2
Falco
Nos han dado una semana de descanso después de dos años en el campo de batalla. Supongo que quieren decidir quién será el heredero del Acorazado. A mí, sinceramente, no me gustaría cargar con una responsabilidad así. Quiero una vida larga. Una absurdamente larga. Llegar a viejo, sentarme frente al atardecer con una taza de chocolate caliente entre las manos mientras leo un libro. Una vida tranquila donde no tenga que escuchar explosiones o preguntarme si voy a morir mañana.
También me gustaría eso para Gabi.
Pero Gabi quiere ser el Acorazado.
Y cuando Gabi quiere algo...es casi imposible hacerla cambiar de idea.
Me estiro perezosamente entre las sábanas antes de mirar el reloj de la mesita. Las 10:39. Una buena hora para levantarse si mi hermano no hubiese pasado media noche vomitando. Aun así termino levantándome, primero para ir al baño y después a la cocina. Para mi desgracia me toca desayunar solo porque, por lo visto, mis padres han salido a desayunar con los Hallen y me han dejado torrijas preparadas dentro del armario de la cocina.
Después de meses comiendo comida de guerra, unas torrijas casi parecen un lujo.
Caliento un vaso de leche mientras me lavo las manos y saco el plato. La casa está silenciosa. Demasiado silenciosa. Todavía me cuesta acostumbrarme a un lugar donde no explotan cosas. Mientras desayuno y hojeo distraídamente el periódico, mis ojos terminan deteniéndose en una noticia pequeña.
Rose Grace ha fallecido esta madrugada.
El estómago se me encoge. No la conocía muchísimo, pero sé que Udo sí. Muchísimo. Era prácticamente otra madre para él. La mujer que lo cuidaba cuando Benjamin y Felix trabajaban todo el día, la que le preparaba comida y lo refugiaba cuando las tormentas le daban miedo.
Rose Grace era una de esas personas buenas que parecen demasiado amables para el mundo.
Y aun así el mundo siempre encuentra formas de llevarse primero a personas así.
Cuando voy por mi segunda torrija llaman a la puerta. No espero a nadie, pero cuando abro y veo a Udo al otro lado siento algo saltar dentro de mí.
Tiene los ojos rojos. La nariz irritada. Y esa expresión de alguien que ya ha llorado tanto que ni siquiera sabe si todavía le quedan fuerzas para seguir haciéndolo. No digo nada. Simplemente lo abrazo.
Él tarda apenas un segundo en agarrarse a mi chaqueta.
-Diez minutos y estaré listo-murmuro al separarme un poco-Si quieres comer algo hay torrijas en la mesa-Udo niega lentamente con la cabeza. Ni siquiera parece estar escuchándome del todo.Solo entra.
Subo las escaleras rápido y rebusco ropa en el armario. Encuentro unos vaqueros negros bastante nuevos. Normal. Me los compraron y veintitrés días después me fui al frente. Ni siquiera me dio tiempo a gastarlos. Me los pongo deprisa y termino eligiendo un jersey algo grande. Demasiado grande. La guerra me ha quitado más peso del que me gustaría admitir. Luego calcetines blancos porque no encuentro negros, unas zapatillas y una chaqueta fina azul oscuro que también me queda algo holgada.
Cuando bajo las escaleras de salto en salto, Udo sigue exactamente donde estaba. Quieto. Apoyado contra la puerta cerrada. Mirando un punto fijo del suelo como si hubiese olvidado cómo moverse.
Me acerco despacio y le pongo una mano en el hombro. Él alza la cabeza.
-Oh... sí, vamos.
Salimos y yo me aseguro de meter las llaves en el bolsillo. Hace frío. Ese frío raro de los días tristes. Caminamos un rato en silencio. Yo no se que decir ahora mismos, y eso que he vivido rodeado de muertos.
-¿Van a ir tus padres?-pregunto finalmente.
-Ellos están organizando el funeral-dice sacando un pañuelo del bolsillo para sonarse la nariz- Es lo mínimo después de todo...ya sabes cómo es su hijo. Un borracho asqueroso-Frunzo un poco el ceño.
-Udo...tiene problemas con el alcohol.
-¿Y? Si hubiese cuidado mejor de su madre ella no habría enfermado.
El enfado le sale como si necesitase culpar a alguien porque todavía no sabe dónde meter toda esa pena.
