9
Tim
Las siguientes dos semanas han sido un jodido desastre,
No porque nos hayan atacado o algo parecido.
No.
Sino porque Conner está desaparecido la mayor parte del tiempo. Lo único que sé de él es lo que me dice por mensajes, y eso si tengo suerte de que me responda.
Está patrullando el bosque o en casa descansando, cuando está patrullando, no tengo ni una señal suya, cuando descansa, me llegan mensajes cortos.
"Sigo vivo."
"Está todo en calma."
"Te extraño."
Nada más.
No hay llamadas.
No hay visitas.
Nada.
Y me obligo a seguir con la normalidad.
A trabajar.
A hacer como si no estuviera pensando todo el maldito tiempo en que algo puede salir mal.
Veo a Damián en la misma situación que yo.
Igual de inquieto.
Igual de jodidamente frustrado. Porque Jon tampoco está.
Y ni siquiera puede hablar con él en persona. Jon ha dejado de ir a clases.
Por seguridad, sus padres han dicho a la escuela que está muy enfermo.
Todos lo creen.
Nosotros sabemos la verdad.
Porque sabemos que Clark y Lois no van a arriesgarse.
Porque sabemos que esto es más grande de lo que pensábamos.
Y, joder…
Odio sentirme tan impotente.
Damián
Las últimas dos semanas han sido una completa mierda. No porque haya pasado algo terrible, no porque alguien haya atacado.
Sino porque Jon no está.
No está en el instituto.
No está en los recreativos.
No está en ningún sitio al que estoy acostumbrado a verlo.
Solo está en su casa, encerrado.
Por "seguridad."
Por "precaución."
Por "no ser un blanco fácil."
Y aunque entiendo por qué lo hacen, eso no significa que me guste, así que hablamos por mensajes, pero incluso ahí es diferente. Jon no es el mismo. A veces, parece desanimado.
Lo noto en cómo responde.
"Estoy bien."
"No pasa nada."
"Todo sigue igual."
No dice que está harto.
No dice que quiere salir corriendo.
No dice que estar encerrado es un puto infierno.
Pero yo lo sé. Y, joder, odio admitirlo, pero me molesta verlo así. Así que intento animarlo. Le mando memes estúpidos, le hablo de cosas aleatorias.
"¿Sabías que la miel nunca caduca?"
"Un día de estos haré una lista de todas las cosas que odio de este pueblo."
"Si el profesor de matemáticas vuelve a mirarme como si fuera un idiota, voy a meterle un lápiz en el ojo."
A veces funciona.
A veces Jon se ríe.
A veces me manda mensajes como…
"Quisiera estar ahí contigo."
"Odio estar encerrado."
"Damián, me aburro. Dime algo interesante."
Y un día, sin pensarlo demasiado, lo llamo por videollamada.
No un mensaje.
No un audio.
Una videollamada.
Espero mientras suena el tono.
Me arrepiento un poco.
Pienso que tal vez no debería.
Pienso que tal vez es raro.
Pero entonces, Jon responde.
Y su cara se ilumina en la pantalla.
Y mierda.
Se ve tan jodidamente feliz de verme.
-¡Damián!
Jon suena genuinamente feliz. Como si fuera lo mejor que le ha pasado en días.
Y, joder, eso me da un pequeño vuelco en el estómago.
-¿Tienes idea de lo aburrido que estoy?-dice, echándose en la cama con el móvil en alto-Esto es un infierno.
-No sé, Jon. No me parece tan diferente de estar en clase.
-¡No es lo mismo!
-Tienes razón. En clase al menos puedes verme en persona.
-Exacto. Y tú puedes verme a mí.
-No sé si eso sea una ventaja.
-Eres cruel-Me recuesto mejor en mi cama, acomodando el móvil en una mano.
-Entonces...¿qué haces encerrado todo el día?-Jon pone una cara de puro sufrimiento.
-Nada. Mi madre se la pasa revisándome como si tuviera fiebre de verdad, mi padre está ocupado con el consejo de la manada y Conner… Bueno, Conner está medio paranoico.
-¿Y tú?-Jon se encoge de hombros.
-Estoy… bien.
Silencio.
-¿Qué?
-Mientes fatal.
-Vale, no estoy bien. Me quiero escapar.
-No me sorprende.
-¡Damián, no entiendes! No salgo ni a cagar en paz.
Suelto una carcajada.
Jon me mira con falsa indignación.
-¿Te parece gracioso?
-Un poco.
-Te odio.
-No lo haces.
-No, no lo hago.
Nos quedamos en silencio unos segundos, y entonces, su expresión cambia.
-Gracias por llamarme-dice, en voz baja. Me muevo un poco en la cama, incómodo.
-No es gran cosa.
-Para mí sí.
-Bueno, solo intenta no volverte loco.
-Si me vuelvo loco, será tu culpa por no entretenerme lo suficiente.
-Entonces voy a colgar.
-¡No, espera!
Me detengo.
Jon se ríe.
-Quédate un rato más.
-Era broma.
-Contigo nunca sé cuando es broma o cuando no.
-¿Sabes que he contado todas las rayas de mi techo?
-Felicidades. Tu cerebro se está pudriendo.
-No hay mucho más que hacer.
-Podrías leer un libro.
-¿Tengo cara de nerd?
-Sí.
-Eso fue ofensivo.
-Me alegra que lo hayas notado.
-¿Qué tal tú? ¿Cómo han sido tus días sin mí?
-Tranquilos.
-O sea, aburridos.
-No. Sin tu presencia molesta.
-Lo que yo dije.
-No todo gira en torno a ti.
-Jon sonríe con esa maldita arrogancia natural.
-No todo, pero sí una gran parte.
Y después...
-Te extrañé.
Parpadeo.
Mi cerebro hace corto circuito por un segundo.
Porque lo dice sin vergüenza.
Sin ironía.
Sin burla.
Solo… con honestidad.
Abro la boca para responder.
Pero Jon habla antes.
-No tienes que decir nada. Solo quería que lo supieras.
Mierda.
Me aclaro la garganta.
-Bueno. Gracias por el dato.
-Qué tierno.
-Voy a colgar.
-¡No, espera!
-Dime una buena razón.
-Jon se muerde el labio, pensativo.
-Si cuelgas, soñarás conmigo esta noche.
Lo odio.
Mi cara se calienta al instante.
-Cómprate una vida.
-¿Ves? Me encanta hacerte sonrojar.
Lo odio aún más.
-¿Sabes, Damián? Esta es la primera vez que estamos en la cama juntos.
-Jon, estamos en una videollamada.
-Detalles.
-Ni siquiera estamos en la misma casa.
-Pero ambos estamos acostados en nuestras camas, hablando en la oscuridad… Es casi lo mismo.
-No, no lo es.
-Shhh. Déjame tener mi momento.
-disfrútalo entonces.
-Si estuvieras aquí, ¿qué estaríamos haciendo?
-Dormir.
-Buuuuh. Qué aburrido.
-¿Qué esperabas?
-No lo sé… tal vez algo más interesante.
-Déjame adivinar. Algo que involucre menos ropa.
-¡Por fin me entiendes!
-No sé por qué sigo hablando contigo.
-Porque te gusto.
-Eres una molestia.
-Eso no lo niega.
Suelto un suspiro exasperado, pero divertido.
Jon se queda en silencio unos segundos.
Y luego su tono cambia.
No hay bromas. No hay coqueteo descarado.
Solo una sinceridad que no me esperaba.
-Joder, Damián… no sabes lo que es no poder tenerte cerca.
Mi corazón se salta un latido.
No sé si quiero responder a eso. Pero Jon sigue.
-Necesito tenerte delante
-Es solo temporal+Jon niega con la cabeza
-No importa.
Lo miro a través de la pantalla. Sus ojos se ven más oscuros en la poca luz de su cuarto y hay algo en su expresión que me hace sentir extraño.
Algo que no quiero analizar demasiado.
Trago saliva.
-Solo dime una cosa.
-¿Qué?
-¿Tú también me extrañaste?
Me muerdo el labio.
Miro a otro lado.
Y finalmente susurro:
-Sí.
Jon sonríe.
Pero no dice nada más.
Y por alguna razón…
Ese silencio me hace sonrojar más que cualquier broma suya.
Tim
Desde hace un rato conner y yo estamos WhatsAppeando.
Conner: Estoy agotado.
Yo: Normal, te pasas el día jugando a ser guardia de seguridad.
Conner: Jódete. Estoy protegiendo a mi familia.
Yo: Sí, sí, claro, héroe nacional.
Conner: Hablando en serio, no paro de pensar en ti.
Me detengo un segundo, mirando la pantalla.
Yo: Eso suena preocupante.
Conner: Preocupante es lo bien que te ves cuando te muerdes el labio sin darte cuenta.
Frunzo el ceño.
Yo: ¿Y cuándo supuestamente hago eso?
Conner: Más seguido de lo que crees. Es injusto, la verdad.
Yo: ¿Injusto?
Conner: Sí. Me dejas jodido y luego te duermes como si nada.
Yo: No es mi problema.
Conner: Lo es si me dejas así cada noche.
Sonrío con diversión.
Yo: Pobrecito.
Conner: Podrías compensarme.
Levanto una ceja.
Yo: ¿Ah, sí? ¿Y cómo exactamente?
