Truyen3h.Co

Monster [ConnerxTim]

8

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Tim

No sé en qué momento volví a terminar aquí. Con la espalda contra el colchón, el aliento entrecortado y las manos de Mike recorriendo mi piel con firmeza.

Me está gustando.

Me está haciendo sentir bien. Pero ese hueco en mi pecho ha vuelto a abrirse.
Cierro los ojos y me obligo a concentrarme en el momento. En el roce de nuestras pieles, en el ritmo de sus embestidas, en su respiración pesada contra mi cuello.

Pero no funciona.

Ese vacío sigue ahí.

Como un recordatorio molesto de que esto es solo eso: sexo.

Un alivio temporal.

Un escape momentáneo.

Mike gime mi nombre y yo hago el esfuerzo de responderle, de fingir que no hay nada más en mi cabeza en este momento.

Pero en el fondo, sé la verdad. Esto no es lo que realmente quiero.

Lo disfruto, sí.

Pero cuando termine, cuando la adrenalina y el placer desaparezcan, sé que volveré a sentirme exactamente igual que antes.

Vacío.

Jodidamente vacío.

Al final de cuentas, siempre vuelvo a casa solo. No sé por qué me molesta tanto. Yo he tomado esta decisión. Varias veces. Incluso antes de conocer a Mike. Así que, ¿por qué este hueco en mi pecho se siente más grande cada vez que termina?

Mike termina primero y se deja caer a mi lado, sin decir mucho. Yo respiro hondo, tratando de controlar mi cabeza.

No hay abrazos.

Nunca los hay.

Tampoco los espero. Tampoco los quiero.

-Tengo que irme-dice de repente, mientras su móvil vibra.

-¿Problemas?-pregunto, sin mucho interés.

-Trabajo. O algo así.

Asiento, sin pedir detalles. No me interesa saber más de lo necesario.

-Puedes quedarte si quieres-
agrega.

-Mmm...me lo pensaré.

Mike se levanta, se viste rápido, sin ceremonias. Yo me quedo en la cama unos minutos más, mirando el techo.

Pensando.

Pensando que quizás debería dejar seriamente de hacer esto. Porque cada vez me deja más vacío. Porque cada vez me jode más la cabeza. Porque esto no es lo que realmente quiero.

Me paso una mano por la cara con frustración. Suspiro. Me meto a la ducha, dejo que el agua caliente me limpie más de lo que debería.

Salgo. Me seco. Me visto.

Y cuando abro la puerta para salir, me doy cuenta de un pequeño problema.

Está lloviendo.

Y no tengo ni coche ni paraguas.

Mierda.

Busco el móvil en mi bolsillo. Miro la hora.

1:00 a.m.

Doble mierda.

Apreté los labios, dudando por unos segundos. Y entonces, llamo a Conner.
Después de dos tonos, responde, su voz adormilada.

-¿Tim?

-Hey.

-¿Sabes qué hora es?

-Sí.

-¿Sabes que algunas personas duermen?

-Por supuesto.

-¿Y me llamas porque?

-¿Puedes venir a buscarme?

Silencio. Después, Conner suelta una pequeña risa.

-¿Dónde estás?-Le doy la dirección.

-Voy para allá-Escucho el sonido de las sábanas mientras se mueve.

-No pensé que fueras a llamarme a estas horas-dice.

-Tampoco yo.

-Tengo que colgar para conducir.

-Recibido.

Espero demasiado tiempo. Hasta que finalmente, veo las luces del coche estacionarse frente a la puerta.

Salgo de la casa y corro hasta él. Me meto rápidamente y cierro la puerta de golpe.
Conner me mira. Ríe.

-Tim...Pareces un perro mojado-Le lanzo una mirada de advertencia.

-No empieces.

-Debería haberte dejado ahí diez minutos más, seguro te salía espuma-Me paso una mano por el pelo mojado.

-Solo conduce, imbécil- Conner sigue riendo mientras arranca.

-¿Sabes? Esto es divertido. Me haces levantarte a la 1 de la noche, salir bajo la lluvia, y todo porque…-hace una pausa-Porque tu ligue no te llevó a casa-Me recuesto contra el asiento.

No es un ligue.

-¿Ah, no?

-No.

Conner sonríe de lado.

-Lo que digas-Le doy un pequeño empujón.

-¡Oye, estoy conduciendo!

-Entonces deja de chincharme.

-Nunca-Nos quedamos en silencio unos minutos.

El ruido de la lluvia contra el coche es extrañamente relajante. Hasta que Conner rompe el silencio.

-Oye…

-¿Hmm?

-¿Se ha portado bien?

Lo miro, sin entender.

-¿Qué?

-Mike.

Levanto una ceja.

-¿Por qué preguntas?-
Conner mantiene la vista en la carretera.

-Solo quiero saber si te dejó bien servido-Lo miro con incredulidad.

-Conner, cállate-Él sonríe con esa maldita cara de satisfacción.

-Solo pregunto por educación.

-Voy a lanzarme del coche.

-Podría atraparte antes de que llegues al suelo-Aprieto los labios y niego con la cabeza.

No sé qué voy a hacer con este idiota.

Cuando finalmente llegamos a casa, Conner estaciona y apaga el motor. No se mueve de inmediato.

Yo tampoco.

Miro la puerta de casa.

Y luego lo miro a él.

-Si quieres… puedes quedarte a dormir.

Conner me observa por un segundo más del necesario.

Luego, sonríe.

-Pensé que nunca lo dirías.

Salimos del coche rápido, esquivando la lluvia como podemos. Abro la puerta de casa y entramos en silencio, mojados y con el frío pegándose a nuestra piel.

Cierro la puerta tras nosotros y subimos directo a mi habitación, sin necesidad de decir nada. Una vez adentro, rebusco en el armario y saco un pijama que compré hace tiempo, pero que me quedó enorme por equivocarme con la talla.

-Toma-se lo lanzo a Conner.
-Él lo atrapa en el aire y lo observa con atención.

-¿Jurassic Park?-arquea una ceja.

-No me juzgues.

Conner sonríe.

-Jamás.

Lo deja a un lado mientras yo me meto al baño a cambiarme. Me apoyo contra el lavamanos por un segundo.

Respiro.

Tal vez fue impulsivo pedirle que se quedara. No es como si estuviéramos en una situación en la que fuera necesario. No había una tormenta que lo dejara atrapado. No había una excusa lógica para que no volviera a su casa.

Simplemente lo dije.

Pero a Conner no pareció molestarle. Cierro los ojos un momento. Quizás debería dejar de pensar tanto las cosas.

Me cambio y salgo de nuevo a la habitación Conner ya está con el pijama puesto, y por alguna razón le queda perfectamente.

-¿Sabes?-dice mientras levanta los brazos y examina la tela-Me siento bendecido por haber tu error de talla.
-Ruedo los ojos y me meto en la cama.

-Cállate y duerme-Conner se mete también, moviendo las cobijas para acomodarse.

Bueno, no hay mucho espacio, pero no es incómodo. Apago la luz.
Todo queda en silencio… por exactamente diez segundos.

-Tim.

-¿Qué?

-No roncas, ¿verdad?
-Giro la cabeza para fulminarlo con la mirada en la oscuridad.

-No.

-Bien. Porque si lo hicieras, me vería obligado a taparte la boca con la almohada.

-Eres un psicópata.

-Y tú un peligro si hablas dormido.

-No hablo dormido.

-Eso dices tú.

Ruedo los ojos.

-¿Tienes intención de quedarte callado en algún momento?

-No lo sé. Quizás si me das un beso de buenas noches.
-Lo golpeo con la almohada sin dudarlo.

-¡Oye!-se queja entre risas.

-Duerme, Conner.

-vale, vale… pero si me despierto con un moretón, le diré a Damián que me maltratas.