-Sé que no ha sido un buen hijo-digo intentado no sonar como si defendiera a es chico-Y sé que Rose sufrió mucho después de perder a su marido...pero también piensa que él estuvo en guerra. Lo capturaron. Vio cómo torturaban a su padre hasta matarlo. La vida no es justa.
Udo baja la cabeza y empieza a llorar otra vez. Yo no digo nada porque es verdad. La vida tiene cosas buenas. Muchas. Pero justa nunca ha sido. Rose Grace ayudó a todo el mundo y aun así nadie pudo ayudarla cuando su hijo empezó a ahogarse en alcohol y dolor.
Cuando llegamos al tanatorio siento algo pesado en el pecho. El aire aquí huele distinto. A flores demasiado fuertes, perfume viejo y tristeza. Benjamin y Felix nos saludan nada más entrar. Parecen agotados, como si no hubiesen dormido en días.
Les doy el pésame.
-Están preparando el cuerpo-dice Benjamin-Estará lista en una hora.
Udo no responde. Solo se deja caer frente al cristal vacío donde después pondrán a Rose.
Esperamos a que sus padres se alejen.
Entonces habla.
Con una voz tan pequeña que casi no parece la suya.
-Ayer estaba bien... enferma, sí, pero bien. Se la veía tranquila. Feliz-Me siento a su lado.
-Estaría contenta de verte volver. Sabes que estaba aterrada cuando le dijiste que ibas al frente-Veo como Udo se seca los ojos con la manga.
-Si lo hubiese sabido...me habría quedado toda la noche con ella. Sujetándole la mano... como ella hacía conmigo cuando estaba enfermo o me daban miedo las tormentas.
Eso duele muchísimo.
-No te hagas esto-murmuro-Siempre ibas a verla antes de irnos. Le escribías cartas todas las semanas. Udo, te quería como a un hijo-Él niega, como si mis palabras no pudieran atravesar la culpa.
-Pero murió sola, Falco...-Su voz se rompe-Murió sola...-Aprieta los puños con fuerza-Y quería decirle tantas cosas...darle las gracias...decirle que la quería...y al final no le dije nada.
El miedo de perder a alguien sin haber dicho todo lo que querías tiene que ser horrible. Las lágrimas empiezan a caerme antes siquiera de darme cuenta. Lo abrazo fuerte y él se aferra a mí como si llevase horas aguantando sin derrumbarse.
Siento cómo tiembla.
Cómo llora contra mi hombro.
Cómo se rompe un poco más.
Y me gustaría poder ayudarlo un poco más. De verdad. Pero hay dolores que nadie puede arreglar.
La puerta se abre y nos separamos despacio. Zofia y Gabi entran casi corriendo. Zofia tarda apenas segundos en abrazar a Udo con fuerza y Gabi ni siquiera espera.
Los abraza a los dos al mismo tiempo. Como si intentara mantenernos unidos para que ninguno terminase rompiéndose del todo. Nos sentamos en el sofá frente al cristal con Udo en el centro. Gabi se queda a un lado, Zofia al otro y yo lo bastante cerca como para que, si volvía a romperse, no tuviera que hacerlo solo.
Hay algo raro en los tanatorios. La gente habla bajito, como si tuviese miedo de hacer el dolor de la familia algo todavía más granda. El aire huele demasiado fuerte: flores, perfume, café de máquina y tristeza. Muchísima tristeza. Más olores de gente que yo no reconozco.
Los padres de Udo vuelven al rato y Gabi y Zofia les dan el pésame.
-No sabemos dónde está su hijo-dice Felix.
-¿Pero él sabe que su madre ha fallecido?-pregunto.
Benjamin niega lentamente.
-No lo sabemos.
Y no sé por qué eso me deja un hueco extraño en el pecho. Pensar que alguien puede perder a su madre y ni siquiera enterarse.
La mañana avanza lenta. Muy lenta.
La gente empieza a llegar poco a poco. Familiares, vecinos, conocidos. Algunos abrazan a Udo tan fuerte que parece que no quieren soltarlo. Otros simplemente le aprietan el hombro y le dicen lo mucho que sienten la pérdida.
Él da las gracias como un reflejo.
Pero se nota que no está realmente aquí.
Como si una parte de él hubiese decidido quedarse atrapada en algún sitio entre ayer y hoy.