Conner: Una foto no estaría mal.
Me quedo mirando la pantalla unos segundos.
Es tentador.
Muy tentador.
Así que decido jugar su juego.
Me recuesto boca abajo en la cama, acomodando el móvil frente a mí. Me levanto un poco la parte de atrás del pantalón y la ropa interior, dejando ver apenas un poco de mi culo.
Tomo la foto.
La miro.
Perfecta.
Yo: Dulces sueños.
Le adjunto la foto y la envío.
La respuesta de Conner no tarda en llegar.
Conner: Hijo de puta.
Me río en silencio.
Yo: ¿Demasiado para ti?
Conner: ¿Te crees gracioso?
Yo: Sí.
Conner tarda más en responder esta vez.
Y cuando lo hace, su mensaje me calienta más de lo que debería.
Conner: Voy a hacer que te arrepientas de haberme mandado eso.
Yo: ¿Ah, sí? ¿Y cómo exactamente?
Conner: No querrás saberlo.
Yo: Pues ahora quiero saberlo más.
Conner: Eres un puto problema, ¿lo sabías?
Yo: Eso me dicen.
Me muerdo el labio, divertido. Puedo imaginar perfectamente su expresión al otro lado del teléfono.
Esa mezcla entre frustración y deseo. La idea me da un pequeño subidón de adrenalina.
Conner: Dime algo, Tim.
Yo: Dime tú primero.
Conner: Cuando me veas la próxima vez, ¿vas a poder mirarme a los ojos sin pensar en esto?
Trago saliva.
Yo: ¿Quién dice que voy a pensar en esto?
Conner: Oh, cariño, lo vas a hacer.
Joder.
JODER.
Cierro los ojos por un momento, sintiendo el calor en mi cuerpo. ¿Por qué coño le doy tanto poder sobre mí?
Yo: Hablas demasiado.
Conner: Y tú juegas demasiado.
Yo: No es mi culpa que te pongas así por una simple foto.
Conner: Eso no fue una simple foto. Eso fue un puto crimen. No sé si quiero follarte o matarte.
Yo: Estoy seguro de que la primera opción es más placentera.
Conner: Para los dos.
Respiro hondo.
Joder, joder, joder.
Yo: Vale. Buenas noches.
Conner: No tan rápido. Vas a soñar conmigo esta noche.
Cierro el chat de golpe, mi corazón acelerado.
No le voy a dar la satisfacción de responder a eso.
Pero el muy cabrón tiene razón.
Definitivamente voy a soñar con él.
Lunes por la Mañana
Jon: Damián, dime algo interesante antes de que me vuelva loco.
Yo: Las ardillas pueden caer de alturas ridículas sin lastimarse.
Jon: ¿Y eso cómo me ayuda?
Yo: Si te tiras de un tejado y no sobrevives, significa que no eres una ardilla.
Jon: …
Jon: Eres una maldita joya, Wayne.
Lunes por la Tarde
Jon: Estoy tan aburrido que he empezado a contar los granos de arroz en mi plato.
Yo: Felicitaciones, estás oficialmente perdiendo la cabeza.
Jon: Oye, al menos no es tan malo como lo que hice ayer.
Yo: ¿Qué hiciste?
Jon: Intenté hablar con mi reflejo en el espejo.
Yo: …
Yo: Definitivamente necesitas salir de esa casa.
Martes-Mediodía
Jon: Damián, necesito tu ayuda.
Yo: Si es para cavar un túnel y sacarte de ahí, no cuentes conmigo.
Jon: No, no es eso.
Jon: Mi madre está cocinando algo raro y necesito un plan de escape.
Yo: A ver, define "raro".
Jon: No sé, huele como si estuviera experimentando con ingredientes prohibidos por la humanidad.
Yo: Buena suerte, soldado.
Jon: ¿Eso es todo?
Yo: Sí.
Jon: Eres cruel.
Miércoles-Noche
Jon: Hey.
Yo: ¿Qué?
Jon: ¿Cómo te fue hoy en la escuela?
Yo: Normal. Sin novedad. Un día menos para largarme de ese infierno.
Jon: Me gustaría estar ahí contigo.
Yo: No te pierdes de nada.
Jon: Sí me pierdo de algo.
Yo: ¿De qué?
Jon: De verte.
Jueves-Mañana
Jon: Damián, tengo una pregunta importante.
Yo: Si es una tontería, voy a bloquearte.
Jon: Si fueras un pan, ¿qué tipo de pan serías?
Yo: Adiós.
Jon: ESPERA, ERA SERIO.
Yo: Definitivamente un pan duro. Para lanzártelo a la cabeza.
Jon: Me lo merezco.
Viernes-Noche
Jon: ¿Qué haces?
Yo: Leer.
Jon: Dime que no es otro libro de asesinatos.
Yo: Es otro libro de asesinatos.
Jon: Voy a empezar a preocuparme.
Yo: Puedes intentarlo, pero no va a cambiar nada.
Jon: Damián Wayne, ¿no puedes leer algo más feliz?
Yo: No.
Jon: Dios, me gustas demasiado.
Yo: No voy a responder a eso.
Jon: No hace falta, tu silencio me lo dice todo.
Yo: Voy a dormir.
Jon: Dulces sueños, Damián.
Yo: Lo dudo, voy a soñar con asesinatos.
Jon: Que romántico.
Tim
Trabajo extra. Porque claro, cómo no. Mi jefe me pidió un favor de última hora. Y como soy un idiota, acepté.
Así que aquí estoy, saliendo tarde del trabajo, con ganas de arrancarme los pies y la cabeza. Hace frío. Estoy medio adormilado, y solo quiero llegar a casa, meterme en la cama y no saber nada del mundo hasta mañana.
Pero entonces, me cruzo con alguien familiar.
-Tim.
Levanto la mirada. Mike.
Me quedo quieto un segundo. Es raro. No incómodo, pero raro. Desde lo de la última vez, no habíamos vuelto a hablar. No es como si hubiéramos tenido una relación profunda o algo. Era sexo. Punto.
-Mike-digo, asintiendo levemente.
-¿Qué tal?
-Cansado. Vengo de trabajar.
-si pareces agotado.
-Lo estoy.
Mike me observa. No de una manera intensa, pero sí con ese aire despreocupado que siempre tiene.
-¿Y qué tal todo?
-Bien.
-Eso es todo lo que voy a conseguir de ti, ¿verdad?
-Probablemente.
Mike se ríe bajo.
-Siempre fuiste un misterio.
No sé si es un cumplido o qué. No respondo. Nos quedamos mirándonos por un segundo. Y es en ese momento cuando me doy cuenta.
Esto no me mueve nada.
No hay esa chispa. No hay esa punzada en el pecho. No hay ese jodido calor incómodo que siento cuando hablo con Conner.
Mike es solo... alguien con quien compartí un par de noches. Y no es que eso sea malo. Es solo que... no es suficiente.
-Bueno, fue bueno verte-dice Mike, con esa sonrisa tranquila.
-Igualmente.
-Si alguna vez te apetece salir... ya sabes.
Asiento, pero no le doy una respuesta real. Mike parece notarlo, porque no insiste.
-Descansa.
-Tú también.
Nos despedimos. Y mientras sigo caminando hacia casa, siento un peso extraño en el pecho. No tristeza. No arrepentimiento. Solo... certeza.
Certeza de que lo que quiero es algo más. Algo más que una noche cualquiera con alguien cualquiera.
Al llegar a casa, el olor a comida no me recibe, lo que significa que Damián aún no ha empezado a cocinar. Me lo encuentro en la cocina, apoyado en la encimera, revisando su móvil sin mucha prisa.
-¿Vamos a cenar hoy o te vas a alimentar de radiación de pantalla?-pregunto, dejando mis llaves sobre la mesa.
-Si quieres comer, haz algo tú también-responde sin levantar la vista.
Ruedo los ojos y me acerco al refrigerador. Sacamos algunas cosas rápidas: pasta, salsa y algo de queso. Damián hierve el agua mientras yo corto el pan para hacer unas tostadas con ajo.
-¿Por qué llegaste tan tarde? -pregunta mientras remueve la pasta con una cuchara de madera.
-Favor para el jefe.
-Eres un pringado.
-Lo sé-respondo sin vergüenza.
Nos quedamos en silencio unos segundos hasta que Damián decide hablar de nuevo.
-¿Te encontraste con alguien en el camino?
Me quedo quieto un segundo. Damián es demasiado observador para su propio bien.
-Sí, con Mike.
-¿Y...?
-Nada, solo hablamos un poco y me despedí.
-¿Ya lo superaste?
-Nunca hubo nada que superar-Damián se ríe bajo.
-Claro, Tim. Lo que tú digas.
-Mejor sigue revolviendo la pasta antes de que se te pase -le digo para cambiar de tema.
Terminamos de cocinar y cenamos sin mucha prisa. Después de fregar los platos, cada uno se mete en su habitación. Me dejo caer en la cama con un suspiro, con la intención de dormir de inmediato, pero justo cuando empiezo a relajarme, mi móvil vibra sobre la mesita de noche.
Parpadeo, confundido, y al ver el nombre en la pantalla, mi cansancio desaparece un poco.
Conner.
Respondo la llamada y dejo el móvil sobre la almohada, girándome para estar más cómodo.
