Problemático [Kakucho x Izana]
17
Las vacaciones de Navidad eran, en teoría, un respiro.
No tendría que madrugar para ir a la universidad, podría quedarse más tiempo en la cama, estudiar cuando le apeteciera y, por unos días, olvidarse del estrés de los exámenes...O al menos eso habría pensado cualquier otra persona.
Kakucho soltó un largo suspiro mientras miraba el techo de su habitación.
Al recordar que compartía prácticamente cada día con Izana, aquella sensación de descanso desapareció casi por completo.
El omega vivía con él. No oficialmente. Pero, en la práctica, era exactamente eso. Había empezado dejando un cepillo de dientes "por si algún día se quedaba a dormir". Después apareció un pijama, después una sudadera, luego varios cambios de ropa. Al cabo de unos meses, abrir el armario significaba encontrarse la mitad de las perchas ocupadas por prendas blancas y negras que no eran suyas.
Incluso utilizaba su champú sin preguntarle, su colonia, su taza favorita. Dormía en su cama más noches de las que pasaba en su propio ático.
A veces Kakucho tenía la extraña sensación de que ya no sabía qué cosas pertenecían a cada uno.
Irónicamente.
Y el aroma...Ese era otro problema.
El intenso olor de Izana impregnaba absolutamente todo.
Las sábanas.
El sofá.
Los cojines.
La ropa recién lavada.
Incluso cuando el omega no estaba allí, bastaba con entrar en la habitación para saber que había pasado horas dentro.
Su lobo no parecía tener ningún problema con ello.
Al contrario.
Se relajaba.
Él, en cambio, cada vez se sentía más confundido. Izana también se había vuelto mucho más...Frunció el ceño. ¿Vigilante? No. La palabra correcta era posesivo.
Demasiado posesivo.
Sin que él se las hubiera dado nunca, Izana conocía las contraseñas de prácticamente todas sus redes sociales.
Instagram.
Twitter.
TikTok.
Las revisaba con una naturalidad inquietante, como si fuera lo más normal del mundo, la única aplicación que parecía respetar era WhatsApp.
Y Kakucho ni siquiera sabía si era por decisión propia o simplemente porque todavía no había encontrado la forma de entrar.
Lo peor era que nunca se lo ocultaba.
¿Quién es este que te ha dado "me gusta" a la foto? ¿Por qué esta chica te ha empezado a seguir?
Este comentario no me gusta.
Como si aquello no tuviera nada de extraño. ¡Que eran sus aplicaciones!
Como si una pareja hiciera ese tipo de cosas todos los días.
Kakucho apoyó la cabeza contra el respaldo de la silla y volvió a suspirar. Cada vez tenía menos espacio que pudiera considerar realmente suyo.
Ni su habitación, ni sus redes sociales, ni siquiera el olor de su propia casa le pertenecía ya.
Y, aun así...Cuando Izana sonreía y se acurrucaba a su lado como si todo aquello fuera completamente normal, una parte de él seguía preguntándose en qué momento habían empezado a parecer un matrimonio sin que ninguno de los dos hubiera tomado realmente esa decisión.
Y ni hablar de sus agarrones o indirectas amenazantes. Realmente quiere llorar...Se está asfixiando, es como tener una cadena
Estaba tumbado en el sofá reflexionando sobre toda la situación cuando su móvil empezó a vibrar en su bolsillo.
-Ey...-Saludo nada más descolgar.
-Escuchame son Ran
-Ya lo sé.
-Waaau me tienes agregado.
-¿Pasa algo?
-No, Solo vengo a decirte que mañana haces dos mese con Izana.
-¿Y?
-Llevalo a algún sitio para celebrarlo.
-¿Por hacer Dos meses?
-Tú hazme caso, si no...bueno no me imagino como se pondrá
-Joder, que presión.
-Es lo que tienen las relaciones con un miembro de...
-No me lo recuerdes.
¡Genial! ¿Y ahora que hace?
Tiene un día para pensar algo, pero su mente estaba tan saturada que repente que no se le ocurre nada
Kakucho-Necesito una ducha
Aunque parezca tonto en la ducha se concentra más...Salvo cuando se le olvidó echar el pestillo y Izana entro para ducharse con el.
¿¡Dónde está la intimidad!?
Fácil.
No existe.
Con el paso de los meses, Kakucho empezó a comprender cosas que antes simplemente no veía.