-Damián no te creería.

-Damián me quiere.

-Damián me quiere más.

-Competitivo hasta en eso-Sonrío en la oscuridad.

Después de unos minutos de silencio, justo cuando estoy a punto de quedarme dormido, escucho a Conner moverse un poco en la cama.

-Tim.

Respiro hondo.

-¿Qué?

-¿Sabes qué es gracioso?

-¿Que no puedes callarte?

-No. Que en la primaria mi maestra me dijo que tenía talento para quedarme callado y escuchar a los demás.

-Eso es la mayor mentira que te han dicho en la vida.

-Lo sé-se ríe-Pero en mi defensa, no es que hable demasiado, es que tengo cosas importantes que decir.

-Claro, como la teoría de que los helados saben mejor a las tres de la mañana.

-¡Exacto! A esa hora el frío y el dulce combinan mejor en la boca-Suelto una risa y niego con la cabeza.

-Eres un idiota.

-Pero un idiota con argumentos sólidos.

-Sólidos como tu cabeza.

-Lo tomaré como un cumplido.

-No deberías-Nos quedamos en silencio por unos segundos.

Y justo cuando creo que ya ha agotado su capacidad de hablar…

-Tim.

-¿Qué, Conner?

-Sabes que dormir juntos técnicamente significa que ya somos pareja, ¿verdad?
-Suelto un bufido.

-Eso es lo más estúpido que he oído.

-Nah, ya está sellado. Nuestra primera noche juntos.

-¿Nuestra qué?

-Nuestra primera noche juntos.

-Cállate.

-Tim, deberíamos hacer esto más seguido.

-No.

-Pero, Tim, compartir la cama fortalece los lazos.

-Conner, duérmete antes de que te saque a patadas.

-¿Sabes qué también fortalece los lazos?

-No voy a preguntar.

-Sexo.

Silencio. Me giro lentamente en la cama.

-¿Acabas de decir lo que creo que acabas de decir?

-Sí.

-Dios mío.

-Es solo un dato científico, Tim.

-Claro, claro. Solo ciencia.

-Totalmente. Y si lo piensas bien, ya dormimos juntos, solo falta...-Le tapo la boca con la almohada.

-¡MMMMF!

-Duerme.

-Mmmff…

-No quiero escuchar ni una palabra más sobre tus teorías sexuales-Me suelto la almohada y Conner respira hondo.

-Eres violento.

-Soy alguien que quiere dormir en paz-Conner se ríe y luego se acomoda de nuevo en la cama.

-Tim.

-No.

-Solo quiero decir que, si alguna vez quieres comprobar mi teoría…

-Te mato.

-Vale, vale, ya me callo…

Silencio. Y después de unos segundos, escucho su risa contenida en la oscuridad.
Aunque quiero ignorarlo, termino riéndome también.
Este idiota siempre se sale con la suya.


Es sábado por la mañana. Llevo toda la jodida mañana dándole vueltas a lo que Tim me dijo hace unos días. Que quizás debería hablar con Jon. Lo ignoré en ese momento, porque no quería pensarlo.

Porque no estaba listo.

Pero ahora… ahora siento que tal vez nunca voy a estarlo. Así que, ¿para qué seguir posponiéndolo?
Tomo el móvil de mi escritorio, lo desbloqueo y busco su nombre en la lista de contactos.

Jon Kent.

Respiro hondo.

Y presiono llamar.

El tono suena una, dos, tres veces. Y entonces, responde.

-¿Damián?-Su voz suena sorprendida.

Quizás no esperaba que lo llamara.

Yo tampoco.

-Sí-digo, con un tono neutral.
Un segundo de silencio.

-Woah…

-¿Qué?

-Nada, es solo que… no creí que me hablarías algún día.

No sé si está bromeando o si de verdad lo cree. No sé por qué eso me molesta un poco.

-¿Tienes tiempo hoy?

-Sí, claro.

-Quiero hablar.

Jon tarda un par de segundos en responder.

-¿Dónde? ¿Cuándo?

-A las cuatro. En el mirador del bosque.

-Allí estaré-Cuelgo antes de que pueda decir algo más.

Dejo el móvil sobre el escritorio y cierro los ojos un momento.

Bien.

Ya lo hice.

Ya no hay vuelta atrás.

Solo queda ver qué pasa.

Después de comer Me visto con calma, sin apurarme demasiado. Voy a verme con Jon, pero no quiero que parezca que me estoy esforzando más de la cuenta.
Elijo unos jeans oscuros y una sudadera negra.

Algo cómodo y práctico.

Me pongo mis botas porque el mirador está en el bosque y no quiero llenarme los zapatos de barro. Cuando reviso la hora, veo que mejor salgo ya. No quiero llegar tarde, pero tampoco quiero llegar antes de tiempo.

Cojo las llaves, el móvil, y salgo. Cuando llego al mirador, Jon ya está ahí.
No me sorprende. El lugar está tranquilo, sin nadie alrededor.

Justo como quería.

Siempre hay chismosos en el pueblo, y lo último que necesito es que la gente empiece a hacer preguntas.
Mientras me acerco a él, noto algo extraño. Jon se ve… diferente. No en un sentido exagerado, pero su cuerpo parece más maduro.
Más fuerte. Frunzo el ceño.
¿Desde cuándo cambió tanto? Me doy cuenta de que esto debe ser cosa de los hombres lobo. O más bien, de los Alfas. Porque no es normal que alguien cambie tan rápido. He visto fotos de Conner en su casa, y no se ve diferente de quién era cuando tenía unos 16 años. Pero Jon si. Parece incluso más alto.

Me detengo a unos metros de él. Jon se gira hacia mí, con una expresión que no sé si es alivio, sorpresa o ambas.

-Viniste.

-Quedamos a las cuatro.
-Me siento en una de las piedras grandes cerca del borde del mirador.

Jon me observa por un momento y luego se sienta a mi lado.

Silencio.

-No creí que me darías la oportunidad de hablar-dice después de unos segundos.
Cruzo los brazos.

-No lo haría si no pensara que te la mereces-Jon inclina un poco la cabeza, como si procesara mis palabras.

-¿Entonces…?-Respiro hondo.

-Te voy a dar la oportunidad de volver a ser amigos-Jon parpadea.

-¿En serio?

-Sí.

-¿Bajo qué condiciones?
-Levanto una ceja.

-¿Crees que voy a darte una lista de reglas?

-Eres Damián Wayne. Claro que lo creo-Pongo los ojos en blanco.

-Solo no la cagues otra vez.

Jon me mira con algo que parece alivio y una sonrisa pequeña.

-Lo juro.

Miro hacia el bosque, dejando que el aire frío me despeje un poco.;Esto no significa que confíe en él al cien por ciento.

Después de unos minutos sentados, nos ponemos a caminar por el mirador.

No decimos nada al principio. El silencio no es incómodo, pero tampoco es particularmente cómodo.
Jon es quien rompe la quietud.

-Es raro.

-¿El qué?

-Hablar contigo así. Sin que me estés mandando a la mierda-Me encojo de hombros.

-Aún puedo hacerlo si quieres-Jon suelta una pequeña risa.

-No, gracias.

-¿Cuándo has crecido tanto?
-Jon me mira, confundido.

-¿Eh?

-Mides más que antes.

-Ah… eso-Lo veo rascándose la nuca, como si no estuviera seguro de cómo explicarlo.

-Es por mi jerarquía-Levanto una ceja.

-¿Tu qué?

-Mi rango, ya sabes… Alfa y todo eso.

-¿Así que ahora los Alfas también crecen como si les hubieran metido esteroides?

-Algo así-Jon sonríe-
Seguramente creceré un poco más cuando cumpla los 18.

-Genial. Un Jon más grande y con más ego.