-¿Sabes qué hora es?-
murmuro con voz adormilada.
-Sí. Y también sé que no estabas dormido.
-Casi.
-¿Te he despertado?
-Nah, pero ¿por qué llamas tan tarde?
-Solo quería oírte.
Me quedo en silencio un segundo.
-Eso es cursi.
-¿Y qué?
Sonrío levemente.
-¿Cómo ha ido tu día?
Conner suspira al otro lado de la línea.
-Largo. Pero ahora es mejor.
-¿Porque estás hablando conmigo?
-Exactamente
Pongo los ojos en blanco, pero mi sonrisa no desaparece.
-Eres un idiota.
-Lo sé.
Nos quedamos así, en la oscuridad de nuestras habitaciones, hablando de todo y nada.
-Oye, Tim.
-¿Mmm?-murmuro, con los ojos entrecerrados, la cabeza hundida en la almohada.
-Estaba pensando…
-Miedo me das.
-No, en serio. Creo que sería buena idea hacer sexting.
-Me quedo en silencio absoluto. Parpadeo, saliendo un poco del sopor del sueño.
-¿Qué?
-Sexting. Ya sabes
-Conner. Estoy preguntando por qué demonios me lo estás proponiendo a estas horas.
-¿Por qué no? Estamos los dos en la cama, a solas, con nuestros teléfonos… Es el ambiente perfecto.
-¿Tienes idea de lo cursi que sonaste ahora mismo?
-Por supuesto. ¿Entonces qué dices?
Dudo.
No es como si no hubiera coqueteado con él antes.
No es como si no hubiera imaginado cosas con él.
Y definitivamente no es como si no me calentara su voz.
Trago saliva.
-…Vale.
-¿Sí?
-Sí.
-Dios, sabía que no te resistirías.
-No lo pienses demasiado
-Oh, cariño, ya lo estoy pensando demasiado.
Y nos quedamos en silencio unos segundos.
-A ver, Tim. Quiero que empieces tú.
-¿Yo? ¿Por qué?
-Porque quiero ver hasta dónde llega tu imaginación.
-Dices eso como si nunca te hubiera calentado antes.
-Oh, lo has hecho. Pero quiero que me lo describas.
Respiro hondo y decido lanzarme.
-Si estuvieras aquí…
-Sí…
-Te haría esperar.
-Qué?
-Lo que oyes. Me encanta verte desesperado-Escucho un pequeño gruñido al otro lado de la línea.
-Eres un maldito demonio.
-Lo sé.
-Sigue.
Me humedezco los labios.
-Te haría sentarte en la cama y verme.
-¿Verte?
-Ajá. Me quitaría la camisa lentamente. Haría que vieras cada centímetro de piel antes de dejarla caer.
-Dios…
-Después haría lo mismo con mis pantalones, despacio, arrastrándolos por mis piernas. Me quedaría en ropa interior solo para provocarte.
Conner suelta un suspiro pesado.
-Tim.
-Dime.
-Me tienes jodidamente duro.
Sonrío, sintiendo el calor extenderse por mi cuerpo.
-¿Sí?
-Sí. Y si estuviera ahí, ya te tendría contra la pared.
Me estremezco.
-¿Ah, sí?
-Sí. Te besaría hasta que me pidieras aire. Hasta que sintieras mis manos recorriéndote entero.
Mi respiración se vuelve más pesada.
-¿Y después?
-Después te tumbaría en la cama, con las piernas abiertas para mí.
Me muerdo el labio con fuerza.
-Dime más.
-Quiero verte retorcerte debajo de mí, gemir mi nombre mientras me aseguro de que no puedas pensar en otra cosa más que en mí.
Cierro los ojos, su voz me está volviendo loco.
-Joder, Conner…
-Dime lo que quieres, Tim.
-Te quiero a ti.
El silencio dura un segundo. Solo uno, y entonces escucho la voz de Conner, ronca, grave, decidida:
-Joder, voy para allá.
Mis ojos se abren de golpe.
-¿Qué? No, Conner, Damián estará dormido.
-Pues entonces procura no hacer ruido.
Me quedo en shock.
-Estás de coña.
-Estoy ya en el coche.
Conner, es la una de la mañana.
-Sí, y en 5 minutos voy a estar follándote.
-Conner no
Me incorporo en la cama, sintiéndome entre excitado y en pánico. ¿Cómo hemos llegado a esto?
-No te atrevas a colgarme.
Su voz tiene un deje de diversión, pero también de hambre. Y, joder, eso me hace quererlo aún más.
-Estás loco.
-Sí, por ti.
Cierro los ojos, intentando respirar.
-Más te vale conducir con cuidado.
-Más te vale estar listo cuando llegue.
Me muerdo el labio, maldiciéndome a mí mismo.
Voy a hacer una locura.
Me paso los siguientes cinco minutos en un puto estado de nerviosismo y anticipación.bIntento calmarme, pero es imposible.bCada vez que miro el reloj, el tiempo parece avanzar más lento.
Cada vez que respiro, siento el calor ardiendo en mi piel.
Joder, joder, joder.
Y entonces, el móvil vibra de nuevo.
Conner: Ábreme la ventana.
Mis ojos se agrandan.
-¿Qué?
Conner: Ábreme la puta ventana, Tim.
Yo: Existe la puerta
Conner: No voy a tocar la puerta y despertar a Damián, ¿verdad?
Me cubro la boca con una mano, porque estoy a punto de soltar una risa nerviosa.
No puedo creer que este idiota haya venido de verdad. Me levanto rápido, descorro la cortina y abro la ventana.
Y ahí está.
Conner, parado en el jardín, mirándome con una sonrisa arrogante y sus ojos brillando con picardía.
El aire nocturno es frío, pero la intensidad en su mirada me calienta por dentro.
-Sube rápido antes de que me arrepienta.
-Oh, cariño-dice con esa voz baja y divertida-no te vas a arrepentir de nada.
Y con una agilidad que me hace maldecir lo fácil que le resulta, se impulsa y entra por la ventana. Y entonces todo el aire parece desaparecer de mi habitación.
Conner cierra la ventana con una mano sin apartar la mirada de mí. Su presencia llena la habitación, su olor, su calor. Siento su respiración y su proximidad incluso antes de que sus manos toquen mi rostro.
Cuando finalmente lo hace, me besa con urgencia, con hambre, con ese deseo acumulado en semanas de espera. Su boca es firme, exigente, pero al mismo tiempo dulce. Sus labios se deslizan sobre los míos con facilidad, devorándome en cada movimiento.
Mis manos suben automáticamente a su nuca, enredando los dedos en su cabello mientras me dejo llevar. No hay espacio para dudas. No hay otra cosa en mi cabeza más que él.
Lo siento presionándome, empujándome suavemente hasta que mi espalda choca contra la cama. Me inclina sobre las sábanas, su cuerpo cubriéndome sin aplastarme, su lengua explorando la mía con experiencia y desesperación.
Se separa apenas unos centímetros, y su mirada azul se oscurece.
-No sabes cuánto he querido esto. No respondo. Solo lo tiro de vuelta.
Sus manos recorren mi cuerpo con urgencia, levantando mi camisa hasta quitármela por completo. Su boca sigue su camino, dejando besos húmedos en mi cuello, en mi clavícula, descendiendo con paciencia por mi pecho.
Yo gimo bajo, mi respiración ya acelerada cuando siento sus manos desabrochando mis pantalones.
-No tienes ni idea de lo que me haces, Tim.
Sus dedos bajan la tela lentamente, tortuosamente.
Mi piel se eriza con cada roce, con cada contacto, y cuando me libera por completo de la ropa, me siento totalmente expuesto ante él.
Pero no me da vergüenza.
No cuando su mirada me recorre de arriba a abajo con admiración y deseo. Conner también se desviste, su torso esculpido por los años de entrenamiento, su piel cálida y su olor embriagador llenando cada rincón de la habitación.
Me inclino para besarlo otra vez, nuestras respiraciones mezclándose mientras sus manos me recorren.
-¿Tienes lubricante?-murmura contra mis labios.
Mi cerebro tarda un segundo en reaccionar antes de señalar la mesita de noche. Conner la abre y saca el frasco sin dejar de mirarme.
Cuando vierte el líquido en sus dedos, sé lo que viene.
Mi espalda se arquea ligeramente cuando los siento deslizándose en mi entrada, abriéndome con lentitud, preparándome para él.
Su otra mano se aferra a mi cadera mientras sigue explorándome con paciencia. Mis uñas se hunden en las sábanas cuando entra un segundo dedo, su tacto cuidadoso pero firme.
-Relájate-Intento hacerlo, pero el fuego que recorre mi piel no me deja pensar con claridad. Cuando finalmente está satisfecho con la preparación, retira los dedos y se acomoda entre mis piernas.
Mi respiración se entrecorta cuando siento la presión de su punta contra mí.
Y cuando finalmente entra, es como si me estuviera partiendo en dos.
-Joder…-mi voz es un susurro desesperado.
Es duro. Es caliente.
Me aferro a la almohada con fuerza, obligándome a no gritar. Conner gime contra mi cuello, su aliento pesado y caliente contra mi piel.
-Dime si quieres que pare.
-No lo hagas.