Las clases de la universidad no solo le enseñaban teoría. También hablaban de infancia, de abandono, de cómo un niño que crecía rodeado de violencia podía terminar creyendo que esa era la única forma de relacionarse con el mundo.
Al principio escuchaba aquellas explicaciones como cualquier otro estudiante.
Después comenzó a pensar en Izana.
Recordaba algunas de las cosas que el omega le había contado, cuando por unos instantes bajaba todas sus defensas y hablaba sin esconder el dolor que llevaba dentro.
Aquel centro.
Izana nunca lo llamaba hogar.
Nunca.
Siempre decía esa mierda de sitio, el centro o la cárcel donde estaba encerrado.
Le había contado que los encerraban durante horas en habitaciones vacías cuando "se portaban mal". Que los ataban si se resistían. Que muchas veces los castigaban dejándolos completamente solos, como si el aislamiento fuera una medicina.
Le obligaban a terminar toda la comida del plato, aunque estuviera fría, aunque le dieran arcadas, aunque acabara llorando delante de los cuidadores.
"Si no te lo comes, no sales."
Todavía recordaba aquella frase. Él solo quería que dejaran de tocarlo.
Ellos decían que era por su bien.
Izana odiaba que le cerraran una puerta con llave.
Kakucho había empezado a entender que muchas de las reacciones de Izana no nacían de la nada.
No justificaban lo que hacía.
Pero sí explicaban una parte.
¿Cómo iba alguien a aprender a amar de forma sana si toda su infancia había aprendido que el cariño se daba mediante el control?
Quizá por eso necesitaba saber dónde estaba Kakucho a todas horas, quizá por eso quería dormir abrazándolo cada noche.
Izana nunca había aprendido a querer sin miedo. Había aprendido a retener, a controlar, a vigilar, a creer que, si aflojaba un solo instante, las personas se podrían aprovechar de él.
Seguía sintiendo pena por aquel niño que había crecido en un lugar donde nadie le enseñó lo que era el cariño.
Pero también entendía una verdad que le dolía aceptar.
Comprender el origen del sufrimiento de una persona no significaba tener que soportar el daño que esa persona hacía a los demás.
Podía sentir compasión por el niño que Izana había sido.
Y, al mismo tiempo, reconocer que el adulto en el que se había convertido lo estaba destruyendo poco a poco.
Y, si lo pensaba fríamente... tampoco era como si Izana estuviera rodeado de personas precisamente sanas.
Koko era incapaz de dejar de pensar en dinero. Parecía que todo tenía un precio. Siempre estaba haciendo cuentas, hablando de negocios o buscando la forma de ganar más. Era buena persona a su manera, pero daba la sensación de que llevaba demasiado tiempo intentando resolver la vida con billetes.
Los Haitani...Ellos eran otro mundo.
Ran siempre sonreía. Incluso cuando hablaba de cosas horribles. Nunca sabías cuándo iba en serio y cuándo estaba vacilando. Parecía divertirse viendo cómo reaccionaban los demás.
Y Rindou era todo lo contrario. Si algo le molestaba, lo solucionaba a golpes. Era impulsivo, tenía muy poca paciencia y muchas veces actuaba antes de pensar.
Luego estaban los hermanos Kawata.
Quizá eran los más normales de todos.
Trabajaban, cocinaban, se preocupaban porque la comida saliera bien...pero aun así seguían formando parte de Tenjiku. Habían terminado acostumbrándose a cosas que cualquier otra persona vería como una locura.
Al final...Izana llevaba años viviendo rodeado de gente así. De personas que resolvían los problemas con violencia.
Que desconfiaban de todo el mundo.
Que pensaban que el miedo era una forma de conseguir respeto.
¿Cómo iba a aprender otra cosa si nunca había tenido a nadie que le enseñara?
En la universidad hablaban mucho de que los niños aprendían observando a los adultos que tenían alrededor.
Y, siendo sincero...¿Qué adultos había tenido Izana?
Un centro donde lo ataban, lo encerraban cuando se portaba mal, lo obligaban a comer aunque terminara llorando y donde incluso habían intentado sujetarlo por la fuerza más de una vez.
Después una mafia.
No recordaba haber oído casi ni una sola historia bonita de su infancia.
Ni unos buenos padres, ni alguien que le enseñara que querer a otra persona también significaba dejarla respirar.
Quizá por eso era así.
Quizá nunca había aprendido otra forma de amar...Pero eso tampoco hacía que doliera menos.
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