Gabi, Zofia y yo terminamos pasando al sofá de al lado. Apenas hablamos. No hace falta. Los demás ya llenan demasiado el ambiente con murmullos, llantos apagados y conversaciones sobre lo injusta que era la vida.
Llega un momento en el que siento demasiados olores mezclándose en mi cabeza.
Demasiadas emociones.
Demasiado dolor.
-Voy a salir a que me dé el aire-murmuro.
-Te acompaño-dice Gabi poniéndose en pie enseguida.
Sé que Zofia no se moverá de ahí mientras Udo siga sentado.
Cuando salimos, el aire frío me golpea la cara y siento un poco de alivio. Respiro hondo varias veces.
Fuera también hay familias vestidas de negro. Personas fumando. Otras llorando. Otras simplemente mirando al suelo como si todavía no entendieran qué hacen allí.
Termino sentándome en el borde de un pequeño muro bajo.
Gabi se sienta a mi lado.
La miro de reojo.
Lleva el pelo suelto y el viento mueve algunos mechones alrededor de su cara. El vestido negro le llega por debajo de las rodillas y las mangas largas se ajustan a sus muñecas. Tiene un cinturón gris oscuro abrazándole la cintura.
Se ve bonita.
Mucho.
Y odio que sea en un día así.
-¿Crees que se habrá recuperado antes de terminar la semana?-pregunta, y yo tardo un momento en entender que habla de Udo.
-No lo sé-admito-Pero sería una pena que perdiera todo su esfuerzo. Ya no solo por heredar un titán...Él siempre dice que quiere trabajar junto al comandante para evitar favoritismos.
Gabi sonríe un poco. Una sonrisa triste.
-Sería un gran comandante-Asiento.
-Creo que cuando termine la semana estará algo mejor. Una noche de guardia me dijo que, si no conseguía heredar un titán, quería ser un gran subalterno-Ella baja la mirada.
-Rose habría estado orgullosa de él.
Nuestros padres llegan casi a la hora de comer y terminamos yéndonos un rato para meternos algo en el cuerpo. Yo tengo tanta hambre que siento que podría comerme media pierna de Colt.Mi madre me regaña solo con la mirada. Como diciendome: ¿Como se te ocurre irte sin comer? Se lo dire a tú abuela. Mi padre se ríe por lo bajo ante la situacion. Después de comer y descansar apenas una hora volvemos al tanatorio. Mi padre me lleva en coche y cuando llegamos veo que Zofia sigue sentada al lado de Udo.
¿No se ha movido ni para comer?. Yo no he querido ponerme delante del cuerpo de Rose, y no por que me de asco o nada de eso. Simplemente no me gusta eso de poner a los muertos detrás de un cristal como si fueran exhibiciones de un museo.
-¿No vas a comer nada?-pregunta Gabi.
-No tengo hambre-murmura Udo-Además mis padres acabarán obligándome.
-¿Y tú?-Le preguntó a Zofia.
-Estoy bien-Responde ella.
No insistimos.
Gabi y yo volvemos al sofá de antes y simplemente miramos alrededor. Hay personas llorando porque seguramente son cercanos a Rose. Otras rezando, algunas se quedan en silencio mirando un punto fijo como si al igual que nosotros no supieran que hacer.
Hasta que Benjamin y Felix vuelven.
Pero esta vez no vienen solos.
Ray Grace entra detrás de ellos. Y en cuanto lo veo siento un nudo en el pecho. Tiene la cara roja, los ojos hinchados, la ropa esta arrugada. La expresión de alguien que va a llorar hasta quedarse vacío. Ni siquiera mira a quienes intentan darle el pésame. Simplemente camina rápidamente hasta quedarse delante delante de el cristal. Cuando llega se queda completamente quieto, Sus manos terminan apoyándose contra el cristal.
-Mamá...-Su voz sale tan hecha de cristales que me hace mirar para otro lado unos segundos. Como si quisiera darles intimudad.
Empieza a llorar.
Muy fuerte.
Pidiendo perdón.
Diciendo que ha sido un mal hijo.
Que tendría que haber estado ahí.
Que tendría que haberla cuidado.
Que lo siente.
Que lo siente muchísimo.
Y no sé qué es peor.
Verlo llorar así.
O pensar que probablemente Rose nunca dejó de quererlo ni siquiera cuando empezó a perderse en el alcohol.