Se queda quieto unos segundos, dejando que mi cuerpo se acostumbre a su tamaño. Luego se mueve, lento al principio, dejando que el placer se mezcle con el ardor. Mis piernas lo rodean automáticamente, buscando más contacto, más profundidad.
Y cuando acelera el ritmo, pierdo la noción del mundo.
La única realidad que existe ahora mismo es él dentro de mí.
Fuerte. Profundo. Inquebrantable.
Y joder, es perfecto.
Damián
Estoy en la segunda hora de clase, la profesora de Historia está explicando algo sobre la Revolución Industrial, pero mi atención está en mi móvil, que vibra con un mensaje.
Jon: Mi hermano acaba de llegar a casa…
Jon: Y huele a tu hermano.
Parpadeo, tratando de procesar lo que acabo de leer.
Jon: Seguramente habrán follado.
-¿Qué?-murmuro en voz baja, casi ahogándome con mi propia saliva.
El imbécil de al lado me lanza una mirada rara, pero lo ignoro. Miro la pantalla de nuevo. No es posible. No puede ser posible.
Rápidamente le escribo de vuelta:
Yo: ¿Cómo que huele a mi hermano?
Jon: Lo que lees. Huele a él. Y no solo eso, huele a sexo.
Me quedo completamente inmóvil.
No, no, no puede ser.
Yo: Jon, dime que estás bromeando.
Jon: Ojalá. Pero no.
Me llevo una mano a la cara, sintiendo cómo mi paciencia se desmorona.
Yo: Voy a matarlo.
Jon: ¿A quién? ¿A mi hermano o al tuyo?
Yo: A los dos.
Jon me manda un emoji riéndose. Me echo hacia atrás en la silla, cruzando los brazos. Mi hermano. Mi maldito hermano.
Conner. Ese idiota.
No es que no lo haya visto venir, pero joder, ¿tenían que hacerlo tan evidente?
¿Y con el en casa?
¿¡Mientras dormía!?
¡Serán guarros!
Yo: No puedo creer que me estés mandando mensajes sobre el sexo de nuestros hermanos mientras estoy en clase.
Jon: Yo tampoco, pero tenía que contártelo. Lo olí en cuanto entró por la puerta. Es imposible de ignorar.
Jon: Oye, ya que estamos hablando de cosas intensas… cuando pueda salir de casa también me colaré por tu ventana.
Me quedo mirando la pantalla, procesando sus palabras con incredulidad.
Yo: Jon.
Jon: ¿Si?.
Yo: Voy a ponerle clavos a la ventana.
Jon: Eso no me detendría.
Aprieto los dientes, pasándome una mano por la cara.
Yo: Voy a mudarme.
Jon: ¿A dónde?
Yo: A una cueva en el Himalaya donde no puedas encontrarme.
Jon: Ya veremos.
Su descaro me pone los pelos de punta. Pero eso no es lo peor de todo. Lo peor es que lo dice en serio. Sigo en clases, y el muy cabrón no deja de escribirme.
Jon: ¿Te imaginas si hubiéramos estado en casa anoche? Habríamos escuchado todo.
Me congelo en mi asiento.
Yo: No sigas.
Jon: Seguro que Tim es de los que no puede quedarse callado.
Yo: Jon, te lo advierto.
Jon: Y mi hermano, uf… él es intenso.
Tiro el móvil dentro de mi mochila antes de que me dé un ataque.
Mierda.
Mierda.
Mierda.
No me molesta que mi hermano folle en casa.
Pero que lo haga cuando yo NO ESTÉ ADENTRO.
Eso es respeto básico.
Cuando llega el recreo, suspiro hondo, tratando de despejarme del asalto mental que ha sido esta mañana. Saco el móvil de la mochila, desbloqueándolo sin muchas expectativas.
Y entonces lo veo.
20 mensajes de Jon.
Empiezo a leerlos uno tras otro.
Jon: Damián, lo siento.
Jon: No te enojes.
Jon: Fue solo una broma.
Jon: Bueno, varias.
Jon: vale, muchas.
Jon: Pero no quería molestarte. Bueno sí....
Jon: Por favor, dime algo.
Jon: No me ignores, me duele el corazón.
Jon: Damián.
Jon: Damián.
Jon: Damián.
Jon: ¿Sigues vivo?
Jon: ¿O mi broma te mató?
Jon: Si estás muerto, dame una señal.
Jon: No sé, haz que se caiga una maceta o algo.
Jon: Por favor, en serio, dime algo.
Jon: Te juro que no lo volveré a mencionar.
Jon: Excepto si tú lo mencionas primero.
Jon: O si necesito molestarte un poco.
Jon: Pero solo un poco.
Jon: Damián.
Jon: Por favor.
Me paso una mano por la cara, sin saber si quiero reír o golpearme contra una pared.
Este idiota…
Respiro hondo y finalmente le respondo.
Yo: Voy a estrangularte.
Jon: ¡SIGUES VIVO!
Yo: No por mucho si sigues molestándome.
Jon: vale, vale, lo siento.
Jon: ¿Me perdonas?
Yo: Lo pensaré.
Guardo el móvil y camino hacia la cafetería.
Mientras camino por el pasillo hacia la cafetería, siento el móvil vibrar de nuevo.
Jon: Damián…
Jon: ¿Ya lo pensaste?
Jon: ¿Sí?
Jon: ¿No?
Jon: ¿Tal vez?
Ruedo los ojos y me detengo en una esquina para responder.
Yo: No.
Jon: ¿No lo pensaste o no me perdonas?
Yo: Las dos.
Jon: Duro… pero justo.
Sigo caminando, pero el cabrón sigue escribiendo.
Jon: ¿Cómo puedo compensarte?
Jon: ¿Quieres chocolate?
Jon: ¿Flores?
Jon: ¿Dinero?
Jon: ¿Mi corazón?
Jon: Dios, estoy siendo demasiado cursi, ¿verdad?
Jon: Sí, lo estoy. Ignora eso.
Jon: Pero igual dime qué puedo hacer.
Suspiro y, con resignación, respondo.
Yo: Deja de molestarme por hoy.
Hay un silencio de unos segundos.
Y entonces veo aparecer su respuesta.
Jon: No puedo prometer eso.
Cierro los ojos con frustración.
Yo: Dame un respiro, Jon.
Jon: Está bien. Pero… ¿puedo escribirte en la última hora?
Me froto las sienes. Este imbécil no tiene remedio.
Yo: Si te quedas callado hasta entonces, sí.
Jon: ¡Hecho!
Guardo el móvil, esperando de verdad que cumpla su promesa.
La última hora la tengo libre, así que aprovecho para sentarme en una de las mesas cerca de la biblioteca, descansando un poco antes de irme a casa.
Reviso mi móvil por inercia y, como si tuviera un radar para saber cuándo puede molestarme, Jon vuelve a escribir.
Jon: ¡Damián! Última hora, trato cumplido. Ahora puedo hablarte.
Resoplo, pero dejo que se salga con la suya.
Yo: Felicitaciones, conseguiste aguantarte unas horas sin escribirme. Un milagro.
Jon: Sabía que podías confiar en mí.
Yo: Eso está por verse.
Pasan unos segundos antes de que vuelva a escribir.
Jon: Tengo noticias.
Frunzo el ceño y escribo de vuelta.
Yo: ¿Buenas o malas?
Jon: ¡Buenas! Mi papá por fin me dejará salir a patrullar con él.
Me enderezo un poco en el asiento.
Yo: ¿En serio? ¿Después de semanas encerrado?
Jon: Sí. No puedo creerlo, Damián. Voy a salir.
Su entusiasmo es palpable incluso a través del texto.
Yo: Bueno, me alegro por ti. ¿Cuándo empiezas?
Jon: Esta noche.
Aprieto los labios. Eso significa que va a estar en el bosque, probablemente cerca de los límites de la manada.
Yo: Ten cuidado.
Jon: ¿Eso es preocupación?
Yo: No lo repitas o lo retiro.
Jon: Demasiado tarde, ya lo leí y lo grabé en mi memoria.
Ruedo los ojos y guardo el móvil, levantándome de la mesa.
Jon: Y estoy sonriendo como un idiota ahora mismo.
Yo: Eso no es novedad.
Jon: Aun así, gracias por preocuparte por mí.
Resoplo, porque sé que si le sigo el juego, esto no va a terminar nunca.
Yo: No me hagas arrepentirme.
Jon: Nunca.
Guardo el móvil, pero apenas pasan treinta segundos antes de que vibre otra vez.
Jon: ¿Te gustaría venir a verme?
Yo: ¿Verte dónde?
Jon: En el bosque. Cuando esté patrullando.
Me quedo mirando la pantalla unos segundos.
Yo: ¿No se supone que vas a estar trabajando?
Jon: Puedo tomarme un descanso. Además, ¿no te gustaría ver a un lobo alfa en acción?
Yo: Déjame pensar… no.
Jon: Vamos, Damián. Solo un rato. Sin presiones.
Yo: ¿Y si nos ven? No creo que tu padre quiera que distraigas a un civil mientras patrullas.
Jon: Primero, no eres un civil cualquiera. Y segundo, sé cómo moverme sin que me pillen.
Aprieto los labios, debatiéndome si mandarlo a la mierda o seguirle el juego.
Yo: ¿Por qué quieres que vaya?
