber bloqueado a Jon a primera hora es que ahora cree que tiene permiso para seguir escribiéndome el resto del día.
Segunda clase:
Matemáticas
No han pasado ni diez minutos desde que inició la clase y mi móvil vibra otra vez.
Jon: Damián, ¿qué opinas del amor?
Suspiro y respondo, sin levantar la vista del ejercicio que estoy resolviendo.
Yo: Que es una distracción innecesaria.
Jon: Wow, qué frío. No me sorprende que no tengas novia.
Yo: O novio.
Jon: O novio…
No respondo.
Dos minutos después…
Jon: Si me dices que odias las películas románticas, voy a llorar.
Yo: Entonces ve preparando los pañuelos.
Jon: No tienes alma.
Yo: Tengo sentido común.
Jon: Pero imagina una historia enemies to lovers bien escrita…
Cierro los ojos, inhalo, exhalo. No voy a caer en la trampa.
Tercera clase:
Literatura
La profesora nos pide que hagamos un resumen sobre un poema. Intento concentrarme, pero mi móvil vibra otra vez.
Jon: Si fueras un poema, serías de Edgar Allan Poe. Oscuro, dramático y con ganas de matar a alguien.
Yo: Y si fueras un poema, serías un intento barato de poesía de Instagram.
Jon: ¿Y si fuéramos juntos un poema de amor prohibido?
Me quedo mirando el mensaje unos segundos.
Apago la pantalla.
Ignorarlo es la única forma de que no me vuelva loco.
Cuarta clase:
Biología
Justo cuando el profesor comienza a hablar sobre genética...
Jon: Damián, ¿qué harías si estuviéramos solos en un bosque de noche?
Yo: Alejarme de ti.
Jon: Pero imagina que hay luna llena y todo es muy romántico…
Yo: ¿Por qué estás así de intenso hoy?
Jon: Porque es divertido hablar contigo. Me gusta.
Yo: Pues diviértete solo.
Jon: Eso suena a indirecta.
Yo: No es indirecta. Es directa.
Miro de reojo. Jon está sonriendo, completamente satisfecho con mi irritación.
Voy a matarlo.
Quinta clase:
Educación Física
Cuando finalmente llega la hora de educación física, creo que voy a tener un respiro.
Pero no.
Jon sigue insistiendo.
Mientras estiramos antes de empezar la clase, mi móvil vibra una vez más.
Jon: Voy a hacer que me mires primero.
Frunzo el ceño y escribo rápidamente.
Yo: ¿Qué?
Jon: Nada, nada… solo espera y verás.
Levanto la mirada justo a tiempo para verlo quitándose la camiseta.
Jon se estira lentamente, asegurándose de flexionar los músculos como si fuera una escena sacada de una película. Varios de nuestros compañeros lo miran, algunas chicas murmuran algo entre risas.
Yo, en cambio, le lanzo una mirada de puro desprecio.
Jon solo me guiña un ojo.
Agarro mi móvil y le escribo furioso.
Yo: Eres un imbécil.
Jon: Pero me miraste primero.
Bloqueo la pantalla con un gruñido y juro por mi vida que si vuelve a intentar algo así, le voy a lanzar un balón en la cara.
Este día es un infierno.
Tim
Después de cenar, me quedo en el salón viendo la televisión mientras Damián sigue con su móvil, aparentemente revisando algo con total concentración. Demasiada concentración.
Sé lo que pasa.
Y sé que no quiere hablarlo.
Pero yo sí.
-¿Sigues ignorando a Jon?-
pregunto, sin rodeos.
Damián no levanta la vista.
-No lo ignoro. Le respondo cuando me apetece.
-¿Y cuándo te apetece?
-Cuando no me dan ganas de lanzarlo a un barranco-Suelto una risa breve.
-Damián, llevas semanas con esto-Finalmente, me mira con el ceño fruncido.
-¿Y qué?-Suspiro y dejo el mando a un lado.
-Mira, no estoy diciendo que lo olvides de un día para otro. Pero… parece que Jon se está esforzando-Damián me observa en silencio.
-No digo que corras a abrazarlo, ni que seamos todos amigos y vivamos felices-continúo-Solo digo que… quizá, quizá, podrías darle una oportunidad para demostrar que está aprendiendo.
-¿Y si no lo hace?-Me encojo de hombros.
-Entonces le das la patada definitiva-Damián se queda pensando.