-¿Celoso?-Le doy un codazo en las costillas.

-Sigue soñando.

Seguimos caminando sin prisa, con el viento frío pasando entre los árboles.
Jon no se calla, como era de esperarse.

-Así que… ¿qué más has estado haciendo?

-Lo mismo de siempre.

-Eso no me dice nada.

-Tampoco es que haya mucho que decir-Jon me mira con una sonrisa divertida.

-¿Sigo sin caer en tu lista de personas con las que compartes información?

-Básicamente.

-Agh, qué duro eres conmigo, Damián.

-Te lo has ganado-Jon pone una expresión dramática.

-Esto es un castigo cruel e injusto.

-Llora-Jon suelta una risa y se estira un poco mientras caminamos.

-Sabes, podríamos hacer esto más seguido-Levanto una ceja.

-¿Caminar por el bosque mientras me cuentas estupideces?

-Exacto.

-No veo la necesidad.

-Porque no quieres admitir que me extrañaste-Me detengo y lo miro con incredulidad.

-¿De verdad?-Jon sonríe como un maldito imbécil.

-Tienes derecho a negarlo, pero los dos sabemos la verdad-Suelto un bufido.

-No te tengo que aguantar.

-Pero lo haces.

Sigo caminando sin dignarme a responder.
Jon me sigue, claramente satisfecho con su pequeña victoria. Después de unos minutos más en silencio, él vuelve a hablar.

-¿Y qué tal con tu hermano?

-Bien.

-¿Eso es todo?

-Sí.

Jon hace una mueca.

-Damián, no puedes dar respuestas de una sola palabra en cada conversación.

-¿Por qué no?

-Porque así nunca podré saber qué está pasando contigo.

-Ese es el punto.

Jon pone cara de fastidio.

-Eres más difícil de leer que un maldito acertijo.

Sonrío levemente.

-Y tú hablas demasiado-Jon hace una reverencia burlona.

-Gracias, me esfuerzo.

Niego con la cabeza y sigo caminando. A pesar de todo… esto no está tan mal.

-Sabes… ha sido difícil-Levanto una ceja y lo miro de reojo.

-¿El qué?

-Estar separados-Me detengo por un segundo, pero sigo caminando sin mirarlo directamente.

-No creo que haya sido peor que lo que pasó antes-Jon suspira.

-No, claro que no. Pero aún así… a veces me volvía loco.

-¿De qué hablas?

-De tu olor-Lo miro con confusión y un poco de incomodidad.

-¿Perdón?-Jon esboza una sonrisa tímida, casi avergonzada.

-Siempre que estábamos en clase, cuando estabas cerca, tu olor… joder, Damián, me volvía loco-Me tenso ligeramente.

-Eso suena perturbador-Jon suelta una risa nerviosa.

-No lo digo en plan raro. Es solo que… quería abrazarte.

Me detengo por completo.

Jon también.

Nos miramos por un par de segundos.

-¿Abrazarme?

Él asiente.

-Sí.

-Qué cursi.

-Dilo como quieras, pero es la verdad-Jon me observa con algo en la mirada que no sé interpretar.

-Damián, en serio, me costó mucho mantenerme lejos.
-Respiro hondo y miro hacia otro lado.

Esto empieza a sentirse demasiado personal.
Demasiado… cercano.
Y no sé si estoy listo para eso. Me paso una mano por la nuca.

-Bueno, ya pasó.

Jon me observa como si quisiera decir algo más.
Pero no lo hace. Y después de unos segundos, seguimos caminando.

-Damián.

-¿Qué?

-¿Puedo abrazarte?-Me detengo de golpe. Lo miro, parpadeando lentamente.

-¿Qué?

-Eso-Jon se encoge de hombros, pero su expresión es seria-Dijiste que me darías la oportunidad de volver a ser amigos.

-¿Y eso implica abrazos?

-Bueno… los amigos se abrazan-Frunzo el ceño, procesando la situación.
Esto es estúpido. Y cursi.
Y completamente innecesario.

Pero, por alguna razón, no le digo que no de inmediato.
Jon me mira con paciencia, esperando mi respuesta.
Dudo unos segundos.

-Está bien.

Jon no espera más.;Se acerca y me envuelve en un abrazo firme, cálido. Su pecho es firme contra mi espalda.
Me tenso al principio, porque no estoy acostumbrado a esto.

Pero… no se siente mal.

Su respiración es tranquila.
Su calor es extrañamente reconfortante. Y no sé por qué siento que podría acostumbrarme a esto.

Tim

Es lunes por la noche y estoy en el trabajo, recogiendo mis cosas. Ha sido un día normal, sin demasiados clientes insoportables, pero lo suficiente para que quiera largarme ya. Me pongo la chaqueta, agarro las llaves y el móvil, y salgo.

Y ahí está. Como siempre.
Me acerco, abriendo la puerta del copiloto y metiéndome sin ceremonias.

-¿Algún día te aburrirás de venir a buscarme?

-Nah-dice con una sonrisa, arrancando el coche-Eres la mejor excusa para salir de casa.

-Gracias, me encanta ser usado.

-Shh, no lo arruines.

-¿A dónde vamos?-digo al ver que cambia de dirección.

-Al supermercado-dice sin mirarme-Sí. Mamá me mandó a comprar comida y, como soy un buen hijo, voy a hacerlo.

-¿Y en qué momento me metí en tus deberes familiares?

-Desde que aceptaste subirte al coche.

-Explotador.

-Cómplice.

No digo nada más mientras nos dirigimos al supermercado. Una vez dentro, agarro un carrito y empiezo a empujarlo.

-Bien ¿qué tenemos que comprar?-Conner saca su móvil y lee la lista que le envió su madre.

-Leche, huevos, pan…

-Interesante.

-Cállate. También necesito carne y unas verduras.

-¿Verduras? Woah, no sabía que los Kent comían saludable.

-No lo hacemos. Son para Jon.

Me río.

-¿Tu hermano come sano?

-Sí, ahora que es un Alfa, mi papá le hace comer "bien".

-¿Entonces por qué sigues comiendo pizza como si fueras un universitario en crisis?

-Porque mi dieta consiste en felicidad y negación.

Suelto una carcajada y seguimos caminando por los pasillos.

-Oye, Tim, ¿qué es lo más raro que has visto en un supermercado?

-Una señora peleando por el último bote de Nutella con un adolescente de 15 años.

-¿Quién ganó?

-La señora. Le quitó el bote de las manos y salió corriendo.

-Inspirador.

Me río mientras Conner agarra un paquete de carne y lo pone en el carrito.
Pasamos al pasillo de snacks.
Miro las bolsas de papas.

-¿Crees que deberíamos comprar algo poco saludable para Jon?-Conner asiente con una sonrisa malvada.

-Definitivamente-Agarramos la bolsa más grande de papas fritas.

-Perfecto, Jon se va a volver loco.

-Mi madre nos va a matar.

-Valdrá la pena-Nos miramos y chocamos los puños.

Seguimos paseando por los pasillos, echando cosas al carrito sin mucho orden.
Yo ya he empezado a agarrar cosas para mi casa también.
Leche, cereales, café…

-Oye, Tim-dice Conner de repente-¿qué opinas de la piña en la pizza?-Me detengo en seco. Lo miro con seriedad absoluta.

-Si me dices que te gusta me voy andando a casa-Conner sonríe con malicia.

-Me gusta.

-Decepcionante.

-Deberías probarla.

-Prefiero comer cartón.

-Bueno, técnicamente, las pizzas congeladas saben parecido.

-No cambies de tema.

-Solo digo que algún día te haré cambiar de opinión.

-Ja, suerte con eso-Seguimos caminando, llegando a la zona de congelados.

Miro la sección de pizzas.
Conner me observa con diversión.

-¿Vas a comprar una?

-Sí, pero sin piña.