Jon: Porque quiero verte.
Me detengo un momento, porque no esperaba esa respuesta tan directa.
Jon: Te echo de menos, Damián. Y aunque hemos hablado más estos días, no es lo mismo.
Yo: Nos vimos el otro día en videollamada.
Jon: No es lo mismos.
Muerdo el interior de mi mejilla. Este idiota sabe cómo hacerme dudar.
Yo: Ya veremos.
Jon: Eso suena a un sí.
Yo: Eso suena a que voy a bloquearte.
Jon: No lo harías.
Suspiro y miro el reloj. Todavía me queda algo de tiempo antes de que termine la última hora libre.
Yo: Dame una razón para ir.
Jon: Soy guapo.
Yo: Rechazada.
Jon: Puedo calentar tu cuerpo con el mío si hace frío.
Yo: puedo abrigarme.
Jon: Podemos hacer que el ambiente se caliente más.
Mi ceja se arquea automáticamente.
Yo: Sabes que puedo dejarte en visto, ¿verdad?
Jon: Sabes que puedo seguir insistiendo hasta que cedas, ¿verdad?
Yo: Te diré después si voy o no.
Jon: Esa es la respuesta más cercana a un sí que he conseguido. Lo tomaré.
Bloqueo el móvil antes de que me convenza de otra cosa.
¿Realmente voy a ir a verlo?
Mierda.
Probablemente sí.
Escabullirme de Tim no debería ser tan complicado.
La clave está en la paciencia. Esperar el momento exacto, no hacer ruido, y sobre todo, no levantar sospechas.
Después de cenar, Tim se mete en su habitación con su móvil, probablemente en otra de sus largas conversaciones con Conner. Perfecto.
Me cambio rápido, optando por un pantalón de chándal negro, una sudadera azul oscuro y una chaqueta abrigada. No sé por qué siento que esto es una mala idea, pero ya estoy metido en esto. Jon y yo hemos quedado al lado del río, que está a tomar por culo, así que necesito cruzar parte del bosque para llegar.
Salgo de mi habitación sin hacer ruido, deslizando la puerta con cuidado. Paso de puntillas hasta la entrada y abro la puerta lentamente, aguantando la respiración.
Cierro tras de mí sin un solo sonido.
Bien.
Activo la linterna del móvil y me adentro en el bosque.
El camino es jodidamente oscuro, pero ya estoy acostumbrado a estos terrenos. Sé por dónde pisar para no meterme en un agujero ni tropezar con una raíz.
El aire es fresco y el sonido de los insectos nocturnos llena el ambiente. A pesar de la oscuridad, el bosque no se siente aterrador. Sigo caminando durante un rato hasta que finalmente veo el río a lo lejos.
Y entonces, un lobo negro aparece de la nada.
-Ey...-Saludo, pero antes de poder reaccionar, el lobo empieza a dar vueltas a mi alrededor como si estuviera en una jodida fiesta.
-Jon, eres un maldito idiota.
El lobo gruñe de manera juguetona y sigue dando vueltas, agitando la cola con entusiasmo. Cruzo los brazos, viendo su comportamiento ridículo.
-para por Dios me estoy mareando
Jon se detiene un segundo, meneando la cola como un perro feliz.
De un segundo a otro, Jon deja de ser un enorme lobo negro y se convierte en un humano… completamente desnudo.
Paso de la vida. Miro hacia otro lado de inmediato.
-¡Jon, joder!-gruño, apartando la vista tan rápido que casi me tuerzo el cuello.
Pero el cabrón me abraza sin importarle su estado.
-Te extrañé.
Paso-De-La-Vida.
Intento apartarlo, pero es un Alfa y su fuerza es un maldito problema.
-Jon, ponte algo.
-¿Por qué?-pregunta con diversión, su voz pegajosa como si estuviera disfrutando de mi incomodidad.
-Porque no pienso hablar contigo si estás en pelotas.
-Jon ríe, sin moverse ni un milímetro.
-Te pones demasiado nervioso con esto.
-Sí, porque soy una persona normal.
-Los lobos no tenemos esa preocupación con la ropa.
-Pues yo sí.
Finalmente, me suelta y camina hacia unos arbustos cercanos. Saca una mochila que tenía escondida y saca un pantalón, poniéndoselo sin prisa. Me cruzo de brazos, siguiendo mirando a otro lado por si acaso.
-Listo.
-Paso...
-¿Todavía sigues en crisis?
-Sí.
Jon suelta una carcajada y se deja caer en la hierba, relajado. Yo suspiro y me siento a su lado. Jon se acomoda con los brazos detrás de la cabeza y me mira con esa sonrisa despreocupada que a veces me dan ganas de borrar de un golpe.
-Nunca había estado tanto tiempo sin salir al bosque-
dice finalmente, con la mirada fija en el agua-Me sentía como una bestia enjaulada.
-¿Y ahora te sientes libre?
-No del todo-Lo miro de reojo, esperando que explique.
-Todavía hay reglas, responsabilidades… no puedo hacer lo que quiera.
-¿Y qué es lo que quieres hacer?
-A ti.
-JON.
Él se ríe en voz alta, inclinándose un poco hacia atrás para evitar el golpe que intento darle en el brazo.
-¡Es broma!
-No lo parecía.
-Bueno, era mitad broma- vuelvo la vista al río.
-¿Crees que nuestros hermanos se casen algún día?
-¿Tim y Conner?
-Sí.
Me encojo de hombros.
-No lo sé. Aunque no me sorprendería.
Jon asiente lentamente.
-Se ven bien juntos.
-Sí. Pero todavía ni siquiera son novios
-Y parece que Conner está completamente enamorado de tu hermano.
-Sí...Lo está.
Jon sonríe, pero luego me mira con una expresión más juguetona.
-¿Y nosotros?
-¿Qué pasa con nosotros?-Jon ladea la cabeza, como si la respuesta fuera obvia.
-¿Crees que alguna vez seremos novios?
Siento un extraño calor subiéndome por el cuello.
Me quedo en silencio, procesando la pregunta.
-Eso depende de muchas cosas.
-Esa no es una respuesta.
-¿Y por qué debería darte una respuesta ahora mismo?
-Porque me gustas, Damián. Mucho-Desvío la vista hacia el río otra vez.
-Ya lo sé.
-¿Y yo te gusto?
-No te emociones demasiado.
-Eso no fue un no.
Jon me empuja suavemente con el hombro.
-Algún día dirás que sí.
Respiro hondo, sin mirarlo.
-Tal vez.
Siento su sonrisa incluso sin verlo. Y por alguna razón, eso no me molesta tanto.
Nos quedamos en silencio por un momento, con la vista todavía en el río, hasta que un crujido en los arbustos nos pone en alerta.
Nos giramos al mismo tiempo y vemos a un lobo blanco con manchas negras parado a unos metros de nosotros.
Jon se endereza de inmediato, con una expresión seria en el rostro.
El lobo nos observa con intensidad, pero no parece agresivo. Aun así, algo en su postura me pone tenso.
Jon se queda quieto. Sus ojos se tornan más afilados, como si estuviera concentrándose en algo invisible.
Y entonces me doy cuenta.
Están comunicándose mentalmente.
Cosas de lobos, supongo.
No escucho nada, pero puedo notar que Jon entiende perfectamente lo que el otro lobo está transmitiéndole. Después de unos segundos, Jon suspira y se pasa una mano por el pelo.
-Tengo que volver al patrullaje.
-Entiendo-Jon se vuelve hacia el lobo blanco y asiente.
-Voy a acompañar a Damián a su casa primero.
El lobo parece aceptar la decisión porque simplemente se da media vuelta y desaparece entre los árboles.;Suspiro, metiendo las manos en los bolsillos.
-¿Os comunicáis así siempre?
-¿Te interesa saber más sobre los licántropos?
-Sí
-Pues nada suelta tus preguntas
-¿Cómo funciona esa comunicación mental?
-Es algo natural. No son palabras exactas, más bien imágenes, emociones, intenciones.
-¿Solo pueden comunicarse con su propia manada?
-No, pero con la manada es más fuerte. Con otros lobos la conexión es más débil y se necesita más concentración.
-¿Puedes hablar conmigo o mi hermano así?
-No. Solo entre lobos. Pero puedo oler su humor, saber si está nervioso o tranquilo.
-¿Puedes sentir lo que yo siento?
-No exactamente, pero cuando estamos cerca sí puedo notar cambios sutiles en tu olor. Puedo saber si estás relajado o si te pones nervioso, escuchar los sentidos de tu corazón
-¿Puedes hablar con mi perro si tuviera uno?
-Puedo entenderlo mejor que tú, pero no es una conversación.
-¿Cuánto tiempo puedes mantener la forma de lobo?
-Tanto como quiera. Pero si paso días seguidos en esa forma, cuesta un poco volver a la humana.
-¿Tu olor cambia cuando eres lobo?
-No mucho. Sigue siendo el mismo, pero más fuerte.
-¿Pueden ocultar su olor si lo necesitan?
-Sí, pero no por mucho tiempo. Es difícil.
-¿Y qué más puedes hacer que los humanos no puedan?
-Bueno… muchas cosas. Pero si quieres, te lo demuestro otro día.
-No necesito demostraciones, gracias.
- A qué distancia puedes escuchar un latido del corazón?