Se muerde el labio, como si analizara mis palabras una y otra vez, pesando los pros y los contras.
-No lo sé, Tim.
-No tienes que decidir ahora. Solo piénsalo.
No responde. En su lugar, se levanta del sofá y sale del salón sin decir nada más.
Lo escucho subir las escaleras y cerrar la puerta de su habitación.
Apuesto a que ahora su cabeza está hecha un lío.
No voy a meterme más.
Ya dije lo que tenía que decir, y ahora es decisión de Damián. Si quiere perdonar a Jon o seguir ignorándolo, eso es asunto suyo. Pero ahora, viéndolo con la cabeza fría, desde la tranquilidad de mi propia perspectiva, es evidente que Jon no es solo un capricho pasajero.
No es solo un alfa terco que quiere algo porque sí.
Jon de verdad quiere a mi hermano.
Se nota en cómo insiste, pero no fuerza.
En cómo se mantiene cerca, pero sin invadir.
En cómo sabe cuándo callar, y cuándo presionar solo un poco.
No es un chaval que simplemente busca ganar por orgullo. No se trata de posesión.
Se trata de Damián.
De Jon queriéndolo tal y como es.
Puedo no ser fan de todo este rollo de “compañeros” y el destino y la conexión entre alfas, betas y omega y toda esa mierda de lobos, pero si algo tengo claro, es que Jon ha tenido muchas oportunidades de rendirse.
Y no lo ha hecho.
Eso significa algo.
Y aunque no lo diga en voz alta… aunque prefiera mantenerme neutral, en el fondo, sé que si hay alguien que puede cuidar de mi hermano de la manera correcta, es él.
Solo falta que Damián lo vea también.
Pero eso… eso ya no depende de mí.
Estoy tumbado en la cama, con un libro en las manos y la luz de la mesita encendida. La noche está tranquila, Damián está en su habitación, y por una vez en mucho tiempo, parece que no tengo nada de qué preocuparme.
Hasta que mi móvil vibra.
Lo ignoro unos segundos, esperando que sea una notificación sin importancia.
Pero vuelve a vibrar.
Y otra vez.
Con un suspiro, lo tomo y veo el nombre de Conner en la pantalla.
Conner: ¿Qué haces?
Levanto una ceja.
Yo: Leyendo. ¿Por qué?
Conner: Porque me aburro.
Yo: Y eso es mi problema porque…?
Conner: Porque soy tu problema, Tim. Lo sabes.
Ruedo los ojos, pero antes de que pueda responder, me llega otro mensaje.
Conner: ¿Qué lees?
Yo: Un libro. Obvio.
Conner: Genial, Tim. Una respuesta súper detallada.
Yo: Gracias, me esfuerzo mucho.
Conner: ¿No puedes dejar tu libro de lado para hablar conmigo?
Yo: No.
Conner: Duro golpe.
Dejo el móvil en mi pecho y cierro los ojos un momento.
Pienso en ignorarlo, pero la verdad es que no me molesta hablar con él. Así que lo vuelvo a coger.
Yo: ¿Qué haces tú?
Conner: Tirado en la cama, sin nada interesante que hacer.
Yo: ¿Y por qué me escribes a mí? ¿No tienes amigos?
Conner: Te prefiero a ti.
Pongo los ojos en blanco, pero de alguna manera, siento calor en las mejillas.
Yo: Ve a molestar a otra persona, Kent.
Conner: Nah. Prefiero molestarte a ti.
Yo: Vaya privilegio el mío.
Conner: Lo sé, deberías sentirte especial.
Suelto una risa silenciosa y niego con la cabeza.
Estoy a punto de volver a mi libro, pero justo cuando mi móvil vibra otra vez, esta vez no es un mensaje, sino una videollamada de Conner.
No es como si nunca hubiéramos hablado por llamada, pero esto es nuevo.
Respondo después de unos segundos, alzando una ceja en cuanto su rostro aparece en la pantalla.
-¿Qué haces?-pregunto.
-Conner sonríe de lado.
-Videollamada
-¿Por qué?
-Quería verte la cara-Resoplo y me acomodo mejor en la cama, apoyando la cabeza en la almohada.
-¿Y no podías esperar a mañana como una persona normal?
-No. Además, seguro que estabas en pijama de dinosaurios otra vez.
-Respeta a los dinosaurios.
Él suelta una risa baja.
-Entonces, ¿qué hacías antes de que te interrumpiera?
-Intentaba leer.