-Vaya, qué rebelde.

-Cómprate una con piña y come en tu casa.

-Nah, no quiero que me deshereden.

Sigo empujando el carrito hasta el pasillo de dulces.
Conner mira la sección de chocolates y galletas con un brillo en los ojos.

-Dios, esto es un paraíso.

-No te emociones, que no es gratis.

-Eso nunca me ha detenido antes.

-No voy a preguntarte por qué dices eso.

Agarramos algunas cosas más y nos dirigimos a la caja. Mientras esperamos en la fila, Conner mira mi parte del carrito.

-¿Palomitas, galletas y chocolate?

-Sí.

-¿Algo especial?

-No, pero es mi comida de emergencia.

-¿Para qué emergencia?

-Para cuando la vida apesta.
-Conner suelta una risa.

-Esa es la excusa más válida que he escuchado.

-Gracias.

Cuando llega nuestro turno, empezamos a poner las cosas en la cinta. Conner mira a la cajera con una sonrisa. Pago mis cosas y él paga las suyas.

Salimos del supermercado con varias bolsas en mano.

-¿Sabes?

-¿Qué?

-Me he dado cuenta de algo importante.

-Ilumíname.

-Eres la mejor mala influencia que he tenido..

-Eso es lo más bonito que me has dicho.

-Lo sé.

Cargamos las bolsas en el maletero y nos subimos al coche.

-Oye, Tim.

-¿Sí?

-Si se nos caen las bolsas en el camino, ¿eso es un accidente de tráfico?

-Conner, arranca el coche y llévame a casa.

-Solo digo, es una duda válida.

-Conner.

-Vale, vale…

Arranca el coche y nos ponemos en camino.
Otra noche más, otra dosis de estupideces. Y, para ser sincero, ya no me imagino mi rutina sin esto.

Llego a casa con las bolsas en mano, dejando las llaves en la mesa de la entrada. Respiro hondo. Al fin en casa.

Empiezo a guardar las cosas en su sitio, metiendo la leche en la nevera, dejando los cereales en su estante y acomodando las bolsas de papas en la despensa.
Hasta que escucho la puerta abrirse. Me giro y veo a Damián saliendo.
Lleva una chaqueta y parece que está a punto de irse.
Levanto una ceja.

-¿A dónde vas?-Damián se detiene en la puerta, como si estuviera pensando en su respuesta.

-Voy con Jon-Me congelo por un segundo. Y luego sonrío.

-¿Así que con Jon, eh?

-No empieces.

-No dije nada.

-Lo pensaste.

-Obvio-Damián suspira y sacude la cabeza.

-Nos vemos luego.

-Diviértete-Damián no responde y simplemente sale por la puerta.

Pero yo me quedo ahí, sonriendo. No lo voy a decir en voz alta. Pero esto me alegra. Parece que mi hermano ya está dejando de pelear con lo inevitable.

Salgo de casa sin mirar atrás.
No necesito ver la cara de idiota sonriente de Tim para saber lo que está pensando.
Lo ignoro y me dirijo al punto de encuentro con Jon.

Recreativos del pueblo.
Es un sitio pequeño, con máquinas viejas, un par de mesas de air hockey, y una máquina de baile que nadie toca porque está rota desde hace meses.

Pero, bueno.

Es lo que hay.

Cuando llego, Jon ya está ahí, metiendo monedas en una máquina de arcade. Se gira al verme y sonríe como un maldito cachorro emocionado.

-¡Damián!

-Deja de gritar mi nombre como si no nos hubiéramos visto en años.

-Déjame ser dramático.
-Levanto una ceja y me acerco a la máquina en la que está.

-¿Qué juegas?

-Street Fighter.

-¿Eres bueno?-Jon sonríe con arrogancia.

-Por supuesto.

-Demuéstralo-Jon me mira con diversión y saca otra moneda.

-¿Te atreves a jugar contra mí?

-Solo si estás listo para perder.

Nos sentamos frente a la máquina, seleccionamos nuestros personajes y empezamos la partida.

El primer round…

Lo gano yo.

Jon se queda en silencio.

El segundo round…

También lo gano yo.

Jon parpadea y me mira.

-Espera, ¿qué?-Cruzo los brazos y sonrío.

-Dijiste que eras bueno.

-¡Lo soy!

-Ajá.

-¡Te he dejado ganar!

-Claro.

-¡Damián, rematch, ahora!
-Metemos otra moneda y volvemos a jugar.

Jon pierde otra vez.

Se queda en silencio absoluto.

Yo lo miro con burla.

-¿Sigues siendo bueno?
-Jon tuerce la boca.

-Este joystick está raro.
-Suelto una risa.

-Culpando a la máquina, qué bajo.

-¡No es excusa!

-Claro que sí-Jon se cruza de brazos y bufa.

-Vale, me has ganado. Pero exijo un desempate algún día.

-Cuando quieras-Nos levantamos y seguimos explorando el sitio.

Jugamos al air hockey.
Jon gana esa partida, pero porque yo lo dejé. Luego intentamos una de las máquinas de disparos.
Jon es horrible apuntando.

-¿Cómo puede ser que seas un súper lobo y falles tanto?

-¡No es lo mismo! ¡Esto no tiene sentido!

-Apunta mejor.

-¡Damián, te juro que si seguimos así te voy a morder!

-Qué miedo

Después de un rato, nos da hambre.  Nos miramos en silencio. Jon habla primero.

-¿Hamburguesas?

-Mejor pizza.

-Damián ¿Cuantas veces comeis pizzas en la semana Tim y tú? ¿4 veces?

-Y seguimos vivo-Jon pone cara de fastidio.

-Hamburguesas.

-Pizza.

-Damián.

-Jon.

Nos quedamos viéndonos fijamente como si estuviéramos en un duelo.
Jon suspira y se cruza de brazos.

-Vale. Piedra, papel, tijeras.
-Levanto una ceja.

-¿En serio?

-Sí. Mejor que pelear por esto

Uno, dos, tres.

Jon saca tijeras.

Yo saco piedra.

Sonrío con superioridad.

-Pizza.

Jon cierra los ojos un segundo como si estuviera reuniendo paciencia.

-Voy a odiar esto.

-Te va a encantar.

-Voy a morir por exceso de pizza.

-Buen epitafio.

Nos dirigimos a la pizzería mientras Jon se queja y yo finjo que lo escucho.

Dios.

Nos sentamos en una de las mesas de la pizzería. Jon todavía parece resentido por haber perdido en piedra, papel o tijeras.

-Esto es una injusticia.

-La vida es injusta.

-Damián, algún día pagarás por esto.

-No lo creo.

Llega la pizza y, en cuanto la dejan sobre la mesa, Jon se olvida de sus quejas.
Nos servimos y empezamos a comer. Pero, mientras yo simplemente disfruto de mi comida como una persona normal, Jon me mira con una sonrisa que no me gusta nada. Muerdo un pedazo de pizza y noto cómo su mirada se intensifica.

-¿Qué?-Jon apoya la barbilla en su mano y sonríe de lado.

-Nada, nada. Solo estoy…Mirando.

-No hagas eso.

-¿El qué?

-Mirarme así.

-¿Así cómo?-Le lanzo una mirada de advertencia.
Jon se ríe.

-Solo digo, tienes una forma muy… interesante de comer pizza

Me detengo a mitad de bocado. Lo miro con sospecha.

-¿Qué estás insinuando?

-Nada en particular. Solo que… bueno, si alguna vez decides probar algo más que pizza…

Lo mato.

-No sigas.

-Damián, no hay necesidad de ponerse a la defensiva.

-No estoy a la defensiva.

-Claro, claro.

Veo la satisfacción en su cara. Está intentando hacerme avergonzar.
Y lo peor es que casi lo logra.

Pero no.