-Depende del ruido alrededor, pero en una noche tranquila como esta… unos 30 o 40 metros sin problemas.
-Eso es jodidamente perturbador.
-Para mí es normal. Además, tu corazón late más rápido cuando te hago preguntas incómodas-Me tenso y le doy un golpe en el brazo.
-No escuches mi maldito corazón.
-¿A qué hueles?
-A ti te dejo que lo averigües.
-No voy a olfatearte, Jon.
-Qué lástima. Pero si te da curiosidad, me han dicho que mi olor es una mezcla de bosque después de la lluvia y… algo más dulce.
-Algo más dulce.
-Sí. Mi madre dice que es como miel. Conner dice que es más como canela.
-¿A qué huele mi hermano?
-A libros viejos y café.
-Joder, eso tiene sentido.
-¿Y Conner?
-Es más fuerte que el mío. Olor a madera, algo terroso. Como si hubieras estado en el bosque todo el día. Pero también con un toque de cuero.
-Entonces, ¿cada lobo tiene su propio olor?
-Sí. Es como una huella dactilar, única
-Entonces… ¿yo también tengo un olor?-Jon me mira con una sonrisa divertida.
-Por supuesto.
-¿Y a qué huelo?
Jon se acerca un poco más, inclinando la cabeza como si estuviera disfrutando la pregunta.
-Mmmm…-Me arrepiento al instante de haber preguntado.
-Jon, no hagas esa cara de psicópata.
-Hueles a especias… y algo afilado. Como el aire antes de una tormenta.
-Eso no tiene sentido.
-Para ti no. Para mí sí-Lo miro de reojo. Este tipo es rarísimo.
-¿Y si me perfumo con algo?
-Seguiría oliendo lo que hay debajo.
Suspiro. Los hombres lobo son un caso aparte.
Genial. Tim está despierto.
Desde la distancia, puedo ver la luz de la sala de estar encendida y el brillo de la televisión parpadeando a través de la ventana. Seguramente se ha desvelado y está viendo alguna serie estúpida.
Eso significa que no puedo entrar por la puerta sin que me haga un interrogatorio.
-Tendremos que entrar por la ventana de mi cuarto.
-Wo, que rebelde
-No lo hago desde hace años.
Solía escabullirme de casa cuando era más joven, en especial cuando Tim estaba en modo “hermano mayor sobreprotector” a más no poder. Me iba a las fiestas del pueblo o a cualquier lado donde pudiera estar sin que me vigilara cada dos minutos.
Nunca me ha gustado dar explicaciones.
Pero ahora es diferente. Ahora tengo que colarme en mi propia casa porque he estado en el bosque con un lobo. Y Tim diría algo como; ¿Cómo se te ocurre? ¿os podría haber pasado algo? ¿y si deciden atacar y bla bla bla bla?
Me acerco al árbol que solía usar para subir a mi ventana y de inmediato noto el problema.
Ha crecido.
-Mierda.
Jon se cruza de brazos, disfrutando demasiado de la situación.
-¿No llegas?
-Cállate.
Me estiro, intentando alcanzar la primera rama, pero está más alta de lo que recordaba.
-Esto es ridículo.
Jon está riéndose en voz baja, sin intención de ayudar.
-Pensé que eras un ninja o algo así.
-No soy un ninja, soy una persona normal con habilidades decentes.
-Bueno, tu "habilidad decente" está quedando en ridículo.
-Te juro que si no tuvieras superfuerza, te golpearía en este instante.
Jon finalmente se acerca y entrelaza las manos, ofreciéndome un impulso.
-Ven, pequeño murciélago, deja que te ayude.
-No me llames así.
Pongo un pie en sus manos y me impulsa hacia arriba con tanta facilidad que casi me saca volando.
-¡JON, NO TAN FUERTE!-
Gritó en voz baja.
-Recibido.
Me agarro a la rama y empiezo a subir, pero cuando Jon me da otro empujón para que me impulse más rápido, su mano termina en un lugar equivocado.
Directamente en mi culo.
Me congelo.
Jon también.
-¿Me has ..
-…No.
-¡Sí lo hiciste!-vuelvo a gritar en voz baja, y Jon suelta una risa nerviosa.
-No ha sido a propósito, pero no me arrepiento.
-Juro que te voy a tirar del tejado.
-Eso sería un intento de homicidio, Damián.
-Y lo vale.
Con esfuerzo, logro llegar hasta el borde del tejado.
Jon sube después, sin problemas. Odio que lo haga ver tan fácil.
-Te ves adorable cuando te esfuerzas.
-Cierra la boca.
Me preparo para saltar a la ventana, pero cuando lo hago, calculo mal la distancia y voy demasiado hacia adelante. La gravedad hace su trabajo y me voy de cara al vacío.
¡JODER!
Antes de que pueda gritar, Jon me atrapa en el aire.
Quedamos congelados, cara a cara. Sus brazos están firmes alrededor de mi cintura, y yo tengo las manos apoyadas en sus hombros.
El mundo se queda en silencio por un segundo.
Puedo sentir su respiración.
Puedo ver sus ojos brillando con intensidad.bJon me sostiene sin esfuerzo, como si no pesara nada. Su cuerpo está caliente, su olor es fuerte.
Trago saliva.
-Bájame.
-Aún no estoy seguro.
-Jon.
-Es que así estamos muy cómodos-Frunzo el ceño, pero mi cara está ardiendo.
Finalmente, me baja al suelo del tejado con una sonrisa satisfecha. Me giro de inmediato hacia mi ventana, necesitando que este momento termine cuanto antes.
-Voy a fingir que esto nunca pasó.
-Yo lo voy a enmarcar en mi memoria.
-Cállate, maldito perro.
Damián
El día no empieza del todo bien. Tim se ha despertado enfermo, con fiebre y la nariz completamente taponada. Lo vi esta mañana arrastrarse por la casa en pijama, con una manta sobre los hombros, murmurando algo sobre el fin del mundo.
Le hice té, le di pastillas y lo obligué a quedarse en la cama. Eso significa que tengo que ir solo al instituto, como he hecho muchas veces.
No es un problema. Disfruto el silencio. Voy con los auriculares puestos, metido en mi propio mundo, las manos en los bolsillos de mi sudadera.
Pero justo cuando estoy a unos minutos de llegar a la entrada, algo me llama la atención.
Dos personas.
No me suenan.
Y no es que me importe lo suficiente como para memorizar las caras de todo el pueblo, pero cuando vives aquí, siempre terminas reconociendo a la gente de vista.
Estos dos no me suenan en absoluto.
¿Turistas?
¿Quién coño decide madrugar para dar un paseo por este pueblo?
Si hubieran intentado entrar por el bosque, los lobos patrullando ya los habrían detectado. Pero… ¿y si no son lobos?
No sé por qué sigo sus pasos con cautela, pasando completamente de ir a clases. Tal vez porque estoy aburrido, tal vez porque me hago una mala idea de esos dos.
Me sorprendo a mí mismo con lo bueno que soy para esconderme. Ellos no se dan cuenta de que los sigo.
Veo cómo se meten en una casa abandonada.
Reconozco la casa.
Era de una anciana que, después de que su marido muriera en la ciudad, decidió venirse a vivir aquí con sus gallinas y cerdos hasta que falleció hace unos años. Me detengo a unos metros de la entrada, sacando el móvil.
Le mando un mensaje a Tim.
Yo: Creo que dos tipos raros acaban de colarse en la casa de la vieja Laura. No son del pueblo.
Tim:¿QUÉ? ESPÉRAME.
Yo: Estás enfermo, idiota.
Tim: Voy para allá.
Suspiro.
Espero que su medicina haya hecho efecto y no termine cayéndose de fiebre en el camino. Tardo unos 15 minutos en ver a Tim aparecer, con cara de perro muerto y una bufanda enredada hasta la nariz.
-Pareces un anciano.
-Y tú un niño que juega a ser detective.
Nos quedamos frente a la casa, esperando a que los tios salgan. Cuando lo hacen, los observamos en silencio.
Se ven nerviosos, como si estuvieran asegurándose de que nadie los haya seguido.
Una vez que se van, nos metemos dentro. La casa está polvorienta, pero no parece haber sido saqueada. Nos miramos.
-Vale, ¿qué teoría tienes?
-Podrían ser yonkis.
-¿Aquí? No sé… No tenían pinta de drogadictos.
-Entonces locos.
-Eso es más probable.
Revisamos algunas habitaciones. No hay nada raro, pero se nota que alguien ha movido cosas recientemente. Abro un armario viejo y me encuentro con huellas en el polvo del suelo.
-Alguien ha estado rebuscando aquí-Tim se acerca y frunce el ceño.
-¿Crees que debamos decirle a Clark?
-Evidentemente. Los lobos parecen notar cosas que nosotros no.
-Exacto.
Nos quedamos en silencio unos segundos.
Sí, definitivamente tenemos que avisarle.
Tim
Saco el móvil y marco el número de Conner. No tarda mucho en contestar.
-¿Tim?
-Encontramos algo raro.
-Define "raro".
-Dos tipos que no son del pueblo se metieron en una casa abandonada, revisaron cosas y salieron como si hubieran estado buscando algo.
-¿Damián está contigo?
-Sí.