Más atrás, Udo también llora.
En silencio.
Pero llora igual.
Y creo que todos estamos viendo lo mismo: lo que pasa cuando alguien se queda sin tiempo para arreglar las cosas.
Gabi enlaza sus dedos con los míos y yo le doy un pequeño apretón como agradecimiento.
En el paseo fúnebre el sol pega demasiado fuerte y nos obliga a bajar la cabeza. Ray llora delante del ataúd como si todavía pudiera hacer algo. Como si todavía hubiese tiempo. Se agarra a la madera y sigue pidiendo perdón una y otra vez.
Udo unos pasos más atrás tampoco consigue parar de llorar.
Y yo solo intento llorar también.
-¿Quieres algo de beber?-me pregunta Gabi bajito-Niego con la cabeza.
-Estoy bien.
Mentira.
No estoy bien.
-Espero que el cura no se extienda mucho o nos va a dar algo con este calor-murmura remangándose un poco.
Por desgracia pasa justo lo contrario.
Habla casi veinte minutos.
Veinte minutos larguísimos.
Pero lo peor llega cuando tienen que enterrarla.
Porque Ray se derrumba sobre el ataúd.
Llorando.
Agarrándolo como si todavía pudiera hacer algo.
Como si todavía existiera una oportunidad.
Dos hombres tienen que sujetarlo mientras él sigue llorando y llamando a su madre. Y cuando finalmente la tierra empieza a cubrir el ataúd...Creo que todos entendemos lo mismo.
Rose Grace ya no va a volver nunca.
En el camino de regreso a casa siento el viento refrescarme la cara. Agradezco el aire frío después de tantas horas rodeado de flores, lágrimas y ese olor pesado a tristeza que parece quedarse pegado a la ropa.
Mi cuerpo me pide llegar a casa, tirarme en el sofá y escuchar a mi madre hablar de cualquier cosa sin sentido. O quizás dormir. Dormir mucho. Como si dormir pudiera arreglar algo.
Aunque sé que no.
Porque mañana Rose seguirá muerta.
Udo seguirá triste. Y Ray probablemente se despertará deseando haber tenido un día más con su madre.
Voy tan distraído con mis pensamientos que cuando giro una esquina mi hombro choca con alguien.
-Oh, lo siento... -murmuro automáticamente.
Pero al levantar la vista siento cómo algo me recorre la espalda.
Reconocería ese ojo en cualquier parte.
-Eres el chico que nos ayudó...-Me dice el hombre delante de mi con un tono de voz que me eriza la piel.
Y me doy cuenta de que se ve diferente. Mucho mejor me refiero. Ya no tiene tantas ojeras ni esa esa suciedad en la cama. Su ropa está limpia, al igual que sus vendas, y el pelo largo cae bastante más limpio sobre sus hombros.
-Me llamo Falco-digo-Veo que ya estás mejor.
-Sí...estoy mucho mejor-dice con un tono tranquilo, y suave-Yo me llamo Kruger.
-Encantado Kruger
-Lo mismo digo.
-¿Estabas paseando?
-Sí. Hoy es un día agradable.
Ojalá pudiera decir lo mismo. Pero yo simplemente asiento.
-¿Te importa si nos sentamos a hablar un rato?
Me quedo en silencio unos segundos. No esperaba esa pregunta. Pero tampoco me molesta.
-Oh, claro. Sentémonos.
Caminamos despacio mientras escucho el sonido constante de la muleta golpeando el suelo.No sé por qué, pero verlo andar así me hace pensar otra vez en la guerra. En todos los que volvieron sin algo. Una pierna, un brazo, un ojo...O algo peor. Las ganas de seguir viviendo. Porque los daños psicológicos a veces son irreversibles
Nos sentamos en un banco delante del lago. El agua refleja el sol de una forma tan tranquila que cuesta creer que el mundo pueda ser tan horrible al mismo tiempo.
-¿Y te tratan bien en el centro?-pregunto, y él asiente un poco.
-Sí. Las enfermeras y las psicólogas son ser amables. Aunque solo llevo dos días conociéndolas.
-Me alegra escuchar que tienes un poco de paz después del infierno del que venimos-Él guarda silencio unos segundos.
-¿Y tú cómo estás?
Justo cuando voy a responder, una pequeña corriente de aire mueve su cabello y el olor a café llega hasta mí.