No voy a dejar que gane tan fácil. Me limpio con una servilleta, me relajo en la silla y le sonrío con burla.

-Sabes, Jon…

-¿Mmm?

-Tú también tienes una forma interesante de comer.

Jon se detiene a medio masticar. Me mira con desconfianza.

-¿Qué quieres decir?-Apoyo el codo en la mesa y sonrío inocentemente.

-Nada en particular. Solo que… bueno, con todo ese entusiasmo, pareciera que tienes experiencia con cosas largas y calientes en la boca.
-Jon se atraganta.

Empieza a toser violentamente. Me cruzo de brazos, complacido.

-¿Estás bien, Kent?

Jon bebe agua rápidamente y me mira con ojos entre horrorizados y sorprendidos.

-Damián.

-¿Qué?

-¿Acabas de…?

-Solo te estoy devolviendo el favor.

-Eres un maldito demonio.
-Me encojo de hombros.

-Uno con una buena estrategia.

Jon no se queda callado.
Por supuesto que no.
Me mira con una sonrisa maliciosa, de esas que no presagian nada bueno.

-Vaya, Damián…-Levanto una ceja.

-¿Qué?-Jon se inclina un poco sobre la mesa.

-No sabía que tenías la mente tan sucia-Suelto un bufido y sigo comiendo.

-No es mi culpa que tú hayas empezado.

-Y tampoco es mi culpa que tú lo hayas llevado a otro nivel.

-Solo te estaba dando de tu propia medicina.

-Y me encantó.

-¿Perdón?

-Digo, me encanta verte así. Provocador. Me das un poco de miedo.

-Bien.

-Pero también me excita un poco-Casi escupo la pizza.

-Jon.

-Damián.

-¿Quieres morir?

-Oh, vamos, admitámoslo. Te gusta este juego.

-Me gusta verte atragantarte, eso sí.

-Entonces sigue hablando así, quizás me atragante otra vez.

-Eres un imbécil.

-¿Y aún así aceptaste venir conmigo?

-Me arrepiento.

-No lo creo.

Ruedo los ojos y tomo un sorbo de mi refresco, ignorándolo.

Pero Jon sigue mirándome con esa expresión de lobo cazando a su presa.

Me está provocando.

Pero si cree que voy a ceder o a ponerme nervioso, está muy equivocado. Lo miro directamente a los ojos y le sonrío con burla.

-Entonces supongo que deberíamos hacer esto más seguido, ¿no?-Jon parpadea, sorprendido por mi cambio de actitud.

-¿Me estás invitando a salir, Wayne?

-Si es lo que quieres pensar, adelante.

-Me encanta este lado tuyo.

-Lo sé.

-Entonces… ¿próxima salida el viernes?

Levanto una ceja.

-Ya veremos.

Jon sonríe.

-Eres difícil.

-Y tú un perro insistente.

-Por algo somos el dúo perfecto.

Ruedo los ojos.
Pero no puedo evitar sonreír un poco. Porque, aunque no lo admitiré en voz alta…

Tim

Mi tarde es un asco. Literalmente no tengo nada que hacer. Damián está por ahí con Jon, así que ni siquiera puedo molestarlo.
Ya revisé mis redes sociales, respondí algunos mensajes sin importancia y hasta ignorado uno de Mike.

“¿Nos vemos?”

No.

No me apetece.

Ni voy a responder.

Me levanto del sofá con un suspiro pesado y voy a la cocina a hacerme unas palomitas. Si mi tarde va a ser aburrida, al menos voy a ver una película para pasar el rato. Justo cuando meto la bolsa en el microondas, mi teléfono empieza a vibrar.
Miro la pantalla.

Videollamada de Conner.

Contesto

-¿Qué pasa?-Conner sonríe desde el otro lado de la pantalla.

-Vaya, qué poco entusiasmo.

-Me pillaste en plena meditación profunda.

-¿Meditación profunda?

-Sí. Estaba decidiendo si ver una película de acción o de terror-Conner suelta una risa.

-Tienes unos problemas muy serios.

-Gracias por tu apoyo.
-Mientras hablamos, saco las palomitas del microondas y las sirvo en un bol.

-¿Y qué haces tú?-pregunto, sentándome de nuevo en el sofá. Conner se recuesta en su cama.

-Nada interesante. Pensé en llamarte para ver qué hacías.

-Felicidades, acabas de presenciar mi día deprimente.

-Bueno, ahora ya no estás solo.

-Uf, qué honor.

Conner se ríe y seguimos charlando de tonterías.
Al principio, todo es normal.
Hablamos de cualquier cosa, conversación ligera y sin mucho filtro.

Hasta que el tono cambia.

Sutilmente.

Conner pasa de bromear a mirarme con esa media sonrisa de siempre.

-¿Sabes? No me gusta verte tan aburrido-Me encojo de hombros.

-Bueno, anímame.

-Eso intento.

-Vas muy mal-Conner sonríe con malicia.

-Quizás debería probar otro método

-¿Otro método?

-Mmm… algo más… físico.

-Conner…

-¿Qué?

Ya sé por dónde vas.

-¿Y?

-¿Tienes que convertirlo todo en algo sexual?

-No todo. Solo las cosas que me interesan-Me río con incredulidad.

-Eres un caso perdido.

-Y tú sigues contestándome las llamadas-Cruzo los brazos, mirándolo desafiante.

-¿Y qué?

-Que eso significa que te gusta hablar conmigo.

-Nunca dije lo contrario.

-Vaya, qué directo.

-No pienso dejar que me avergüences.

-Eso quiero ver.

-Quieres molestarme

-Siempre.

Me recuesto en el sofá, mirándolo fijamente.b
Conner sigue con esa sonrisa de lobo confiado, como si nada en el mundo pudiera sacarlo de su zona de confort.

Pues vamos a ver.

Cruzo una pierna sobre la otra, fingiendo indiferencia.

-Conner.

-Dime.

-¿Quieres hacer sexting?
-Conner se atraganta con su propia saliva.

Empieza a toser y se incorpora de golpe en la cama. Yo solo me quedo mirándolo con expresión seria.

-¿Qué pasa? ¿No puedes?-Conner se limpia la boca con la mano, todavía con los ojos abiertos de par en par.

-Espera, ¿qué?-Me encojo de hombros.

-Lo que oíste.

-¿Tú… en serio?

-¿ahora te pones nervioso?

-No me esperaba que tú me dijeras eso así, de golpe.

-¿Te estás echando para atrás?

-No, solo… dame un segundo para procesar-Me río con burla.

-Qué decepción, yo que pensé que estabas hecho para estas cosas-Conner parpadea y se recompone rápidamente.

-No te equivoques  Yo soy bueno en esto.

-¿Ah, sí?

-Sí.

-Bueno, entonces dime… ¿me habrías escrito algo mejor que lo que me mandó Mike la otra vez?

Miento.

-¿Qué?

-Oh, no lo sé, solo digo que Mike tenía un estilo muy directo. Nada poético, pero efectivo.

-¿Mike te manda ese tipo de mensajes?

-Bueno, hemos quedado varias veces, ¿no? Era cuestión de tiempo.

Conner me mira con una mezcla de molestia y celos apenas disimulados. ¿Debería decirle ya que es mentira?

-¿Y qué te ponía?-Me llevo una palomita a la boca lentamente, disfrutando la situación.

-Cosas subidas de tono. Me preguntaba qué estaba haciendo, me daba ideas de lo que podríamos hacer cuando nos viéramos. Lo típico.

-¿Y te gustaba?

-¿Por qué? ¿Quieres aprender de él?

-No.

-Entonces, ¿qué te molesta?

-Para nada.

-Mentiroso.

-Solo que…

-¿Sí?-Conner se pasa una mano por el pelo, fastidiado.