-Quédate ahí. Voy para allá.
Cuelga sin decir nada más.
Miro a Damián y suspiro.
Diez minutos después, los vemos llegar.
Jon, Conner, Clark… y dos hombres que no reconozco.
Jon nos mira, bueno, mira más bien a mi hermano, en plan diciendo: Espero que no hayas hecho una idiotez.
Clark, en cambio, nos observa con seriedad.
-¿Encontraron algo?-Damián cruza los brazos.
-Los vimos entrar y salir, así que decidimos revisar-Clark asiente y luego se gira hacia los dos hombres.
-Ethan, Marc, registrarlo todo-Miro a Conner con curiosidad.
-¿Quiénes son?
-Los mejores rastreadores de la manada.
Veo a los tipos moverse por la casa con una precisión sorprendente, revisando cada rincón. Uno de ellos se detiene frente a un armario y lo empuja.
Damián y yo nos miramos.
El mueble se desliza con facilidad, dejando al descubierto una parte de la pared que no encaja con el resto.
-Aquí hay algo, dice uno de los rastreadores.
Clark se acerca y pasa la mano por la superficie.
Un par de segundos después, golpea la pared con los nudillos. Se escucha un sonido hueco.
-Es un compartimento falso.
El otro rastreador mete los dedos en una grieta y tira.
La pared cede y revela un agujero en el que hay papeles. Clark los toma y los revisa con el ceño fruncido.
Saca el móvil y marca un número.
-Xene, organízalo todo. Revisen las casas abandonadas, arriba a abajo.
Se hace un silencio mientras lo escuchamos hablar.
En mi cabeza todo empieza a encajar. Las casas abandonadas eran el punto de entrega de los mensajes.
Damián también lo ha entendido.
El ambiente dentro del coche es tenso. Conner conduce en silencio, la mandíbula apretada, el ceño fruncido.
Yo mantengo la vista en mis Converse, evitando mirarlo.
En la parte de atrás, Jon y Damián tampoco dicen nada. Nos están llevando a casa. Y no hace falta ser un genio para notar que están enfadados.
Supongo que tiene sentido. Nos metimos en una casa abandonada en la que podríamos habernos cruzado con algún lobo peligroso, o con cualquier otra mierda que ni siquiera comprendemos.
Aún así, no me arrepiento.
Respiro hondo y finalmente decido hablar.
-Mira, antes de que empieces, sé que no fue la mejor idea del mundo, per...
-No, no lo fue-Conner me interrumpe sin mirarme. Sus manos aprietan más el volante.
Aprieto los labios.
-Pero al final encontramos información importante.
-¿Y qué tal si había más gente dentro de la casa, Tim?
-Pues no la había.
-Pero pudo haberla.
-Pero no la hubo.
-¡Pero pudo haberla!
Suspiro. Aquí vamos.
-Vamos, tampoco es que Damián y yo no sepamos cuidarnos solos.
-¡Tim, no estamos hablando de matones del instituto o de algún borracho aleatorio! Estamos hablando de un grupo que está planeando atacar a mi padre.
-Lo sé, y por eso hicimos lo que hicimos.
-¡Exacto, y por eso fue una locura!
-Joder, Conner, suenas como mi madre.
-Pues alguien tiene que hacer ese papel porque claramente no te da la gana de pensar antes de actuar.
Antes de que pueda responder, Damián decide meterse.
-Vale, basta.
Jon también se une a la conversación.
-No, no basta.
-Jon, no empieces.
-¿Cómo que no empiece? ¿Tienes idea de lo que pudo pasar?
-No pasó nada, ¿verdad?
-Pero pudo pasar.
-¡Maldita sea, los dos estáis con lo mismo!
-Porque los dos tenemos razón.
La discusión dentro del coche es un puto caos.
Joder, pues empieza bien la mañana.
Y encima todos hablamos al mismo tiempo.
-¡Eres un inconsciente, Damián!-Jon gruñe desde atrás.
-¿Yo? ¡Si el inconsciente aquí eres tú!
-¡Yo no soy el que se metió a jugar al puto Scooby-Doo en una casa abandonada!
-¡Oye, no insultes a Scooby-Doo!-digo yo, girándome.
-¡¿Por qué ese es tu problema ahora?!-exclama Conner.
-Porque Scooby-Doo es un clásico y merece respeto.
-¡¿Quién coño se preocupa por Scooby-Doo en este momento?!
-Yo, obviamente.
Damián interrumpe, ignorando completamente nuestro debate de Scooby-Doo.
-¡Al menos yo no he dejado que mi lado lobo se descontrole y termine enviando a alguien a urgencias!
Jon abre la boca, ofendido.
-¡Eso fue un accidente!
-Sí, sí, claro, un “accidente”.
-¡Lo fue!
-¿Y qué? ¿También fue un accidente que después vinieras a intentar verme por la ventana como un acosador?.
-A ver, técnicamente…
-¡No hay técnicamente, Jon!
-Conner me mira de reojo y su tono sigue tenso.
-Volviendo a nuestro tema, Tim.
-No hay “nuestro tema”, Conner.
-Sí lo hay.
-No lo hay.
-Sí.
-No.
-Sí.
-No.
-¡Dios mío, voy a estampar este coche contra un árbol!
Damián, sin perder el ritmo, sigue con su propia pelea con Jon en la parte trasera.
-¿Entonces qué, Jon? ¿Nunca has hecho algo estúpido en tu vida?
-¡Obviamente sí, pero no algo tan irresponsable como meterte en una casa abandonada sin refuerzos!
-¡Eso es mentira y lo sabes!
-¡Damián, estamos hablando de ahora, no de mis errores pasados!
-¡Ah, claro, ahora sí importa el contexto!
Mientras tanto, yo sigo en mi propia pelea con Conner.
-¡No puedes culparme por haber actuado!
-¡Puedo y lo haré!
-¡No estaba solo, Conner, tenía a Damián conmigo!
-¡Oh, genial, dos locos en una casa abandonada, qué combinación más segura!
Damián se mete en mi discusión, girándose hacia adelante.
-¡Gracias por la confianza, Conner!
-¡Damián, no metas más leña al fuego!
-¡Ah, perdón, no sabía que sólo Tim tenía derecho a responderte!
Jon levanta las manos en un gesto de frustración.
-¡Basta, no es sólo por nosotros, es por la seguridad de todos!
-¡Lo sabemos!-gritamos Damián y yo al mismo tiempo.
-¡¿Entonces por qué os cuesta tanto admitir que fue una idea de mierda?!-Pregunta Conner
Yo resoplo.
-¡No estamos diciendo que fue una idea brillante, pero conseguimos información!
-¡Sí, pero os pudo haber salido mal!
Damián vuelve a sumarse a la pelea.
-¡Cualquier cosa que hagamos puede salir mal! ¿Se supone que nos quedemos quietos sin hacer nada?
-¡No, pero podríais haber avisado primero!
-¡¿Y qué diferencia hubiera habido?!
-¡Al menos hubiéramos estado preparados por si algo salía mal!
-¡Pero no salió nada mal!
-¡Pero pudo haber salido!
-¡Joder, otra vez con lo mismo!
-¡Porque es la verdad, Tim!
Jon mueve las manos desesperado.
-¡De verdad, escucharos a vosotros mismos es como ver a dos niños intentando justificar haber robado galletas!
-¡No nos compares con niños!-gruñimos Damián y yo.
-¡Pues entonces dejad de actuar como críos!
-¡Jon, cállate!
-¡Tú cállate, Damián!
-¡No me digas que me calle!
-¡Joder en serio voy a estampar este coche contra un árbol!-grita Conner y yo levanto las manos.
-¡Vale, vale, calma, que tampoco queremos morir aquí!
-¡Habla por ti!-gruñe Jon
Damián suspira pesadamente.
-Esto es agotador.
Conner sigue apretando el volante como si intentara no romperlo.
-No os dais cuenta de lo que estáis haciendo. No es un juego.
Silencio. Miro a Damián. Mierda, sí que se lo están tomando en serio. Suspiramos casi al mismo tiempo.
-Lo entendemos, Conner.
-Sí-Damián asiente.
Jon y Conner nos miran.
-¿De verdad?
-Sí, de verdad.
-Porque si volvéis a hacer una locura así, os ataré a una silla.
Damián se ríe.
-Eso suena un poco raro, la verdad-Yo me echo a reír también.
-¿Tienes experiencia en eso, Conner?-Conner se cubre la cara con una mano.
-Olvida que dije eso.
Conner saca su móvil y llama a su padre justo cuando estamos subiendo al porche de la casa.
-Sí, vamos a quedarnos con ellos hoy… sí, todo bien… no, no han hecho más locuras, tranquilo-Le lanzo una mirada de advertencia.
-Vale, luego te cuento.
Mete el teléfono en su bolsillo y me mira con cara de que no me haga el ofendido. Mientras tanto, Damián sube las escaleras, con Jon siguiéndolo de cerca.
Y es ahí cuando caigo en algo importante.
-Oye, ¿tú no deberías estar en clase?-Damián ni se gira a mirarme.
-No te escucho, ya estoy arriba-Jon ríe por lo bajo mientras lo sigue. Yo pestañeo, incrédulo.
-¡Damián, no me hagas esto!
-¡Ya no es mi problema!