Cálido.
Un poco amargo.
Pero raro.
Reconfortante.
Y me doy cuenta de algo.
Parece feliz de estar hablando conmigo.
Como si realmente le hiciera bien.
-Bueno...digamos que mi semana de vacaciones no ha empezado muy bien-admito bajando un poco la mirada-Hoy ha muerto Rose Grace. No sé si la conocías-Él niega.
-Lamento decir que no.
-Yo tampoco la conocía tanto...pero era prácticamente familia de Udo. Y hoy parece estar pasando el peor día de su vida-Trago saliva-Me gustaría poder ayudarlo más...pero creo que solo puedo acompañarlo mientras pasa el duelo-Kruger me observa unos segundos.
-Eso, desde mi punto de vista, ya es mucho-Esas palabras me hacen sentir un poco mejor.
-Aunque supongo que también tengo que dejarle su espacio.
-A veces solo estar ahí ya ayuda más de lo que crees.
Nos quedamos unos segundos en silencio.
-¿Puedo preguntarte algo?-dice de repente-¿Tienes a toda tu familia?
La pregunta me pilla un poco por sorpresa.
-Sí... pero si quieres te presto a mi hermano-bromeo.
Y le veo una pequeña sonrisa.
-¿No lo echarías de menos?
-Solo te lo presto un par de días-digo riéndome un poco-¿Tú tienes familia?-La sonrisa desaparece.
El lago se mueve suavemente delante de nosotros. Se escucha un perro ladrando a lo lejos. Niños riendo. Pájaros picoteando migas cerca del banco.
-No. Hace años perdí a mis padres. Y hermanos no tengo.
-Oh...lo siento. Soy un bocazas.
-Tranquilo. Hace años de eso.
-¿Pero tantos? Es decir...no pareces muy mayor.
-Tengo veintisiete.
-Ah...-Guarda silencio unos segundos.
Su mirada pasa al lago. A los reflejos del sol moviéndose en el agua.
-Los perdí cuando era un niño...-dice finalmente-Vi cómo devoraban a mi madre.
Mi cuerpo se queda completamente quieto.
-¿De-devorar?
Escucho pájaros detrás de nosotros.
La voz de un niño llamando a su madre. El motor de un coche.
-Por perros-dice finalmente-Y mi padre acabó suicidándose.
Abro la boca.
La cierro.
No tengo ni idea de qué decir.
-Lo si...
-No te disculpes-me corta suavemente-No es culpa tuya.
¿qué se supone que se le dice a alguien después de escuchar algo así? ¿Qué dices cuando alguien te cuenta que vio morir a su madre y se quedó solo en el mundo? No lo sé. De verdad que no lo sé. Así que simplemente digo lo primero que me sale.
-Si quieres...yo puedo venir a verte-Él gira la cabeza para mirarme completamente.
-¿Harías eso?
-Sí.
-No me conoces.
-Pues déjame conocerte.
Y por un segundo el verde azulado de sus ojos parece oscurecerse tanto que casi parece negro.
-Pero solo si quieres-añado siendo yo quien mira ahora al lago.
-¿Y si soy alguien peligroso?-Frunzo el ceño y le vuelvo a mirarlo.
-Sé defenderme solo
-No dudo que seas capaz de defenderte pero....Eres un omega.
-Y a ti te falta una pierna y un ojo-Durante un segundo me preocupa haberme pasado.
Pero entonces él se ríe echando ligeramente la cabeza hacia atrás.
-Gracias...por querer ser mi amigo.
-De nada-Se queda callado unos segundos-Todos necesitamos a alguien.
-¿Podría pedirte un favor?
-Depende.
-Quiero enviarle una carta a un amigo mío. Pero si la envío yo revisarán el contenido. Son cosas personales...solo entre él y yo. ¿Te importaría meterla tú en el buzón?
-Oh, claro. Sin problema.
-Gracias.
Y antes de que pueda reaccionar se inclina un poco hacia mí. Siento sus largos brazos rodeándome, el olor a café vuelve a envolverme. Cuanta confianza. Su pelo me hace cosquillas en la nariz y yo me aguanto porque se que como hizo ayer esta aspirando mi olor. El olor de los omegas calma a los alfa. Recuerdo las palabras de mi profesora de hace años. Y yo pienso que eso en muchas ocasiones es un idiotez.
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