-No me gusta pensar en ti con Mike.

-Ah, ¿eso es?

-Sí.

-Entonces, dime… si fueras tú, ¿qué me dirías en un mensaje?-Conner me observa en silencio por unos segundos.

Y su expresión cambia.

De repente, la sonrisa vuelve a su rostro.

-Te lo diría en persona.

-Pues ven y dímelo.

Conner se queda en silencio un segundo.

-Bien.

Y cuelga la videollamada.

Frunzo el ceño.

…¿Espera?

¿Qué?

Miro la pantalla de mi móvil, como si eso fuera a explicarme algo. Este imbécil… no estará hablando en serio, ¿verdad?

Nah.

Seguramente solo quiere asustarme. Me encojo de hombros, dejando el móvil en la mesa. Y me acomodo en el sofá, centrándome en la película o al menos eso intento.

Porque pasan unos minutos… y llaman a la puerta.

Me congelo.

No.

No puede ser.

Me levanto lentamente, como si fuera protagonista de una película de terror.
Me acerco a la puerta, con el corazón latiéndome un poco más rápido de lo normal.

Y la abro.

Ahí está.

Conner.

Parado en mi puerta.
Con una sonrisa de pura satisfacción en su cara.

-Te dije que te lo diría en persona-Lo miro fijamente, procesando la situación.
Y mi instinto hace lo único lógico en este momento.

Salir corriendo.

-¡EH!-grita Conner, entrando tras de mí-Empiezo a correr por la casa como si mi vida dependiera de ello.

-¡Deja de correr!

-¡No!

Entre risas, me persigue por la sala, saltando por encima del sofá.;Yo me deslizo debajo de la mesa del comedor y corro hacia la cocina.

-¡¿En serio estás escapando?!

-¡ERES UN MALDITO HOMBRE LOBO, ES LO LÓGICO!-Escucho sus pisadas acercándose más rápido de lo que me gusta.

¡Mierda, mierda, mierda!
Me lanzo hacia el pasillo, abro la puerta de mi habitación y la cierro de golpe detrás de mí.

Pongo el seguro.

Silencio.

Mi respiración es agitada.
Del otro lado de la puerta, escucho un golpecito.

-Tim.

No respondo.

-Abre la puerta.

-Jamas

-No tienes escapatoria.

-Estoy seguro aquí.

-¿Lo estás?

-Sí.

-¿Segurísimo?

-Muy seguro.

Silencio.;Y luego escucho algo. Algo que me hace hervir la sangre. La ventana de mi habitación deslizándose.

Me giro en el acto.

Y ahí está.

Conner.

Entrando por MI ventana.

-Eres un maldito psicópata.

Conner se encoge de hombros con una sonrisa.

-No puedes huir de mí.

Y ahí es cuando vuelvo a correr. Corro. Dios, corro como si me estuviera persiguiendo la muerte misma. Pero no soy tan rápido como Conner.

No hay manera.

Escucho sus pasos detrás de mí, fuertes y decididos.

-¡Tim!

-¡NO!

Doy un giro brusco en el pasillo, tratando de llegar a la sala. Pero Conner se anticipa, salta por encima del sofá y me corta el paso.

Me detengo en seco.

Él sonríe con satisfacción.

-¿Te rindes?

-Nunca-Intento correr en la otra dirección.

Pero no llego ni a dar dos pasos. Porque en menos de un segundo, Conner se lanza sobre mí y me atrapa.

-¡HEY!

Caemos al sofá.
Mi espalda golpea los cojines y Conner aterriza encima de mí. Mi respiración es agitada. Y la suya también.
Joder. Lo miro con una mezcla de risa y rendición.

-¿Tienes que ser tan intenso?
-Conner se apoya sobre los codos, dejándome atrapado debajo de él.

-Tú fuiste el que dijo "ven y dímelo".

-No pensé que fueras a tomarlo tan literal-Conner se ríe bajo.

-Pues deberías saber que yo tomo todo al pie de la letra.
-Su rostro está demasiado cerca.

Su maldita sonrisa me está poniendo nervioso. Intento moverme pero su agarre es firme.

-Bien, Kent. Ya me atrapaste. Ahora dime lo que tanto querías decirme.

Conner me mira fijamente.
Sus ojos brillan con un desafío que me electriza la piel. Se inclina un poco más.
Su aliento choca contra mi mejilla. Y entonces, con la voz más baja y ronca que he escuchado en mi vida, susurra:

-No sabes lo jodidamente tentador que es tenerte así.

Mierda.

Mi estómago da un vuelco.

Y, por primera vez en toda la tarde, no tengo una respuesta rápida.

El aire se espesa. El espacio entre nosotros es mínimo.
Puedo sentir su respiración contra mi piel, cálida, tentadora. Puedo ver el brillo en sus ojos, esa mirada intensa que me tiene atrapado en su órbita.

Mis manos se aferran a su camiseta sin darme cuenta.
Ni siquiera sé por qué no me he apartado todavía.

Quizás porque no quiero.

Quizás porque, por primera vez en mucho tiempo, quiero ver qué pasa si no corro.
Conner se inclina un poco más.

Mi pulso se acelera.

Su nariz roza la mía.

Y entonces, me besa.

Lento.

Preciso.

Como si estuviera probando algo que ha querido probar desde hace mucho.

Y joder. El mundo parece detenerse un segundo.

Me tenso por instinto, pero luego, cuando sus labios se mueven con más confianza, me encuentro respondiendo.

Porque se siente jodidamente bien.

Porque Conner besa como si fuera una maldita fuerza de la naturaleza. Como si estuviera reclamando territorio. Mis manos se aferran más fuerte a su camiseta cuando la lentitud se vuelve algo más intenso, más desesperado.

Su lengua roza la mía y me deja sin aliento. Sus manos se deslizan por mis costados, firmes, como si supiera exactamente lo que está haciendo.

Y joder.

Lo sabe.

El sofá no es suficiente.
Lo sé porque de repente él gruñe contra mis labios y se separa apenas, respirando agitado.

-Quiero follarte contra la mesa de la cocina.

Abro los ojos.

-¿Qué?

-También contra la pared del pasillo.

Parpadeo.

-¿Kent?

-Y definitivamente contra la puerta de tu habitación.
-Me río, sin poder evitarlo.

-¿Llevas mucho tiempo planeando esto?-Conner se encoge de hombros, con esa maldita sonrisa suya.

-La imaginación es un don.
-Suelto un bufido, pero no me muevo.

-Eres un animal.

-Literalmente.

-Eres un descarado.

-Lo sé-Sus labios vuelven a rozar los míos, tentadores.

-¿Y sabes qué más?-
murmura contra mi boca.

-Ilumíname.

-También quiero follarte contra la ventana, pero...

-Pero ¿qué?

-No sé si tus vecinos merezcan ese espectáculo.
-Me echo a reír, golpeando su hombro.

-¡Conner!

-Solo digo

Sigo riendo, pero suelto un pequeño suspiro cuando su boca vuelve a la mía, esta vez con menos urgencia, más juego.

-Eres una mala influencia.
-Conner sonríe contra mis labios.

-Y tú me dejas serlo.

Quizás. Pero, por primera vez en mucho tiempo...

No me importa.

Conner vuelve a besarme.
Y esta vez no hay risas, no hay bromas. Solo él y yo, perdiéndonos en el momento. Entre beso y beso, murmura contra mi boca:

-Pero podemos conformarnos con el sofá.

Lo miro, sin aliento.

Y asiento.

Porque sí.

Porque no quiero esperar más.

Porque, por primera vez en mucho tiempo, quiero sentirme lleno. Conner no se apresura. Es paciente. Explora mi piel como si quisiera memorizarla.
Cada caricia, cada beso, cada roce está calculado para hacerme suspirar.

Yo siempre he sido generoso.