-¿Intentabas o estabas solo pasando páginas sin procesar nada?
Lo miro fijamente.
-¿Tienes algún superpoder del que no me haya enterado?-Conner se encoge de hombros con una sonrisa engreída.
-No. Solo que ya sé cómo funciona tu cabeza, Tim.
-No te creas tan listo.
-Demasiado tarde.
La conversación se mantiene ligera por unos minutos, hablamos de cosas sin importancia, de mi día en el bar, de cómo Damián sigue sin darle tregua a Jon.
Pero en algún punto, el tema da un giro inesperado.
-Por cierto…-dice Conner, con un brillo divertido en los ojos-Así que… Mike, ¿eh?
-Hago una mueca.
-¿Por qué traes a colación eso?
-Porque lo mencionaste el otro día.
-¿Y?
-Y me pregunto qué tan bueno es.
-¿Bueno en qué?
Conner levanta una ceja.
-Tú dime.
Siento un escalofrío de incomodidad y calor al mismo tiempo.
-No voy a hablar de eso contigo.
-Oh, vamos…
-No.
-¿Fue bueno al menos?
-Lo suficiente-Conner hace un gesto de burla con la boca.
-Eso suena a que fue mediocre.
-Solo fue sexo.
-Hmm… ¿pero buen sexo o solo aceptable?-Le lanzo una mirada incrédula.
-¿Desde cuándo te interesa mi vida sexual?
-Desde que supe que podría ser mejor.
Eso me toma por sorpresa.
Parpadeo.
-¿Qué?
-Digo que ya quisiera Mike follar igual de bien que yo.
Mi cuerpo entero se tensa.
No sé si es por la seguridad en su voz o porque no esperaba que dijera algo así, tan directo.
¿Me está vacilando?
-Tienes una boca demasiado grande, Kent.
-Y habilidades que van con ella.
El tono de su voz es bajo, casi provocador. No sé si quiere ponerme nervioso a propósito o simplemente está jugando conmigo, pero lo que sí sé es que mi cuerpo está reaccionando más de lo que me gustaría admitir.
Trago saliva y desvío la mirada un segundo.
-No necesito saber sobre tus habilidades.
-Podría demostrártelo.
Joder. Siento una oleada de calor subiéndome por el cuello.
-Eres un idiota.
-¿Te estoy poniendo nervioso, Tim?
-Por supuesto que no.
-Ya claro.
Aprieto los labios, manteniendo mi expresión neutral, pero sabiendo perfectamente que mis orejas están ardiendo.
Él sonríe con satisfacción.
Quizás deba seguir con su puta broma.
-Dime, Conner… ¿siempre flirteas con tus amigos así?
-Solo con los que me gustan.
Mi estómago se revuelve con esa respuesta. No en un mal sentido. Pero definitivamente en un sentido peligroso.
-Voy a colgar.
-Porque te estoy haciendo pensar cosas.
-Porque estoy cansado.
Conner suelta una risa baja.
-Descansa, Tim.
-Tú también.
Y justo cuando voy a colgar, lo escucho decir algo más.
-Sueña conmigo.
La pantalla se apaga.
Y yo me quedo ahí, mirando el techo, con la mente completamente jodida.
Aprovecho mis 10 minutos de descanso para sentarme en una de las mesas del bar y tomarme un respiro.
El turno de la mañana ha estado movido, pero al menos ahora tengo un momento de paz.
Saco el móvil y abro WhatsApp. Conner me ha estado escribiendo desde temprano.
Conner: Voy a estar fuera con mi padre hasta mañana.
Yo: ¿Manada?
Conner: Sí. Hay que revisar unos límites de territorio. Nada interesante.
Yo: Ah, el glamour de la vida lobuna.
Conner: Es aburrido, pero necesario. Y al menos no tengo que aguantar a Sam hoy.
Yo: ¿Ese alfa idiota del otro pueblo?
Conner: El mismo. Si fuera por él, estaría metiendo las narices en todas partes.
Yo: Suena a que alguien necesita un puñetazo en el hocico.
Conner: Y si algún día lo recibe, no seré yo quien llore por él.
Suelto una risa breve.
Estamos en medio de la conversación cuando levanto la vista y me encuentro con Mike parado frente a mí.
-Hey-dice con una sonrisa.
Guardo el móvil por reflejo, sintiendo una punzada de incomodidad por ignorar a Conner de golpe.
-Hey-respondo-Mike se sienta sin preguntar, apoyando los codos sobre la mesa con un aire relajado.