-¡Sí lo es, porque voy a subir en cinco segundos y...!
-Jon, cierra la puerta.
-A la orden.
Jon hace un gesto exagerado de soldado y empuja la puerta del pasillo con una sonrisa burlona.
La puerta se cierra en mi cara.
Respiro hondo.
Conner se cruza de brazos a mi lado, claramente divirtiéndose.
-¿Ves lo que tengo que aguantar?
-Sí, pero es entretenido.
-Cállate.
Bajo y me dejo caer en el sofá con un suspiro largo y cansado. Conner se sienta a mi lado, estirando las piernas cómodamente.
Pero claro, no se queda callado.
-Nuestros hermanos están solos arriba-Yo lo miro sin levantar la cabeza del respaldo.
-Sí, y el sol sigue saliendo por el este.
-Digo, solos.
-Ajá.
-Sin supervisión.
-Conner, si estuvieran haciendo algo indecente, lo escucharías.
Conner abre la boca… y luego la cierra.
-Tienes razón.
Yo sonrío, satisfecho.
Pero él añade rápidamente:
-Aunque si lo hicieran, no traicionaría a mi hermano de esa manera.
Yo suelto una carcajada.
-¡Qué hermano más leal!
Conner se encoge de hombros.
-Damián podría estar diciendo "¡más fuerte, Jon!" y yo seguiría fingiendo que no oigo nada.
Mi risa se detiene en seco.
Lo miro con horror.
-Conner.
-¿Qué?
-Sal de mi casa.
Damián
Jon está demasiado cómodo en mi habitación. No es que yo tenga muchas cosas fuera de lo normal, pero definitivamente le gusta estar aquí.
Y lo noto.
Se sienta en mi cama, se recuesta contra mis almohadas como si fueran suyas y cierra los ojos con una sonrisa satisfecha.
-Me gusta estar aquí.
-Ya lo veo-Abre un ojo y me mira con diversión.
-Es que huele a ti.
Pongo los ojos en blanco y me dejo caer en la silla de mi escritorio.
-Todo huele a mí, Jon, es mi habitación.
-Sí, pero...-inspira profundamente y sonríe de nuevo-Es agradable.
-¿Siempre vas oliendo todo lo que te rodea?
-Solo cuando me interesa.
-Espero que no vayas oliendo las habitaciones de los demás.
-Tranquilo, no me interesa cómo huele la habitación de Tim.
-Menos mal.
Nos quedamos en silencio unos segundos. Jon sigue recostado en mi cama, demasiado relajado, y yo trato de ignorarlo mientras reviso mi móvil. Pero entonces dice algo que me hace girar la cabeza bruscamente.
-Sabes, ahora que lo pienso… -baja la voz y suelta con un tono descarado-me encantaría hacer muchas cosas en esta habitación-
Levanto la vista y lo miro fijamente.
-¿Qué?
-Sí, muchas cosas…-hace una pausa y me observa con picardía-Especialmente contigo.
-Jon.
-¿Qué?
-Cállate.
Jon se ríe, claramente disfrutando de mi reacción.
-Vamos, no me digas que no lo has pensado... Ah, es verdad, te pone nervioso hablar de sexo
-No estoy nervioso por hablar de cosas sexuales.
-¿Ah, no?
-No.
-Entonces hablemos de lo que haríamos aquí, juntos.
-No.
-¿Ves? Estás nervioso.
-No estoy nervioso-Jon sonríe aún más.
-Sí lo estás.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque tu frecuencia cardíaca me lo dice.
Putos hombres lobo.
-Eso es trampa-Jon se ríe con diversión.
-¿Cómo va a ser trampa si es algo natural en mí?
-No debería ser legal que puedas saber cuándo alguien está nervioso solo por su ritmo cardíaco.
-Pues no solo sé eso.
-¿Qué más "sabes"?-Jon se levanta de mi cama y se apoya en mi escritorio, justo frente a mí.
-Que aunque intentas verte tranquilo, estás apretando los puños.
-Eso no significa nada.
-Que tus orejas están un poquito rojas.
-Será por el calor.
-Y que cada vez que te hablo así-se inclina un poco hacia mí-contienes la respiración un par de segundos antes de responderme.
Cabrón.
Jon se ríe cuando ve que no puedo refutarlo.
-Lo ves, sí estás nervioso.
-Putos hombres lobo.
-Gracias, somos una maravilla de la naturaleza.
-No lo decía como cumplido.
-Jon se encoge de hombros con una sonrisa de satisfacción.
-Igual lo tomaré como uno.
-Me inclino hacia atrás en mi silla.
-¿Siempre tienes que ser así de molesto?
-Solo contigo.
Pongo los ojos en blanco otra vez y hago el intento de ignorarlo, pero Jon sigue mirándome como si estuviera esperando que yo explotara en cualquier momento.
-Sigues pensando en lo que te dije, ¿verdad?
-No.
-Damián, si mientes, al menos baja las pulsaciones.
-Nunca podría ser novio de alguien que sabe al ritmo que va mi corazón.
La puerta se abre de golpe.
-¡Bien! ¡Hora de la charla sexual!
Tim entra como una tormenta, con los brazos en jarra y el ceño fruncido.
Jon y yo nos quedamos quietos.
-¿Qué?-sueno completamente incrédulo.
Y como si esto no pudiera empeorar, Conner entra detrás de él, con los brazos cruzados.
-Sí, creo que esto es importante-Se está riendo.
-Esto no puede estar siendo real-digo, sin poder creerme esto. Y se hace el silencio-
¡No hemos hecho nada!
-Todavía.
Jon se ahoga con su propia risa. Le lanzo una mirada asesina.
-¡No tenemos intenciones de hacer nada! ¡No en esta habitación!
-Ajá, ajá, claro-Tim asiente con ironía-Así empiezan todos. Primero dicen que no tienen intenciones, y luego… BAM.
-BAM, ¿qué?
-Ya sabes, BAM.
Me quedo en blanco.
-No sé de qué hablas.
Tim pone los ojos en blanco.
-BAM. Sexo. Fornicio. Poner la máquina de coser a trabajar.
Me llevo las manos a la cara.
-Jesus llévame.
-No es mala idea-Jon comenta tranquilamente.
-¡Jon, no ayudas!
-Yo solo digo que…
-¡Cierra la boca!
-Exacto-Tim señala a Jon-Por eso es mejor tener esta charla ahora.
-¡La única gente que hace cosas indebidas en esta casa sois vosotros dos!-señalo a Tim y a Conner, completamente indignado.
Conner levanta las manos en señal de defensa.
-Tampoco es que tú nos hayas dicho que te molestaba.
-¡Porque no tengo intenciones de hablar de lo que hacéis y estaba dormido!
Tim resopla.
-Bueno, nosotros tampoco tenemos intenciones de oír lo que tú haces, por eso estamos aquí.
-¡No estoy haciendo nada!
-Eso dicen todos antes del BAM.
-¡Joder, Tim!
Jon se dobla de la risa en la cama.
-Damián, tu hermano me cae genial.
-perfecto, ahora vete con él y dejadme en paz.
-Nah, prefiero estar aquí, en la habitación que "no tiene intenciones" de ser usada para el pecado.
Tiro una almohada, pero Jon la esquiva como si lo hubiera visto venir.
-Me pienso ir de esta casa cuando estéis durmiendo.
Tim hace un gesto dramático.
-¡Ah, el adolescente rebelde! ¿Qué sigue? ¿Vas a empezar a tocar la guitarra en la azotea mientras Jon te observa con devoción?
Jon suspira con nostalgia.
-Ojalá.
-¡Os odio a todos!
-Estoy siendo un hermano responsable
-yo también-Dice Conner
Voy a matarlos.
A los tres.
De verdad.
Va a ser rápido, limpio, y nadie me culparía.
Jon sigue tirado en mi cama, sonriendo como si fuera el cabrón más feliz del mundo.
Tim está de pie en medio de mi habitación como si de verdad creyera que tiene derecho a darme una charla sobre sexo.
Y Conner… bueno. Conner decide meter más mierda.
-Solo digo que Damián debería estar informado sobre ciertas cosas… como el nudo.
-¿El qué?-Tim frunce el ceño.
-Oh, esto se pone bueno-Jon murmura con diversión.
-El nudo-Conner repite con tranquilidad, como si estuviera hablando del clima.
-Explica eso.
-Es una cosa que solo hacen los alfas.
-Ajá…-Tim sigue sin entender.
Yo tampoco, pero no quiero preguntar.
-Básicamente, cuando un alfa está en plena acción, su… ya sabes…
-Dilo-Tim lo anima con una sonrisa de mierda.
-Su pene-Conner dice sin inmutarse-Bueno, al final de la penetración, se hincha y queda engancho dentro de su pareja por un rato.
Silencio.
Largo.
Incomodo.
-¿Me estás diciendo que tu hermano tiene una especie de candado en la punta del pene?-Jon suelta una carcajada.
-Más bien una trampa para osos.
Yo me quiero lanzar por la ventana.
-Os juro que voy a mataros.
Jon se incorpora y me mira con diversión.
-¿Por qué? Es información importante.
-¡Porque no quiero saber nada de esto!
-Bueno, ahora sabes que si alguna vez Jon y tú… ya sabes…
-Tim, cállate.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen3h.Co