Y esta vez no es la excepción.

Bajo lentamente, dejando un rastro de besos húmedos en su piel. Conner se tensa un poco, mis dedos se deslizan sobre su abdomen, sintiendo la forma de sus músculos contra mi palma.

Y cuando finalmente lo tomo entre mis labios, suelta un suspiro ronco, cierra los ojos, su cabeza cae contra el respaldo del sofá.

Le gusta.

Puedo sentirlo en cómo sus dedos se enredan en mi cabello, en cómo su respiración se vuelve entrecortada. Puedo sentirlo en cada sonido que escapa de su boca.

Esto es diferente.

Con ningúno nunca fue así.

Nunca fue tan intenso.

Nunca fue tan real.

Porque esta vez no hay vacío. No hay esa sensación de haber dejado algo atrás.
No hay nada excepto el calor de su cuerpo, su piel contra la mía, su aliento chocando contra mi mejilla cuando me vuelve a besar.

Cuando finalmente me toma en brazos, su mirada está oscurecida por el deseo, pero también por algo más.

Algo suave.

Algo que no se siente como simple lujuria.

Lo entiendo cuando se coloca sobre mí, cuando desliza su mano por mi cintura, cuando su boca traza un camino de besos desde mi cuello hasta mi pecho.

Conner no quiere follarme.

Quiere hacerme el amor.

Y cuando finalmente me llena, lo hace despacio.
Como si quisiera sentir cada segundo, cada latido, cada suspiro. Su frente se apoya contra la mía, y yo cierro los ojos, arqueando la espalda.

Porque esto es diferente.

Porque esto no se siente vacío.

Porque esto, por primera vez en mucho tiempo…

Se siente bien.

Cada centímetro que avanza me hace temblar, me hace aferrarme a sus hombros con más fuerza. No hay prisas. No hay brutalidad.

Solo él y yo.

Encajando.

Encajando de una manera en la que no sabía que era posible. Su respiración es entrecortada contra mi cuello.

-Dios… Tim…-Mi espalda se arquea involuntariamente.

Su peso sobre mí es reconfortante, su piel es cálida, su tacto firme, sus labios suaves cuando bajan a besarme de nuevo. Este no es el tipo de sexo que he tenido antes, no hay un afán desesperado por terminar.

No hay esa urgencia de algo puramente físico.

Es mucho más que eso.

Es cómo me toca.

Es cómo sus dedos se deslizan lentamente por mi espalda, como si quisiera asegurarse de que me siento bien en cada momento.
Es cómo murmura mi nombre con la voz ronca, casi temblorosa, como si el placer también lo estuviera consumiendo.

-Joder… te sientes tan bien…
-Su cadera se mueve en un ritmo lento, profundo.

Y Dios.

Mis piernas se enredan alrededor de su cintura instintivamente.

Lo quiero más cerca.

Lo quiero más dentro.

Lo quiero como nunca he querido a nadie antes.

Cierro los ojos cuando su boca se pierde en mi cuello, dejando besos húmedos, mordiendo suavemente la piel. Siento cómo cada embestida es precisa, cómo busca los lugares exactos para hacerme gemir.

Y lo consigue.

Joder, lo consigue.

Mis dedos se clavan en su espalda.

No puedo evitarlo.

No quiero evitarlo.

Porque por primera vez en mucho tiempo, no quiero escapar.

No quiero salir corriendo después de esto.

No quiero sentirme vacío.

Porque esta vez, con él…

No hay espacio para la soledad.

Solo para nosotros.

Para nuestros cuerpos entrelazados.

Para nuestras respiraciones descompasadas, para el placer que nos consume lenta y completamente.

Conner no se apura.

Me besa una y otra vez, lento, intenso, desesperado.

-Mírame…

Abro los ojos.

Su mirada me deja sin aire.
Porque esto no es solo deseo.
No solo somos dos cuerpos encontrándose en la penumbra de una noche cualquiera.

Esto es mucho más.
Y eso me asusta y me emociona al mismo tiempo.
Conner sonríe suavemente.

-Así… así estás perfecto.


Damián

No sé en qué momento de la noche mi vida tomó este rumbo.

Pero aquí estamos.

Frente a una casa abandonada en las afueras del pueblo. Todo porque a Jon le pareció una idea increíblemente divertida.

-Es que vamos, Damián, piénsalo.

-No quiero pensarlo.

-Seguro es puro cuento.

-Seguro nos matan ahí dentro.

Pero Jon insistió.

Claro que insistió.

Porque a su curiosidad no hay quien la frene.

Porque yo, como imbécil, mencioné una historia estúpida que escuché en el instituto.

Supuestamente, hace años, un grupo de chicos entró en esta casa para hacer rituales.
Se hablaba de sacrificios, de sombras moviéndose solas, de ruidos extraños en la noche. Todo eso en susurros entre clases, en pasillos oscuros, en conversaciones que terminaban con una risa nerviosa.

Yo nunca les di importancia.

Pero Jon…

Jon se emocionó como si le hubieran dicho que lo llevarían a Disneylandia.

-No hay nada ahí.

-No podemos saberlo.

-No hay nada más peligroso que yo en esa casa.

Suspiro. Veo la estructura frente a nosotros. Las ventanas están rotas, las paredes cubiertas de hiedra, el techo parece un milagro que aún no se haya derrumbado.

-Esto es una maldita locura.
-Jon sonríe, y en la penumbra, su expresión tiene un brillo casi salvaje.

-Vamos.

-Si algo me toca, voy a quemar esta casa.

-Prometo protegerte-Ruedo los ojos, pero sigo sus pasos.
Jon empuja la puerta y cruje como si no hubiera sido abierta en décadas.

Y en cuanto entramos…

Todo parece aún peor.

El aire huele a polvo y humedad, los muebles están cubiertos con sábanas viejas, rasgadas en algunas partes, el suelo cruje bajo nuestros pies, las sombras se alargan con la luz de la luna entrando por las ventanas rotas.

-¿Ves? Nada del otro mundo.
-Jon camina con confianza, como si estuviera en su propia casa.

-Claro, Kent. Esto es completamente normal

-No tienes miedo, ¿verdad?

-No.

-Entonces, ¿por qué te pegaste tanto a mí?

Me separo de inmediato.

-Que te jodan.

Jon sigue riéndose.

Pero cuando damos unos pasos más adentro…

Algo cae en el piso del segundo piso.

Un golpe sordo.

Nos detenemos.

Nos miramos.

-Damián.

-Jon.

-¿Eso fue el viento?

-¿Tú qué crees?

Jon frunce el ceño.
Y entonces una puerta en el pasillo de la derecha se cierra de golpe.
Nos quedamos en completo silencio.

-Interesante-Lo miro como si fuera un completo idiota.

-No, Jon. No es interesante. Es nuestro aviso para salir corriendo.

-Vamos arriba.

-¿QUÉ?

Y antes de que pueda detenerlo, ya va subiendo las escaleras.

Mierda.

¿Por qué mi vida es así?

-Damián, relájate.

-¿Relájate? ¿RELÁJATE?
-Señalo la puerta que acaba de cerrarse sola.

-¿Quieres que me relaje cuando literalmente ACABA DE PASAR ESO?

-Si hubiera alguien aquí, lo sabría.

-¿Ah, sí?

-Sí.

-Ilumíname, Kent-Jon se apoya en la barandilla de la escalera y sonríe con suficiencia.

-Super sentidos de hombre lobo.

-Que te jodan.

-En serio.

-Me importa una mierda.

-Puedo escuchar latidos, Damián. Puedo oler miedo. Y hasta ahora, el único cagado aquí eres tú.

-No estoy cagado.

-Ajá.

-No lo estoy.

-Entonces ven arriba.

Lo miro. Miro la escalera medio podrida. Miro la casa que claramente quiere devorarnos vivos.