-No te había visto en unos días.
-He estado ocupado-Me responde.
-¿Mucho trabajo?
-Algo así.
-¿Tienes otro día libre pronto?
-¿Por qué?
-Porque podríamos vernos.
Lo dice con esa sonrisa confiada, como si ya supiera que diré que sí. Y, para ser honesto, no sé qué responder.
El móvil en mi bolsillo vibra varias veces. Seguramente Conner se ha dado cuenta de que lo dejé en visto.
Pero me parecería de mala educación sacarlo ahora que estoy hablando con Mike.
Así que lo ignoro por el momento y me concentro en la conversación.
Sin embargo, una parte de mí se siente extrañamente culpable.
Y no entiendo por qué.
Cuando termino la conversación con Mike, le digo algo vago, que quizás, si no trabajo, podríamos quedar algún día.
No quiero darle una respuesta directa porque, en realidad, no estoy seguro de querer repetir lo de la otra vez. Mike parece satisfecho con eso, se despide con un gesto casual y se va.
Miro el reloj.
Me quedan 5 minutos de descanso.
Saco el móvil y veo varios mensajes de Conner.
Conner: ¿Tim?
Conner: ¿Me dejaste en visto?
Conner: ¿Estás muerto? ¿Secuestrado? ¿Convertido en zombie?
Conner: Respóndeme.🥺
Ruedo los ojos y le escribo.
Yo: Hablaba con Mike. No podía responderte en ese momento.
Lo envío y espero.
Un minuto.
Dos minutos.
Tres.
No responde.
Frunzo el ceño.
Conner siempre responde rápido. Pero esta vez, nada.
Vuelvo al trabajo y paso el resto del turno revisando el móvil de vez en cuando.
Nada.
Llega la noche.
Nada.
A la mañana siguiente, reviso el chat.
Sigue sin responder.
No sé si es mi imaginación o si realmente le ha molestado. Pero para el mediodía, cuando sigo sin recibir ni un solo mensaje suyo, decido que cuando vaya a recoger a Damián, le hablaré en persona.
Quizás no le sentó bien que dejara de hablarle para responderle a Mike.
Y si es eso…
Bueno. Tendrá que decírmelo.
Aparco el coche enfrente de las puertas del instituto, justo al lado del de Conner.
Lo veo apoyado contra la puerta de su coche, con los brazos cruzados y una expresión neutral en la cara. No me mira directamente, pero sé que me ha visto.
Respiro hondo y salgo del coche, acercándome con calma.
-Wo, veo que sigues vivo-
suelto, intentando romper el hielo-Conner me lanza una mirada rápida, sin sonreír.
-Tú también-dice, seco.
Levanto una ceja.
-Vaya, ¿sigues enfadado?-Juego con mis mangas, él suspira y se pasa una mano por el pelo, como si ni siquiera quisiera estar teniendo esta conversación.
-No estoy enfadado-dice.
-¿Ah, no? Entonces, ¿por qué desapareciste todo un día sin responderme?-Conner desvía la mirada hacia el aparcamiento.
-Porque… no me gustó cómo me ignoraste-Lo dice rápido, como si le costara admitirlo.
Parpadeo.
-¿Qué?
-Eso. No me gusta sentirme ignorado, Tim-me mira, esta vez con un leve brillo-
Estábamos hablando y de repente me dejas en visto para hablar con Mike.
Abro la boca, pero no sé qué responder de inmediato.
No esperaba que realmente le molestara tanto. Y, para ser honesto… entiendo su punto. No me gusta admitirlo, pero no soy tan orgulloso como para no ver cuando la he cagado. Suspiro y vuelvo a jugar con mis mangas.
-Vale. Lo siento-digo, con sinceridad-No quise hacerte sentir ignorado.
Conner me mira unos segundos, pareciendo sorprendido por mi disculpa.
Tarda un momento en responder. Luego, desvía la mirada y murmura:
-También lo siento. Por ser un idiota-Sonrío de lado.
-Eso ya es parte de tu personalidad-Me mira con una ceja arqueada.
-¿Ah, sí?
-Sí.
Conner entrecierra los ojos como si estuviera analizándome. Y antes de que pueda decir algo más, tira de uno de mis brazos de y me abraza. Me tenso por un segundo, sorprendido por el gesto inesperado.
Pero luego, suspiro y dejo que me abrace. Porque, de alguna forma, se siente bien.
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