-No hay nadie más aquí.

-¿Cómo puedes estar tan seguro?

-Porque si lo hubiera, ya lo habría atacado.

-¿Estás diciéndome que te hubiera dado igual si había un vagabundo asesino viviendo aquí, porque igual lo habrías matado?

-Dije atacado, no matado.

-Define la diferencia.

-¿Subimos o qué?

Mierda.

Soy un idiota.

Porque al final, lo sigo.

Seguimos explorando la casa como dos malditos idiotas.
Cada habitación es peor que la anterior, el suelo cruje como si nos dijera fuera,
las paredes tienen marcas extrañas que no me quiero detener a analizar.

-Definitivamente sacrificaron a alguien aquí -comento mientras miro una mancha oscura en la pared.
Jon se asoma detrás de mí.

-Podría ser pintura.

-Podría ser sangre.

-Podría ser salsa de tomate.

-¿Jon?

-¿Sí?

-¿Tú imaginas a alguien en esta casa cocinando espaguetis?
-Jon mira la mancha de nuevo.

-Punto válido.

Seguimos avanzando.
Cada habitación es igual de deprimente. Polvo. Muebles destartalados. Una cama que no quiero saber qué cosas ha visto.

-¿Nos vamos ya?-pregunto, esperando que Jon haya saciado su estúpida curiosidad.

Pero justo cuando vamos a salir del pasillo, Jon se detiene en seco. Su espalda se tensa, y yo automáticamente sé que algo no está bien.

-Jon.

No responde.

Su expresión cambia.

Ya no hay burla, ni diversión.

Solo seriedad.

-¿Qué pasa?

Jon inhala profundamente.
Y entonces, sus ojos se entrecierran.

-Hay algo más aquí-Siento un escalofrío en la espalda.

-No me jodas.

-No algo. Alguien.

Mierda. Jon empieza a moverse con dirección a la última habitación del pasillo.
Yo me quedo parado, porque claro que sí, porque es un maldito temerario.

Pero cuando me doy cuenta de que me está dejando solo, lo sigo. Entramos en la habitación parece igual que las demás.

Pero Jon está inquieto, camina directamente hacia un mueble viejo en la esquina.

-Alguien ha estado aquí recientemente.

Miro alrededor.

Nada parece fuera de lugar.

Pero Jon se acerca al escritorio polvoriento, abre un cajón, y saca una nota arrugada, veo como la abre lentamente, y cuando la lee, su expresión se endurece.

-¿Qué pone?

Jon no responde, y yo me acerco, impaciente.

-¿No me vas a responder?
-Sus ojos siguen fijos en la nota.

-Hay un traidor.

-¿Qué?

Levanta la carta para que la vea, la tinta es apresurada, garabateada, pero lo que dice es claro como el día.

"Tienes que atacar lo antes posible a Clark Kent."

El silencio que sigue es absoluto, siento cómo mi piel se enfría, Jon exhala lentamente, cerrando la nota en su puño.

-Alguien quiere a mi padre muerto.

Y por primera vez en toda la noche…

Estoy más asustado que nunca.

Jon no pierde tiempo. Me agarra del brazo y me arrastra fuera de la casa.

No discuto.

No hago comentarios.

Porque sé que esto es serio.
Demasiado serio. Nos movemos rápido, saliendo de la casa abandonada hasta llegar al borde de la carretera. El camino está vacío, la luna nos ilumina apenas. Jon saca su móvil con manos tensas. Marca un número rápidamente.

-Conner.

La voz de su hermano responde al otro lado. No sé qué le dice exactamente.
Pero Jon habla rápido.
Habla con ese tono que no admite bromas.

-Encontramos una nota. Dice que tienen que atacar lo antes posible a papá-Escucho cómo el otro lado de la línea se queda en silencio por un momento.
Y luego, una respuesta firme.

-Estoy con Tim. Voy para allá.

Jon cuelga, y nos quedamos ahí, parados en la nada, esperando. El aire es denso, y joder, odio la tensión.

Así que, por primera vez, intento sacar conversación.

No para ser gracioso.

No para aligerar el ambiente.

Solo para hacer que el silencio no sea tan insoportable.

-Entonces… ¿cómo supiste que eran betas?-Jon parpadea, como si le hubiera sacado de un trance.

-Por el olor.

-¿Huelen diferente?

-Sí. No es tan fuerte como el de un Alfa. Y tampoco tan débil como el de un Omega.
-Asiento, aunque no tengo ni idea de lo que significa realmente.

-¿Y huelen… a qué?-Jon parece pensarlo un segundo.

-Es difícil de explicar. Cada uno tiene su propio olor. Pero los betas tienen un aroma más… moderado. Como si estuviera entremezclado con el ambiente-Miro hacia la carretera vacía.

-¿Y cómo hueles tú?

-¿Quieres que te lo diga o quieres averiguarlo?

-Olvídalo.

Pero la tensión ya no es tan asfixiante.

Y eso es suficiente. Ahora solo tenemos que esperar a Conner y a Tim. Y entonces, descubrir qué mierda está pasando.


Tim

Estoy cómodo.

Más que eso, estoy en paz.

El calor de Conner me rodea, su pecho sube y baja bajo mi mejilla mientras dormimos acurrucados en el sofá No sé en qué momento nos quedamos así.

Tampoco me importa.

Estoy a medio camino entre el sueño y la vigilia cuando escucho el teléfono sonar.
Conner gruñe en protesta.
Yo me revuelvo un poco.
Pero él se estira, buscando el móvil, y lo contesta.

La voz al otro lado es urgente.bNo entiendo las palabras al principio, pero la manera en que Conner se tensa lo dice todo

-Tim-su voz es seria-
Despierta-Me froto los ojos.

-¿Qué pasa?

Conner me mira. Y con una sola frase, todo el sueño se me borra de golpe.

-Jon y Damián encontraron algo importante. Tenemos que ir por ellos.

No pregunto más. Nos levantamos rápidamente, saliendo al coche.

La noche sigue oscura, pero mis pensamientos van a mil.
Conner conduce con el ceño fruncido, los nudillos blancos en el volante, yo mando un mensaje rápido a Damián.

"Ya vamos." Cuando llegamos al borde de la carretera, los encontramos.
Ambos de pie, con caras tensas.

Damián sube al coche sin decir nada, jon se mete detrás de él, su expresión es la de alguien que acaba de ver algo que no debía.

-¿Qué coño está pasando?-
pregunto, girando en el asiento. Damián me mira.

-Encontramos una nota. Alguien quiere a Clark muerto.

Silencio absoluto.

Conner no dice nada, pero presiona más el acelerador.
Llegamos a la casa de los Kent en tiempo récord.

Cuando entramos, Clark y Lois ya están en la cocina,
ambos notan la tensión en nosotros. Nos sentamos en el sillón, mientras Conner y Jon explican todo lo que encontraron.

Clark escucha en silencio.
Su rostro es impasible, pero sus ojos brillan con intensidad. Cuando Jon termina de hablar, su padre simplemente asiente.

-Voy a hacer unas llamadas. Pondré más vigilancia en las fronteras-Lois se cruza de brazos, su expresión endurecida.

-Eso significa que alguien ha estado entrando y saliendo de nuestro territorio. Alguien ha estado comunicándose con el traidor dentro de la manada.
-Clark se pasa una mano por el cabello.

-Si quieren atacarme, significa que están esperando el momento exacto. No pueden ser muchos, o ya lo habrían intentado.

-Eso significa que el traidor esta indeciso sobre donde decir que será el ataque-dice Jon con el ceño fruncido.

Damián permanece en silencio, pero sé que su mente está sacando conclusiones.

Y, sobre todo…

Quién mierda dentro de la manada está dispuesto a traicionar a los Kent.

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